19 Octubre 2008

(A comer porotos con rienda)
Insoportable fue que sucediera allí, justitamente en ese sitio, si, ahicito no más, cuando se encontraba afanado mirando el techo desde su elefante empotrado, es decir su "cama", cuatro terrones de caliche y una plancha de cinc oxidada cubierto con gangochos de sacos paperos. ¡La Purísima!, desde ahí, miraba las estrellas del cielo, por los portillitos que tenía el techo que lo cobijaba, que más bien parecía colador que techo.
Pero claro, era el más atorrante de los habitantes del conventillo, y la doña Eufrasia no le iba a pasar la mejor pieza al pililo. Hilvanando fogosas fantasías, se daba vueltas y vueltas en el jergón. La pocilga entera guardada un fuerte olor a sudor acre y vinagre. Parecía que el alma se le había metido en los piojos. Agregado todo esto a las tiesas calcetas con un olor increíble, olisco a no se sabe qué extraño tipo de queso Tirolés.
Este Pedro de las Mercedes, hombre famoso en las juergas y fiestas pampinas, hombre ducho y lacho irresistible pese a su tan poco adecuada vestimenta. Mal agestado y con el cuerpo tatuado de cicatrices atroces.
"Es que el Peiro, tiene una herramienta especial, y a una llegan hasta abrírsele los dedos de las patas" era comentario femenino. "Una tiene sus sentimientos".
Se le conocía por todas las calles de la Ausonia, las maravillas de la "herramienta" de Pedro, si hasta alguien decía que tenía de santo el palito, y no había hembra a la que no se le hiciera cominillo su cosita y se mojara los calzones, con sólo decir el mentado nombre del hombrón.
Pero acordándose en la soledad del sucucho como si fuera trance, la chiquilla esa de don Tomás, es que se le venía a la cabeza y se le emborrachaba de pura calentura. Ese olor de hembra que enamora, desnudita con su carita de manzana primorosa. Así la imaginaba.
La sonajera de tripas, era porque su estómago reclamada de las viandas que se comía en la pensión "El Chancho Picante". La enjundiosa Elena era divina para las mejores comidas y platos especiales que tanto gustaba a los pampinos, en especial los porotos con rienda. Elena guardaba muy bien el secreto de la abuela Luzmira de cómo prepararlos.
Cuando la gente estaba ya comiendo su último alimento de la noche, se sentía que colocaba porotos secos en una olla y los dejaba remojando por la noche, agregándole sal, comino orégano, pimienta y albahaca. Y claro, también lonjas de cuero de chancho con harta grasa.
Tempranito por la mañana, cuanto cantaba, el gallo la Elena con su misma agua de remojo ponía los porotos en la cocina encendida con sus rojos carbones.
Mientras se pone a freír en la manteca con aceite los cebollinos, incluidos los tallos verdes, y la cebolla picados bien finos; cuando se iniciaba el dorado de las cueritos de chancho, se agrega el ajo picadito, el pimiento partido, luego la salsa de ají de color, se vacia esta fritura en los porotos. Se deja hervir "calduitos", finalmente se le colocan fideos tallarines
Pedro se rascaba todo, pensando en la chimbiroquita de dieciséis años, esos senos almacenaban fuego, armoniosa, una masita como de nieve purita, pulidita. Y la comezón no dejaba quieto al recio y maloliente varón.
El hambre sacaba de sus ardientes impulsos a Pedro, pero si donde la cosa fue ya pero más milagro que la Genoveva de Bravante, ver que se tendía en su mugriento camastro esa belleza marfil, flexible, de curvas inquietantes. El hambre para acallar las tripas es que lo dejó Pedro para la tarde o cuando fuera. Cosita linda ella allí tiradita, blanca como leche y el hombre con su herramienta en ristre la alzó en vuelo y un grito de satisfacción y dolor llenó la soledad y se remecieron hasta los cimientos del conventillo, y eso no fue nada, el griterío como chivateo de indios en malón fue tan grande que en casi todo el barrio desde Copiapó hasta Maipú y desde San Martín a Manuel Rodríguez, la gente vivió inquieta por días, los perros ladraron tanto que caían muertos, los gatos huyeron despavoridos, las mujeres se persignaban y al compás del griterío sexual del Pedro y la Rominita la hija de don Tomás. Las mujeres se embravecieron y estrujaron a sus maridos más que a un limón de Pica. Si hasta los burros salieron en desbandada.
