PdV. CRÍTICA. 37 Uses for a Dead Sheep (37 usos para una oveja muerta)
37 Uses for a Dead Sheep es una mirada al ayer y el hoy de la tribu Palmir Kirguiz, asentada hoy en Turquía pero con una azarosa vida nómada durante el siglo XX. El director británico Ben Hopkins va perfilando la historia de la tribu combinando jugosas entrevistas a sus miembros con la reconstrucción de momentos históricos como si de una película muda se tratase. Son también los Palmir quienes se proponen inmortalizar la historia de la tribu, revisando dolorosos momentos como la época de la adicción al opio y otros más heroicos y festivos como la resistencia a los comunistas o el juego del polo con una cabra muerta.
Tras migraciones a Rusia, China, Afganistán y Turquía, los miembros Palmir más viejos no se acostumbran a las comodidades y añoran la vida en la montaña; los jóvenes, en cambio, no se imaginan una vuelta a las montañas y ansían una vida en la ciudad. Es el drama del cambio generacional, de la pérdida de tradiciones, del imperio de la globalización. Pero un drama abarcado desde un punto de vista cómico, que genera una especial complicidad con los protagonistas, arrancando más de una carcajada a lo largo de la cinta.
37 son los usos que los miembros Palmir atribuyen a las ovejas, entre ellos la producción del yogur, capaz de salvar de una muerte por envenenamiento, y si no son 37 las razones para ver este documental pocas faltan para llegar a ellas. Se proyecta de nuevo, dentro del marco del Festival Punto de Vista, el viernes 2 a las 22:30 horas en los Cines Saide Carlos III.
Maite.

Nahum dijo
Estoy de acuerdo con Maite: es divertido y tiene un punto de hibridación (esa palabra tan querida por los festivaleros) que le hace remontar el ritmo en los momentos más densos.
Aunque deje cierta sensación de déjà-vu, a mí la mezcla de obra-en-construcción, falso documental y cine etnográfico me resultó muy atractiva. Una combinación sorprendente.
26 Febrero 2007 | 09:15 AM