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Bitácora de cine documental / Weblog on documentary cinema

Categoría: Críticas de películas

17 Mayo 2007

"El experimento Goebbels"

Curioseando por las carteleras que suelen tener algún documental en sus salas (Cines Verdi de Barcelona, en esta ocasión) se encuentran de vez en cuando películas de difícil acceso, pero como hay excepciones que confirman la regla, los que no podamos ir a la ciudad condal sí que podemos permitirnos encontrar en DVD (tiendas e Internet) el largometraje "El experimento Goebbels " (2005), de Lutz Hachmeister y Michael Kloft.
Se trata de un documental histórico construido con las citas del diario personal de uno de los personajes más enigmáticos e inquietantes de la historia del pasado siglo. Además, contiene imágenes inéditas de régimen nacionalsocialista. La figura de Goebbels ha representado siempre una propaganda de una política mentirosa y cínica.
El documental muestra como Goebbels vivía en los escenarios reinventándose constantemente, desde sus inicios como nacionalsocialista hasta su suicidio junto a su mujer y sus hijos. Sugiere a los espectadores, de forma no usual, la carrera de un político moderno y mediático renunciando al uso del comentario -la única voz narradora del film es la que lee el diario que Goebbels conservó desde 1924 a 1945. El resultado del film es un relato psicológico de un hombre que vivió obsesionado por el discurso, oscilando plenamente entre el mal del siglo, la rabia de la destrucción y el éxtasis político. Un experimento en materia de estilización y manipulación que no sólo aplicaba a su público, sino también a él mismo. Así, pues, el perpetrador fue también su propia víctima.
El documental descubre al público el activista maníaco depresivo, a través de sus gestos y su mímica, y hace el retrato de un líder moderno que se consagra, con una gran pasión por el trabajo, con todo el elenco de medios de comunicación, pero fracasa completamente en términos políticos y morales. Es una nueva mirada al régimen nazi, un nuevo intento de acercarnos al desastre que personas como Hitler o Goebbels consiguieron.
Carmen

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26 Marzo 2007

CRÍTICA: Goodbye, América

Algunas personas no envejecen. Aunque se miren al espejo y sólo vean a un hombre viejo. El reflejo se equivoca. Y lo que hay de verdad es lo que no se puede ver, lo que apenas se vio nunca. Hay un hombre que quiso ser gobernador, un locutor de radio que puso en marcha una cadena de favores para que los presos a los que nadie escribía tuvieran correspondencia, un pasajero de avión que desafió a Henry Kissinger en un vuelo Washington-Nueva York. Entonces a alguien se le ocurre mostrar lo que hubo de verdad.

A veces bastan 80 minutos. Es lo que tiene el cine. Al Lewis dice adiós y el resto del mundo, a través de la pantalla, le da la bienvenida después de muerto. Sergio Oksman, director de la película, le ha hecho permanecer. En realidad, fue casi de casualidad. La idea inicial del productor del documental, Elías Querejeta, era hacer un largometraje sobre “Pacífica Radio” -una radio pacifista de Nueva York- en el que Al Lewis aparecería simplemente porque trabajaba allí. Pero en su pretensión, se encontraron primero con el ex abuelo de la familia Monster y después con Albert Meister (nombre real del actor). Y no tuvieron más remedio que contar otra historia; la suya.

Goodbye, America es una película que contiene parte de los grandes temas de la Historia del cine. Para que luego digan que el documental es un género menor, o que nace con menos pretensiones. El protagonista es un actor, y el actor fue a su vez un cinéfilo. El personaje es un vampiro, esa figura que, como el cine, muere con la luz. Y la primera vez que la persona (que no el personaje) se pone delante de los focos, muere. Además hay un viaje, como no, en tren.

La canción de Paul Robeson también desempeña un doble papel: es un reflejo documental sobre parte de la Historia americana del siglo XX y a la vez un testimonio emocional que define a Al Lewis y al propio aire algo nostálgico que, hasta cierto punto, rezuma la película.

