QUIEN CREO A DIOS
Los escépticos muchas veces preguntan sobre la procedencia de Dios. Nos dicen: "Si Dios creó el Universo, ¿Quién creó a Dios? Pero, por definición, Dios es el Creador del Universo, quién no ha sido creado. Así que la pregunta: ¿Quién creó a Dios? es ilógica, así como resulta ilógico preguntar "¿Con quién está casado el soltero?".
Otros incrédulos a veces recurren a ir más allá y en su afán, sofistican la pregunta anterior:
"¿Si el Universo necesita una causa, entonces por qué Dios no necesita una causa? Y si Dios no necesita una causa, por qué ha de necesitarla el Universo?"
Sin embargo, por sofisticado que parezca este razonamiento, carece de razón lógica y pierde su fundamento si se somete a escrutinio.
Primero: Todo "lo que tuvo un principio" necesita una causa.
Segundo: El Universo tuvo una causa.
Tercero: Por lo tanto el Universo tiene una causa.
Es importante que coloquemos especial atención a las palabras que he colocado en letras itálicas: "lo que tuvo un principio". Esto porque el Universo si requirió una causa debido al hecho de que el Universo sí tuvo un principio, como mostraremos más adelante. Pero… Dios, por su parte, no tuvo un principio, así que Dios no necesita una causa.
Además, las leyes de la relatividad de Einstein, las que están apoyadas por amplios experimentos científicos, muestra la cercana relación que existe entre el tiempo, la materia y el espacio. Por tanto, el tiempo debió haber tenido un principio, tal y como lo tuvo el espacio y la materia.
¿De dónde vino el Universo?
Dios, por definición es el Creador del Universo en su totalidad - incluyendo el tiempo, la materia y el espacio. Por tanto, Dios no está limitado por la dimensión del tiempo que Él mismo creó, así que Dios no puede tener un principio en el tiempo. Dios, consecuencialmente, no tiene ni necesita tener una causa.
¿Tuvo el Universo un principio?
Nuestros amados lectores de Antesdelfin.com deben estar familiarizados con varios artículos que he escrito en el pasado referente a la "teoría" científica evolucionista que propone que el Universo debió haber tenido su principio con el Big Bang. ¡Es que la evidencia es amplia para apoyar el axioma de que el Universo debió haber tenido un principio! En lo que diferimos los Creacionistas y los Evolucionistas es en la "causa" que originó el Universo, pero que tuviera o no tuviera un principio está fuera de toda duda y negarlo estaría más allá de todo razonamiento lógico.
El Universo y las Leyes de la Termodinámica
Las Leyes de la Termodinámica, las leyes más fundamentales de las ciencias físicas nos dicen:
1ra Ley: La cantidad total de masa-energía en el Universo es constante.
2da Ley: La cantidad de energía en el Universo disponible para ser usada se está agotando, o que la Entropía está aumentando hasta un máximo. Entropía significa la función termodinámica que es medida de la parte no utilizable de la energía contenida en un sistema. En otras palabras, la energía, la cual ni se crea ni se destruye, está solamente pasando de un estado útil a un estado inútil.
Si la cantidad total de masa-energía es limitada, y la cantidad de energía usable o útil está decreciendo, entonces el Universo no pudo haber existido por una eternidad, de otra forma ya se hubiera agotado toda su energía útil y el Universo habría alcanzado lo que conocemos en el lenguaje inglés como el punto de "dead heat" o de "calor muerto" = Ausencia de energía.
A lo que me refiero es a lo siguiente... De hecho, permítanme ilustrar un poco:
En tal escenario, todos los átomos radiactivos se hubieran descompuesto, todas las partes que componen el Universo se encontrarían a la misma temperatura, y no fuera posible trabajar nada ni con nada en lo absoluto.
La conclusión más plausible a la que todo aquel que tiene la capacidad de razonar, libre de inhibiciones prejuiciosas, es que el Universo debió haber sido creado con una cantidad inicial de energía útil o usable, la que ahora estamos perdiendo.
¿Y qué si aceptamos que por tal el Universo sí tuvo un principio, pero nos negamos a aceptar que tuvo una Causa?
