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Docuaderno

Bitácora de cine documental / Weblog on documentary cinema

Categoría: Festival Punto de Vista

26 Febrero 2007

PdV. CRÍTICA. Nomadak Tx

El viaje nómada de Igor Otxoa y Harkaitz Martínez no lo marca los kilómetros, que son miles. Cuando se trata de unir o de confraternizar con otras culturas tan diferentes como la india o la lapona, se me ocurren pocas cosas para intentar establecer lazos de unión. Para empezar, el lenguaje sería un obstáculo determinante. Estos dos vascos consiguen hacerlo, con el sonido de la txapalarta y el sentido del ritmo que llevan en sus venas.
Hay poco que explicar sobre la txapalarta, pues requiere de dos personas sólo para que el sonido sea completo. Estas dos personas basan el sonido del instrumento bimilenario en la improvisación. Igor y Harkaitz se recorren medio mundo para conocer a pueblos nómadas como el saharaui o el mongol, aunque haya algunos que de nómadas sólo les quede el nombre. Una vez establecidos, fabrican la txalaparta... la fabricada con hielo es asombrosa. Intentan confraternizar con los lugareños para hacer una música étnica en la que no importa la procedencia, sólo la actitud y la belleza de unos sonidos muy variados.
Uno de los momentos más interesantes de la película es el montaje final, una especie de viaje global por las culturas que han conocido Igor y Harkaitz con la música de la txalaparta combinada con las voces nómadas. Dentro de lo que no pueda gustar, el carisma de nuestros acompañantes, que parecen centrar su interés exclusivamente en algo ajeno a aquellas gentes. No es así, pero puede parecer que se ríen de los pobres pobladores, que ven llegar a dos hombres de un mundo nuevo y que hacen aldo similar a lo que ellos puedan hacer; música sencilla con un instrumento muy rudimentario.
Nomadak Tx es un homenaje sin duda a las tradiciones vascas. Lo podéis ver de nuevo en el cine Saide Carlos III el miércoles 28 de febrero a las 22.30 o en la biblioteca de Civican.
Carmen

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25 Febrero 2007

PdV. CRÍTICA. 37 Uses for a Dead Sheep (37 usos para una oveja muerta)

37 Uses for a Dead Sheep es una mirada al ayer y el hoy de la tribu Palmir Kirguiz, asentada hoy en Turquía pero con una azarosa vida nómada durante el siglo XX. El director británico Ben Hopkins va perfilando la historia de la tribu combinando jugosas entrevistas a sus miembros con la reconstrucción de momentos históricos como si de una película muda se tratase. Son también los Palmir quienes se proponen inmortalizar la historia de la tribu, revisando dolorosos momentos como la época de la adicción al opio y otros más heroicos y festivos como la resistencia a los comunistas o el juego del polo con una cabra muerta.

Tras migraciones a Rusia, China, Afganistán y Turquía, los miembros Palmir más viejos no se acostumbran a las comodidades y añoran la vida en la montaña; los jóvenes, en cambio, no se imaginan una vuelta a las montañas y ansían una vida en la ciudad. Es el drama del cambio generacional, de la pérdida de tradiciones, del imperio de la globalización. Pero un drama abarcado desde un punto de vista cómico, que genera una especial complicidad con los protagonistas, arrancando más de una carcajada a lo largo de la cinta.

37 son los usos que los miembros Palmir atribuyen a las ovejas, entre ellos la producción del yogur, capaz de salvar de una muerte por envenenamiento, y si no son 37 las razones para ver este documental pocas faltan para llegar a ellas. Se proyecta de nuevo, dentro del marco del Festival Punto de Vista, el viernes 2 a las 22:30 horas en los Cines Saide Carlos III.

Maite.

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25 Febrero 2007

PdV.CRÍTICA. "Los sueños de Stalker"

Gracias a “Querido Andrei” (Punto de Vista mediante) llega
hasta nosotros este documental que analiza la figura del actor Alexander
Kaidanovsky, el Stalker de Tarkovski, intérprete “maldito” del cine soviético. El
director Evgeny Tsymbal nos acerca al misterio de este personaje por medio de
entrevistas con amigos y compañeros, fragmentos de películas dirigidas o
interpretadas por Kaidanovsky (algunos metafóricos y memorables, como aquel en
el que a un músico se le prende fuego mientras interpreta y el público aplaude
a su verdugo mientras contempla las cenizas) y “found footage” de la época que
utiliza para contextualizar la historia de su vida, con el ruido de fondo de un
corazón que no deja de latir.

