PdV.CRÍTICA. "Un día en la vida de Andrei Arsenevich"
El turno para homenajear a Tarkovski correspondió ayer a “Un día en la vida de Andrei Arsenevich”, de Chris Marker. El genial director francés realizó este documental (cuyo nombre alude a la obra de Alexander Solzhenitsyn “Un día en la vida de Iván Denisovich”, sobre la vida en los campos de trabajo estalinistas) hace siete años para la serie televisiva francesa “Cinéma de notre temps”.
Comparaciones y gustos aparte, “Un día en la vida de Andrei Arsenevich” es una aproximación muy completa (en lo que dan de sí cincuenta y cinco minutos) a la vida, obra y genio de Tarkovski. Si hemos dicho que “Elegía de Moscú” era un documental para iniciados debido a su esencia contemplativa y a la exigencia de un espectador devoto, la obra del francés se dirige a un público más amplio gracias a su hábil combinación de registros y sin dejar de lado la veneración por Tarkovski.
Marker deja clara la estructura del documental desde el inicio y comienza su homenaje con una metáfora entre una escena de “El espejo” e imágenes de Larissa, la esposa de Tarkovski, esperando frente a la ventana del hospital. En “El espejo”, el moño de la actriz simboliza la espera, según la tradición rusa; en el documental, la Larissa espera la llegada de su hijo, a quien ni Tarkovski ni ella han visto desde hace cinco años. Las imágenes del reencuentro ya las conocemos pero nos cautivan más que en otras ocasiones porque Marker, además de ofrecernos mayor cantidad de metraje, reflexiona sobre ellas. La expresión del rostro de Tarkovski, postrado en la cama, sus palabras improvisadas, su reacción espontánea ante el reencuentro con el hijo.
Tarkovski pregunta a Marker: ¿lo tienes todo, no?. Quiere saber si su amigo ha registrado lo que ha ocurrido; en ese instante tenemos la impresión de que el escultor en el tiempo, como en sus películas, como en su vida, necesita del cine para obrar uno de sus milagros, redimir la realidad de su destino: diluirse en el tiempo. Tarkovski ve lo grabado y analiza su comportamiento: se ve “antinatural”, cree que ha dicho “tonterías”. Intuimos que si pudiera mejoraría la escena, pero el cine también tiene sus límites, aunque él y su vida nos hagan dudarlo. Nuestras sospechas no acaban ahí y la magia, la confusión entre el cine y la vida, se alarga un poco más: vemos a Larissa salir del hospital exclamando que en uno de los días más felices de su vida está lloviendo, como si se tratara de una de las películas de su marido, en las que el agua, como el fuego, el aire y la tierra, son algo esencial.
La escena significa muchas más cosas (que cada uno haga su labor), entre ellas el aviso del mecanismo narrativo que Marker empleará: un documental que enlace vida y obra, como no podía ser de otra forma para retratar con verosimilitud a nuestro cineasta.
A continuación el director francés nos muestra mediante ejemplos la relevancia que tienen en las obras de Tarkovski los cuatro elementos. Sucintas pero valiosas explicaciones que, sin desvelarnos los secretos de las películas, nos invitan a adentrarnos en su misterio. Este tono didáctico es toda una novedad en los documentales que hemos visto hasta ahora, y tendrá sus detractores, claro está, pero Marker lo articula de tal forma que no chirría en una obra-homenaje hasta conseguir lo que pretende: democratizar algunas claves de Tarkovski en solidaridad con el espectador novel.
Aún así, la veneración no cesa: el documental explica la grabación del plano de “Sacrificio” en el que el protagonista prende fuego a su propia casa como acto de fe para salvar a la humanidad. Una vez más, Marker arroja luz sobre la multidisciplinariedad de su homenaje: tenemos tiempo para “contemplar” a Tarkovski, ser testigos de su fuerza brutal tras la cámara y saber cómo se relacionaba con su equipo sin que la voz en off se olvide de explicarnos la relación de esta secuencia con la vida del propio Tarkovski.
El documental avanza y Marker selecciona modos de hacer, rasgos característicos y reflexiones de Andrei (el tráveling no como cuestión, moral, sino metafísica, el sentimiento de nostalgia, el significado del espejo…) para mostrarnos (y demostrarnos) a qué nos enfrentamos cuando en la pantalla es Tarkovski el que manda, el único director (como dice el narrador al final) cuya filmografía se encuentra entre dos niños y dos árboles. Al acabar la proyección, algunos aplausos. Entre amigos: se empezaban a echar de menos, porque “quizá Stalker sólo se había inventado la Zona para que los hombres fueran menos desgraciados”.
David

hiedra10 dijo
Piensas realmente que habria que homenajear a Tarkovsky. Ufff!!! sinceramente creo que no. Que nos debería de homenajear el por ir o haber visto alguna de sus peliculas , y de facto que lo he hecho.
Que Dios nos guarde el gusto. Saludos
8 Marzo 2007 | 05:18 PM