Bueno, en realidad el que decida pensar de tal modo, lo hará descartando todo razonamiento lógico y dejando a un lado, medalaganariamente, todas las evidencias que nos muestran que todas las cosas tuvieron un principio- ¡lo cual nadie niega en lo más profundo de su corazón!
¿Que sucedería si simplemente decidimos negarnos a aceptar esta Ley de Causa y Efecto?
La ciencia, la historia y las leyes se derrumbarían. ¡Nadie puede negarse a aceptar que el Universo debió haber sido creado! ¿En qué razonamiento cabría que algo pudiera crearse a sí mismo? Si algo se creara a sí mismo tendría que haber existido antes de su existencia. En la ciencia lógica a esto se le llama absurdo.
La evidencia nos muestra que:
El Universo (con el tiempo incluido), tuvo un principio.
Es ilógico, y hasta cierto punto estupidezco, pensar que algo pudo haber comenzado a existir sin una causa.
El Universo requiere una Causa, tal y como nos lo dice Génesis 1:1 y Romanos 1:20.
"En el principio creó Dios los cielos y la tierra (el Universo)"
Génesis 1:1
"Porque las cosas invisibles de Dios, su eterna potencia y divinidad, son evidentes desde la creación del mundo, siendo entendidas por las cosas que son hechas; de modo que son inexcusables"
Romanos 1:20
En palabras sencillas, estos dos versículos significan que Dios creó el Universo, pero que los atributos de Dios, los que son invisibles, porque Él es espíritu, están a nuestra disposición, habiéndosenos hecho visibles a través de la observación de las cosas que Él creó, y como existe amplia evidencia de la existencia y de los atributos divinos y poderío, negarse a admitirlo resultaría absurdo e inexcusable.
Dios, como Creador del Universo y del tiempo, debió estar fuera del tiempo. Por lo tanto, Dios no tuvo principio en el tiempo, Él siempre ha existido, y como Creador, no necesita una causa… ¡Él es la Causa - Nosotros somos el efecto!
Sin importar la forma en la que usted lo vea. Más allá de todo interés por parcialización, más allá de todo estigma basado en educación, entrenamiento, condiciones, etc., la evidencia en la naturaleza, lo declarado por la Biblia, lo extremadamente complejo de las formas de vida, la organización y la información contenida en las formas vivientes y hasta en lo inerte del Universo, unido a un razonamiento sano, austero y sin prejuicios, nos llevan a una sola conclusión: ¡La única explicación plausible de la existencia de las cosas es el Creador mostrado en la Biblia
doctrina cristiana acerca de Dios creador del mundo es inconsistente. A partir del principio de que todo ente tiene una causa, los cristianos deducen que el mundo ha sido creado por Dios. Pero entonces, ¿quién creó a Dios? Frente a esta pregunta sólo caben tres respuestas posibles, todas ellas inadmisibles:
Dios fue creado por otro ser distinto de Él. En este caso Dios no sería el Ser Supremo de la religión cristiana.
Dios se creó a Sí mismo. Esto es absurdo, porque nadie puede crearse a sí mismo.
La creación de Dios es un misterio sobrenatural, incomprensible para el hombre. Esto equivale a eludir arbitrariamente la dificultad que supone dar una respuesta racional a la cuestión.
Los que plantean esta objeción difieren en cuanto a la caracterización de la respuesta cristiana, la cual oscilaría, según ellos, entre las respuestas segunda y tercera.
Respuesta:
Las pruebas clásicas de la existencia de Dios (las "cinco vías" de Santo Tomás de Aquino) están basadas en dos principios metafísicos evidentes: El principio de razón de ser y el principio de causalidad. Ninguno de ambos afirma que "todo ente tiene una causa", como suponen los objetantes. De hecho la proposición "todo ente tiene una causa" es falsa.
Según el principio de razón de ser, todo ente (incluso Dios) tiene una razón de ser. Un ente puede tener su razón de ser en sí mismo o en otro ente. Si un ente tiene su razón de ser en otro ente (su causa) entonces es causado (por definición). Si un ente tiene su razón de ser en sí mismo, entonces no tiene ni necesita tener una causa. En este caso es incausado (por definición).