Es la dicotomía que se mantiene a lo largo de todo el filme. Está el testimonio histórico (imágenes de archivo) y el testimonio personal, los dos contenidos en la figura de Al Lewis, en su “materia gris”. Convergen, y, como resultado, emocionan, sin necesidad de abusar de imágenes de las que disponían (las de sus últimos días) y que podían haber apelado más burdamente a la emoción. Oksman eligió no mostrarlo todo, pero consiguió contarlo todo.

Y es que a veces bastan 80 minutos. Algunas personas vuelven a mirarse al espejo entonces y sueltan una carcajada. El hombre viejo que ven es sólo una caricatura. Y las arrugas y el temblor de las manos, parte del disfraz.

Noemí

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13 Marzo 2007

CRÍTICA: La leyenda del tiempo (2006)

Publicamos una segunda crítica de La leyenda del tiempo (podéis consultar la primera en el mes de febrero).

Isra, el niño gitano, nunca volverá a cantar, la muerte de su padre se lo impide. Makiko, la enfermera japonesa, quiere expresar emociones a través del flamenco, como lo hacía Camarón. Dos historias, dos culturas, un solo paisaje y un conflicto: la imposibilidad de cantar.
Con el título, Isaki Lacuesta recupera el disco de Camarón que supuso la revolución del flamenco. Con las vistas, la luz y las costumbres de la Isla de San Fernando, ambienta los dos cuentos. Y es que muchos instantes parecen sacados de las mejores pinturas, y los quehaceres tradicionales, como la confección de cestos, el afilar cuchillos o los carnavales, muestran fielmente el modo de vida gaditana. Estos momentos de pausa crean además el contexto idóneo para hablar de otras cosas, se convierten en excusa para que los personajes revelen sus planes de futuro, sus anhelos, sus sentimientos. Imagen y palabra que se adornan con las voces y ritmos flamencos.

Volvemos a empezar. Una joven. Una muchacha oriental que sueña con atrapar la voz del cantaor. Y como de la nieve a la sal, viajamos de Japón a Cádiz, de la frialdad de sentimientos al desparpajo. Un niño. Un chiquillo con la misma silueta de Camarón arranca nuestra sonrisa con su rebeldía, salero y valentía. Makiko e Isra, dos personajes que reúnen sueños, humor y pérdidas, ingredientes esenciales de todo protagonista.
Y llegados a este punto, no preguntamos: ¿es un documental?, ¿es ficción o es realidad? Tenemos motivos para cuestionarlo después de ver el decoupage, los planos contraplanos, la cámara ubicada en el lugar ideal para seguir la acción, los primeros planos, la pantalla que muestra los momentos más significativos (como la noticia de la muerte del padre de Makiko o los minutos de intimidad de Isra y Saray). Y los actores, ¿son personas o personajes?, ¿hay guión? Dice Lacuesta que ambos protagonistas fueron seleccionados entre centenares de personas para representar, como modelos, a gente que reúne más o menos sus mismas condiciones. En el rodaje el director les marcaba el punto de arranque para después realizar tomas muy largas sin interrupción, como si el guión se fuera escribiendo solo. Y reflexionando sobre los límites entre el documental y la ficción la pantalla funde a negro. Todavía no sabemos la respuesta, pero al menos hemos disfrutado durante dos horas de esta disyuntiva. Asombrosa.

Maite Mutuberría

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1 Marzo 2007

PdV. CRÍTICA. Poeti Veradardze (Regreso del poeta)

