CRÍTICA: La leyenda del tiempo (2006)
Publicamos una segunda crítica de La leyenda del tiempo (podéis consultar la primera en el mes de febrero).
Isra, el niño gitano, nunca volverá a cantar, la muerte de su padre se lo impide. Makiko, la enfermera japonesa, quiere expresar emociones a través del flamenco, como lo hacía Camarón. Dos historias, dos culturas, un solo paisaje y un conflicto: la imposibilidad de cantar.
Con el título, Isaki Lacuesta recupera el disco de Camarón que supuso la revolución del flamenco. Con las vistas, la luz y las costumbres de
Volvemos a empezar. Una joven. Una muchacha oriental que sueña con atrapar la voz del cantaor. Y como de la nieve a la sal, viajamos de Japón a Cádiz, de la frialdad de sentimientos al desparpajo. Un niño. Un chiquillo con la misma silueta de Camarón arranca nuestra sonrisa con su rebeldía, salero y valentía. Makiko e Isra, dos personajes que reúnen sueños, humor y pérdidas, ingredientes esenciales de todo protagonista.
Y llegados a este punto, no preguntamos: ¿es un documental?, ¿es ficción o es realidad? Tenemos motivos para cuestionarlo después de ver el decoupage, los planos contraplanos, la cámara ubicada en el lugar ideal para seguir la acción, los primeros planos, la pantalla que muestra los momentos más significativos (como la noticia de la muerte del padre de Makiko o los minutos de intimidad de Isra y Saray). Y los actores, ¿son personas o personajes?, ¿hay guión? Dice Lacuesta que ambos protagonistas fueron seleccionados entre centenares de personas para representar, como modelos, a gente que reúne más o menos sus mismas condiciones. En el rodaje el director les marcaba el punto de arranque para después realizar tomas muy largas sin interrupción, como si el guión se fuera escribiendo solo. Y reflexionando sobre los límites entre el documental y la ficción la pantalla funde a negro. Todavía no sabemos la respuesta, pero al menos hemos disfrutado durante dos horas de esta disyuntiva. Asombrosa.
Maite Mutuberría