La filosofía tomista demuestra que:
Todo ente incausado es necesario y todo ente necesario es incausado (un ser es necesario si es y no puede no ser).
Todo ente causado es contingente y todo ente contingente es causado (un ser es contingente si es y puede no ser).
Según el principio de causalidad, en cambio, todo ente contingente tiene una causa.
Cada una de las "cinco vías" parte de un dato de la experiencia: Existen entes que exhiben características tales que denotan su contingencia. A partir de este dato, aplicando sistemáticamente el principio metafísico de causalidad y excluyendo una regresión infinita en la sucesión de causas actualmente subordinadas, se deduce que existe un Ser necesario, al que llamamos "Dios", y que es la Causa Primera de todo ente contingente. Se demuestra además que este Dios es el Ser absoluto, el Ser que existe por Sí mismo, el Ser cuya existencia coincide con su esencia, que es único, que es el Creador del mundo etc.
Dado que Dios es el Ser necesario, es también el Ser incausado. Puesto que Dios no es contingente, no se le puede aplicar el principio de causalidad. Dios no tiene ni necesita una causa porque existe por Sí mismo, es su propia razón de ser. Por lo mismo también es el Ser increado.
Ahora podemos apreciar que la pregunta "¿Quién creó a Dios?" (o su versión más filosófica: "¿Cuál es la causa del ser de Dios?") admite una cuarta respuesta posible, la verdadera respuesta cristiana: Nada ni nadie creó a Dios ni causó el ser de Dios, porque Dios es el Ser incausado e increado.
Es verdad que Dios no pudo crearse a Sí mismo ni ser la causa de su propio ser (causa sui). La autocreación y la autocausación son conceptos contradictorios en sí mismos, por tanto absurdos. En términos tomistas estos conceptos suponen que un mismo ser podría ser a la vez y en el mismo sentido un ser en acto y un ser en potencia, lo cual es imposible. Jean-Paul Sartre se equivocaba totalmente al creer que la noción de Dios como causa sui era la propia de la teología escolástica medieval. Él ignoraba que esta noción provenía de la teología racionalista del siglo XVII.
También es verdad que debemos dar una respuesta racional a la objeción y no escudarnos en el misterio de Dios. Pero la respuesta correcta no es que Dios fue creado quién sabe cómo, sino que no fue creado ni necesitó ser creado.
La pregunta-objeción "¿Quién creó a Dios?" (tan clásica y tan infantil a la vez) supone una profunda incomprensión de la teología cristiana. Quien esto objeta ni siquiera ha comenzado a comprender el significado cristiano de la palabra "Dios".
Un Dios para cada uno de nosotros
Nuestro tiempo no descarta la religión. Hay muchas formas de vivirla.
Los humanos, al percibir el mundo, nos hacemos imágenes del entorno en nuestra mente, mediante distintos filtros: uno de ellos es el de la fe religiosa.
La religión se va estructurando a la vez que el lenguaje como un sistema coherente de expresión: la expresión va más allá de los ciclos de reproducción genética, abriendo etapas más cortas de transmisión por imitación (memética).
Hoy la religión no se basa en la creencia de un Creador todopoderoso que ha de ser obedecido ciegamente, y se articula como una práctica menos coherente de lo que había sido.
Hemos dejado de lado las distinciones claras entre lo bueno y lo malo, echándonos en brazos de la relatividad buscando opciones que nos lleven a una mayor productividad.
La religión ha sido muy importante en la historia humana; hoy no podemos pensar en algo que pudiera reemplazarla; por ejemplo, los grandes cambios en el Este de Europa plantean grandes cambios en relación a ésta:
¿Son las nuevas formas, extremistas, de vivir la religión, que reemplazan al ateísmo oficial, realmente experiencias espirituales o formas camufladas de identificación cultural o étnica?
Pero ¿Quién creó a Dios?
La idea de Dios surge de la angustia que la debilidad y limitación propias producen al Ser Humano confrontado a un Universo impenetrable.
De una parte están las limitaciones humanas, la mayor de ellas la muerte; de otra lo inmortal, con una fuerza superior al ser humano o la naturaleza; creer en esa fuerza inmortal ayuda a superar las limitaciones.