"Podrá no haber poetas, pero siempre habrá poesía", ya lo decía el sevillano Becker. Cuando el alma de un pueblo es la poesía, no importa el yugo que se le tenga puesto, que siempre será libre. El pueblo armeno, al que conocemos gracias al realizador de este documental, Harutyun Khachatryan, vive liberado de la antigua URSS y sin el dominio americano todavía. El "regreso del poeta" es un cuadro de Armenia, que rinde homenaje al poeta del pueblo, como se le conocía, Ashugh Jivani.
Con la única palabra de varias poesías de Jivani cantadas por varios armenos a lo largo de la película, la imagen hace que toquemos y sintamos cada cosa que nos muestra; ya sea el barro que formará la estatua del poeta, o el polvo que levantan los caballos salvajes a su paso. Con una vista detenida de la tumba del poeta, comienza un documental que requierepaciencia en el que lo vea, que nadie se espere mucha información ni un ritmo rápido de imágenes al ritmo de ninguna música; Khachatryan parece decir al oido del espectador "no has venido a otra cosa que a contemplar". La fabricación de la estatua del poeta del pueblo y su posterior viaje por el país podría ser el obligado argumento que muchos te preguntan al salir de ver el documental. Pero nada más lejos de lo que una contaría.
En un país en el quelo ortodoxo y loislámicose cruza y una extraña fuerza acompaña a la juventud y a la vejez, el silencio de unas carreteras acompaña a una estatua de un poeta que puede haber acompañado las primeras lecturas de muchos niños, las declaraciones de amor de muchos muchachos o los consejos cálidos de muchos ancianos.
Podéis verlo hoy 1 de marzo a las 20.30 en Saide Carlos III y en la biblioteca de Civican.
Carmen

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1 Marzo 2007

PdV. CRÍTICA Arcana

Arcana es un documental que busca resultar incómodo. Y lo logra. Logra que nos revolvamos en la butaca mientras la que fue cárcel de Valparaíso (Chile) y sus reclusos desfilan ante nuestros ojos. Nunca una cárcel fue lugar agradable. Ésta no es una excepción. Cristóbal Vicente recoge en su película el último año de existencia de esta prisión chilena, cerrada en 1999 y con más de 150 años de historia. La hora del mate, la del partidillo de fútbol, las visitas de los familiares, el momento del baño, todo. Es la vida allí, el día a día entre las cuatro paredes de la prisión, los momentos malos y los no tan malos. Trata de ser un homenaje a los que allí estuvieron.

La cinta dice con imágenes, no necesita nada más. La carga expresiva de éstas es suficiente para hacerse cargo del drama que supone el encierro. El silencio tan sólo se rompe con las voces de algunos reclusos, reflexiones que se dan únicamente en condiciones límite, y la suya lo es. Están de vuelta de todo, pero no dicen. Callan, guardan su propio secreto. Por momentos, la ausencia de sonido se hace insoportable, para el tiempo.

La oscuridad y la soledad están ahí, como simboliza el uso del blanco y negro. Pero la cárcel, con sus altos muros, es un mundo aparte, un reducto en pleno centro de la ciudad, muy cerca del mar. Salvando las distancias, el interior recuerda a las imágenes infinitamente visualizadas de los campos de exterminio nazis, hombres hacinados entre humedad y basura que miran a la cámara desde la curiosidad y la resignación. Y aunque esta cárcel impresiona, el ojo se acostumbra, algo que no logran los presos por mucho tiempo que pasen allí dentro. "Adaptarse no es lo mismo que acostumbrarse", dice uno. "Al estar preso se detiene la vida", dice otro. Lo llaman crisis carcelaria. El final rompe con lo anterior. Por fin aparece el color, la luz del sol, el ruido. La cárcel queda atrás.

Arcana no volverá a proyectarse durante el Festival Punto de Vista, aunque podrá ser vista en la biblioteca de Civican.

Maite

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26 Febrero 2007

PdV. CRÍTICA. Balnearios

Balnearios se presenta a modo de elenco de relatos que tratan la realidad como si fuese fantasía, la vida desde un punto de vista absurdo, rozando lo surrealista. Su director, el argentino Mariano Llinás, habla a su manera de los balnearios, ciudades vacías y abandonadas en invierno, repletas y asfixiantes en verano, que vivieron su esplendor en los primeros años del siglo XX y que hoy no son lo que eran. Con mucho humor, Llinás dibuja la fauna que habita los balnearios argentinos y va enumerando las especies que allí se pueden encontrar: el padre de familia que se afana por colocar la sombrilla, los niños que revolotean como moscardones insoportables, los bañistas que recorren las playas de este a oeste como poseídos por una extraña fuerza.
La película se divide en capítulos, dedicados a distintos personajes, cada cual más estrambótico. El señor G o el hombre que se encerró durante años en el viejo hotel Mar del Sur; Zucco, un artista un tanto atípico, tanto o más que sus esculturas de hojalata; un guía que muestra en bote Miramar, la ciudad sumergida bajo el agua. Personalidades llevadas al extremo, pero en las que todos nos podemos ver algo identificados.
Balnearios es, sin duda, diferente. No se volverá a proyectar durante el Festival, aunque se podrá visionar a lo largo de estos días en la biblioteca de Civican.
Maite

