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<title>HISTORIA SECRETA   DEL OPUS  DEI EN EL PERU </title>
<link>http://www.espacioblog.com/el-coctel-azul-angel/post/2007/10/14/historia-secreta-del-opus-dei-el-peru</link>
<pubDate>2007-10-14T03:02:32+00:00</pubDate>
<content:encoded><![CDATA[<p><IMG id=img_0 height=72 src="http://www.espacioblog.com/myfiles/el-coctel-azul-angel/RFOTO7.bmp" width=96 class="imgizqda"></p>
<p>La historia de la penetración política del Opus Dei en el Perú no comienza con Rafael Rey. Empieza en realidad a inicios de los sesentas, con los esfuerzos de tener presencia en los medios de comunicación.<br />
A través de Enrique Chirinos Soto, Arturo Salazar Larraín, Carlos Rizo Patrón y Jacobo Rey -estos dos últimos supernumerarios-, los superiores de la Obra entran en contacto y anudan una excelente relación con Pedro Beltrán Espantoso y Eudocio Ravines, cuya figura sería exaltada años después en el libro El Deportado por Federico Prieto.<br />
Algunos numerarios como Carmela Aspíllaga y el propio Federico Prieto Celi entran al diario La Prensa. Y, además, los del Opus consiguen que Beltrán done en Cañete los terrenos para el Instituto Rural Valle Grande y Condoray, escuela para la formación de las empleadas que atienden sus casas.<br />
Incluso el Opus, apoyado por la gerente de La Prensa, promueve una revista que controla completamente: Informe Ilustrado, cuyo antecedente es la revista ERPA que editaban en Cañete; y cuyo nombre era las siglas de las Escuelas Radiofónicas Populares Americanas promovidas en la sierra de Yauyos por la organización. Las escuelas se transformarían después en Radio Estrella del Sur.<br />
Todo este esfuerzo concluye en 1968, en vísperas del golpe, con la ley que autoriza la creación de la Universidad de Piura. El lobbie del Opus en el Congreso, conducido por un experto español llamado Alberto Moncada, le permite ampliar sus relaciones políticas. Moncada terminaría abandonando el Opus y realizando posteriormente una labor de denuncia.<br />
De estos contactos existiría uno fundamental en Piura: la familia Romero, con quienes compartía orígenes españoles comunes. Y de ella, de manera particular, Dionisio Romero. El Opus Dei obtendría de los Romero en la exclusiva zona de El Chipe, los terrenos para levantar la Ciudad Universitaria, así tomo una casona en el casco urbano de Piura. Con los años el Banco de Crédito cumpliría la labor que desempeñó en España el Banco Popular, como plataforma de financiamiento de la Obra.<br />
Sin embargo, la revolución de Juan Velasco Alvarado y la cancelación política de la oligarquía, frustra esta primera etapa. Compañías como la de Beltrán o Ravines, no eran la mejor tarjeta de presentación.<br />
<B>AMARGA EXPERIENCIA</B><br />
La época militar es una etapa difícil para el Opus Dei. Por un lado Arturo Salazar Larraín y Federico Prieto Celi, a través de Opinión Libre, tratan de revivir las trincheras de La Prensa y combaten al régimen. Son deportados y la publicación clausurada.<br />
El Opus entiende el mensaje y cierra Informe Ilustrado, guarda perfil bajo, se atrinchera detrás de sus obispos y espera mejores tiempos. Asimismo, se fortalece la labor de Cañete para mostrar un rostro social a la Revolución.<br />
Es en esa época que Ricardo Rey Polis, papá de Rafael Rey y supernumerario, es nombrado rector de la Universidad de Piura. Es necesario un peruano al frente de la institución para preservarla de cualquier asedio castrense. En la actualidad el rector es el español Antonio Mabres.<br />
En el segundo gobierno de Fernando Belaunde, el Opus no comienza de cero. La universidad de Piura se convierte en el gran gancho. Es visitada, por ejemplo, por Mario Vargas Llosa y algunos miembros de la familia Miró Quesada; y empieza así unos contactos que le serán al Opus muy útiles años después. En lo inmediato, el escritor les dedica un reportaje en un programa de televisión que conducía.<br />
Por fin, Federico Prieto consigue entrar al Ministerio de Trabajo, invitado por Alfonso Grados Bertorini. Sin embargo, muy pronto la llegada del APRA frena el proyecto político. En las filas de Alfonso Ugarte sólo contaban con Rodrigo Franco, a quien podrían tolerar como lo hicieron en España con Rafael Calvo Serer, porque lo necesitaban y era la coartada de la pluralidad. Pero su muerte prematura y la resistencia de un partido popular, a un proyecto político esencialmente conservador y autoritario, frustran cualquier posibilidad de penetración.<br />
Como recuerda Francisco José de Saralegui, un ex numerario, que se retiró después de 25 años, en el Opus Dei "se hablaba de libertad política y profesional. De la segunda tengo experiencia personal, pero creo que hay mucho menos libertad en cuanto a opciones políticas. Si los esquemas en que uno vive son autoritarios, inmovilistas y conservadores, sólo con un esfuerzo mental casi esquizofrénico se puede ser, de veraz, socialista o liberal."<br />
Lo sucedido de 1968 a 1980 y de 1985 a 1990 convence al Opus Dei de la urgencia, en un país tan inestable como el Perú, de una penetración más orgánica en el poder político; y la necesidad de contar con un medio de comunicación amigo, sin que pueda ser identificado como del Opus.<br />
Por otro lado, no era sino cumplir lo que establecían entonces las Constituciones del Opus Dei, es decir, el derecho eclesiástico interno por el que se rige, las cuales señalaban en el artículo 202: "Medio de apostolado peculiar de nuestra Institución son los cargos públicos, en especial aquellos que implican el ejercicio de una dirección".<br />
<B>DE VARGAS LLOSA A FUJIMORI</B><br />
Esta conclusión a la que llega el Opus, cuenta con un liderazgo que la puede impulsar y hacer efectiva: Juan Luis Cipriani Thorne, primero como Vicario de la Prelatura y después como obispo. Considera Cipriani que la situación del Perú es muy parecida a la de la España de los años 50, donde el Opus decidió entrar masivamente en política para brindar seguridad a la labor que realizaban y apoyarla económicamente.<br />
El sacerdote Antonio Pérez, que dirigía en la década del 50 el Opus Dei en España, ha dejado un testimonio impresionante de cómo se planificó y ejecutó la entrada de la organización en el gobierno de Franco (Historia Oral del Opus Dei. Plaza &amp; Janes Editores, octubre de 1987).<br />
En el Perú lo primero era renovar cuadros, porque la figura de Prieto Celi estaba muy quemada. Se movieron contactos y amistades para colocar en el entorno del candidato favorito de 1990, Mario Vargas Llosa, a dos numerarios jóvenes: Rafael Rey y Domingo Fatacciolli. Este último se terminó casando, abandonó el Opus y vive actualmente en Australia.<br />
Por otro lado, la penetración en El Comercio se acentuó. Los graduados en la Facultad de Comunicacicín de la Universidad de Piura entraron a los diversos niveles del diario. Algunos de sus periodistas hacen postgrado en la Universidad de Navarra. El personaje clave en este proceso es el sacerdote numerario Joaquín Diez, que es formalmente e1 responsable de la página religiosa del diario.<br />
El poder del Opus en el periódico se consolida, cuando en alianza con un sector de la familia, aprovechando disputas internas consiguen que los herederos de Racso Francisco Miró Quesada Cantuarias y Francisco Miró Quesada Rada sean separados de la conducción de El Comercio. Los dos son hombres progresistas críticos del Opus.<br />
Producida la victoria de Fujimori, el Opus que ya tiene una cabeza de playa en el Congreso, se mueve en el entorno de Santiago Fujimori, a través de la entonces supernumeraria y actual cooperadora de la Obra de Dios, Martha Chávez. La cual juega en pared con Rey, entonces en el Movimiento Libertad. Después del 5 de abril ambos confluyen, en un apoyo a la dictadura.<br />
Por su parte, Prieto entra al Ministerio de Educación -terreno favorito del Opus- y posteriormente trata de controlar El Sol, desde donde hace una labor desembozada de apoyo al fujimontesinismo.<br />
Para cerrar el círculo del poder el paso siguiente era obtener para Cipriani el arzobispado de Lima y el capelo cardenalicio. Para ello, hay una división del trabajo: Cipriani fortalece sus relaciones con Fujimori; y Rey trabaja a Montesinos. Ambos apoyados por Martha Chávez y del banquero Romero, que como demostró un vladivídeo, mantenía relación permanente con Cipriani. Así se aseguran una mayor influencia del Opus, fuentes de financiamiento y una poderosa protección para sus labores.<br />
En síntesis, todo parecía marchar muy bien para el Opus, que tiene acceso directo a los más altos círculos del poder y de la banca a través de Romero. Cipriani ve confirmada su tesis: la situación es como la España de Franco y el Opus habría hecho bien en apoyar a un régimen que aparentemente tenía muy largo aliento.<br />
<B>UNIDAD NACIONAL</B><br />
Cuando el fujimontesinismo comienza a desmoronarse, el Opus comprende que es hora de abandonar el barco. Rey empieza a marcar sus distancias, tratando cubrirse con una pátina democrática. Asimismo. con gran sentido de la oportunidad el 28 de julio de 2000, Cipriani denuncia el "poder oscuro". Esa coartada se deshace cuando se le pregunta ¿por qué no lo hizo antes?<br />
Tampoco podía sospechar el Opus que los vladivideos demostrarían que Rafael Rey se había corrompido en el SIN. Incluso, como lo denunció Liberación, el numerario en una actitud poco ética, y abiertamente violatoria de la ley, había intervenido ante Montesinos para que liberara a Higueras, uno de los secuestradores de Mariano Querol, por el hecho de que era piurano y su familia estaba vinculada al Opus.<br />
Juan Luis Cipriani debió haber aprendido de la experiencia de Antonio Pérez, sobre las consecuencias de mezclar a la Prelatura en aventuras políticas con las dictaduras.<br />
Ante la llegada de la democracia para la que no estaba preparado, la única forma que encuentra el Opus para cubrir sus huellas de complicidad con la dictadura -evitando un estigma como el que lo persigue por haber sido una de las familias políticas del franquismo-, fue establecer una alianza con Unidad Nacional. No hay que olvidar que el padre de Cipriani fue fundador de la Democracia Cristiana y del PPC.<br />
Lo que sería bueno saber es con exactitud cuántos más del Opus hay en el entorno de Lourdes Flores. Lo cual resulta especialmente difícil por el secreto con el que manejan su pertenencia a la organización, aunque se conocen algunos casos como el de la mamá de Jaime Bayly que es supernumeraria.<br />
Las primeras Constituciones del Opus Dei eran muy claras. El artículo 190 imponía el secreto: "A los extraños se les oculta el número de los socios y, más aún, los nuestros no han de conversar de estos temas con extraños". La misma idea del secreto se confirmaba en el 191: "Socios numerarios y supernumerarios sepan bien que han de guardar siempre un prudente silencio respecto al nombre de los otros miembros; y que a nadie van a revelar nunca que ellos mismos pertenecen al Opus Dei".<br />
Ante el escándalo que se desató al conocerse estos textos, destinados también a ser secretos, hubo una reforma formal, aunque el espíritu se ha mantenido. La obligación del secreto sólo se ha atenuado, pero no desaparecido.<br />
<B>JAQUE AL REY</B><br />
Sin embargo, el de Rey no es único caso de miembros del Opus que llegan a corromperse al contacto del poder político y económico. Cipriani antes de impulsar una aventura política autoritaria, debió meditar lo que sucedió con los miembros del Opus involucrados en los casos Matesa y Rumasa en España.<br />
A Rey el Opus lo tiene escondido, no hace campaña, para no llamar la atención sobre su persona y evitar un escándalo mayor, que podría hacer aparecer donaciones no muy santas a las labores de la Obra de Dios. Ante lo que se puede destapar, el caso Higueras sería de poca trascendencia.<br />
También es una estrategia para tratar de que no exista un remezón, de consecuencias impredecibles, que sacuda aún más a la ya de por sí debilitada candidata de Unidad Nacional.<br />
A tenor de las últimas encuestas, parece que la alianza con Lourdes no va a funcionar para cubrir al Opus Dei. La pregunta es ¿qué harán ahora? </p>
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<title>asimov</title>
<link>http://www.espacioblog.com/el-coctel-azul-angel/post/2007/10/10/asimov</link>
<pubDate>2007-10-10T01:50:01+00:00</pubDate>
<content:encoded><![CDATA[<p><font face="Trebuchet MS, Tahoma, Arial"><font size="2"><font size="5"><strong>P</strong></span>rolífico<br />
escritor estadounidense, famoso por sus novelas de ciencia-ficción y<br />
por sus libros divulgativos sobre todas las ramas de la ciencia. Asimov<br />
nació en Petrovichi, Rusia. Su familia emigró a Estados Unidos cuando<br />
tenía tres años y se estableció en el barrio de Brooklyn, de Nueva<br />
York. Sus trabajos en las revistas de ciencia-ficción le llevaron a<br />
profesionalizarse como escritor literario y científico. Ingresó en la<br />
Universidad de Columbia a los 15 años y a los 18 vendió su primer<br />
relato a la revista Amazing Stories.<br />
Después de participar en la II Guerra Mundial, Asimov se doctoró en<br />
Bioquímica en 1948 y de 1949 a 1958 enseñó bioquímica en la universidad<br />
de medicina de Boston. Su primera novela de ciencia-ficción, <strong>Piedra en el cielo</strong>,<br />
se publicó en 1950 y su primer libro científico, un texto sobre<br />
bioquímica escrito con dos colegas, en 1953. A partir de 1958 se dedicó<br />
por completo a escribir. Firmó más de 500 libros para lectores jóvenes<br />
y adultos que, además de la ciencia-ficción y la divulgación<br />
científica, abarcan cuentos de misterio, humor, historia y varios<br />
volúmenes sobre la Biblia y Shakespeare. Entre sus obras de<br />
ciencia-ficción más conocidas se encuentran <strong>Yo, Robot</strong> (1950); <strong>La trilogía de la Fundación</strong> (1951-1953), de la cual escribió una continuación treinta años después, <strong>El límite de la Fundación</strong> (1982); <strong>El sol desnudo</strong> (1957) y <strong>Los propios dioses</strong> (1972). Entre sus obras científicas destacan <strong>Enciclopedia biográfica de la ciencia y la tecnología</strong> (1964; revisada en 1982) y <strong>Nueva guía a la ciencia</strong> (1984), una versión más reciente de su elogiada <strong>Guía científica del hombre</strong> (1960). Obras posteriores son <strong>La Fundación y la Tierra</strong> (1986), <strong>Preludio a la Fundación</strong> (1988) y <strong>Más allá de la Fundación</strong> (1992). En 1979 se publicó su autobiografía en dos volúmenes, <strong>Recuerdos todavía verdes</strong>. © <a href="http://www.encarta.msn.com/">eMe</a></span></span>
</p>
</font></font></font>]]></content:encoded>
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<title>misterios de la historia</title>
<link>http://www.espacioblog.com/el-coctel-azul-angel/post/2007/10/05/misterios-la-historia</link>
<pubDate>2007-10-05T16:42:32+00:00</pubDate>
<content:encoded><![CDATA[<p align="center"><big><big><big>Lawrence de Arabia </big></big></big></p>
<p><big><strong><em>Desinteresado campeón de la independencia de un pueblo primitivo,<br />
obstinado oponente de las grandes potencias que despojaron a sus seguidores de la<br />
victoria: tal es la imagen del T.E. Lawrence célebre personaje literario y<br />
cinematográfico. ¿Es ésta la verdad? </em></strong></big></p>
<div align="center"><center></p>
<table border="0" cellpadding="0" width="60%">
<tbody>
<tr>
<td width="100%">
<p align="center"><img src="http://www.geocities.com/Augusta/5130/lawrence1.jpg" alt="lawrence1.jpg (7415 bytes)" height="298" width="195">
</td>
</tr>
</tbody>
</table>
<p></center></div>
<p><big>Una multitud aclamante abarrotó las calles de Damasco el 1° de octubre de 1918<br />
cuando el ejército rebelde marchó por la ciudad liberada. El día anterior, cuando las<br />