Los textos religiosos explican lo que distintos pueblos hacen, en relación a la consustancial limitación humana, en sus respectivos medios ambientes, explicándolos y dando normas en un lenguaje muy expresivo.
La religión es posible mediante el lenguaje y el Libro Sagrado, en muchas religiones, como las Judeo-Cristiana o el Islam, es la condición para su existencia: el Libro se convierte en el centro de la práctica religiosa.
En su expresión primera, los creyentes son aquellos que desean encontrar vías que les permitan la vida mediante la colaboración o al menos la falta de oposición, de fuerzas desconocidas.
Con la Revolución Urbana y una mayor complejidad en la vida humana, aparecieron argumentos para mantener el orden en la colectividad atribuidos a fuerzas superiores; así se estableció un sistema coherente de explicaciones y prescripciones que tendían a optimizar el esfuerzo humano.
Estas normas mostraron su eficacia en la experiencia humana de autoconstitución y fueron formando códigos; cada grupo humano, separada pero semejantemente, fue construyendo, en función de sus condiciones prácticas, su propio sistema religioso.
En estos libros siempre se establece que la vida y el trabajo, para ser eficaces, han de seguir un esquema prefijado.
La religión fue desarrollando la iglesia y la teología, evolucionando hacia formas económicas propias (como los monasterios medievales), impregnando la cultura y participando del mercado.
Además, han surgido otros sistemas de explicar la realidad e interpretarla para el provecho humano, como la ciencia.
Y la palabra se convirtió en religión
En la estructura circular primera de supervivencia no había lugar para la religión, la vida o la muerte, tan sólo importaba lo inmediato.
Más adelante se abrieron vías a la colaboración entre los seres humanos. Al extenderse más allá de la naturaleza la autoconstitución humana, creando un ámbito propio, la observación de los ritmos naturales tomó otro ritmo:
los ciclos naturales se usaron como pauta de trabajo, ritmando la vida humana; la práctica religiosa adoptó el mismo esquema y así los ciclos del año regulan también el tiempo religioso: ritmo natural, económico y religioso iban al mismo paso.
Casi ninguno de los seguidores de esas religiones sabía leer aunque basaban su fe en la Palabra escrita identificada con Dios.
Aquellos que sabían leer e interpretar los textos formaban un grupo aparte. El clero sabía leer el Libro, algún miembro incluso podía añadir elementos (escribas).
El texto se convirtió en ley que regulaba la vida de un pueblo; la Palabra, alejada de voz, gesto y movimiento, iba tomando un lugar cada vez más privilegiado en la jerarquía, independiente de las cambiantes situaciones humanas: así, la palabra escrita expresa el deseo por un marco unificado de existencia, pensamiento y acción.
La religión se constituye como un recurso poderoso para optimizar el esfuerzo del grupo humano puesto que constituye un elemento de coordinación, estableciendo, por ejemplo, el ritmo de trabajo; a la vez, la palabra se convierte en un instrumento de abstracción ligada a la experiencia religiosa de escribirla, leerla o escucharla.
La religión introducía el poder unificador de la palabra escrita en un mundo de diversidad y arbitrariedad: la Palabra se vio adornada de cualidades divinas. Y así, entrando en el terreno de lo abstracto, separada ya de la naturaleza, de donde había surgido, la religión llegó al dogma.
Los conflictos entre grupos que profesan diferentes credos se basa en distintas pragmáticas resultado de un creciente proceso de diferenciación; una fe diferente puede convertirse en un peligro para la autoconstitución del grupo. Las religiones que fracasan lo hacen porque su marco pragmático ha cambiado y no pueden adaptarse al nuevo contexto.
La religión se reificó en la institución eclesial, constituyendo vastos campos de conocimiento y discurso con su propia lógica, la teología. La religión se fue distanciando de la organización social y del trabajo, constituyendo una institución independiente de las otras (ejército, gremios, bancos) pero conectada a ellas.
Pero ahora la religión tiene que dejar el libro y adaptarse a la Civilización que supera la Escritura.
La persona formada en una religión: ¿contradicción de términos?