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26 Febrero 2007

PdV. CRÍTICA. Nomadak Tx

El viaje nómada de Igor Otxoa y Harkaitz Martínez no lo marca los kilómetros, que son miles. Cuando se trata de unir o de confraternizar con otras culturas tan diferentes como la india o la lapona, se me ocurren pocas cosas para intentar establecer lazos de unión. Para empezar, el lenguaje sería un obstáculo determinante. Estos dos vascos consiguen hacerlo, con el sonido de la txapalarta y el sentido del ritmo que llevan en sus venas.
Hay poco que explicar sobre la txapalarta, pues requiere de dos personas sólo para que el sonido sea completo. Estas dos personas basan el sonido del instrumento bimilenario en la improvisación. Igor y Harkaitz se recorren medio mundo para conocer a pueblos nómadas como el saharaui o el mongol, aunque haya algunos que de nómadas sólo les quede el nombre. Una vez establecidos, fabrican la txalaparta... la fabricada con hielo es asombrosa. Intentan confraternizar con los lugareños para hacer una música étnica en la que no importa la procedencia, sólo la actitud y la belleza de unos sonidos muy variados.
Uno de los momentos más interesantes de la película es el montaje final, una especie de viaje global por las culturas que han conocido Igor y Harkaitz con la música de la txalaparta combinada con las voces nómadas. Dentro de lo que no pueda gustar, el carisma de nuestros acompañantes, que parecen centrar su interés exclusivamente en algo ajeno a aquellas gentes. No es así, pero puede parecer que se ríen de los pobres pobladores, que ven llegar a dos hombres de un mundo nuevo y que hacen aldo similar a lo que ellos puedan hacer; música sencilla con un instrumento muy rudimentario.
Nomadak Tx es un homenaje sin duda a las tradiciones vascas. Lo podéis ver de nuevo en el cine Saide Carlos III el miércoles 28 de febrero a las 22.30 o en la biblioteca de Civican.
Carmen

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25 Febrero 2007

PdV. CRÍTICA. 37 Uses for a Dead Sheep (37 usos para una oveja muerta)

37 Uses for a Dead Sheep es una mirada al ayer y el hoy de la tribu Palmir Kirguiz, asentada hoy en Turquía pero con una azarosa vida nómada durante el siglo XX. El director británico Ben Hopkins va perfilando la historia de la tribu combinando jugosas entrevistas a sus miembros con la reconstrucción de momentos históricos como si de una película muda se tratase. Son también los Palmir quienes se proponen inmortalizar la historia de la tribu, revisando dolorosos momentos como la época de la adicción al opio y otros más heroicos y festivos como la resistencia a los comunistas o el juego del polo con una cabra muerta.

Tras migraciones a Rusia, China, Afganistán y Turquía, los miembros Palmir más viejos no se acostumbran a las comodidades y añoran la vida en la montaña; los jóvenes, en cambio, no se imaginan una vuelta a las montañas y ansían una vida en la ciudad. Es el drama del cambio generacional, de la pérdida de tradiciones, del imperio de la globalización. Pero un drama abarcado desde un punto de vista cómico, que genera una especial complicidad con los protagonistas, arrancando más de una carcajada a lo largo de la cinta.

37 son los usos que los miembros Palmir atribuyen a las ovejas, entre ellos la producción del yogur, capaz de salvar de una muerte por envenenamiento, y si no son 37 las razones para ver este documental pocas faltan para llegar a ellas. Se proyecta de nuevo, dentro del marco del Festival Punto de Vista, el viernes 2 a las 22:30 horas en los Cines Saide Carlos III.

Maite.

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Sobre mí

Bitácora realizada por alumnos y profesores de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra. Las opiniones aquí expuestas son responsabilidad de sus firmantes.

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