tropas otomanas se replegaron, la antigua ciudad siria pasó del control turco al árabe.<br />
Los vítores no sólo eran para las tribus victoriosas, sino también para un joven<br />
inglés que cabalgaba entre ellos, vestido con ondeante indumentaria árabe. La rebelión<br />
y su británico mentor se habían hecho inseparables. </big></p>
<p><strong><big>Buscando apoyo británico</big></strong></p>
<p><big>En junio de 1916, el sharif (príncipe) de La Meca, Hussein Ibn Ali, inició la<br />
rebelión contra los cuatro siglos de dominio otomano en la península arábiga. Como<br />
gobernador de Hejaz, provincia desértica junto al mar Rojo, controlaba La Meca, el lugar<br />
más santo del Islam, lo que le hacía líder espiritual de los pueblos árabes. Pero la<br />
rebelión de Hussein se estancó en Medina, donde las tropas turcas podían abastecerse<br />
gracias al ferrocarril del norte. Antes de proclamar la rebelión, Hussein buscó el apoyo<br />
de Inglaterra y más tarde afirmó que le prometieron armas, balas y asistencia técnica<br />
para cortar la vía férrea. Desde un principio, los ingleses quisieron controlar la<br />
rebelión, por lo que le retuvieron el abastecimiento para hacerla "más modesta y<br />
conveniente". Cuando todo indicó que Hussein se retiraba a La Meca, obligado a<br />
rendirse, los ingleses se dieron cuenta de que era tiempo de recabar un informe fidedigno.<br />
Enviaron desde El Cairo a un oficial de inteligencia de 28 años, que hablaba árabe y<br />
tenía años de experiencia en el Oriente Medio: Thomas Edward Lawrence. </big></p>
<p><strong><big>Educación de un guerrero</big></strong></p>
<p><big>El hogar donde nació T.E. Lawrence el 16 de agosto de 1888 no era precisamente un<br />
estereotipo de la Inglaterra victoriana. Cuatro años antes, Thomas Chapman abandonó en<br />
Dublín a su esposa y cuatro hijas para vivir con Sarah Maden, institutriz de las niñas.<br />
Mudándose de Irlanda a Inglaterra, Gales, Escocia y Francia, Thomas y Sarah tuvieron<br />
cinco hijos en los siguientes 12 años. Asentándose en Oxford con el apellido Lawrence,<br />
la pareja consiguió tener una apariencia de respetabilidad, pero su sensible<br />
segundo-génito, Thomas Edward, sufrió durante toda su vida la vergüenza de ser híjo<br />
ilegítimo. A los 12 o 13 anos, el joven Lawrence se rompió una pierna. Debido a que la<br />
fractura se curó lentamente o a que enfermó de paperas en la adolescencia, el muchacho<br />
dejó de crecer en cuanto midió 1.66 m. Con una cabeza demasiado grande, parecía aún<br />
más corto de estatura. Ingresó al Jesus College de la Universidad de Oxford y, tal vez<br />
para compensar su corta estatura, Lawrence desarrolló varias afectaciones, entre ellas<br />
una risita estridente y nerviosa que sus condiscípulos consideraban molesta. En un mundo<br />
de hombres, parecía asexuado e incluso afeminado. En Oxford, Lawrence fue influido por<br />
David George Hogarth, un arqueólogo y especialista en el Oriente Medio. Hogarth lo<br />
estimuló para que escribiera una tesis acerca de la arquitectura militar en las Cruzadas<br />
y le dio instrucciones detalladas cuando el estudiante viajó al Oriente Medio en junio de<br />
1909 para hacer su práctica de campo. Viajó por Siria solo y a pie, "viviendo como<br />
árabe entre árabes", y se enamoró de la región y sus pueblos. Al regresar a<br />
Oxford se recibió con honores como historiador y egresó de la universidad en 1910.<br />
Recomendado por Hogarth, Lawrence recibió una beca de posgrado para unirse a una<br />
excavación arqueológica en Carchemish, en la ribera occidental del río Éufrates.<br />
Exceptuando los meses de verano, en que el calor obligaba a suspender los trabajos,<br />
Lawrence pasó en Siria casi por complete los siguientes cuatro años, los que luego<br />
consideró los más felices de su vida. Vistiendo sólo pantalón corto, el Sol lo<br />
bronceó y aprendió a comandar a 200 hombres, bromeando con ellos en árabe. Pero Arabia<br />
no solamente era un campo de estudio y al pasar el tiempo la arqueología no satisfizo<br />
todos sus intereses en la región. Poco antes de enero de 1914, se hizo espía. </big></p>
<p><strong><big>Espionaje en el desierto </big></strong></p>
<p><big>Desde mediados del siglo XIX, el ímperio otomano era conocido como "el<br />
hombre enfermo de Europa". Alemania, Francia y Rusia ansiaban reemplazar al decadente<br />
imperio como factor de poder en el Oriente Medio e Inglaterra quiso asegurar sus propios<br />
intereses. Al tomar Egipto en 1882, los británicos controlaron el canal de Suez, vital<br />
para su imperio en la India. Pero necesitaban vigilar la actividad política al este del<br />
golfo de Suez y en el mar Rojo. Bajo el respetable patrocinio del Fondo de Exploración de<br />
Palestina, Lawrence se unió a principios de 1914 al arqueólogo Leonard Woolley y al<br />
capitán británico Stewart Newcombe para una prospección de la península de Sinaí.<br />
Dijeron buscar evidencias de los 40 anos de éxodo de los israelitas al salir de Egipto.<br />
En realidad, rastreaban las actividades militares de los turcos en la región limítrofe.<br />
La Primera Guerra Mundial estalló en agosto de 1914 y todo parecía indicar que el<br />
imperio otomano sería neutral. Pero cuando atacó a Rusia, aliada de Inglaterra, Lawrence<br />
se enroló en el ejército en Egipto. En diciembre ya estaba en El Cairo, organizando una<br />
red de inteligencia en la región que conocía al dedillo. </big></p>
<div align="center"><center></p>
<table border="0" cellpadding="0" width="70%">
<tbody>
<tr>
<td align="center" width="100%"><strong><em><img src="http://www.geocities.com/Augusta/5130/lawrence2.jpg" alt="lawrence2.jpg (13124 bytes)" height="194" width="453"></em></strong></td>
</tr>
<tr>
<td align="center" width="100%"><strong><em>Las hazañas del coronel británico T.E.<br />
    Lawrence durante la rebelión árabe entre 1916 y 1918 fueron la base de la peIícula<br />
    Lawrence de Arabia, rodada en 1962 por David Lean. Arriba, una foto fija de la película<br />
    recrea fielmente a las fribus beduinas cabalgando para combatir en Hejaz, la provincia<br />
    árabe en la costa del mar Rojo. </em></strong></td>
</tr>
</tbody>
</table>
<p></center></div>
<p><strong><big>Rebelión en Arabia</big></strong></p>
<p><big>Lawrence nunca sería un soldado convencional. El comandante de Lawrence en El<br />
Cairo recordaría posteriormente su intenso deseo de decirle a su joven oficial que se<br />
cortara el pelo. Pero sus colegas militares se impresionaron con su mente ágil, su<br />
contagioso entusiasmo por el trabajo y su "extraordinaria capacidad para salirse con<br />
la suya calladamente". Sin embargo, pronto lo aburrió la rutina de cartografiar<br />
mapas, hacer informes geográficos y entrevistar a agentes de espionaje potenciales. En<br />
1915, dos de sus hermanos murieron combatiendo en Francia, mientras que Lawrence escribía<br />
en 1926: "No hacemos nada, fuera de urdir políticas provocadoras en la<br />
región." Pero al mes siguiente fue enviado a una muy secreta misión a Mesopotamia<br />
(actual Irak), donde los turcos asediaban al ejército inglés: su misión era sobornar<br />
con un millón de libras al comandante turco para que levantara el sitio y, de paso,<br />
sondear la disposición de las tribus árabes para rebelarse contra los turcos. Fracasó<br />
en ambas misiones y regresó a Egipto "para encerrarse en esa oficina en El<br />
Cairo" Cuando Ilegó a El Cairo la noticia de la rebelión de Hussein en 1916,<br />
Lawrence escribió a su casa lo bueno que era "ayudar a forjar una nueva<br />
nación". En octubre se reunió con los rebeldes árabes. El digno Hussein, aunque<br />
capaz de ser líder moral, era muy viejo para ser comandante militar. Lawrence opinó que<br />
su primero, segundo y cuarto hijos eran "demasiado limpios", "listos"<br />
o "fríos". Pero de Faisal, el tercer hijo de Hussein, Lawrence dijo que era<br />
"el hombre que vine a buscar en Arabia, el líder que dará gloria a la rebelión<br />
árabe". El inglés bajo y rubio sería en adelante camarada de armas del árabe alto<br />
y moreno, y juntos cabalgarían a la gloria en los siguientes dos afios. </big></p>
<p><strong><big>"Orens": hasta la última consecuencia</big></strong></p>
<p><big>Para ganar la confianza de los árabes, Lawrence usó ropa nativa y aprendió a<br />
montar en camello. "Si vistes como árabe", escribió, "hazlo hasta la<br />
última consecuencia. Olvídate de amigos y costumbres ingleses y adopta enteramente los<br />
hábitos árabes". Al adoptar las castumbres árabes, poco a poco se gano la<br />
confianza de las suspicaces tribus nativas, que al Ilegar a los campamentos lo saludaban:<br />
" i Orens ! i Orens ! ", que era la forma en que podían pronunciar su nombre,<br />
tan extraño a su idioma. </big></p>
<p><big>Acompañado por Lawrence y su comitiva de 25 criados y guardaespaldas, Faisal<br />
lanzó la ofensiva que terminó en Damasco. Con la asesoría de Lawrence, desarrolló una<br />
estrategia que era adecuada para el terreno y la capacidad de lucha de sus hombres.<br />
Subiendo por la península arábiga, los rebeldes libraron una guerra de guerrillas que<br />
aterrorizó a sus enemigos y ganó reclutas de otras tribus. Esquivaron los fuertes turcos<br />
y dinamitaron el ferrocarril de Hejaz, descarrilando trenes e inutilizando las<br />
locomotoras. "El espectáculo es espléndido", escribió Lawrence. "Es<br />
imposible imaginar mayor diversión para nosotros y mayor vejación y furia para los<br />
turcos." En enero de 1917 tomaron el puerto Wejh, en el mar Rojo, y con la rendición<br />
de Akaba en julio, la campaña de Heiaz terminó en una aplastante victoria para los<br />
árabes. El comandante británico en El Cairo notó que los rebeldes árabes dominaban<br />
más tropas turcas que los ingleses y, como observó Lawrence con cierta malicia,<br />
"comenzaron a recordar que siempre habían favorecido la rebelión árabe".<br />
Desde entonces, las huestes de Faisal se convirtieron en el poderoso flanco derecho de las<br />
fuerzas aliadas del general Allenby que atacaban diestramente desde el norte a través de<br />
Palestina. </big></p>
<p><big>En 1917, Lawrence hizo dos peligrosas incursiones tras las líneas enemigas para<br />
enardecer a los árabes sirios. En la aldea Deraa, en noviembre, fue detenido brevemente<br />
por los turcos, que tal vez no supieron quién era él. Aún está a discusión lo que<br />
ocurrió ahí. Según sus memorias de la posguerra, tituladas <strong><em>Siete pilares de<br />
sabiduría</em></strong>, Lawrence fue horriblemente torturado y vejado sexualmente por<br />
sus captores. Esta sórdida versión fue considerada como "muy improbable" por<br />
un prominente historiador de EUA, pero un colega de Lawrence lo describió como muy<br />
perturbado a su regreso de Deraa y estaba convencido de que sufrió una "horrenda<br />
pesadilla". Sin embargo, tres semanas después de volver de Deraa, Lawrence ya estaba<br />
lo bastante repuesto como para marchar a Jerusalén con Allenby el 9 de diciembre de 1917.<br />
Los aliados siguieron avanzando hacia el norte durante 1918, con Lawrence y los árabes en<br />
su flanco derecho. Cuando Allenby programó el asalto a Damasco para septiembre, tenía<br />
250.000 hombres bajo su mando. Aunque los turcos tenían nominalmente igualdad de fuerzas,<br />
los 3.000 árabes de Lawrence inmovilizaban a 50.000 enemigos al este del Kordán,<br />
mientras otros 150.000 turcos se desplegaban en Mesopotamia, en un vano intento por<br />
sofocar otras rebeliones árabes. Con una superioridad de cinco a uno, Allenby mãrchó a<br />
la victoria el 1° de octubre. </big></p>
<div align="center"><center></p>
<table border="0" cellpadding="0" width="70%">
<tbody>
<tr>
<td width="100%"><img src="http://www.geocities.com/Augusta/5130/lawrence3.jpg" alt="lawrence3.jpg (11598 bytes)" height="194" width="453"></td>
</tr>
<tr>
<td width="100%">
<p align="center"><em><strong>Luego de su victoria en Hejaz, los árabes<br />
    tuvieron un papel militar convencional, como flanco derecho del ejército aliado que<br />
    avanzó al norte por Palestina. Arriba, una trinchera en el desierto. </strong></em>
</td>
</tr>
</tbody>
</table>
<p></center></div>
<p><strong><big>AIta política</big></strong></p>
<p><big>En mayo de 1916, Inglaterra y Francia firmaron un tratado secreto, conocido como<br />
Sykes-Picot por sus dos negociodores, que dividía al territorio turco del Oriente Medio<br />
en dos esferas de influencia: la inglesa y la francesa. Todo Estado árabe en la región<br />
estaría sujeto al control administrativo británico o francés. Dos días después de la<br />
entrada triunfal a Damasco, Faisal supo de la amarga realidad y sus limitaciones sobre la<br />
independencia árabe. Insistiendo en que nada sabía del tratado secreto, Lawrence pidió<br />
que Allenby lo relevara de su cargo y le permitiera regresar a Inglaterra. "Como yo<br />
no era un perfecto estúpido", escribió amargamente en<em><strong> Siete pilares de<br />
sabiduría</strong></em>, "pude ver que las promesas a.los árabes eran huecas".<br />
Lamentó que sus hombres arriesgaran su vida por una recompensa tan insignificante;<br />
"en lugar de enorgullecerme por lo que hicimos, me sentí avergonzado". A partir<br />
de entonces, Lawrence supo, escandalizado, que sus batallas se librarían en los<br />
corredores del poder y no en las arenas del desierto . De vuelta en Inglaterra,<br />
incómodamente vestido con uniforme, Lawrence compareció el 29 de octubre ante un comité<br />
del gabinete de Guerra. Su propuesta era anular el tratado Sykes-Picot para mantener a<br />
Francia fuera del Oriente Medio y dividir Mesopotamia y Siria en tres reinos dirigidos por<br />
tres de los hijos de Hussein, con Faisal presidiendo Damasco. Mientras esperaba la<br />
decisión del gobierno, Lawrence cablegrafió a Hussein, sugiriendo que enviara a Faisal<br />
como representante a una conferencia de paz que se iniciaría en París en 1919. Pero,<br />
nuevamente, Lawrence tuvo malas noticias para Faisal: al recibirlo el 26 de noviembre en<br />
Marsella, le informó a su camarada de armas que Francia había vetado su participación<br />
en la conferencia. Faisal estuvo en diciembre y enero en Inglaterra, donde Lawrence lo<br />
presentó con Chaim Weizmann, el líder sionista a quien los británicos prometieron un<br />
hogar nacional en Palestina. Lawrence, quien veía a los semitas judíos y árabes como<br />
"un todo indivisible", tenía la esperanza de que cooperaran para desarrollar al<br />
Oriente Medio. A cambio de entrar libremente a Palestina, los judíos prestarían dinero a<br />
Faisal para establecer su reino en Siria. La guerra en el Oriente Medio siempre fue<br />
secundaria ante la lucha con Alemania en el frente oeste. La campaña de Lawrence con los<br />
árabes fue Ilamada "lo secundario de lo secundario". Pero según un delegado de<br />
EUA, el coronel Lawrence fue "un atrayente personaje" en la conferencia de paz<br />
del 18 de enero de 1919. Como a Faisal se le negó la admisión, le correspondió a<br />
Lawrence asegurar que su camarada árabe siguiera siendo leal a Gran Bretaña. Para<br />
Lawrence, los enemigos eran ahora los franceses. Su esperanza era que "los árabes<br />
fueran nuestro primer dominio y no nuestra última colonia". Pocos compartían su<br />
opinión, tanto árabes como ingleses. Inglaterra tenía un nuevo interés en el Oriente<br />
Medio: petróleo. Además, no querían enojar a Francia, su aliada en la guerra.<br />
Reticente, Faisal aceptó los términos del tratado Sykes-Picot, que pospusieron la<br />
verdadera independencia árabe. </big></p>
<p><strong><big>La lucha termina, la leyenda crece </big></strong></p>
<p><big>Derrotado en la conferencia de paz, Lawrence intentó ganarse a la opinión<br />
pública con una serie de artículos y cartas. Luego fue el asesor de Winston Churchill en<br />
