35.- TETAS CON RAYITAS

María era perfecta. A los doce años, ya tenía tetas con rayita. Como sus ojos, redondas y movedizas. Para mí la vejez comenzaba cuando ya había pocas expectativas de rayita. Toda la pubertad era esa espera. Las tetas, inexorables, llegaban para todas. Las de María con bombos y platillos. A las mías casi no las escuché llegar. Entraron por la puerta de atrás. Sorda, yo. Mudas, ellas. O retráctiles. O tímidas.
Faltaba diálogo. La izquierda por allá. La derecha por acullá. En el medio, mi desesperación ante la nada. Cuando veía por la tele la propaganda del Flan Ravana ”…si se mueve,,, flan! flan!... si se mueve... flan! flan! Es Ravana el más rico flan... ra vaaaaa….. ...naaaaaa!” veía lo lejos que estaba yo de ser postre.
María en solera. María en bikini. María en remerita. María con escote. Nos inundaba de tetas. Y ella, a dos mil metros sobre el nivel del mar de mi inseguridad. María Frenttidorzo, una mujer Ravanna. Un postrecito inquieto.
Hasta los once años jugábamos en bombachita. Luego María jugaba en tanga y corpiño. Y luego dejó de jugar. Las tetas nos separaron. O ,mejor dicho, la tardanza de las mías en llegar hizo que las suyas se aburrieran y, finalmente, salieron a disfrutar de la vida.
Una vez, nos sorprendió una tormenta. Yo, una nena temblorosa y embarrada. Maria, una bailarina de caño. Le presté una remera con el estampado de una margarita que giñaba un ojo. Cuando me la ponía yo. Con María guiñaba los dos. Nunca más volví a usarla. Quién quería andar con una margarita tuerta.
Yo amaba a María. Era mi alma gemela. Mi alter ego. Mi complemento. Mi salvoconducto. Mi todo. Un todo que de golpe tuvo tetas. Un todo tetón con el que era difícil jugar a las escondidas. Y dejamos de vernos por un tiempo.
“Mmmm... qué raro que no anden juntas”. El monólogo interior de papá se escuchaba desde el patio. “Es que María usa corpiño y por acaaaaá (dedo misil apuntándome) no pasa naaadaaaa…”. Mi hermana mayor había hecho el postgrado en la universidad de mamá.. “Madia tetona… Madta nada…nada” y mi hermana menor con su burla sin erres y sin piedad.
“Esteee... porqué no esperamos a mamá”. Papá, rodeado por corpiños en pugna, cazó al vuelo qué sucedía. Mejor dijo, qué no sucedía. Sin embargo, se animó. “Mirá, chinita, a veces estas cosas tardan....” Ni chuchus ni chuchis. Cosas. Mis "cosas" no prosperaron demasiado.
Puse manos a la obra. Mamá era tetona. Mujer de rayitas llevar. Ravanna envase familiar. Tomé su corpiño y medio paquete de algodón. Y me sumergí en el colegio con mi teta extraña. En singular porque tuve que juntarlas tanto para formar la raya que los pellejitos a duras penas formaron algo en el medio. Una teta única. O una raya sin tetas. El resto, algodón Estrella. Una teta de crecimiento vertiginoso. De lunes a martes. Mis compañeras estaban demasiado preocupadas por sus propias "cosas". No les llamó la atención mi súbita monoteta.
Las esperé toda mi vida. Llegaron pero sin rayita. Vinieron sin accesorios. Modelo estandar. No la hemos pasado tan mal. Nos hemos divertido.Y nos seguimos divirtiendo.
A estas alturas, hasta estoy agradecida. Como nunca estuvieron muy alto, sé que la caída no será grave.

Mi nombre es Marta Drooker. Soy inventora. Aunque alguna vez insistieron en llamarme mitómana. Quiero compartir con ustedes inventos propios y ajenos. Este blog es un modo de patentarlos.
Lenore, la hermosa niña muerta, es un invento que lamentablemente patentó otro. Ella se refugió en el comic.Yo, en este blog. Pero las dos habitamos en el mismo plano.









cazador_de_dioses dijo
caray
19 Octubre 2006 | 10:04 PM