El ajetreo duró una semana completa, fue tal el entusiasmo de ese cacheteo, y como era 21 de Mayo, día de las glorias navales de Chile y la puta madre, nueve meses después surgió una increíble población de chiquillas y chiquillos llamados Esmeralda, y Esmeraldo y hasta varios cabritos viscos, a estos los bautizaron los Arturitos para homenajear a Arturo Prat, capitán de la Corbeta histórica.
Sin embargo; no pasó inadvertido para nadie, es que también por esos días fue cuando más se consumieron los ricos "porotos con riendas" de la Elena, la del Mercado Municipal. Es que se comió tanto que los machos de puro gusto se iban a pique por entre medio de las piernas de las féminas. Ante el griterío orgiástico sexual de Pedro y Romina. Es como para celebrar otro 21 de mayo con porotos con rienda mi alma.
El Mirón de la Calle
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29 Septiembre 2008

Que siempre pasaban por las noches los ágiles de la "comisión", no era novedad. Tomaban y comían gratis para enfrentar las amanecidas, silenciaban algún "parte" a expendios clandestinos de bebidas alcohólicas, o no faltaba en alguna pieza por ahí donde algunas niñas ejercían su profesión de trabajadoras del sexo, y la muchachada varonil hacia filas en las sombras. Y ellos sin hacer fila entraban de los primeros, los privilegios de la "ronda" para que reine la paz y la seguridad ciudadana.
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Los de la comisión, ni nadie se dio cuenta en que momento se desencadenó la tragedia, y la tremenda embarrá que quedó, gritos despavoridos, alaridos subhumanos de las féminas y ... los hombres desaparecieron como por encanto.
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A dibujar los contornos de la muerte, lejos de cualquier metáfora, la noche daba dentelladas de oscuridad como una especie de lápiz carboncillo.
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Como cuenta la fatalidad, su tenebrosa amiga la muerte entra en el juego. Ocurrió, porque debía ocurrir, el atroz delito. La dejó -Juan de Dios- a su amante tirada en la catrera. El hombre, impulsado por los celos, se vengó de ella dándole un feroz navajazo que casi le separa la cabeza. Una imagen inquietante.
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A doña Eufrasia le dio soponcio, dolor de tabas, como que se había encogido de repente, hasta el moño se le soltó, y no entendía que eso fuera a ocurrir en su "ordenado" cité de la calle Serrano 739.
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Cometido el tenebroso homicidio, Juan de Dios Paz Bueno, huyó hacia la pampa ocultándose entre las antiguas salitreras abandonadas. Enfebrecido por el calor casi de 45º a la sombra, sin agua y semi desfallecido, desvariaba pensando en la Lucinda, lo linda que era que formaban rueda para verla... ya... eso es del tango. Si era linda, hermoso cuerpo, piernas torneadas unas caderas cinceladas y el busto una delicada muestra de la mano de Dios en la perfección, viejo pillo también pegabas sus corridas de mano. Siempre se le veía a la Lucinda con su vestidito de popelina celeste, y nunca dejó de usar sostenes y calzones del mismo color del vestido, delantal y sus trenzas negras.