asuntos árabes. Pero todo lo que realizó fue en vano. Faisal, proclamado rey de Siria en<br />
marzo de 1920, fue depuesto por los franceses en julio e Inglaterra no hizo nada. En 1921<br />
los británicos hicieron a Faisal rey de Irak, bajo el dominio inglés durante la<br />
siguiente década. Su hermano Abdullah fue nombrado emir de Transjordania, otro<br />
protectorado inglés. Hussein fue forzado a abdicar como rey de Hejaz en 1924, sustituido<br />
por el jefe de otra tribu, Ibn Saud. Asqueado de la política, Lawrence se retiró a<br />
Oxford para redactar sus reveladoras memorias. ¿Por qué había hecho todo esto? El<br />
epílogo de <em><strong>Siete pilares de sabiduría</strong></em> da cuatro motivos. El<br />
primero y más poderoso era personal, "omitido en el libro, pero creo que nunca<br />
ausente de mi alma durante todos estos años, dormido o en vela, ni siquiera por una<br />
hora". Los detectives académicos revelaron que éste era el amor de Lawrence por un<br />
muchacho árabe Ilamado Dahoum, a quien conoció en Carchemish en 1913; en otra parte<br />
escribió que la libertad para el pueblo del muchacho sería "un regalo<br />
aceptable". Poco antes de que Damasco fuera tomada, supo que el muchacho había<br />
muerto de tifus y anotó con dolor: "mi regalo fue en vano". El segundo motivo<br />
de Lawrence fue su patriotismo: quería ayudar a Inglaterra a ganar la guerra. El tercero<br />
fue la curiosidad intelectual: "el deseo de sentirme el inspirador de un movimiento<br />
nacional". El cuarto fue la ambición personal: "sumar a mi vida esa nueva Asia<br />
que nos traía el tiempo inexorable" ¿Fue Lawrence un héroe? ¿O fue un<br />
oportunista descarado? ¿Estuvo verdaderamente dedicado al nacionalismo árabe con toda la<br />
convicción de conseguir la libertad? ¿Solamente utilizó a crédulas tribus árabes para<br />
perpetuar el imperialismo británico? ¿Es que su historia no fue la de dedicarse a la<br />
causa de un pueblo sino la de su obsesión por un amor imposible? </big></p>
<p align="center"><big><big>Escape de la fama </big></big></p>
<p>    <big>La carrera de Lawrence en la posguerra es tan extrañia e intrigante como sus<br />
    andanzas en la rebelión árabe. En agosto de 1922 el excoronel se enroló en la fuerza<br />
    aérea inglesa con el seudónimo de John Ross. Se sometió humildemente a la tiranía de<br />
    los oficiales que lo entrenaron. Cuando la prensa publicó esta autohumillación de<br />
    Lawrence, fue dado de baja. No pudo hallar empleo porque, como lo confesó casi con<br />
    alegría, "nadie me ofrece un trabajo lo suficientemente pobre como para que lo pueda<br />
    aceptar". Se dedicó a recorrer la campiña en motocicleta. Por intervención de<br />
    amigos, fue readmitido al ejército en marzo de 1923, como soldado raso en la unidad de<br />
    tanques y bajo otro seudónimo, T.E. Shaw. Dos años después, consiguió ser transferido<br />
    a la fuerza aérea, donde sirvió como piloto durante los restantes diez años de su vida.<br />
    El 13 de mayo de 1935, Lawrence aparentemente perdió el control de su motocicleta<br />
    mientras corría por una curva estrecha al sur de Inglaterra y salió despedido por encima<br />
    del manubrio. Murió seis días después, por heridas en la cabeza. Antes del accidente,<br />
    un coche negro pasó en dirección opuesta a la de Lawrence, entonces aparecieron dos<br />
    niños en bicicleta en una loma frente a él y trató de esquivarlos. </big></p>
<p align="center"><img src="http://www.geocities.com/Augusta/5130/lawrence4.jpg" alt="lawrence4.jpg (8198 bytes)" height="312" width="219"></p>
<p align="center">
<p align="center">
<p align="center"><big><big><big>El monje impio </big></big></big></p>
<p><big><strong><em>Como si saliera de la nada, un autoproclamado santo logró un extraño<br />
dominio sobre Ia pareja imperial rusa antes de la Primera Guerra Mundial. ¿Era un santo<br />
que curaba o sólo un fraude y un impostor? </em></strong></big></p>
<div align="center"><center></p>
<table border="0" cellpadding="0">
<tbody>
<tr>
<td width="100%"><img src="http://www.geocities.com/Augusta/5130/rasputin1.jpg" alt="rasputin1.jpg (5661 bytes)" height="341" width="182"></td>
</tr>
</tbody>
</table>
<p></center></div>
<p><big>El miedo y la angustia inundan el palacio en Tsarskoye Selo, la residencia<br />
imperial en las afueras de San Petersburgo, capital de Rusia. El zarevich Alexei, de tres<br />
años, cayó mientras jugaba y yace ahora en dolorosa agonía, con terribles moretones en<br />
su pálida piel que indican las hemorragias internas que amenazan su vida. El niño es<br />
hemofílico, enfermedad heredada de su madre, la zarina Alejandra, que impide la<br />
coagulación de la sangre: la más leve herida provoca sangrados incontrolables. Cuando<br />
los médicos de la corte fracasan para curarlo, Alejandra y su esposo, el zar Nicolás II,<br />
rezan junto a su lecho una noche de julio de 1907, en espera de una visita secreta. Dos años<br />
antes, las grandes duquesas Militsa y Anastasia les presentaron a un hombre<br />
"santo" Ilamado Grigori Efimovich. Según estas dos mujeres, ambas casadas con<br />
primos de Nicolás, Grigori poseía misteriosos poderes de curación. La pareja imperial<br />
lo instó a presentarse en palacio, cuidando que su llegada no fuera advertida por los<br />
guardias imperiales. Hacia la medianoche, el hombre, de aspecto fiero, de pelo negro<br />
encanecido y barba hirsuta, aparece en la habitación del príncipe. Arrodillándose,<br />
Grigori reza ante un icono sagrado. Al ponerse de pie, hace la señal de la cruz sobre el<br />
zarevich, pasa una mano áspera sobre la frente afiebrada del niño y dice con una voz<br />
grave y melodiosa: "No temas, Alexei. Todo está bien. Mañana estarás sano."<br />
Luego de calmar al fascinado niño con cuentos siberianos, sale. "Creed en el poder<br />
de mi plegaria", dice Grigori a los angustiados padres, "y el niño<br />
vivirá". Alexei se recupera, mientras Nicolás y Alejandra dan gracias a Dios por<br />
enviarles al santo varón con poderes curativos tan notables. </big></p>
<p><big></big></p>
<p><strong><big>EI disoluto </big></strong></p>
<p><big>Se desconoce virtualmente la vida de Grigori Efimovich antes de aparecer en San<br />
Petersburgo a fines de 1903. Tenía entonces entre 33 y 40 años de edad, era hijo de un<br />
campesino siberiano y en su aldea lo conocían como Rasputín, que en ruso significa<br />
"disoluto". Sus borracheras, bravatas y parrandas con mujeres eran legendarias.<br />
Pero en cierto momento pasó varios meses en un monasterio local y, después de esta<br />
experiencia, asumió la identidad de un starets, un santo itinerante que debía vivir<br />
pobremente y en soledad, dedicado a aliviar a sus semejantes del dolor y la incertidumbre<br />
espiritual. Pero, posteriormente, los enemigos de Rasputín dirían que fue miembro de los<br />
Jlisti, una secta clandestina que expresaba su fervor religioso en orgías nocturnas.<br />
Ciertamente esto parecía adecuarse a la original filosofía del monje impío, pues<br />
Grigori predicaba que la redención sólo podía lograrse mediante el pecado seguido del<br />
arrepentimiento. Rasputín, que nunca repudió este nombre, tuvo una esposa y cuatro<br />
hijos. Uno de ellos murió en la infancia, otro estaba perturbado y se quedó con su madre<br />
en su aldea siberiana. Pero en cuanto ganó influencia en la corte, el autonombrado<br />
starets aprovechó la excelente oportunidad y Ilevó a sus dos hijas a San Petersburgo a<br />
vivir con él y gozar los privilegios de la nobleza, con el fin de que fueran educadas en<br />
la capital. </big></p>
<p><big></big></p>
<p><strong><big>Un peregrino en la corte del zar </big></strong></p>
<p><big>El dudoso starets Ilegó por primera vez a San Petersburgo en 1903 y se presentó<br />
como pecador penitente ante el padre Juan de Kronstadt, el clérigo más respetado de la<br />
ciudad. El padre Tuan se impresionó por la humildad, sinceridad y habilidad como<br />
predicador de Rasputín. Lo consideró un instrumento ideal para Ilegar a los campesinos<br />
analfabetos de Rusia. Luego Rasputín fue aceptado abiertamente en los círculos de la<br />
corte y, en 1905, fue presentado ante el zar y la zarina por las dos duquesas. Todo el que<br />
conocía a Rasputín recordaba sus ojos. El príncipe Yusupov, con quien Rasputín<br />
tendría un fatal encuentro, los describió como "rayos de luz brillantes,<br />
fosforescentes" Una joven a quien trató de seducir recordó su horror al descubrir<br />
al hombre "hábil, misterioso y corruptor" que la miraba con ojos que antes<br />
parecían irradiar bondad y gentileza. El embajador francés escribió que la personalidad<br />
toda del monje estaba concentrada en sus ojos: "Eran de un azul claro, con brillo,<br />
profundidad y atracción excepcionales. Su mirada era al mismo tiempo penetrante y suave,<br />
ingenua y astuta, ausente y atenta." La extraña combinación de sensualidad cruda y<br />
contagiosa piedad de Rasputín le ganaron una leal camarilla de damas cortesanas. Luego de<br />
su visita nocturna junto al lecho del zarevich, su mayor defensora era Alejandra, quien lo<br />
consideraba incapaz de hacer el mal; no quería oír hablar de sus parrandas. Lo que<br />
agradaba a Alejandra también agradaba a su fiel y débil marido. Al principio confiaron<br />
en la misteriosa habilidad de Rasputín para curar a su hijo. Poco después pedían su<br />
consejo para asuntos de Estado. Cuando ya no fue posible ocultar la escandalosa influencia<br />
del starets sobre la pareja imperial, el zar fue forzado por sus parientes a expulsar a<br />
Rasputín de la capital. Sólo fue un exilio temporal, pues una vez más el monje impío<br />
demostró sus poderes curativos enviando un telegrama desde Siberia, asegurando a los<br />
preocupados padres que Alexei se repondría de otro sangrado interno. </big></p>
<div align="center"><center></p>
<table border="0" cellpadding="0" width="30%">
<tbody>
<tr>
<td width="100%">
<p align="center"><em><strong><img src="http://www.geocities.com/Augusta/5130/rasputin2.jpg" alt="rasputin2.jpg (5369 bytes)" height="221" width="169"></strong></em>
</td>
</tr>
<tr>
<td width="100%">
<p align="center"><em><strong>La zarina Alejandra y su hijo, el zarevich<br />
    Elexei</strong></em>
</td>
</tr>
</tbody>
</table>
<p></center></div>
<p><strong><big>Enemigo de la guerra</big></strong></p>
<p><big> En la primavera de 1914, Alexei, de 9 años, gozaba de buena salud. En contraste,<br />
el imperio ruso, descuidado por el preocupado zar, se tambaleaba al borde de la guerra. El<br />
28 de iunio, el asesinato del heredero del trono austro-húngaro inició la larga cadena<br />
de eventos que desembocaron en el estallido de la Primera Guerra Mundial en agosto. Por<br />
una curiosa coincidencia, Rasputín escapó por poco de ser asesinado un día antes,<br />
cuando una mujer enloquecida lo apuñaló en el estómago, gritando "!he matado al<br />
Anticristo!" Al recuperarse de su herida, el starets escribió al zar con letra<br />
temblorosa que la guerra debía ser evitada; sólo traería "desastre, dolor... un<br />
océano de lágrimas y mucha sangre". Se ignoró la lúgubre profecía y Rusia<br />
marchó a la destrucción con Europa. Dos años después, con la guerra estancada, se<br />
renovaron los rumores acerca del starets y la pareja imperial. El supuesto hombre de Dios<br />
había convencido a Alejandra -y por lo tanto a Nicolás- de hacer la paz con Alemania. Un<br />
grupo de nobles tomó la decisión de librar a Rusia del monje impío. </big></p>
<p><big></big></p>
<p><strong><big>La invitación fatal </big></strong></p>
<p><big>El líder de la conspiración fue el príncipe Félix Yusupov, de 29 años,<br />
heredero de la mayor fortuna de Rusia y casado con una sobrina del zar. Juerguista como el<br />
starets, él y Rasputín se reunían con frecuencia en notorios centros nocturnos de San<br />
Petersburgo; el príncipe acudió una vez a él para ser curado. A fines de diciembre de<br />
1916, Yusupov invitó a cenar en su palacio a Rasputín después de medianoche. El<br />
starets, que generalmente era desaseado, se bañó con jabón barato y se vistió para la<br />
ocasión con una camisa de seda bordada y pantalones de terciopelo. Pero al llegar al<br />
palacio Yusupov, el príncipe lo Ilevó a un sótano. Arriba, cuatro conspiradores<br />
pusieron un fonógrafo para simular una fiesta en la que supuestamente estaba la<br />
anfitriona. Mientras que los dos esperaban, el príncipe Félix sirvió al starets<br />
pasteles con cianuro y lo hizo tomar vino envenenado. Para horror y pasmo de Yusupov,<br />
Rasputín no pareció sentir ningún efecto por ingerir varias dosis de veneno,<br />
suficientes para matar a varios hombres. Luego de dos horas y media, el príncipe se<br />
retiró, pretextando revisar la "fiesta" de arriba. Luego de hablar con los<br />
cuatro conspiradores, Yusupov regresó con una pistola oculta. Dirigiendo la mirada de<br />
Rasputín hacia un crucifijo en la pared, el príncipe le pidió elevar una plegaria y le<br />
disparó a quemarropa en la espalda. Rasputín se desplomó ensangrentado sobre una<br />
alfombra blanca de piel de oso y los conspiradores entraron al recinto. Uno de ellos,<br />
siendo médico, lo dictaminó muerto. </big></p>
<p><big>Mientras los asesinos se felicitaban, el starets abrió los ojos, se levantó de<br />
un salto y corrió por las escaleras hacia el patio. Pero antes de llegar a la puerta,<br />
otro de los complotados le disparó en la cabeza y espalda. Yusupov golpeó el cuerpo con<br />
un garrote hasta que no dio más señales de vida. Envuelto en lienzo y atado con cuerdas,<br />
el cuerpo de Rasputín fue tirade por un agujero en el hielo del río Neva. Cuando el<br />
cuerpo fue rescatado tres días después, se comprobó que los pulmones de Rasputín<br />
contenían agua: esto demostraba que aún estaba vivo cuando fue arrojado al río. Hubo<br />
regocijo general en San Petersburgo con la noticia de la muerte de Rasputín. Los<br />
conspiradores fueron deportados, enviados al servicio militar o exonerados. Pero Rasputín<br />
tuvo la última palabra: en su último mes de vida escribió a la zarina Alejandra,<br />
prediciéndole de manera intrigante que ninguno de sus familiares sobreviviría más de<br />
dos años la muerte del monje. En marzo de 1917, la predicción comenzaba a cumplirse:<br />
Rusia perdía la guerra y Nicolás II era forzado a abdicar. Dieciséis meses más tarde,<br />
se informó que Nicolás, Alejandra, Alexei y las cuatro hermanas fueron asesinados por<br />
los bolcheviques, quienes poco antes habían tomado el control de Rusia. </big></p>
<table border="0" cellpadding="0" width="80%">
<tbody>
<tr>
<td align="center" width="100%">
<p align="center"><strong><em><small><img src="http://www.geocities.com/Augusta/5130/rasputin3.jpg" alt="rasputin3.jpg (12554 bytes)" height="178" width="401"></small></em></strong>
</td>
</tr>
<tr>
<td align="center" width="100%"><strong><em>A pesar de su indecisión, errores,<br />
    neglígencia en los asuntos oficiales, y de preocuparse por problemas de familia, el zar<br />
    era querido por las masas. Abajo, los soldados se arrodillan ante el zar, a caballo.</em></strong></td>
</tr>
</tbody>
</table>
<p> TROYA<br />
<strong><em><big>De origen humilde, amasó cuatro fortunas. Sin educación, aprendió<br />
17 idiomas. Pero su mayor friunfo fue tardío, cuando demostró a los escépficos del<br />
mundo que la historia de Homero acerca de la guerra de Troya ocurrió en realidad. </big></em></strong></p>
<p><big></big></p>
<div align="center"><center></p>
<table border="0" cellpadding="0" height="112" width="50%">
<tbody>
<tr>
<td height="19" width="100%">
<p align="center"><img src="http://www.geocities.com/Augusta/5130/schliemann1.jpg" alt="schliemann1.jpg (17527 bytes)" height="341" width="200">
