Menos librerias

Leído en "Otra derrota" (Crónica, México):
"Dentro de dos o tres semanas habrá cerrado la librería Las Sirenas de San Ángel, en la Ciudad de México. Era una de las pocas, poquísimas librerías que había en el sur de la ciudad; quedarán ya sólo esos desagradables almacenes de novedades y saldos: Gandhi, El sótano, y las secciones de libros (o lo que sea) de Sanborn’s..."
"A fines de la década pasada se completó un proceso de concentración de la industria editorial de lengua española que ha dejado el juego reducido a tres grandes corporaciones, que acumulan sellos editoriales para acaparar el mercado. Con imágenes, diseños, formatos y nombres distintos, resulta que son lo mismo Espasa, Paidós, Ariel, Seix-Barral, Joaquín Mortiz, que forman, junto con otros veinte nombres, el grupo editorial Planeta. Otro tanto pasa con Grijalbo, Mondadori, Sudamericana, Plaza Janés, Lumen y otra docena de editoriales que son parte de Random House. El tercero es Santillana, que incluye Altea, Alfaguara, Taurus, Aguilar y, por supuesto, El País. Lo que queda del mercado, poca cosa, es para el Grupo Anaya y algunas editoriales locales.
Ese cambio en la estructura de la industria ha ocasionado cambios dramáticos en el contenido de los catálogos, en los criterios editoriales, en la calidad de los libros que se publican: los ejemplos que pueden citarse son escandalosos. Cuando el negocio de hacer libros se convierte en un gran negocio, de inversión multimillonaria, hace falta vender muchas decenas de miles de ejemplares y venderlas pronto. Lo fundamental es entonces el aparato de mercadotecnia, la fama del autor, la capacidad de llegar al “gran público”; un libro que no asegura la venta de diez, veinte o cuarenta mil ejemplares en un verano no interesa. Esa lógica tiene dos consecuencias básicas: los autores más interesantes, los libros más imaginativos quedan fuera de la circulación masiva, y por otro lado el negocio se concentra en la acelerada rotación de “novedades” que se anuncian con escándalo, se amontonan en las librerías y cuyos sobrantes se destruyen al final de la temporada, para evitar el costo de almacenarlos. Algo verdaderamente extraño: el libro convertido en objeto de consumo efímero." (Más)

UTOPISTA dijo
Quien mira lo corporativo presume de que los libreros, las librerías, sufren auténticas derrotas; está mal que eso suceda, pero está bien para quien sólo ve desde sus narices que el consuMo de libros nuevos es lo único que existe para que la gente lea en un país de pocos lectores. Que desaparezcan las librerías medianas me parece que puede ser negativo en tanto siguen las reglas de un mercado neoliberal (son sus contradicciones lógicas); pero puede ser positivo porque le dicen a los demás una verdad: Quien se quiera hacer rico que se dedique a otra cosa, como especular en la bolsa; poner agencias de publicidad; hacer televisión de pago; no sé. Vender libros debe ser cosa de dar barato. Siempre lo creeré y entre otras cosas, pienso que los libros seguirán siendo objetos valiosos pero no por sus precios o por sus apariencias de fulgor de marketing, sino porque sin los autores auténticos los lectores estaremos condenados a la cierta ceguera de los medios audiovisuales.
Un saludo de H.L.
4 Febrero 2006 | 03:24 AM