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Encargado de las pesquisas fue el sargento 2º Domingo Farías Arjona. Por un momento me dejó entrar al escena del crimen y vi a tendida boca abajo a la Lucinda Aravena, con los vestidos subidos y los glúteos expuestos tal como la dejó tirada el canalla del Juan de Dios, pude observar, al mover el sargento el cadáver para taparlo con una frazada, el terrible corte que casi le separó la cabeza. Era una frágil muñeca rota. Domingo Farías, el sargento, selló la puerta para que nadie entrara esperando al juez de turno.
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Como era medio día nos fuimos para "El Rancho Alegre" pedimos un bisté a lo pobre, por cierto lomo vetado, papas, cebollas y dos huevos fritos para cada plato. No podía faltarnos una botellita de vino Tocornal ese que se bebía por convicción y doctrina. Se nos adelantó una ensalada surtida de lechuga, tomate, palta, arvejas, betarraga y dos lonjas de jamón planchado. Saciada el hambre no sin antes apurar una botellita más, acompañé al sargento en el vehículo policial un Chrysler 108 A modelo 1929. Lo último en vehículo. Tomamos la cuesta del Salar del Carmen y llegamos como a las 17 horas a la salitrera Chacabuco donde pasamos la noche.
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Si bien es cierto, que en el día el calor agobia y llega hasta casi 50º, por la noche baja el frío gélido de hasta 1º bajo cero. Antes de meternos al sobre para dormir, apuramos un guindado casero hecho con aguardiente de Ñipas, licor traído hasta estas tierras desde el sur a más de 1500 kilómetros de distancia. Seguramente el viaje daba al aguardiente un espíritu alcohólico especial más el toque de guindas secas y almíbar, pero mijita re linda si daba gusto hasta pasarle la lengua, no me mire así, pasarle la lengua al vaso. Mire que a usted le pasaría la lengua por todo el territorio.
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La mesera me miraba con sus ojitos de corderillo llameante. No se cómo la pasaría el sargento Farías lo que es yo, abrigadito estuve con piel tierna al lado.
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Temprano tomamos el auto policial y endilgamos a las intrincadas ondulaciones pampinas. El Chrysler llegó a una empinada cuesta donde se podía observar una profunda calichera, en que Juan de Dios se ocultó, optando por suicidarse. Bajamos con dificultad, el señor Nataniel Muñoz secretario del juzgado optó por quedarse arriba, estaba muy nervioso el hombre, por la terrible visión de lo ocurrido hacía pocos momentos, el cuerpo estaba casi en la misma posición de la asesinada por Paz, pero, aquí no se apreciaba cabeza alguna, Paz se metió un tiro de dinamita en la boca y lo hizo estallar repartiendo la cabeza y parte del tórax entre los calichales.
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La navaja con la que Juan de Dios había asesinado a su mujer, estaba tirada a unos cuantos metros del cadáver de éste. Tras los trámites legales el cadáver fue entregado a los familiares del occiso, y por cierto en el conventillo, donde el desate de lenguas de las viejas de allí más las de toda la cuadra hubo de soportar la familia de la bella Lucinda Aravena que recibió a su finada con estoico dolor...
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Aproveché el momento, invité a mi pieza al sargento Farías a comer unos porotos con chunchules preparados por ña Eufrasia, y dos botellas de vino tinto para pasar el ajetreo del día.
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El Mirón de la calle.
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21 Septiembre 2008

Vaya a saber uno desde cuando se instalaba cada día en esa intersección de las calles Maipú con José Santos Ossa. En los años aquellos que la ciudad era pequeña y polvorienta, no había nada interesante que llamara la atención.
Pero si, cómo olvidarlo, el huesillero. Personaje salido de alguna novela de campo de Mariano Latorre, de Luis Durand, o de aquella historias de Joaquín Díaz Garcés hasta podía ser el mismísimo "Juan Firula". Vestía chaquetita corta, pantalones adheridos a su cuerpo por años, bigotito breve, una camisa de color indefinido, calamorros pampinos y un sombrero alón. Un huaso de talón rajado, un roto pampino que no perdió la costumbre de sus ropajes sureños o vaya a saber uno de dónde diablos venía este personaje.