</td>
</tr>
<tr>
<td height="81" width="100%">
<p align="center"><strong><em>En La Eneida, Virgilio cuenta<br />
    la historia del caballo de madera con que los griegos vencieron a los troyanos. Una copia<br />
    del caballo se yergue entre las ruinas de Troya, descubiertas por Heinrich Schliemann, que<br />
    confió más en el poeta que en los expertos.</em></strong><big> </big>
</td>
</tr>
</tbody>
</table>
<p></center></div>
<p><big></big></p>
<p><big>Los recuerdos de infancia de Heinrich Schliemann eran sombríos. Nacido en 1822 de<br />
una pareja mal avenida, creció entre campesinos supersticiosos en una lejana aldea<br />
alemana cerca de la frontera con Polonia. Su madre murió, dando a luz, cuando él tenía<br />
nueve años. Su severo y egoísta padre, el párroco de la aldea, fue destituido del<br />
púlpito por ser mujeriego. A los 14 años, Heinrich fue separado de su amada Minna, a<br />
quien conocía desde la niñez, para ser aprendiz en el degradante trabajo de ayudante de<br />
tendero. Pero hubo un resplandeciente interludio en su vida temprana. En las crudas noches<br />
de invierno, el párroco entretenía a sus hijos narrándoles historias de La Ilíada, el<br />
famoso poema épico de Homero, poeta ciego de Grecia, acerca de la guerra de Troya. Los<br />
niños se emocionaban con el relato del heroísmo de Héctor y Aquiles, las tretas de los<br />
entrometidos dioses y la belleza de Helena, por la que los griegos habían sitiado la gran<br />
ciudad de Troya. A los siete años, Heinrich recibió de su padre una historia ilustrada<br />
del mundo e inmediatamente buscó la antigua Grecia. Nunca olvidó lo que vio ahí: en un<br />
grabado del incendio de Troya, Eneas -idéntico al párroco- salvaba a su padre del incendio.<br />
El niño estaba ávido por tener más conocimientos acerca de las glorias de la antigua<br />
Grecia. Convencido de estar regido por el destino, Schliemann, ya maduro, creyó que un<br />
pesado cajón de achicoria lo salvó de la monótona vida en el almacén. Cuando tosió<br />
sangre por el esfuerzo de cargarlo, renunció y fue a Hamburgo, donde aprobó en pocos<br />
días todo un ciclo de cursos de contabilidad. Convencido de que la América de 1840 le<br />
prometía grandes riquezas, vendió su reloj y abordó un barco rumbo a Venezuela. Una<br />
feroz tempestad de diciembre hundió el barco y él cayó desnudo al mar helado, pero otro<br />
cajón flotó en la vida de Schliemann. Se aferró a él durante horas, Ilevado por el<br />
viento en todas direcciones, hasta que fue hallado y rescatado con otros 13<br />
sobrevivientes. El miserable grupo llegó a la costa de Holanda, donde descubrió que<br />
solamente el equipaje de Schliemann había llegado intacto a la playa, con sus<br />
pertenencias y docurnentos. Aprovechó la oportunidad en cuanto la tuvo: consiguió un<br />
empleo de contador en Amsterdam e inició el hábito de trabajo que lo haría rico y muy<br />
solitario en las décadas venideras. Decidido a no gastar en mujeres o diversiones, vivió<br />
frugalmente, concentrando su tiempo libre en educarse y afinar su de por sí considerable<br />
memoria. En poco menos de un año dominó el holandés, inglés, francés, español,<br />
italiano y portugués. Esto lo llevó a un empleo en una enorme empresa de importaciones y<br />
exportaciones. Luego de aprender el ruso para manejar correspondencia en un idioma<br />
desconocido para los demás, fue recompensado a los 25 años con el puesto de<br />
representante en jefe de la compañía en San Petersburgo. Al ganar más dinero del que<br />
pudo haber soñado, por fin pudo escribir para pedir a Minna en matrimonio. Su padre le<br />
respondió que recién se había casado con un granjero de la pequeña aldea. El hábil y<br />
joven empresario, a quien sin lugar a dudas en ese momento le esperaba un briilante futuro,<br />
quedó devastado por la noticia. </big></p>
<div align="center"><center></p>
<table border="0" cellpadding="0" width="80%">
<tbody>
<tr>
<td align="center" width="50%"><small><strong><em><img src="http://www.geocities.com/Augusta/5130/schliemann2.jpg" alt="schliemann2.jpg (8619 bytes)" height="165" width="225"></em></strong></small></td>
<td align="center" width="50%"><small><strong><em><img src="http://www.geocities.com/Augusta/5130/schliemann3.jpg" alt="schliemann3.jpg (12034 bytes)" height="217" width="280"></em></strong></small></td>
</tr>
<tr>
<td colspan="2" align="center" width="100%"><strong><em>Heinrich Schliemann era de origen<br />
    humilde; a la izquierda, la casa en la que creció como hijo de un párroco de aldea. Su<br />
    riqueza subsiguiente es tipificada por la palaciega residencia (derecha) que construyó en<br />
    Atenas para sí y para su amada segunda esposa, Sofía. La diseñó como una<br />
    reconstruccidn moderna de los antiguos palacios que desenterró. </em></strong></td>
</tr>
</tbody>
</table>
<p></center></div>
<p><strong><big>Fríos consuelos del éxito</big></strong></p>
<p><big> Durante los siguientes años, lamentando la pérdida de Minna, viajó<br />
constantemente, trabajó como un poseído y soñó con un escape. Su inepto hermano menor<br />
huyó a California, hizo una pequeña fortuna en la fiebre del oro y murió: Schliemann<br />
decidió recoger el legado para hacerlo crecer. Navegó a Nueva York y luego a Panamá,<br />
que en ese entonces debía cruzarse a lomo de mula, un viaje que ofrecía cocodrilos,<br />
fiebre amarilla, ladrones y asesinos. Al Ilegar a California, descubrió en Sacramento que<br />
el socio de su hermano desapareció con la herencia. Impávido, Schliemann abrió un<br />
negocio de polvo de oro. En el lapso de nueve meses fue atrapado en el catastrófico<br />
incendio de San Francisco, casi murió por dos accesos de fiebre amarilla y se las<br />
ingenió para obtener una ganancia de 400.000 dólares. Quizá debido a que los<br />
estadunidenses le parecieron descorteses y que las mujeres no eran atractivas, regresó a<br />
Rusia. Atravesar el istmo de Panamá esta vez fue casi fatal: sus guías huyeron durante<br />
un continuo aguacero. Tuvieron que cazar iguanas y comerlas crudas y muchos murieron de<br />
disentería o fiebre. Perdidos, hambrientos y peleando entre sí, el grupo se volvió una<br />
amenaza para Schliemann, quien no dormía en la noche, armado con una daga y un revólver,<br />
vigilando sus lingotes de oro y cheques bancarios aun cuando tenía una herida gangrenada<br />
en la pierna. Pero sobrevivió. </big></p>
<p><big></big></p>
<p><strong><big>Pasión sin esperanza</big></strong></p>
<p><big> De vuelta en San Petersburgo, dio un paso que le trajo 17 años de otra clase de<br />
sufrimiento: su desdichado matrimonio con Ekaterina Lishin. Aunque en vísperas de su boda<br />
en octubre de 1852 escribió que ella era "buena, sencilla, inteligente y<br />
sensible", en realidad Ekaterina lo despreciaba tanto que este apasionado hombre<br />
estuvo a punto de volverse loco. Pocas semanas después de la noche de bodas, volvió a su<br />
trabajo, amasando otra fortuna en el comercio de añil. Aunque la infeliz pareja tuvo tres<br />
hijos, a partir de entonces Schliemann vivió solamente para los negocios, especulando y<br />
arriesgando donde otros se movían con cautela. Laborando seis días a la semana, como<br />
siempre, dejó los domingos para estudiar el griego. "!Soy adicto a este<br />
idioma!", exclamaba. Habiendo sorteado magníficamente la crisis financiera<br />
internacional de 1857, compensó la pasión ausente en su matrimonio viajando a los<br />
países de sus sueños: Grecia, Egipto, Palestina, India, China y Japón. Confundido,<br />
solitario e insatisfecho, Schliemann tenía el tiempo y dinero para considerar un cambio<br />
tras otro en su vida, como dedicarse a escribir, establecerse en una granja o ingresar a<br />
la Sorbona de París como estudiante. En vez de esto, durante otro viaje a EUA supo que<br />
Indiana estaba por aprobar una nueva ley de divorcio, ofreciendo una solución a su dilema<br />
marital. Inició un exitoso negocio de almidón en Indianápolis y al cabo de un año se<br />
hizo ciudadano de los Estados Unidos. </big></p>
<p><strong><big></big></strong></p>
<p><strong><big>La planicie de la mítica Troya</big></strong></p>
<p><big> Pero Schliemann se sentía oprimido por la vaciedad de su vida. En el verano de<br />
1868, fascinado por la oportunidad de hacerse arqueólogo, viajó a Itaca y organizó una<br />
pequeña expedición de aficionados para descubrir el castillo de su héroe Ulises.<br />
Reunió suficientes chucherías para convencerse de que había hallado la recámara de<br />
Ulises y su fiel esposa Penélope. Como le ocurría con frecuencia, su entusiasmo lo hizo<br />
Ilegar a conclusiones que eran inaceptables para las demás personas. Luego viajó a las<br />
planicies de Constantinopla, donde tradicionalmente se situaba a la mítica ciudad de<br />
Troya. Los pocos que creían que la ciudad existió tal y como fue descrita por Homero<br />
consideraban que su lugar más probable era Burnarbashi, a pesar de estar a unos 15 km del<br />
mar Egeo. Basándose en eventos de La Ilíada, Schliemann prefirió investigar una colina<br />
llamada Hissarlik, más cercana a la costa. Con su característica energía, bombardeó al<br />
gobierno turco con peticiones para que se le autorizaran y facilitaran las excavaciones. </big></p>
<p><big></big></p>
<p><strong><big>Por fin, una compañera digna</big></strong></p>
<p><big> Sin embargo, Schliemann no estaba tan ocupado como para olvidarse de encontrar a<br />
su propia Penélope. Regresando a Indianápolis para iniciar su divorcio de Ekaterina,<br />
decidió que debía tener una esposa griega. Escribió a un viejo amigo en Atenas y le<br />
pidió la fotografía de cualquier mujer joven que fuera hermosa, gustara de la poesía de<br />
Homero, necesitara dinero y pudiera dar amor a un hombre elegido como su esposo. Su amigo<br />
le propuso a Sofía Engastromenos, la hija de 17 años de un pañero. En la primera cita,<br />
el candidato a marido preguntó a la hermosa adolescente si le gustaría salir a un largo<br />
viaje, si conocía la fecha en que el emperador Adriano visitó Atenas y si podía recitar<br />
de memoria algún pasaje de Homero. La respuesta fue "sí" a todas las<br />
preguntas, pero la franca respuesta de la muchacha a otra pregunta casi rompió el<br />
compromiso. Cuando Schliemann le preguntó en privado por qué se casaría con él, ella<br />
respondió: "Porque mis padres me dijeron que usted es rico." El financiero<br />
sufrió durante dias como un adolescente herido, pero Sofía lo pudo atraer, revelando la<br />
sensibilidad y sabiduría nativa que haría de su matrimonio uno fuerte, cálido y<br />
duradero. La primera excavación de Schliemann en Hissarlik fue decepcionante. Luego de<br />
hacer canales exploratorios, los dueños locales de la propiedad lo expulsaron y el<br />
gobierno turco se hizo el sordo a sus frenéticas peticiones de autorización oficial para<br />
su excavación. </big></p>
<p><big></big></p>
<p><strong><big>Un dorado tesoro de la Edad del Bronce</big></strong></p>
<p><big> Durante los siguientes años acosó incesantemente a la burocracia y excavó el<br />
lugar, con o sin permiso, volviendo periódicamente a Atenas para examinar sus<br />
enigmáticos y decepcionantes hallazgos. Sus trabajadores hundían sus picos en el seco<br />
suelo ante las ansiosas miradas de él y Sofía, pero sólo desenterraban reliquias de<br />
poca importancia. Pero la cuarta expedición de Schliemann fue crucial. Posiblemente el 30<br />
de mayo de 1873, Schliemann halló un tesoro de 10.000 objetos de oro y supuso que<br />
perteneció a Príamo, el último rey de Troya. Apenas pudo eludir a guardias y oficiales<br />
turcos para llevar el tesoro a Grecia, donde los numerosos parientes de Sofía ocultaron<br />
en sus granjas las copas, diademas y aretes. Schliemann reveló en un libro la historia a<br />
un mundo atónito, demostrando a los escépticos expertos académicos la existencia de la<br />
ciudad de Homero. El gobierno turco, desde luego, estaba indignado. Era de esperarse que<br />
Schliemann se mantuviera firme, declarando que había salvado el legado de Troya de<br />
codiciosos guardias yburócratas. Los turcos elevaron una demanda ante una corte griega,<br />
pero los Schliemann iniciaron alegremente otra excavación, pues Heinrich pensaba que los<br />
académicos estaban errados respecto al lugar de las tumbas reales de Micenas. Esta<br />
importante ciudad en una colina fue regida por Agamenón, cuñado de Helena. Los expertos<br />
creían que las tumbas importantes yacían fuera de los muros de la ciudad, pero<br />
Schliemann intuía un lugar cerca de los muros interiores, no muy lejos de la famosa<br />
Puerta del León. Su intuición resultó espectacularmente correcta. Vigilados por<br />
oficiales griegos, Sofía y él hallaron tumbas que contenían hermosos objetos funerarios<br />
de oro, incluyendo máscaras. </big></p>
<p><big></big></p>
<div align="center"><center></p>
<table border="0" cellpadding="0" width="100%">
<tbody>
<tr>
<td align="center" width="100%"><img src="http://www.geocities.com/Augusta/5130/schliemann5.jpg" alt="schliemann5.jpg (11822 bytes)" height="212" width="225"><img src="http://www.geocities.com/Augusta/5130/schliemann6.jpg" alt="schliemann6.jpg (20676 bytes)" height="271" width="290"></td>
</tr>
<tr>
<td align="center" width="100%"><strong><em>Schliemann afirmó descubrir el tesoro del rey<br />
    Príamo en los muros del palacio de la antigua Troya (excavación a la derecha).<br />
    Desafortunadamente, ese tesoro se perdió, por lo que su afirmación no puede ser<br />
    comprobada. Sobrevive la llamada Máscara de Agamenón (izquierda), aunque data de 300<br />
    años antes de la guerra de Troya. </em></strong></td>
</tr>
</tbody>
</table>
<p></center></div>
<p><big></big></p>
<p><strong><big>Laureles en los últimos años </big></strong></p>
<p><big>Durante sus últimos 10 años, Schliemann vivió feliz con Sofía y sus hijos en<br />
una casa de Atenas diseñada a semejanza de los palacios que descubrió. Los expertos<br />
discutieron sus hallazgos, pero fue celebrado en toda Europa. A pesar de su éxito, murió<br />
solo y casi sin atención médica. En Nápoles se desplomó en una plaza pública, pero<br />
como no Ilevaba dinero o documentación el hospital lo rechazó como indigente. Cuando su<br />
médico lo halló, Schliemann estaba paralizado y sin habla. Murió el 26 de diciembre de<br />
1890, muy poco antes de cumplir los 69 años. Su viuda escribió: "Tuve la divina<br />
oportunidad de internarme en las profundidades del significado de la vida. Todo esto se lo<br />
debo a mi muy amado esposo Henry." Luego de un trabajo monumental contra grandes<br />
obstáculos, Schliemann logró materializar muchos de sus sueños: riqueza, fama duradera<br />
y el amor de una mujer notable. </big></p>
<p align="center"><strong><big><big>El tesoro de Príamo</big></big></strong></p>
<p align="center"><strong><big><big></big></big></strong></p>
<p align="center"><img src="http://www.geocities.com/Augusta/5130/schliemann7.jpg" alt="schliemann7.jpg (9316 bytes)" height="177" width="250"></p>
<p align="center">Sofía y Schliemann</p>
<p>    <big>"Ven ahora mismo. Es vital. No hables." Ése fue el mensaje velado que<br />
    la enamorada Sofía detectó cuando el tensamente controlado Heinrich Schliemann murmuró<br />
    suavemente su nombre una cálida mañana en las excavaciones.de Troya. Se ignora la fecha<br />
    exacta de 1873, porque ninguno de los Schliemann reveló lo que pasó después. Tocando<br />
    metal al excavar, Schliemann supo inmediatamente que había conseguido la meta de su vida.<br />
    "Ve ahora y grita <strong><em>!paidos!</em></strong>", murmuró a Sofía,<br />
    sugiriéndole que dijera a los trabajadores que se otorgaba un inesperado día de descanso<br />
    en honor a su cumpleaños. Cuando los excavadores se alejaron, Heinrich y Sofía<br />