Uno de los principales objetivos del lenguaje es de transmitir las experiencias esenciales para la pervivencia del grupo. La educación, en pos de este objetivo, se realizó, en buena parte, mediante la religión que se apropió de la Escritura; Estado e Iglesia vivieron unidos hasta la Revolución Industrial, dándose un estrecho abrazo el Trono y el Altar.
Las Ciencias fueron expansionándose y alejándose de la Filosofía, evitando, en sus apreciaciones, chocar con las ideas religiosas; a otro nivel estaban las herejías sustentadas por individuos que eran perseguidos.
Ahora hay muchas religiones: si se multiplican las opciones, como algo innato a la naturaleza humana, también debe esto afectar a la experiencia religiosa.
Por ejemplo, la Ciencia se ha ido alejando de la Filosofía, creando cada vez más ramas y así el arte, la tecnología y cualquier ámbito de conocimiento.
Hoy las iglesias siguen enseñando su verdad establecida y monolítica mientras que el fiel ha de bregar con un mundo fragmentario, parcializado y especializado, provocando ello una grave contradicción.
Cuestionado permanencia y universalidad
La función social de la religión no puede ser hoy la que tenía antes; nació para explicar y no engañar, mediante ritos que ahora pueden parecer incomprensibles pero que estaban llenos de sentido cuando se formularon.
La promesa de redención y paraíso atrae a muchos confrontados a un mundo tan incierto y cambiante como el nuestro y sus ritos comunican ese sentido de la permanencia del que está desprovisto nuestro mundo.
La diversificación de las religiones refleja cambios en la escala humana: su aparición se produce con la llegada de innovaciones en la forma de vida: Cristianismo e Islamismo surgen de otras religiones, como la diferenciación de las iglesias cristianas; cada nueva formulación responde a marcos pragmáticos distintos.
La pertenencia a una comunión religiosa, a una iglesia, aporta un sentido colectivo, parecido, a una escala diferente, al sentimiento nacional; cada religión, en su expansión, difunde su libro sagrado, con su Escritura, considerada universal para la comunidad de los fieles.
Hoy la eficacia de nuestro mundo es casi independiente del comportamiento individual y, por lo tanto, del nivel de fe, sentimientos, estado familiar, conciencia ética…, de cada uno: todo lo que la religión consideraba como bueno.
A pequeña escala los diferentes factores entraban en relación y había relación entre lo espiritual, lo moralmente bueno y lo útil; pero en nuestro mundo parcializado las diferentes experiencias son independientes entre sí y hay diferentes morales o valores, según los distintos contextos.
Así, como hay diferentes niveles de realidad, surgen también diferentes iglesias, sectas o grupos religiosos, entre los que cada uno puede buscar el credo que más convenga a sus intereses.
La religión no escapa a los mecanismos del mercado.
El sentido de Dios comporta la idea de algo eterno y universal; la palabra religiosa escrita que exaltaba el poder de Dios, su eternidad y unidad, y la promesa de un mundo mejor, después de esta vida, era el resultado de expresar lo que no había en la naturaleza que es lo inmediato y transitorio.
El texto religioso quedó, para siempre, lleno de este sentido de un tiempo y un espacio situados más allá de lo inmediato, tan estable como la sucesión infinita de los ciclos naturales inmutables; y se convirtió en un instrumento de diferenciación jerárquica. Una vez escrita, la palabra recibía una validez perpetua; así, la misma Escritura quedaba investida de la cualidad eterna y universal.
Religión y Eficacia
Toda forma de lenguaje basada en la Escritura tiene criterios de medición y eficacia, proyectando la noción de estabilidad y universalidad.
Pero hoy ese marco ha quedado obsoleto y esos principios no pueden sostenerse: la ciencia se relativiza, el discurso moral duda sistemáticamente, ya nada puede calificarse, tajantemente, como verdadero o falso, en una realidad llena de sutilezas y matices.
La religión se expresó mediante la Escritura que hoy ya no sirve como antes pero los Seres Humanos sienten, ahora como antes, la inquietud religiosa; la religión deberá buscar nuevas formas de presentar al mundo su espíritu esencial.