Tsymbal nos cuenta la historia de un hombre que se hizo a sí
mismo, pero en Rusia, con todo lo que eso implica. Nacido en 1946, Kaidanovsky
fue hijo de un ingeniero y de una madre con vocación artística que se
divorciaron cuando él tenía once años. A partir de ahí, y con el hambre siempre
mordiendo, tuvo que peregrinar por diferentes hogares y fue conformando su
personalidad fuerte, independiente y excéntrica.

Desde muy joven volcó su talento en las artes escénicas,
pero el mundo del teatro nunca llegó a reconocer sus dotes y tuvo que esperar
hasta 1979 para alcanzar la fama internacional gracias a su interpretación en
“Stalker”, de Andrei Tarkovski, que supuso el relanzamiento de su carrera. Tal
es el peso que Stalker tiene en su vida y que el director le otorga en el
documental, que varias secuencias de la película (junto con otras dos imágenes
que se repiten a lo largo del relato y cuyo significado no será revelado hasta
el final) vertebran el homenaje y se establece una metáfora entre Kaidanovsky y
el protagonista de la película de Tarkovski. La misión de ambos es guiar a
quien lo desee hasta la Zona, lugar en el que se cumplen los deseos, pero en el
que ellos no pueden entrar.

Kaidanovsky tiene más de maldito que Tarkovski pero menos de
Stalker que el director ruso, aunque lo que no
podemos negar es lo que dice un entrevistado: tras los ojos de Kaidanovsky, en
su transparencia y su misterio, permanece Stalker.

En conjunto, Tsymbal firma un documental de ritmo ágil,
artesanalmente correcto y de fondo siempre noble: el rescate de la memoria de
un actor maldito, un artista que se beneficia de la necrofilia rusa tras el
desprecio soviético. El mayor defecto, quizá, que el director no recurra más a
experiencias y datos del propio Kaidanosvky o a alguna estrategia narrativa que
cree mayor empatía entre el personaje y el espectador: es difícil encariñarse de
un maldito si no viene envuelto en un papel de regalo muy mágico.

El último gran logro de Kaidanovsky fue ser miembro del
Jurado de Cannes en 1994. Un año después, entre problemas de alcohol y de
corazón, Kaidanovsky murió sin haber cumplido los cincuenta, y ahora nos queda
su obra y la buena fe de los que, como Tsymbal, pretenden acercarnos a su
memoria.

David

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25 Febrero 2007

PdV.CRITICA. "Andrei Tarkovski: el recuerdo"

“Andrei Tarkovski: el recuerdo”, constituye una obra menor
dentro de los homenajes que diferentes cineastas han rendido a Tarkovski a
través del género documental. El cortometraje, de veinticinco minutos de
duración, fue realizado por el hijo menor de Tarkovski, Andrei Andreievich
(actualmente presidente del Instituto Internacional Andrei Tarkovski) y el
director de fotografía Alexey Naydyonov en 1993, siete años después de la
muerte del director.

El cortometraje comienza con las imágenes del reencuentro
entre Tarkovski y su hijo, Andriusha, tras cinco años de forzada separación a
causa de las autoridades soviéticas. Tarkovski estaba ya muy enfermo, postrado
en cama pero empeñado en el montaje de su última película, “Sacrificio”.
Posiblemente estas imágenes de “Recuerdo” (utilizadas también por otros directores
como Marker o Sokurov) nos acercan de una forma más auténtica al cineasta que
el resto del documental, tejido a base de entrevistas a amigos y familiares de
Tarkovski.

En el reencuentro contemplamos la reacción del verdadero
Tarkosvki ante la llegada de su hijo, los gestos espontáneos tras cinco años
sin verlo, sus palabras de padre… como en un “reality show”, pero con una
justificación sólida y diferente: la de quien, habiendo entregado su vida al
cine, no siente pudor ante el hecho de que las cámaras recojan un
acontecimiento tan importante. El propio Tarkovski creía que la obra y la vida
debían estar íntimamente ligadas, y él pertenecía al arte, fenómeno común en el
cine moderno, pero que en Tarkovski parece cobrar una dimensión todavía más
auténtica.

El documental continúa con las palabras de Andriusha; el hijo
no descubrió el misterio y genialidad del trabajo de su padre hasta años
después de su muerte, y sólo a partir de entonces pudo empezar a comprender
quién era Andrei Tarkovski. Las entrevistas se suceden y todos los
interlocutores de Andriusha tienen palabras de admiración para su padre: Victor Lompen nos explica que Tarkovski fue la primera y última persona en
aconsejarle que llevara a cabo sólo aquellos proyectos en los que realmente creyera,
Edouard Artemiev, compositor de algunas de sus películas, cuenta cómo le ayudó
a encontrar un lenguaje propio sin restringir su libertad y su hermana nos
esboza la complejidad de su carácter. Todo esto mezclado con fragmentos de sus
películas, imágenes de su vida y de su muerte articuladas en un tono
nostálgico, pero poco más.