    escarbaron rápida y furtivamente, desenterrando una caja de cobre. Dentro estaba el oro<br />
    resplandeciente que se convertiría en el mayor hallazgo arqueológico del siglo XIX.<br />
    Hábil, Sofía escondió miles de piezas pequeñas en su falda y las llevó a su pequeña<br />
    casa para examinarlas tras cortinas cerradas. Poniendo dos de las deslumbrantes diademas<br />
    de oro en la cabeza de Sofía, Schliemann exclamó: "El adorno usado por Helena de<br />
    Troya ahora engalana a mi propia esposa." </big></p>
<p>    <big>Los escépticos afirmaron que el tesoro fue reunido en diferentes riiveles de la<br />
    excavación (y por tanto, de distintas eras de la historia del lugar); los críticos más<br />
    incisivos acusaron a Schliemann de reunir secretamente la colección recorriendo los<br />
    mercados de antigüedades. Desgraciadamente, es imposible usar las sofisticadas técnicas<br />
    actuales que determinan la edad de los descubrimientos arqueológicos para verificar el<br />
    hallazgo. El Ilamado Tesoro de Príamo fue donado a un museo de Berlín. En el caos de la<br />
    Segunda Guerra Mundial fue guardado en un refugio, pero para 1945 había desaparecido sin<br />
    dejar rastro. El tesoro que tal vez yació bajo tierra durante 3.000 años vio brevemente<br />
    la luz del día para luego desaparecer.</big></p>
<p align="center"><font size="6">Fe en las estrellas </span></p>
<p><font size="4"><em><strong>Muchos se habrían desalentado por<br />
la lectura de carácter que Albrecht von Wallenstein recibió del<br />
astrónomo y matemático Kepler. Pero el desconocido joven<br />
oficial lo tomó como una predicción de triunfo militar y poder<br />
en el futuro. </strong></em></span></p>
<p align="center"><font size="4"><em><strong><img src="http://www.geocities.com/Augusta/5130/kepler1.jpg" height="219" width="152"></strong></em></span></p>
<div align="center"><center></p>
<table border="0" width="45%">
<tbody>
<tr>
<td>
<p align="center"><font size="3"><em><strong>Se<br />
        piensa que la oposición de Mercurio a la conjunción de<br />
        Saturno y Júpiter en el horóscopo de Wallenstein fue la<br />
        causa de su vacilación durante una batalla crítica. </strong></em></span></p>
</td>
</tr>
</tbody>
</table>
<p></center></div>
<p><font size="4">En 1608, a los 25 años de edad, un oficial al<br />
servicio del rey de Bohemia recibió un horóscopo hecho por<br />
Johannes Kepler. Como la mayoría de sus contemporáneos, este<br />
joven creía que el carácter se regía por la posición de los<br />
planetas y las estrellas al memento de nacer y que los signos del<br />
zodiaco determinaban el destino de la vida. Como el oficial<br />
empleó a un intermediario para solicitar al famoso astrónomo y<br />
matemático, Kepler no conocía la identidad de la persona cuyo<br />
carácter se le pedía analizar. Y aun si la hubiera conocido, el<br />
nombre no le hubiera dicho nada. Para Albrecht von Wallenstein,<br />
la fama y la fortuna estaban aún distantes. Nacido a las 16:36<br />
del 24 de septiembre de 1583, Wallenstein era Libra. Según la<br />
interpretación de Kepler, el sujeto del horóscopo era<br />
"despierto, vivaz, inquieto, curioso con todo tipo de<br />
novedad, no apto para el comportamiento ordinario de la<br />
humanidad, siempre en busca de formas extraordinarias".<br />
Decía menos de lo que pensaba o percibía y el taciturno<br />
individuo tenía un toque de melancolía o lo que el astrólogo<br />
describió como "una propensión a la alquimia, magia y<br />
hechizos, comunión con los espíritus, indiferencia hacia las<br />
convenciones humanas y hacia todas las religiones, para quien lo<br />
propuesto por Dios o el hombre es sospechoso o<br />
despreciable". Además, Kepler predijo que el sujeto<br />
tendría una existencia "inmisericorde, sin amor fraternal o<br />
matrimonial, preocupado solamente por sí mismo y sus deseos,<br />
severo con sus subordinados, parsimonioso, codicioso, engañoso,<br />
injusto en sus negocios, usualmente callado y a menudo impetuoso,<br />
beligerante y valiente". No era un perfil agradable. Pero<br />
Kepler ofreció esperanza al sujeto en su pronóstico:<br />
"Muchos de estos defectos desaparecerán con la madurez; una<br />
naturaleza tan poco común será capaz de obras<br />
importantes." Debido a su gran ambición y sed de poder, el<br />
individuo descrito haría muchos enemigos, pero derrotaría a<br />
casi todos. El joven Wallenstein quedó muy impresionado con el<br />
horóscopo de Kepler y lo Ilevó constantemente consigo,<br />
comparándolo con los eventos mayores de su vida. Nacido y<br />
educado como protestante, pero cínico converso al catolicismo a<br />
los 23 años, Wallenstein no tenía convicciones religiosas<br />
serias: su fe estaba en las estrellas. Durante toda su vida<br />
buscaría con frecuencia el consejo de astrólogos, tomando<br />
decisiones importantes sólo después de que le habían leído<br />
los astros. </span></p>
<p><font size="4"><strong>Labrándose un nombre </strong></span></p>
<p><font size="4">Tres años después de convertirse al<br />
catolicismo, Wallenstein consiguió por mediación de su confesor<br />
jesuita una boda con una anciana viuda checa con enormes<br />
propiedades en Moravia, cuya conveniente muerte pocos años<br />
después permitió al joven oficial una vida cómoda y hacerse<br />
necesario para el rey Fernando II de Bohemia. Cuando Fernando<br />
pidió ayuda en 1617 para su guerra contra Venecia, Wallenstein<br />
entrenó a una tropa de 260 coraceros y mosqueteros con dinero de<br />
su propio bolsillo. Comandando a los coraceros a caballo,<br />
Wallenstein penetró la línea enemiga que sitiaba una fortaleza<br />
leal a Fernando, cuyos defensores estaban a punto de morir de<br />
hambre o rendirse. La infantería mantuvo abierta la brecha que<br />
la caballería había hecho y Wallenstein desplazó a los heridos<br />
y extenuados a un campamento. La fortaleza se salvó y<br />
Wallenstein se hizo de una reputación militar. El estallido de<br />
lo que se conoció como la Guerra de los Treinta Años ofreció a<br />
Wallenstein su siguiente oportunidad de lograr la gloria militar.<br />
Comenzó como una rebelión de los súbditos protestantes contra<br />
el católico Fernando, dramáticamente demostrada cuando los<br />
rebeldes arrojaron a dos gobernadores por las ventanas del<br />
palacio de Praga el 22 de mayo de 1618. Cayeron 15 m hasta una<br />
zanja: salvaron la vida, pero el atentado constituyó un desafío<br />
para Fernando. Wallenstein financió esta vez un regimiento de<br />
caballería al servicio del rey. Cuando se unieron a la rebelión<br />
los súbditos moravios del primo de Fernando, el emperador<br />
Matías del Sacro Imperio Romano, Wallenstein fue nombrado<br />
coronel del ejército austriaco y enviado contra el mismo pueblo<br />
de cuyas tierras hizo su fortuna. Tomó audazmente el tesoro de<br />
guerra de Moravia y lo entregó al emperador en Viena, un acto<br />
que los moravios consideraron como traición: confiscaron su<br />
propiedad y lo desterraron de su país, lo que no pareció<br />
molestar a Wallenstein. El comandante de 36 años aprendió con<br />
rapidez que no sólo la gloria, sino también la riqueza podía<br />
ganarse si se estaba en el bando vencedor. Wallenstein estaba a<br />
punto de convertirse en uno de los empresarios bélicos más<br />
grandes de todos los tiempos. No era tan ingenuo como para pensar<br />
que Fernando o Matías le reembolsarían el dinero que gastó<br />
entrenando tropas para su causa. Lo que esperó y obtuvo de ellos<br />
era todavía mucho más valioso: títulos, tierras y todas las<br />
prerrogativas que venían con ello. </span></p>
<p align="center"><img src="http://www.geocities.com/Augusta/5130/kepler2.jpg" height="200" width="371"></p>
<div align="center"><center></p>
<table border="0" width="60%">
<tbody>
<tr>
<td>
<p align="center"><font size="3"><em><strong>En la<br />
        batalla de Lützen, Sajonia, los suecos perdieron a su<br />
        comandante de caballería y a su rey Gustavo II Adolfo.<br />
        Al desaprovechar esto, Wallenstein fue derrotado en su<br />
        última batalla. Esto fue para él el principio del fín.</strong></em></span></p>
</td>
</tr>
</tbody>
</table>
<p></center></div>
<p><font size="4"><strong>Hacia la cumbre </strong></span></p>
<p><font size="4">En la Batalla de la Montaña Blanca de Praga,<br />
el 8 de noviembre de 1620, las fuerzas protestantes fueron<br />
derrotadas. Fernando, que mientras tanto fue electo como sucesor<br />
de Matías, nombró a Wallenstein gobernador militar de Bohemia y<br />
socio en un sindicato autorizado a emitir moneda en Bohemia,<br />
Moravia y Austria. Cuando la nueva moneda se redujo a la mitad y<br />
luego a un tercio de su valor original, Wallenstein comenzó a<br />
comprar las propiedades de los nobles protestantes ejecutados o<br />
deportados. En rápida sucesión, casó con la hija del más<br />
cercano consejero del emperador y se le nombró duque de Frisia.<br />
Era el hombre más rico del reino. Wallenstein parecía<br />
arrogante, siniestro y tiránico a sus conterfiporáneos, la<br />
misma imagen del ominoso horóscopo de Kepler. Era famoso por su<br />
orden: "Que el bruto sea ahorcado", impartida a la<br />
menor provocación y generalmente llevada a cabo por temerosos<br />
subordinados. Su mal humor era legendario. Se cuenta que, en una<br />
ocasión, atravesó con su espada a un oficial que trataba de<br />
entregarle un mensaje mientras sostenía una conversación con su<br />
arquitecto. Mientras, el aplastamiento de la rebelión en Bohemia<br />
no terminó la guerra, que entró en una nueva etapa en 1625<br />
cuando el rey Christian IV de Dinamarca asumió el liderazgo de<br />
la causa protestante. Apoyado por los Países Bajos, Francia e<br />
Inglaterra, Christian esperaba expulsar del norte de Alemania a<br />
la Liga Católica de Fernando. El emperador supo a quién acudir.<br />
Wallenstein ofreció formar y apoyar una armada de 24 000<br />
hombres. Sólo pidió a cambio permiso para cobrar impuestos y<br />
tributos de las tierras conquistadas. Como comandante en jefe de<br />
la armada imperial, Wallenstein marchó de victoria en victoria<br />
los siguientes tres años, forzando a los duques protestantes de<br />
Alemania a someterse, uno por uno, a Fernando. </span></p>
<p><font size="4"><strong>Ante un desafío</strong></span></p>
<p><font size="4">Los triunfos militares de Wallenstein no fueron<br />
aceptados unánimemente por el bando católico. Por ejemplo,<br />
Maximiliano de Baviera envidiaba y temía la independencia que<br />
Fernando ganó por medio de su general. Poco después él y otros<br />
tantos líderes no tendrían ya ninguna cabida en la Liga<br />
Católica. Cuando Wallenstein se enteró de la disensión, forzó<br />
una confrontación. Si no se renovaba su mando de las fuerzas<br />
imperiales y no se le otorgaba un mandato para sofocar a la<br />
oposición con un ejército que sería el azote de Europa, renun-<br />
ciaría a servir a Fernando. A pesar de la furia de Maximiliano y<br />
otros líderes católicos, se salió con la suya y se le<br />
permitió aumentar el tamaño de su armada a 70 000 hombres. El<br />
general del emperador también fue investido con la autoridad<br />
para hacer cumplir un edicto de regresar a la Iglesia Católica<br />
toda propiedad eclesiástica tomada en tierras protestantes y de<br />
prohibir toda secta protestante excepto el luteranismo. El 22 de<br />
mayo de 1629 Christian firmó el Tratado de Lübeck, donde<br />
acordaba retirarse de los asuntos alemanes a cambio de recuperar<br />
tierras danesas conquistadas por Wallenstein y otros generales<br />
católicos. Entre los aliados católicos abandonados estaban los<br />
duques de Mecklenburg, cuyas tierras y títulos se otorgaron a<br />
Wallenstein. En la cúspide del poder, Wallenstein ya no se<br />
consideró servidor del emperador y siguió una política<br />
independiente. </span></p>
<p align="center"><img src="http://www.geocities.com/Augusta/5130/kepler5.jpg" height="254" width="204"></p>
<div align="center"><center></p>
<table border="0" width="50%">
<tbody>
<tr>
<td>
<p align="center"><font size="3"><em><strong>Durante<br />
        las fases iniciales de la Guerra de los Treinta Años, el<br />
        triunfador fue el emperador Fernando II, gracias a la<br />
        riqueza y habilidad de su comandante en jefe, Albrecht<br />
        von Wallenstein </strong></em></span></p>
</td>
</tr>
</tbody>
</table>
<p></center></div>
<p><font size="4"><strong>La oposición cobra forma</strong></span></p>
<p><font size="4">Las campañas en Dinamarca mostraron por<br />
primera vez a Wallenstein la importancia del comercio marítimo y<br />
del poder naval y se autonombró jefe de una flota imperial que<br />
operó en el mar del Norte y el Báltico. Llegó a soñar con<br />
fundar en la posguerra una flota mercante que rivalizara con las<br />
de Inglaterra y los Países Bajos. Pero cuando fracasó su asedio<br />
del puerto báltico de Stralsund, tuvo que abandonar el plan.<br />
"Es necesario enseñar moral a los príncipes<br />
alemanes", proclamó una vez el arrogante general.<br />
"Sólo el emperador es el dueño de esta casa." El<br />
fracaso de Wallenstein en Stralsund estimuló a los líderes de<br />
la Liga Católica a derrocar al emperador, utilizando a<br />
Wallenstein como blanco aparente. En una reunión de la dieta<br />
electoral en Regensburg durante el verano de 1630, los príncipes<br />
exigieron que el emperador despidiera al general. Sus motivos de<br />
queja incluían el tamaño del ejército de Wallenstein, su<br />
práctica de mantenerlo confiscando provisiones de las tierras<br />
conquistadas, así fueran protestantes, católicas o neutrales,<br />
actos de venganza crueles y arbitrarios que seguramente<br />
acarrearían problemas posteriores, y su forma bárbara y poco<br />
cristiana de enriquecerse empobreciendo a los demás. Para salvar<br />
su trono, Fernando cedió ante los príncipes el 13 de agosto.<br />
Acordó despedir a Wallenstein y nombró al conde Von Tilly, de<br />
71 años, en su lugar. Von Tilly era el vencedor de la Batalla de<br />
la Montaña Blanca y mariscal de la Liga Católica, dirigida por<br />
el envidioso e impredecible Maximiliano de Baviera. Sólo restaba<br />
la desagradable tarea de darle la noticia al comandante imperial<br />
en jefe. Wallenstein recibió en su espléndida tienda de<br />
campaña a dos mensajeros del rey. Para su enorme sorpresa y<br />
alivio, el general no estalló en un acceso de cólera. En vez de<br />
eso, señaló un papel donde había cálculos astrológicos.<br />
Observó que las estrellas de Baviera estaban en ese momento en<br />
ascendiente sobre las de Austria. Maximiliano era más poderoso<br />
que Fernando y el emperador no tenía más alternativa que<br />
aceptar las demandas de la Liga Católica. Pero se reservó la<br />
creencia de que, en un futuro, las estrellas de Fernando y las<br />
suyas ascenderían nuevamente. Wallenstein esperaría su<br />
oportunidad hasta la inevitable petición de Fernando para que<br />
dirigiera de nuevo la armada imperial.</span></p>
<p><font size="4"><strong></strong></span></p>
<p><font size="4"><strong>Una marcha triunfal sueca </strong></span></p>
<p><font size="4">Mientras los electores imperiales se reunían<br />
en Regensburg, la Guerra de los Treinta Años entraba en su<br />
tercera fase, aunque no la última. El rey Gustavo II Adolfo de<br />
Suecia atracó en la costa báltica de Pomerania y asumió el<br />
liderazgo de la causa protestante entregada un año antes a los<br />
católicos por Christian. El rey sueco estaba indignado por la<br />
opresión católica sobre los protestantes, molesto por haberse<br />
rechazado su mediación en Lübeck, nervioso por las ambiciones<br />