Las exigencias del mercado condicionan la experiencia religiosa: predicadores televisivos (en los EE.UU.), actos religiosos multitudinarios, como los de las estrellas del rock, discos, etc. Las diferentes iglesias tratan de acercarse a sus fieles usando los recursos de los modernos medios de comunicación de masas; se trata de vender religión como entretenimiento, o cualquier otro producto; por otra parte la experiencia litúrgica tiende a estar menos basada en la palabra y el texto y más en la música, la meditación, el contacto… La práctica religiosa abandona la ritualidad antigua e intenta adoptar el marco pragmático con los deseos de la gente de hoy: un videoclip de realidad virtual puede más que un milagro.
De otra parte, hay que tener en cuenta que las ideas religiosas no tienen validez física, aunque se han expresado mediante el lenguaje, no pueden comprobarse, como una afirmación científica, por ejemplo, una ley mecánica. La religión se sitúa en un ámbito distinto de la reflexión científica.
Hoy la gente sigue siendo religiosa, porque los grandes interrogantes siguen existiendo: la muerte, el ser humano, el universo, el sentido último de la comunicación humana.
Nuestro mundo parcializado genera mucha ansiedad y si la religión puede encontrar nuevas formas expresivas seguirá siendo un factor importante en las nuevas etapas de autoafirmción humana.
Religiosidad en la Civilización que no se basa en la Escritura
Hoy las festividades religiosas (Navidad, vacaciones de Pascua, puente de la Virgen de Agosto) se han convertido en los mejores momentos para el mercado y, a la vez, vaciado las iglesias: la gente aprovecha estos momentos para gastar pero no rezar.
Hoy, más que un ateísmo generalizado, hay la creencia en ciertos principios básicos que cada uno quiere vivir a su manera, fuera de una iglesia que los celebra, en una realidad que afirma la libertad individual como valor supremo.
Nuestro mundo es uno de compromiso y tolerancia, rapidez y éxito, de muchísimas distinciones, de gran libertad para que cada uno acceda al mercado como más le guste; en este contexto variable la permanencia de la experiencia religiosa no tiene sentido.
Hoy la experiencia de la trascendencia no dice nada y nuestro tiempo es el del eterno instante, y nada descansa.
Los valores que han centrado el discurso religioso, de fe, transcendencia, bondad, autoridad, pecado, castigo, no dicen nada a la gente de hoy que quiere satisfacción inmediata y protección de la naturaleza (comida, calor, salud).
A menudo, las iglesias tienen tendencia a renunciar a su identidad, dando menos importancia a lo trascendental, valorando la acción social, la cordialidad y renunciando a sus exigencias; así cultivan el humanitarismo con la esperanza de adaptarse al mundo de hoy.
Las iglesias buscan que sus fieles queden contentos, adaptarse a sus deseos más que ser acordes con sus principios; proliferan las iglesias (especialmente en los EE.UU. donde hay 350.000 denominaciones distintas, católicos, evangelistas, presbiterianos, musulmanes…, registradas).
Cada uno quiere tener un dios a su medida con lo que Dios deja de existir.
Religión secular
En los EE.UU., el simbolismo dominante hoy es civil aunque se vive como una experiencia religiosa: el saludo a la bandera, la adoración de los emblemas nacionales, el sentimiento patriótico; las festividades nacionales (el 4 de julio, el Día de Acción de Gracias…) son los hitos de este simbolismo y la ocasión de gran negocio para el mercado (por ejemplo, la gran venta del Día de Acción de Gracias).
Además, los hitos de la vida, que antes se celebraban religiosamente (bautizo, comunión, matrimonio, muerte) ahora ya tan sólo se inscriben en el registro



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ENLACE A EDUCADORES ASOCIADOS
egoime_yo dijo
Una cosa..
Si crees en dios, crees en el paraiso, ¿no? En una vida eterna...
¿Cómo eres capaz de aceptar eso? ¿No te da miedo, la idea de una vida eterna? ESO es para mí el infierno..
No me dio tiempo a leer el artículo entero.. Por favor, pásate por mi lobg (se llama igual que yo) y déjame un enlace al tuyo, para poderlo leer más tarde con detalle...
Gracias ;D
Eg0im3
16 Junio 2006 | 06:03 PM