Intentar subsanar el gran “pero” del documental sería como pedirle
peras al olmo: echamos en falta ese toque personal que le saben imprimir los
maestros a los homenajes, esa mano que mece el montaje convirtiendo el paso de
una secuencia a otra en algo lleno de sentido, esa sobria contemplación y
espacio para la reverencia, por ejemplo, que Sokurov nos regaló anteayer en
“Elegía de Moscú”. Eso sí, lo que no podemos negar es que Andriusha, en su
nivel, ha hecho su trabajo, y lo que tampoco sabremos es cuál habría sido el
homenaje preferido de Tarkovski, si el de un gran director, o este otro, el de
su propio hijo.

David

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24 Febrero 2007

PdV.CRÍTICA."Elegía de Moscú" de Alexander Sokurov

Ayer por la tarde comenzó en Punto de Vista el ciclo “Querido Andrei” con el documental de Alexander Sokurorov “Elegía de Moscú” (1988). Los orígenes de esta película se remontan a principios de los años ochenta cuando Sokurov, amigo y admirador de Tarkovski, decidió hacerle un regalo en forma de documental para celebrar su quincuagésimo cumpleaños en 1982. Las autoridades soviéticas no aprobaron la producción de la película a tiempo y Sokurov no pudo comenzar a rodar hasta 1986, pero el destino, más tiránico aun que las autoridades, quiso que la película no fuera ya el regalo de ningún aniversario de cumpleaños, sino que se convirtió en una elegía debido a la prematura muerte de Tarkosvki el 29 de diciembre de 1986.
“Elegía de Moscú” es por tanto un canto póstumo al gran cineasta, el homenaje personal que Sokurov necesitaba rendir al maestro. Por este motivo, el documental no es una biografía al uso en el que rastrear la vida y obra de Tarkovski con cierto criterio, sino una muestra de admiración y respeto. El precio que el espectador no iniciado en Tarkovski tendrá que pagar por esta radical decisión es la orfandad de datos, pero es que la intención de la película tiene poco que ver con lo expositivo y mucho con lo emocional, terreno en el que Sokurov se desenvuelve con maestría.
El director siberiano construye un “collage” de ritmo meditativo y melancolía satisfecha a partir de documentos audiovisuales que recogen la presencia de Tarkovski: el documental “Tempo”, de Tonino Guerra, “Un día en la vida de Andrei Arsenevich”, de Chris Marker, imágenes del making off de “Sacrificio” y fragmentos de “El espejo” y “Nostalgia” entre otros. Sokurov aporta también material propio: él mismo se adentra, cámara en mano, en los hogares que invocan la memoria de Tarkovski: la casa rural en la que el cineasta solía pasar los veranos, su domicilio en el número uno de la calle Mosfilm… lugares llenos de la presencia de Tarkovski, pero siempre vacíos.
Sokurov establece este juego entre presencia y ausencia y confía a los ojos y a la imaginación del espectador la tarea de llenar los espacios abandonados con el recuerdo de Tarkovski, y lo consigue. A lo largo del metraje, en repetidas ocasiones, Sokurov nos ofrece la posibilidad de “contemplar” a Andrei: las acciones dentro del encuadre dejan de ser relevantes, los diálogos no están traducidos, cesan los subtítulos, la música y en imagen sólo queda Tarkovski, sublimado, y los pensamientos que nosotros proyectamos sobre él. Al principio la voz en off de Sokurov nos guía: “obsérvenle, cómo se mueve, sus gestos, su máxima concentración ante la cámara…” el resto es tarea nuestra, y de nuestro conocimiento y sentimientos por Tarkovski, dependerá, en gran medida, nuestra valoración del documental, como un hueco por rellenar.
La “Elegía de Moscú” se erige por estos motivos en una obra muy fiel a la esencia de una auténtica elegía cinematográfica: sobria, sin sentimentalismos, libre de una mano que nos obligue a seguir un único camino y dispensadora de una voz, la nuestra, que nos permite participar en el homenaje con la intensidad que deseemos.
Casi al final de la película, en la casa de verano de Tarkovski, vemos un árbol que él mismo plantó. Por supuesto, nos acordamos de “Sacrificio”, y también de las palabras de Tarkovski al inicio del documental: “el arte requiere un sacrificio total… es uno quien debe pertenecer al arte y no al revés”, y nos damos cuenta, mediante su presencia ausente, de que la muerte y la eternidad son dos caras de una misma moneda, y Tarkovski ha sido bendecido con la segunda. “Querido Andrei” no ha hecho más que empezar, pero ya intuimos que este ciclo va a rebosar justicia. Hoy y mañana a las 18:30 en Golem Yamaguchi, las próximas citas.
David