marítimas del emperador y decidido a recuperar la totalidad de<br />
tierras y títulos de sus parientes, los duques de Mecklenburg.<br />
Gustavo Adolfo avanzó, invencible, hacia el sur, aliándose poco<br />
después con el elector de Sajonia. El 17 de septiembre de 1631,<br />
en Leipzig, los suecos y sajones, con una fuerza combinada de 40<br />
000 hombres, derrotaron a Tilly y su ejército del mismo tamaño.<br />
Luego de su brillante victoria, los aliados se dividieron: los<br />
sajones hacia Bohemia, en el sureste, y los suecos al suroeste,<br />
rumbo al río Rin. Cundió el pánico en la corte vienesa de<br />
Fernando.</span></p>
<p><font size="4"><strong></strong></span></p>
<p><font size="4"><strong>Otra vez, el General indispensable</strong></span></p>
<p><font size="4">Amargado por su remoción del mando de las<br />
fuerzas imperiales, Wallenstein planeó vengarse de Maximiliano y<br />
de Fernando. En noviembre de 1630 inició negociaciones secretas<br />
con Gustavo Adolfo. Como tantas veces antes para el bando<br />
católico, Wallenstein ofreció recluatr y entrenar un ejército<br />
con sus propios fondos, pero esta vez para la causa protestante.<br />
Todo lo que podió a cambio fue que se le nombrara virrey de<br />
todos los dominios de Fernando que conquistara y que se le<br />
apoyara para hacerse rey de Bohemia. El rey de Suecia vaciló,<br />
desconfiando de tener que tratar con un traidor, aunque su<br />
carrera militar fuera excelente.</span></p>
<p><font size="4">Fernando supo de la oferta de Wallenstein de<br />
cambiar de bando, pero prefirió no decir nada ante el avance<br />
suecosajón. Luego de la derrota de Leipzig, el emperador olvidó<br />
sus reservas y llamó a su antiguo comandante, Wallenstein<br />
aceptó dar su ejército de 40.000 hombres en el lapso de tres<br />
meses, pero sólo a condición de recuperar todo su poder como<br />
comandante en jefe. Cuando Tilly fue derrotado otra vez y herido<br />
de muerte en una batalla en el río Lech, en la primavera de<br />
1632, Fernando había tirado prácticamente todas sus cartas y no<br />
tuvo más opción que ceder ante las exorbitantes demandad de<br />
Wallenstein.</span></p>
<p align="center"><font size="4"><img src="http://www.geocities.com/Augusta/5130/kepler4.jpg" height="235" width="240"> </span></p>
<div align="center"><center></p>
<table border="0" width="50%">
<tbody>
<tr>
<td>
<p align="center"><font size="3"><em><strong>Cuando<br />
        Wallenstein fracasó en batalla e inició negociaciones<br />
        secretas con el enemigo, Fernando tuvo que eliminarlo. La<br />
        corona imperial (arriba.) es actualmente sólo una pieza<br />
        del museo de Viena.</strong></em></span></p>
</td>
</tr>
</tbody>
</table>
<p></center></div>
<p><font size="4"><strong>Las últimas campañas </strong></span></p>
<p><font size="4">Inicialmente, el renovado general tuvo un<br />
enorme éxito, expulsando a los s
</p>
</p></p></p></p></p></p></p></p></p></font></font></font></font></font></font></font></font></font></font></font></font></font></font></font></font></font></font></font></font></font></font></font></font></font></font>]]></content:encoded>
<comments>
http://www.espacioblog.com/el-coctel-azul-angel/post/2007/10/05/misterios-la-historia#comentarios
</comments>
</item>

<item>
<title>la marsellesa francesa </title>
<link>http://www.espacioblog.com/el-coctel-azul-angel/post/2007/02/22/la-marsellesa-francesa</link>
<pubDate>2007-02-22T02:08:50+00:00</pubDate>
<content:encoded><![CDATA[<p>Allons enfants de la patrie<br />
Le jour de gloire est arrivé!<br />
Contre nous de la tyrannie<br />
L'étendard sanglant est levé!<br />
L'étendard sanglant est levé!<br />
Entendez-vous dans les campagnes<br />
Mugir ces féroces soldats?<br />
Ils viennent jusque dans vos bras<br />
Ecorger nos fils, et nos compagnes,<br />
Estribillo<br />
Aux armes citoyens!<br />
Formez vos bataillons!<br />
Marchons, marchons,<br />
Qu’un sang impur abreuve à nos sillons!<br />
Nous entrerons dans la carrière<br />
Quand nos aînés n'y seront plus!<br />
Nous y trouverons leur poussière<br />
Et la trace de leurs vertus.<br />
Bien moins jaloux de leur cercueil,<br />
Nous aurons le sublime orgueil<br />
De les venger ou de les suivre,
<P class=texto><SPAN class=titulo>El Himno Nacional Francés en español.<br />
</SPAN><br />
Marchemos, hijos de la patria,<br />
Que ha llegado el día de la gloria<br />
El sangriento estandarte de la tiranía<br />
Está ya levantado contra nosotros (bis)<br />
¿ No oís bramar por las campiñas<br />
A esos feroces soldados?<br />
Pues vienen a degollar<br />
A nuestros hijos y a nuestras esposas </p>
<p>¡ A las armas, ciudadanos!<br />
¡ Formad vuestros batallones!<br />
Marchemos, marchemos,<br />
Que una sangre impura<br />
Empape nuestros surcos. </p>
<p>¿ Qué pretende esa horda de esclavos,<br />
De traidores, de reyes conjurados?<br />
¿ Para quién son esas innobles trabas<br />
y esas cadenas<br />
Tiempo ha preparadas? (bis)<br />
¡ Para nosotros, franceses ! Oh, qué ultraje ! (bis)<br />
¡ Qué arrebato nos debe excitar!<br />
Es a nosotros a quienes pretenden sumir<br />
De nuevo en la antigua esclavitud<br />
¡ Y qué ! Sufriremos que esas tropas extranjeras<br />
Dicten la ley en nuestros hogares,<br />
Y que esas falanges mercenarias<br />
Venzan a nuestros valientes guerreros? (bis)<br />
¡ Gran Dios ! Encadenadas nuestras manos,<br />
Tendríamos que doblegar las frentes bajo el yugo!<br />
Los dueños de nuestro destino<br />
No serían más que unos viles déspotas.<br />
¡ Temblad ! tiranos, y también vosotros, pérfidos,<br />
Oprobio de todos los partidos!<br />
¡ Temblad ! Vuestros parricidas proyectos<br />
Van al fin a recibir su castigo. (bis)<br />
Todos son soldados para combatiros.<br />
Si perecen nuestros héroes.<br />
Francia produce otros nuevos<br />
Dispuestos a aniquilaros.<br />
¡ Franceses, como magnánimos guerreros<br />
Sufrid o rechazad los golpes !<br />
Perdonad estas pobres víctimas<br />
Que contra su voluntad se arman contra nosotros.<br />
Pero esos déspotas sanguinarios,<br />
Pero esos cómplices de Bouillé,<br />
Todos esos tigres que, sin piedad,<br />
Desgarran el corazón de su madre ...<br />
Nosotros entramos en el camino<br />
Cuando ya no existan nuestros mayores ;<br />
Allí encontraremos sus cenizas<br />
Y la huella de sus virtudes. (bis)<br />
No estaremos tan celosos de seguirles<br />
Como de participar de su tumba ;<br />
¡ Tendremos el sublime orgullo<br />
De vengarles o de seguirles !<br />
¡ Amor sagrado de la patria,<br />
Conduce y sostén nuestros brazos<br />
vengadores !<br />
¡ Libertad, libertad querida,<br />
Pelea con tus defensores (bis)<br />
¡ Que la victoria acuda bajo tus banderas<br />
Al oír tus varoniles acentos !<br />
¡ Que tus enemigos moribundos<br />
Vean tu triunfo y nuestra gloria ! </p>
</P>]]></content:encoded>
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</item>

<item>
<title>APRENDIENDO QUE ES AGNOSTICISMO </title>
<link>http://www.espacioblog.com/el-coctel-azul-angel/post/2007/02/18/aprendiendo-es-agnosticismo-2</link>
<pubDate>2007-02-18T06:03:55+00:00</pubDate>
<content:encoded><![CDATA[<p>El agnosticismo es la creencia de que la existencia o no de Dios es un asunto superfluo en tanto que no forma parte esencial de la condición humana, aunque sí lo sea de la cultura y de la historia humana. Quienes profesan agnosticismo no son necesariamente antirreligiosos, siendo respetuosos de todas las creencias que proceden de una reflexión individual y honesta, y no de un interés egoísta, de la desesperación o de la presión del entorno.<br />
Neologismo derivado del griego "ágnostos" (desconocido), con el que se designa en general toda posición filosófica que niega la posibilidad de conocer lo suprasensible, lo trascendente. El término fue usado por vez primera por Th. H. Huxley , y se asocia más particularmente con toda posición filosófica que niega la posibilidad del conocimiento de Dios.<br />
del griego ðγððσððσ, de ðγððððð, no saber, ignorar. Término acuñado por Thomas Henry Huxley (1825-1895), en 1869, para diferenciar su sistema de ideas del de los metafísicos, en el seno de la Metaphysical Society, que mantenían poder probar la existencia de Dios o sostenían la racionalidad de la fe. En general, supone la afirmación de que no hay que creer en aquello para lo cual no existen suficientes pruebas.<br />
<STRONG>El agnosticismo es la posición filosófica que es imposible saber sobre la naturaleza o la existencia del dios. </STRONG>El término fue acuñado en 1869 por Thomas H Huxley de los agnostos griegos ("unknowable") para referir a su propia convicción que el conocimiento es imposible en muchas materias cubiertas por doctrinas religiosas. El agnosticismo por lo tanto se refiere a las cuestiones de Epistemology, la examinación del conocimiento humano; considera solamente el conocimiento válido que viene de experiencia ordinaria e inmediata. <B>El agnosticismo es distinto del ateismo en la un mano y escepticismo en el otro. </B>Creencia del rechazo de los ateos en la existencia del asimiento de God. Skeptics la suspicacia fuerte o la estimación probabilistic que no existe el dios. Basura de Agnostics para hacer tales juicios. </p>
<TABLE width=140 class="imgdcha" bgColor=#ccffff border=4>
<TBODY>
<TR>
<TD class="imgcen"><B>VERITA LIBERABIS VOS</B></TD>
</TR>
<TR>
<TD class="imgcen"><B></B></TD>
</TR>
<TR>
<TD class="imgcen"><B></B></TD>
</TR>
</TBODY>
</TABLE>
<p>La posición agnóstica es tan vieja como la filosofía y se puede rastrear pre al Socratics y a los escépticos de Grecia antigua. En épocas modernas, el agnosticismo llegó a ser frecuente durante los décimo octavos y diecinueveavo siglos, principalmente debido a la masa cada vez mayor de los datos científicos que se parecían contradecir la posición bíblica y debido a el desacuerdo de teólogos y de autoridades de la iglesia sobre el uso de la crítica textual e histórica en la interpretación de la biblia. Muchos de los mejores filósofos conocidos han sido agnostics. Entre ellos está Auguste Comte, Guillermo James, Immanuel Kant, George Santayana, y Herberto Spencer.<br />
es la ponencia de que es imposible conocer o probar la existencia de Dios. La palabra “agnóstico” significa esencialmente “sin conocimiento”. El agnosticismo es una postura más intelectualmente honesta que la del ateísmo. El ateísmo declara que Dios no existe – una posición improbable. El agnosticismo declara que la existencia de Dios no puede ser probada o negada – que es imposible conocer si Dios existe. En este concepto, el agnosticismo está en lo correcto. La existencia de Dios no puede ser empíricamente probada o negada.</p>
<P class=MsoNormal><FONT color=#000000><SPAN lang=ES-MX style="FONT-FAMILY: Tahoma"> La Biblia nos dice que debemos aceptar la existencia de Dios por fe. Hebreos 11:6 dice, <I>“Pero sin fe es imposible agradar a Dios; <B>porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay</B>, y que es galardonador de los que le buscan.” </I>Dios es espíritu (Juan 4:24) así que Él no puede ser visto o tocado. A menos que Dios elija revelarse a Sí Mismo, Él es esencialmente invisible para nuestros sentidos (Romanos 1:20) La Biblia enseña que la existencia de Dios puede ser claramente apreciada en el universo (Salmo 19:1-4), sentida en la naturaleza (Romanos 1:18-22), y confirmada en nuestros propios corazones (Eclesiastés 3:11).</SPAN></FONT></p>
<P class=MsoNormal><FONT color=#000000><SPAN lang=ES-MX style="FONT-FAMILY: Tahoma"> El agnosticismo está esencialmente indispuesto a hacer decisiones a favor o en contra de la existencia de Dios. Es la última posición de “nadar entre dos aguas”. Los teístas creen que Dios existe. Los ateos creen que Dios no existe. Los agnósticos creen que no debemos ni creer ni negar la existencia de Dios – porque es imposible probar una u otra cosa.</SPAN></FONT></p>
<P class=MsoNormal><FONT color=#000000><SPAN lang=ES-MX style="FONT-FAMILY: Tahoma"> Por el bien del argumento, deshagámonos por un momento de las claras e innegables evidencias de la existencia de Dios. Si ponemos las posturas del teísmo y el ateísmo a la par del agnosticismo, al cual tiene más “sentido” creer – considerando la posibilidad de la vida después de la muerte. Si Dios no existe, los teístas, ateos y agnósticos por igual, simplemente dejan de existir cuando mueren. Si Dios existe, los ateos y agnósticos tendrán a Alguien a quien responder cuando ellos mueran. Desde esta perspectiva, definitivamente tiene más “sentido” ser un teísta que un ateo o agnóstico. Si ninguna de estas posiciones puede ser probada o desaprobada, ¿no parece más sabio hacer cualquier esfuerzo para creer en la postura que puede tener un eterno e infinito resultado más deseable?</SPAN></FONT><br />
<FONT color=#000000><SPAN lang=ES-MX style="FONT-SIZE: 10pt; FONT-FAMILY: Tahoma"> Es normal tener dudas. Hay tantas cosas en este mundo que no podemos entender. Con frecuencia la gente duda de la existencia de Dios porque no entienden o están de acuerdo con las cosas que Él hace o permite. Sin embargo, nosotros, como criaturas humanas finitas, no debemos esperar que estemos capacitados para comprender a un Dios infinito. Romanos 11:33-34 dice, <I>“Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos! Porque ¿quién entendió la mente del Señor? ¿O quién fue su consejero?” </I>Debemos creer en Dios por fe y confiar en Sus caminos por fe. Dios está pronto y deseoso de revelarse a Sí Mismo en maneras increíbles para aquellos que crean en Él. Deuteronomio 4:29 proclama, <I>“Mas si desde allí buscares a Jehová tu Dios, lo hallarás, si lo buscares de todo tu corazón y de toda tu alma.” </I></SPAN></FONT><br />
<FONT color=#000000><SPAN lang=ES-MX style="FONT-SIZE: 10pt; FONT-FAMILY: Tahoma">La palabra <I style="mso-bidi-font-style: normal">agnóstico</I> (del griego <I style="mso-bidi-font-style: normal">a</I>, privativo, + <I style="mso-bidi-font-style: normal">gnostikós</I> “que conoce”) fue acuñada por el profesor Huxley en 1869 para describir la actitud mental de quien considera fútil todos los intentos de conocer la realidad correspondiente a nuestras últimas ideas científicas, filosóficas, y religiosas. Como se empleó al principio por Huxley, el nuevo término sugería el contraste entre su propia ignorancia sin pretensiones y el vano conocimiento que afirmaban poseer los gnósticos de los Siglos II y III. Esta antítesis sirvió para desacreditar las conclusiones de la teología natural, o razonamiento teístico, al clasificarlas junto a las inútiles vaguedades del Gnosticismo. La clasificación era injusta, la pretendida antítesis, excesiva. Más bien son los gnósticos y los agnósticos los verdaderos extremistas; los primeros al extender los límites del conocimiento, y los segundos al estrecharlos, indebidamente. La teología natural, o teísmo, ocupa el terreno intermedio entre estos extremos, y debería ser distinguida tanto de las posición gnóstica, de que la mente puede conocerlo todo, como de la posición agnóstica, de que no puede conocer nada referente a las verdades de la religión. (Ver <U>GNOSTICISMO</U>).</p>
<P class=MsoNormal style="MARGIN-RIGHT: -15.8pt">(2) Agnosticismo, como término general en filosofía, es frecuentemente empleado para expresar cualquier actitud consciente de <U>duda</U>, negación o incredulidad, hacia alguna o incluso todas las facultades del hombre de conocer o los objetos de conocimiento. La significación del término puede según eso variar, como el de la palabra “Escepticismo” a la que ha reemplazado en gran medida, desde Agnosticismo parcial a completo; lo que se cuestiona puede ser nuestro conocimiento del mundo, de uno mismo, o de Dios; o<SPAN style="mso-spacerun: yes"> </SPAN>puede ser la cognoscibilidad de los tres, y la validez de cualquier <U>conocimiento</U>, bien de percepción o intelectivo, de ciencia o de filosofía, historia, ética, religión. El elemento variable en el término es el grupo de objetos, o proposiciones, a las que se refiere; el elemento constante, la actitud de sabia ignorancia que siempre implica la posibilidad de adquirir conocimiento.</p>