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23 Febrero 2007

PdV. CRÍTICA. CARNETS D’UN COMBATTANT KURDE (Notas de un rebelde kurdo)

Con Notas de un rebelde kurdo, me esperaba las narraciones prosaicas de un militar; reflexiones sobre la guerra; penumbra... y nada más diferente de lo que me encontré. Si comienza siendo un relato acerca de un grupo rebelde, efectivamente, que atraviesa las montañas kurdas, continúa siendo una reflexión feminista e intimista acerca de la libertad. Una de las protagonistas lo dice en un momento determinado; que le gustanel fuego y las montañas porque hablan de la libertad y de la paz.
El hecho de que Stefano Savona haya elegido la cámara al hombro, luz natural o ausencia de música para contarnos la historia de este grupo de mujeres, lleva sin duda a una integración en lo que nos cuenta. Akif nos acompaña en todo el relato, es un traductor del partido feminista en el que todos creen. Antes de acabar dice que envidia a este grupo, y acto seguido, sabemos por unos sobrios carteles, en qué destino se han visto avocados.
Películas como Notas de un rebelde kurdo nos permite algo que para nuestros abuelos era impensable; entrar como invitado de honor en la intimidad de una cultura que a simple vista es muy diferente a la occidental. Pero la persona lo es aquí y en Kurdistán; en guerra y en paz... Savona nos muestra como la lucha feminista en el sentido más literal y liberal de la palabrano la llevan a cabo sólo algunos lobbys neoyorkinos. Sabona critica la tradicional forma de tratar a la mujer, la desigualdad... pecando de lo que suelen pecar estas reflexiones, pues deja entrever una liberación de la mujer al margen de lo femenino, basándose únicamente en su lucha contrael poder opresor de una sociedad masculina. Deja un margen de reflexión, pero no se dedica a redefinir el género, sino a definirlo mal, pues esa ausencia del hombre no es la solución.
Al margen de esto, Notas de un rebelde kurdo constituye una ventana abierta al concepto de libertad, remitiendo sin duda al universoFrankliano. Libertad comolo único que no nos pueden arrebatar, aunque estemos encadenados.
Podéis ver Notas de un rebelde kurdo en la videoteca de Civican.
Carmen

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22 Febrero 2007

Los diarios de David Perlov se presentan en España

Los diarios fílmicos del cineasta israelí David Perlov se presentarán por primera vez en España en el Festival Punto de Vista en tres días consecutivos (este sábado 24 de febrero, el domingo 25 y el lunes 26).
Perlov, fallecido recientemente (2003), ha dejado una obra documental extensa, pero quizá sean sus Diarios una de las piezas más conocidas y comentadas. Con un enfoque poco habitual en el medio cinematográfico, este cineasta recoge los avatares de su vida y de la de su país entre 1973 y 1983. Su estilo podría evocar el de otro "diarista" más conocido, Jonas Mekas , pues ambos comparten el principio estructural de este tipo de obras, compuestas por entradas autónomas, organizadas cronológicamente de forma habitual. Pero Perlov es menos experimental, más directo, lo cual no es óbice para que sus diarios muestren una clara presencia de su punto de vista, como es propio de este tipo de obras.
Los Diarios serán presentados en Pamplona por su hija, Yael, que le ayudó en el montaje, y por el crítico de Cahiers de Cinema, Ariel Schweitzer.
Efrén

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20 Febrero 2007

Cine ensayo en el Festival Punto de Vista

Heterogéneo, pluriforme, ecléctico, libre, inacabado, experimental, autoconsciente… muchos son los adjetivos para el ensayo audiovisual, esa imagen que piensa. En contraposición con la fecunda tradición literaria de la que parte (Montaigne o Bacon, por citar los más conocidos), el ensayo fílmico constituye un género proscrito, exclusivo. Para degustar por selectas minorías, para ojos muy educados visualmente.

El ensayo fílmico propone un discurso personal y asistemático que –a través de elementos como un estilo marcado, un montaje visible que privilegia la palabra o la inserción fílmica del autor– va construyendo su reflexión con y en las imágenes, representando así el camino del pensamiento trazado.

McElwee, Farocki, Arlyck o las imprescindibles figuras de Marker y Godard, entre otros, serán algunos de los autores rescatados por el Festival Punto de Vista . Una estupenda ocasión para echar un vistazo a estos discursos que estiran hasta el extremo la reflexión visual sobre la realidad.

Nahum.

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Sobre mí

Bitácora realizada por alumnos y profesores de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra. Las opiniones aquí expuestas son responsabilidad de sus firmantes.

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