<P class=MsoNormal style="MARGIN-RIGHT: -15.8pt">(3) Agnosticismo, como término de filosofía moderna, se usa para describir aquellas teorías de las limitaciones del conocimiento humano que niegan la capacidad constitucional de la mente de conocer la realidad y concluyen con el reconocimiento de lo intrínsecamente Incognoscible. Se afirma habitualmente la existencia de una “realidad absoluta” mientras, al mismo tiempo, se niega su cognoscibilidad. Kant, Hamilton, Mansel, y Spencer hacen de esta afirmación una parte integrante de sus sistemas filosóficos. Los fenomenalistas, sin embargo, niegan abiertamente esta aserción, mientras que los positivistas, Comte y Mill, suspenden el juicio en lo relativo a la existencia de “algo más allá de los fenómenos” (Ver POSITIVISMO).</p>
<P class=MsoNormal style="MARGIN-RIGHT: -15.8pt">(4) El Agnosticismo moderno se diferencia de su antiguo prototipo. Su génesis no se debe tanto a un espíritu reaccionario de protesta, y a una colección de argumentos escépticos, contra los “sistemas dogmáticos” de filosofía a la moda, cuanto a una crítica adversa a las facultades de conocimiento del hombre para responder a la pregunta fundamental: ¿Qué podemos conocer? Kant, que fue el primero en suscitar esta cuestión, en su memorable réplica a Hume, la respondía mediante una distinción entre “fenómenos cognoscibles” y “cosas-en-sí-mismas incognoscibles”. Hamilton siguió pronto con su doctrina de que “sólo conocemos las relaciones entre las cosas”. El Agnosticismo moderno está así estrechamente asociado con la distinción de Kant y el principio de relatividad de Hamilton. Afirma nuestra incapacidad de conocer la realidad correspondiente a nuestras últimas ideas científicas, filosóficas, o religiosas.</p>
<P class=MsoNormal style="MARGIN-RIGHT: -15.8pt">(5) El Agnosticismo, con relación especial a la teología, es un nombre para cualquier teoría que niega que sea posible para el hombre llegar al conocimiento de Dios. Puede asumir una forma religiosa o antirreligiosa, según se limite a una crítica del conocimiento racional o se extienda a una crítica de la fe. De Bonald (1754-1840), en su teoría de que el lenguaje es de origen divino, conteniendo, preservando, y transmitiendo la revelación primitiva de Dios al hombre; De Lammenais (1782-1854), en su teoría de que la razón individual es impotente, y sola la razón social competente; Bonetty (1798-1879), en su defensa de la fe en Dios, las Escrituras, y la Iglesia, proporciona ejemplos de teólogos católicos que intentan combinar su fe en las verdades religiosas y morales con la negación de que un conocimiento válido de las mismas sea alcanzable por la razón aparte de la tradición y la revelación. A estos sistemas de Fideísmo y Tradicionalismo debe añadirse la teoría de Mansel (1820-71), que Spencer consideraba como una confesión de Agnosticismo, de que la verdadera incapacidad de la razón para conocer el ser y los atributos de Dios prueba que la revelación es necesaria para suplir las deficiencias de la mente. Esta actitud de criticar el conocimiento, pero no la fe, fue también una característica de la filosofía de Sir William Hamilton (Ver FIDEÍSMO y <U>TRADICIONALISMO</U>).</p>
<P class=MsoNormal style="MARGIN-RIGHT: -15.8pt">(6) La opinión extrema de que es imposible el conocimiento de Dios, incluso con la ayuda de la revelación, es la última forma de Agnosticismo religioso. La nueva teoría considera a la religión y a la ciencia como dos capítulos de experiencia separados, y busca conjugar un intelecto agnóstico con un corazón creyente. Esto ha sido llamado acertadamente “llevar una contabilidad mental por partida doble”. Ritschl, reviviendo la distinción separatista de Kant entre razón teórica y práctica, proclama que la idea de Dios no tiene ni un átomo de conocimiento razonado; es meramente “un ideal atractivo”, que tiene valor religioso y moral, pero no objetivo ni científico, para el creyente que lo acepta. Harnack sitúa la esencia del Cristianismo en un relación filial sentida hacia un Dios Padre incognoscible. Sabatier considera las palabras <I style="mso-bidi-font-style: normal">Dios</I>, <I style="mso-bidi-font-style: normal">Padre</I>, como símbolos que registran los sentimientos del corazón humano hacia el Gran Incognoscible del intelecto<SPAN style="mso-spacerun: yes"> </SPAN></p>
<P class=MsoNormal style="MARGIN-RIGHT: -24.8pt">(7) El Agnosticismo reciente es también en gran medida antirreligioso, criticando adversamente no sólo el conocimiento que tenemos de Dios, sino también los fundamentos de la fe en Él. Una combinación del Agnosticismo con el Ateísmo, más que con una fe irracional y sentimental, es la dirección adoptada por muchos. La idea de Dios se elimina de la opinión que se tiene tanto personal como sistemática acerca del mundo y de la vida. La actitud de “juicio solemnemente suspendido” se transforma primero en indiferencia hacia la religión, en el mejor de los casos como una cuestión inescrutable, y a continuación en incredulidad. El agnóstico no siempre se abstiene meramente de afirmar o negar la existencia de Dios, sino que se traslada a la vieja posición del Ateísmo teórico y, con el argumento de la insuficiente evidencia, deja incluso de creer que Dios exista. Por tanto, aunque no pueda identificarse con el Ateísmo, el Agnosticismo se encuentra a menudo en combinación con él. (Ver ATEÍSMO)</p>
<P class=MsoNormal><O:P></O:P><B style="mso-bidi-font-weight: normal">II. EL AGNOSTICISMO TOTAL SE REFUTA A SÍ MISMO</B><SPAN style="mso-spacerun: yes"> </SPAN></p>
<P class=MsoNormal style="MARGIN-RIGHT: -24.8pt">El Agnosticismo total o completo – ver (2)—se refuta a sí mismo. El hecho de que haya existido nunca, incluso en la fórmula de Arcesilao, “No sé nada, ni siquiera que no sé nada”, es cuestionado. Es imposible construir teóricamente una idea coherente de ignorancia, duda, increencia total. La mente que emprenda probar su propia incompetencia absoluta tendría que presumir, mientras hace eso, que era competente para llevar a cabo la tarea asignada. Aparte, sería imposible aplicar prácticamente tal teoría; y una teoría completamente subversiva de la razón, contradictoria con la consciencia, e inaplicable para la conducta es una filosofía de la sinrazón fuera de lugar en un mundo de leyes. Son, por tanto, los sistemas del Agnosticismo parcial los que merecen examinarse. Estos no pretenden construir una filosofía completa de lo Incognoscible, sino excluir clases específicas de verdades, notablemente religiosas, del dominio del conocimiento. Son edificios que se dejan a propósito inacabados.</p>
<P class=MsoNormal style="MARGIN-RIGHT: -24.8pt"><O:P></O:P><B style="mso-bidi-font-weight: normal">III. LA DISTINCIÓN DE KANT ENTRE APARIENCIA Y REALIDAD, EXAMINADA<O:P></O:P></B></p>
<P class=MsoNormal style="MARGIN-RIGHT: -33.8pt">La idea de Kant de “un mundo de cosas separado del mundo que conocemos” proporcionó el punto de partida del movimiento moderno hacia la construcción de una filosofía de lo Incognoscible. Con la laudable intención de silenciar al escéptico Hume, mostró que el análisis<SPAN style="mso-spacerun: yes"> </SPAN>de este último de la experiencia humana, en particular las impresiones de los sentidos, era defectuoso e incompleto, ya que fracasaba en reconocer los elementos universales y necesarios presentes en el pensamiento humano. Consiguientemente, Kant procedió a construir una teoría del conocimiento que pudiera enfatizar los rasgos del pensamiento humano descuidados por Hume. Presumió que la universalidad, la necesidad, la causalidad, el espacio y el tiempo eran meramente una forma constitutiva de la mente de ver las cosas, y de ningún modo derivaban de la experiencia. El resultado fue que tuvo que admitir la incapacidad de la mente para conocer la realidad del mundo, del alma, o de Dios, y se vio forzado a refugiarse del escepticismo de Hume en el <U>imperativo categórico</U> “Debes” de la “razón moral”. Había dejado impotente a la “razón pura” al trasladar la causalidad y la necesidad de los objetos de pensamiento al sujeto pensante. Para desacreditar esta idea de una “realidad” inaccesiblemente oculta tras las “apariencias”, es suficiente señalar las presunciones gratuitas en las que se basa. El error radical de Kant fue prejuzgar, en vez de investigar, las condiciones en las que se hace posible la adquisición de conocimiento. No se ofrece prueba alguna de la arbitraria presunción de que las <U>categorías</U> son completamente subjetivas; ni siquiera es posible esa prueba. “El hecho de que una categoría viva subjetivamente en el acto de conocer no es prueba de que la categoría no exprese verdaderamente al mismo tiempo la naturaleza de la realidad conocida” [Seth, “Two lectures on Theism” (Nueva York, 1897) p. 19]. La armonía de la función de la mente con el objeto que percibe y las relaciones que descubre muestran que la capacidad de la mente para alcanzar la realidad está implicada en nuestros propios actos de percepción. Aun así, Kant, sustituyendo el hecho por la teoría, descalificaría a la mente para su tarea de conocer el mundo real en que vivimos, e inventaría una tierra adyacente de cosas-en-sí-mismas que nunca se conocen como son, sino sólo como parecen ser. Esta utilización de un principio puramente especulativo para criticar los contenidos reales de la experiencia humana, es injustificable. El conocimiento es un proceso vivo que ha de ser investigado concretamente, no algo mecánico para que la razón abstracta juegue con él introduciendo rupturas artificiales entre pensamiento y objeto, y entre realidad y apariencia. Una vez se considera que el conocimiento es un acto sintético de un sujeto que actúa por sí mismo, la brecha artificialmente creada entre sujeto y objeto, realidad y apariencia, se cierra por sí misma. (Ver <U>KANT, FILOSOFÍA DE</U>).<B style="mso-bidi-font-weight: normal"><O:P></O:P></B></p>
<P class=MsoNormal><B style="mso-bidi-font-weight: normal"><O:P></O:P></B><B style="mso-bidi-font-weight: normal">IV. LA DOCTRINA DE LA RELATIVIDAD DE HAMILTON, EXAMINADA<O:P></O:P></B></p>
<P class=MsoNormal style="MARGIN-RIGHT: -24.8pt">Sir William Hamilton contribuyó al principio filosófico en el que se basa el Agnosticismo moderno, con su doctrina de que “todo conocimiento es relativo”. Conocer es condicionar; conocer lo Incondicionado (Absoluto, o Infinito) es, por tanto, imposible, produciendo nuestros mejores esfuerzos “meras negaciones de pensamiento”. Esta doctrina de la relatividad contiene dos serias equivocaciones que, cuando se señalan, revelan la diferencia básica entre las filosofías del Agnosticismo y del Teísmo. La primera está en la palabra “relatividad”. La afirmación de que el conocimiento es “relativo” puede querer decir simplemente que para conocer algo, sea el mundo o Dios, debemos conocerlo como se nos manifiesta según las leyes y relaciones de nuestra propia conciencia; fuera de tales relaciones de automanifestación sería para nosotros un vacío aislado, incognoscible. Así entendida, la doctrina de la relatividad afirma el método humano efectivo de conocer el mundo, el alma, el yo, Dios, la gracia y lo sobrenatural. ¿Quién podría, naturalmente, sostener que conocemos a Dios, de otra manera que por las manifestaciones que Él mismo hace en la mente y en la naturaleza?</p>
<P class=MsoNormal style="MARGIN-RIGHT: -15.8pt">Pero Hamilton entendía el principio de relatividad como significando que “sólo conocemos las relaciones entre las cosas”, sólo lo Relativo, nunca lo Absoluto. Una conclusión negativa, que fija un límite a lo que podemos conocer, era así extraída de un principio que afirma por sí mismo un método, pero no establece nada respecto a los límites, de nuestro conocimiento. Esta arbitraria interpretación de un método como limitación está en el centro de la postura agnóstica contra el Teísmo. Un posible conocimiento idealmente perfecto se contrapone al conocimiento imperfecto, aunque sin embargo verdadero, que poseemos efectivamente. Al asumir así la “comprensión ideal” como regla mediante la cual criticar la “aprehensión real”, el agnóstico invalida, aparentemente, lo poco que conocemos, tal como se establece en la actualidad, mediante lo mucho que podríamos conocer si nuestra constitución mental fuera distinta de la que es. El teísta, sin embargo, reconociendo que los límites del conocimiento humano han de ser determinados por los hechos, y no por la especulación, rechaza prejuzgar la cuestión, y procede a investigar lo que podemos legítimamente conocer de Dios a través de sus efectos o manifestaciones.</p>
<P class=MsoNormal style="MARGIN-RIGHT: -24.8pt">La segunda equivocación seria está en los términos “Absoluto”, “Infinito”, “Incondicionado”. El agnóstico tiene en la mente, cuando usa estos términos, esa vaga idea general del ser que nuestra mente alcanza vaciando la realidad concreta de todos sus contenidos particulares. El resultado de este proceso de vaciamiento es lo indefinido del pensamiento abstracto, cuando se lo compara con lo definido del pensamiento concreto. Es este Indefinido lo que el agnóstico exhibe como lo absolutamente Inconexo, Incondicionado. Pero esto no es el Absoluto de que se trata. Nuestra incapacidad para conocer tal Absoluto, al ser simplemente nuestra incapacidad para definir lo indefinido, condicionar lo incondicionado, es una perogrullada irrelevante. El Absoluto del que tratan los teístas es el real, no el lógico; el Infinito en cuestión es el Infinito real de perfección llevada a cabo, no el Indefinido del pensamiento. Lo Omniperfecto es la idea de Dios, no lo Omni-imperfecto, dos polos opuestos que frecuentemente confunden los panteístas y materialistas desde los tiempos jónicos hasta los nuestros. El agnóstico, por tanto, desplaza todo el problema teístico cuando sustituye por un Absoluto lógico definido como “el que excluye toda relación externa e interna”, el Absoluto real. Un examen de nuestra experiencia muestra que la única relación que el Absoluto excluye esencialmente es la de dependencia real de cualquier otra cosa. En buena lógica, no tenemos derecho a definirlo como el no-relacionado. Si nuestro conocimiento de este Absoluto real, o Dios, merece ser caracterizado como totalmente negativo, es, por consiguiente, un problema distinto (ver VI).</p>
<P class=MsoNormal><B style="mso-bidi-font-weight: normal"><O:P></O:P></B><B style="mso-bidi-font-weight: normal">VI. LA DOCTRINA DE LO INCOGNOSCIBLE DE SPENCER, EXAMINADA<SPAN style="mso-spacerun: yes"> </SPAN><O:P></O:P></B></p>
<P class=MsoNormal style="MARGIN-RIGHT: -15.8pt">Según Herbert Spencer, la doctrina de que todo conocimiento es relativo no puede ser inteligiblemente afirmada sin postular la existencia del Absoluto. El impulso del pensamiento inevitablemente nos lleva más allá de la existencia condicionada (conciencia determinada) a la existencia incondicionada (conciencia indeterminada). La existencia de la Realidad Absoluta debe por tanto afirmarse. Spencer hizo así un visible progreso respecto de la filosofía de Comte y Mill que mantenían una actitud no comprometida sobre la cuestión de la existencia de un absoluto. Hamilton y Mansel admitían la existencia del Infinito por la fe, negando sólo la capacidad del hombre para construir una concepción positiva de él. La prueba de Mansel para una concepción válida de algo es un control agotador de sus contenidos positivos—un test ideal para invalidar el conocimiento tanto de lo finito como de lo infinito. La prueba de Spencer es la “incapacidad de concebir lo opuesto”. Pero puesto que él entiende que “concebir” significa “formarse una imagen mental”, la consecuencia fue que las concepciones supremas de la ciencia y la religión – materia, espacio, tiempo, el Infinito – no lograban responder a su presunto patrón, y fueron declaradas “meros símbolos de lo real, en absoluto cogniciones de ello”. Así él se dirigió a buscar la base y reconciliación de la ciencia, filosofía, y religión en el reconocimiento de la Realidad Incognoscible como el objeto de la constante búsqueda y culto del hombre. La inexistencia del Absoluto es impensable; todos los esfuerzos para conocer positivamente lo que el Absoluto sea desembocan en contradicciones.</p>
<P class=MsoNormal style="MARGIN-RIGHT: -24.8pt">La crítica adversa de Spencer de todo conocimiento y creencia, en cuanto que no permite ninguna intuición de la última naturaleza de la realidad, se basa en notorias presunciones. La presunción de que toda idea es “simbólica” que no puede ser vívidamente reproducida en el pensamiento es tan arbitraria como decisiva contra todo su sistema; es un prejuicio, no un canon válido de crítica inductiva, lo que él emplea constantemente. Del hecho de que no podemos formarnos una concepción de la infinitud, como reproducimos un objeto o recordamos una escena, no se sigue que no tengamos aprehensión de lo Infinito. Constantemente aprehendemos cosas de las que no podemos forjarnos una imagen mental con claridad. Spencer meramente contrapone nuestras formas de pensamiento imaginativas con las no imaginativas, utilizando las primeras para criticar negativamente las segundas. Las contradicciones que descubre son todas reductibles a esta contraposición de los pensamientos determinados con los indeterminados y desaparecen cuando pensamos en un Infinito real de perfección, no en un Absoluto lógico. El intento de Spencer de detenerse finalmente en la mera afirmación de que el Absoluto existe, él mismo probó que era imposible. Frecuentemente describe lo Incognoscible como el “Poder que se manifiesta a sí mismo en los fenómenos”. Esta descripción física es una rendición de su propia posición y una virtual aceptación del principio del Teísmo, de que el Absoluto se conoce a través de, y no separadamente de, sus manifestaciones. Si el Absoluto puede ser conocido como energía física, seguramente puede ser conocido como Poder Inteligente Personal, tomando en cuenta las manifestaciones superiores, no las inferiores, de energía conocidas por nosotros como base de una concepción menos inadecuada. La existencia vacía no es una estación final para el pensamiento humano. La única dirección racional es concebir a Dios en sus manifestaciones supremas y recordar mientras lo hacemos que estamos describiendo, no definiendo, su naturaleza insondable. No es cuestión de degradar a Dios a nuestro nivel, sino de no concebirlo por debajo de ese nivel como energía inconsciente. El ulterior intento de Spencer de vaciar la religión y la ciencia de sus contenidos racionales respectivos, a fin de dejar sólo una vacía abstracción o<SPAN style="mso-spacerun: yes"> </SPAN>símbolo como objeto final de ambas, es de nuevo una enorme confusión de lo indeterminado del pensamiento con lo infinito de la realidad. Nunca existió una religión completamente separada de la fe, el culto y la conducta. La religión debe hasta cierto punto conocer su objeto o ser mera emoción irracional. Toda religión reconoce el misterio; la verdad y la realidad imperfectamente conocidas, no absolutamente incognoscibles. La distinción entre “fenómenos cognoscibles y realidad incognoscible tras los fenómenos” quiebra a cada paso; y Spencer ilustra bien qué fácil es confundir pensamientos simplificados con la simplicidad original de las cosas. Su categoría de lo Incognoscible es un receptáculo conveniente para todo lo que uno pueda elegir meter en él, puesto que no es posible afirmación racional alguna referente a sus contenidos. De hecho, Spencer afirma tranquilamente la identidad de los dos “incognoscibles” de la Religión y la Ciencia, sin parecer darse cuenta de que ni en buena lógica ni según sus<SPAN style="mso-spacerun: yes"> </SPAN>propios principios hay fundamento para esta afirmación tan dogmática.</p>
<P class=MsoNormal><O:P></O:P><B style="mso-bidi-font-weight: normal">VI. LA FACULTAD DE CONOCER<O:P></O:P></B></p>
<P class=MsoNormal style="MARGIN-RIGHT: -15.8pt">El hecho primario descubierto en nuestra percepción es que existe un objeto externo, no que se ha experimentado una sensación. Lo que percibimos directamente es la presencia del objeto, no el proceso mental. Esta unión vital entre sujeto y objeto en el mismo acto de conocimiento implica que cosas y mentes están armoniosamente relacionadas una con la otra en un sistema de realidad. Lo real está implicado en nuestros actos de percepción, y cualquier teoría que descuide tomar este hecho básico en cuenta desdeña los datos de experiencia directa. A través de todo el proceso de nuestro conocimiento, la mente tiene realidad, fundamentalmente al menos, para su objeto. El segundo hecho de nuestro conocimiento es que las cosas se conocen según la naturaleza del conocedor. Podemos conocer el objeto real, pero la extensión de este conocimiento dependerá de la cantidad y grado de las manifestaciones, tanto como de las condiciones actuales de nuestras facultades mentales y corporales. Cualesquiera que sean los resultados alcanzados por los psicólogos o físicos en su estudio de la génesis del conocimiento o de la naturaleza de la realidad, no puede caber duda del testimonio de la conciencia de la existencia de una realidad que “no somos nosotros”.El conocimiento está, por tanto, en proporción a las manifestaciones del objeto y a la naturaleza y las condiciones del sujeto que conoce. Nuestra facultad de conocer a Dios no es una excepción en esta ley general, cuya inobservancia es la debilidad del Agnosticismo, como su observancia es<SPAN style="mso-spacerun: yes"> </SPAN>la fuerza del Teísmo. La presunción fundamental en los sistemas agnósticos generalmente es que podemos conocer la existencia de una cosa y aun así continuar en completa ignorancia de su naturaleza. El proceso de nuestro conocer se contrapone con el objeto supuestamente conocido. El resultado de esta contraposición es hacer que el conocimiento aparezca no tanto como que da cuenta, sino que transforma, la realidad; y hacer que el objeto aparezca como cualitativamente diferente del conocimiento que tenemos de él, no, por tanto, intrínsecamente incognoscible. Esta presunción da por resuelta toda la cuestión. No existe ninguna razón válida para considerar el estímulo físico de la sensación como una “realidad pura y simple”, o como el último objeto del conocimiento. Concebir el conocimiento como algo que altera su objeto es hacerlo carente de significado, y contradecir el testimonio de la conciencia. No podemos conocer la existencia de una cosa y mantenernos en completa ignorancia de su naturaleza.</p>
<P class=MsoNormal style="MARGIN-RIGHT: -15.8pt">El problema de la cognoscibilidad de Dios suscita cuatro cuestiones más o menos distinguibles: existencia, naturaleza, posibilidad de conocimiento, posibilidad de definición. Al tratarlas, el agnóstico separa las dos primeras, que debería unir, y une las dos últimas, que debería separar. Las dos primeras cuestiones, aunque distinguibles, son inseparables en su tratamiento, porque no tenemos una intuición directa de la naturaleza de nada y debemos contentarnos con estudiar la naturaleza de Dios a través de las manifestaciones indirectas que hace de Sí mismo en sus criaturas. El agnóstico, al tratar la cuestión de la <U>naturaleza de Dios</U> aparte de<SPAN style="mso-spacerun: yes"> </SPAN>la cuestión de la <U>existencia de Dios</U>, se separa del único medio natural posible de conocer, y luego le da la vuelta para convertir su falta de método en una filosofía de lo Incognoscible. Sólo estudiando el Absoluto y sus manifestaciones conjuntamente podemos completar y llenar el concepto del primero por medio de las segundas. La idea de Dios no puede analizarse por completo separada de las evidencias, o “pruebas”. La deducción necesita el acompañamiento del proceso de inducción para tener éxito en este caso. Spencer pasó por alto este hecho, que <U>Santo</U> <U>Tomás</U> observó admirablemente en su clásico tratamiento del problema.</p>
<P class=MsoNormal style="MARGIN-RIGHT: -15.8pt">El problema del conocimiento de Dios no es el mismo que el problema de definirlo. Ambas cosas no se dan o faltan juntas. Al identificar las dos, el agnóstico confunde “incapacidad para definir” con “incapacidad total para conocer”, que son problemas distintos que han de tratarse por separado, puesto que al conocimiento puede faltarle la definición y ser aún así conocimiento. Spencer proporciona el ejemplo típico. Admite que investigar la naturaleza de las cosas conduce inevitablemente al concepto de la Existencia Absoluta, y aquí su confusión de conocer con definir le obliga a detenerse. No puede descubrir en el concepto aislado de Absoluto las tres condiciones de relación, semejanza, y diferencia, necesarias para definirlo. Correctamente afirma que ningún parecido directo, ninguna concordancia en la posesión de las mismas cualidades, es posible entre el Absoluto y el mundo de las cosas creadas. El Absoluto no puede ser definido o clasificado, en el sentido de ser puesto en relaciones de concordancia específica o genérica con ningún objeto que conozcamos ni con ningún concepto que construyamos. Esto no fue un descubrimiento de Spencer. Los Padres de la Iglesia Oriental, en su así llamada “teología negativa”, refutaron el pretencioso conocimiento de los gnósticos con este mismo principio, que el Absoluto trasciende a todos nuestros esquemas de clasificación. Pero Spencer se equivocaba al dejar de tomar en cuenta la considerable cantidad de conocimiento positivo, aunque no estrictamente definible, contenido en la afirmación que él hace en común con los teístas, de <I style="mso-bidi-font-style: normal">que Dios existe</I>. El Absoluto, estudiado a la luz de sus manifestaciones, no en la oscuridad del aislamiento, se revela a nuestra experiencia como la Fuente Originante. Entre las Manifestaciones y la Fuente existe, por tanto, alguna relación. No es semejanza directa, en el sentido propio.<SPAN style="mso-spacerun: yes"> </SPAN>Pero hay otra clase de semejanza que es totalmente indirecta, la semejanza de dos proporciones, o Analogía. La relación de Dios con su naturaleza absoluta debe ser, al menos proporcionalmente, la misma que la de las criaturas con la suya. Pese a ser infinita la distancia y la diferencia entre las dos, existe entre ellas esta relación de similitud proporcional, y es suficiente para hacer posible algún conocimiento del primero a través de las segundas, porque ambas son proporcionalmente semejantes, aunque infinitamente distintas en ser y atributos. La Fuente Originante debe contener, de una manera que la supera infinitamente, las perfecciones débilmente reflejadas en el espejo de la Naturaleza. De esto, el principio de causalidad, objetivamente entendido, es suficiente garantía. Las tres condiciones de Spencer para el conocimiento – a saber, relación, semejanza, y diferencia—se verifican así de otra forma, con una verdad proporcional como base suya. Las conclusiones de la teología natural no pueden, por tanto, excluirse del dominio de lo cognoscible, sino sólo de lo definible (Ver ANALOGÍA).</p>
<P class=MsoNormal style="MARGIN-RIGHT: -15.8pt">El proceso de conocer a Dios se convierte así en un proceso de corregir nuestros conceptos humanos. La corrección consiste en elevar al infinito, a la trascendencia ilimitada las perfecciones objetivas discernibles en los hombres y las cosas. Esto se lleva a cabo a su vez<SPAN style="mso-spacerun: yes"> </SPAN>negando los modos limitadores y las características imperfectas distintivas de la realidad creada, para reemplazarlas con el pensamiento del Omniperfecto, en la plenitud de cuyo Ser una realidad indivisa corresponde a nuestros numerosos, distintos, parciales conceptos. A la luz de este correctivo aplicado estamos capacitados para atribuir a Dios las perfecciones manifestadas en la inteligencia, la voluntad, la potencia, la personalidad, sin hacer del contenido objetivo de nuestra idea de Dios meramente lo humano magnificado, ni un manojo de negaciones. El extremo del Antropomorfismo, o de definir a Dios en términos del hombre magnificado, se evita así, y el extremo opuesto del Agnosticismo se descarta. La necesidad nos obliga a pensar en Dios en forma relativa, con rasgos dependientes de nuestra experiencia. Pero ninguna necesidad de pensamiento nos obliga a hacer de los rasgos accidentales de nuestro conocimiento la propia esencia de su ser. La función de negación, que los agnósticos pasan por alto, es una función correctiva, no puramente negativa; y nuestra idea de Dios, inadecuada y únicamente proporcional como es, es sin embargo positiva, verdadera, y válida según las leyes que gobiernan todo nuestro conocer.<SPAN style="mso-spacerun: yes"> </SPAN></p>
<P class=MsoNormal><O:P></O:P><B style="mso-bidi-font-weight: normal">VII LA VOLUNTAD DE CREER<SPAN style="mso-spacerun: yes"> </SPAN><O:P></O:P></B></p>
<P class=MsoNormal style="MARGIN-RIGHT: -15.8pt">La concepción católica de la fe es la de un firme asentimiento, por la autoridad de Dios, a las verdades reveladas. Presupone la verdad filosófica de que existe un Dios personal que no puede engañarse ni engañarnos, y la verdad histórica del hecho de la revelación. Las dos fuentes de conocimiento – razón y revelación – se completan una a la otra. La <U>fe</U> empieza donde termina la ciencia. La revelación añade un nuevo mundo de verdad a la suma del conocimiento humano. Este nuevo mundo de verdad es un mundo de misterio, pero no de contradicciones. El hecho de que ninguna de las verdades que creemos por la autoridad de Dios contradiga las leyes del pensamiento humano o las certezas del conocimiento natural demuestra que el mundo de la fe es un mundo de razón superior. La fe es, por consiguiente, un asentimiento intelectual; una especie de conocimiento sobreañadido distinto de, aunque continuo con, el conocimiento derivado de la experiencia.</p>
<P class=MsoNormal style="MARGIN-RIGHT: -15.8pt">En contraposición con esta concepción de la fe y la razón como distintas está la extendida opinión que defiende su absoluta separación. La palabra <I style="mso-bidi-font-style: normal">conocimiento</I> se restringe a los resultados de las ciencias exactas, la palabra <I style="mso-bidi-font-style: normal">creencia</I> se extiende a todo lo que no puede ser determinado así de exactamente. La actitud pasiva del hombre de ciencia, que suspende el juicio hasta que la evidencia fuerza su asentimiento, se presume para la verdad religiosa. El resultado es que la “voluntad de creer” asume una enorme trascendencia en contraposición a la “facultad de conocer”, y la fe se hunde al nivel de la creencia ciega totalmente separada del conocimiento.</p>
<P class=MsoNormal style="MARGIN-RIGHT: -15.8pt">Es verdad que la <U>voluntad</U>, la <U>conciencia</U>, el corazón, y la divina gracia cooperan en la producción del acto de fe, pero no es menos verdad que la razón juega un papel esencial. La fe es un acto del intelecto y la voluntad; cuando se la analiza debidamente, revela elementos intelectuales, morales, y sentimentales. Somos seres vivos, no puras máquinas de razonar, y toda nuestra naturaleza coopera vitalmente en la aceptación de la palabra divina. “El hombre es un ser que piensa toda su experiencia y forzosamente debe pensar su experiencia religiosa” –Sterrett, “The Freedom of Authority” (Nueva York, 1905) p. 56—Donde la razón no entra en absoluto, no tenemos sino capricho o entusiasmo. La fe no es una persuasión que haya de ser explicada con referencia a actitudes volitivas subconscientes solo, ni uno de sus signos es la desconfianza en la razón.</p>
<P class=MsoNormal style="MARGIN-RIGHT: -15.8pt">También es verdad que la actitud del creyen