Si, porque todo un personaje era el hombre, día a día en la esquina con sus vasos limpios, impecables, sobresaliendo una descomunal olla azul que contenía el tan apetecido brebaje.
A veinte centavos un vaso de fresco huesillo con mote. Si bajaban las señoras de las cocinerías escanciando la bebida prodigiosa, y le hacía ojitos, el muy ladino se daba vueltecitas alrededor de las señoras con breve placer de baile. El gallo incitando a las gallinas.
La exuberante Marité de la Huerta que más que huerta, tenía dos enormes melones en el pecho, seguro en algún instante escurridizo saboreaba el huesillero.
Que le subía las faldas de la Oriana Tello, hermana de la famosa lengua larga de la Flaka Tello, para nadie era secreto, si hasta encima de un saco de papas en las bodegas del mercado le abría hasta el alma el famoso huesillero. Eran sus tardes mágicas cuando se veía que el sol se metía como huevo frito en el horizonte marino.
La chiquillería, entre ellos yo éramos los más fieles consumidores de la bebida única de los chilenos, a bueno, ciertamente que el vino es un capítulo diferente, entra solo a tallar en asuntos de hombres, y bueno también algunas chimbirocas, como la "lengua de lija" que se tomaba medio litro de vino de un sorbo, sin respirar y famosa también por sus anchas caderas.
Los jubilados en la plaza del Mercado se ponían al día con las noticias de la Guerra, en mapas imaginarios hacían movimientos de tropas, y por cierto para ellos el "genio de Stalin era el que cavaría el foso a los nazis". Los viejos, animados en la conversa, la mayoría había dado la vuelta al mundo varias veces embarcados como tripulantes de algún cliper.
Después darle duro a la sin hueso, bajaba la sed y entraban todos al "Jamaica", donde se tomaban hasta las molestias, el vino con frutilla corría a ríos por esos güargüeros resecos. Los chanchos con chalecos ardían en el jugo de su grasa que con pebre cuchareado se componía más el asunto y la sed era sin límites. Para que les cuento amiguitos míos si había que chuparse los bigotes con el arrollado de malaya de doña Eufrosina.
Hasta el Cristo de Elqui que se paraba sobre las ramas de un pimiento a decir sus salmos, señalaba con dedo acusador al hombre del carrito de huesillos, serás castigado por tus pecados sexuales. En un momento de pasión arcangélica, el Cristo se tiró desde el árbol abriendo los brazos para volar. Por cierto se sacó la cresta, se quebró dos costillas y quedó fracturado de las piernas.
Divertidamente regalón entre las mujeres el huesillero hacía de las suyas, con cuanta mina se le ponía por delante, si hasta la paisana Gumercinda había cedido ante el tentador macho cabrío. Los hombres sospechosamente furiosos intercambiaban entre ellos miradas llameantes, y más de alguno creía sentir sobre su cabeza el peso de los cuernos.
Ellas soltaban la pasión y el fuego oculto del deseo. Era tanto el asunto, que un día, me arrastró a su pieza la Mercedes, de fogosos veinte años, se tiro sobre la cama de su pieza, en el conventillo "El negro José", se bajó los calzones y me empelotó a mis 9 tranquilos años de existencia…. harto me gustó el jueguito de la Meche.
Un día, siempre existe un día nefasto para algunos. Si está marcadito en mí ese día, mi abuela me había comprado una chaqueta de cuero café, pantalón de golf, en fin indumentaria para los cabros chicos en los 18 de septiembre poh. Había que empilcharse.
Corri a la esquina, donde estaba el huesillero que era mi amigo y me conocía por ser buen cliente y me mandaba de recadero donde sus mujeres. Y desesperado yo, al no tener los veinte centavos para los huesillos le digo, "oiga don Erasmo, le traigo al tiro las moneas, mi abuelita me las va dar ahora porque no tenía chauchas, le dejo la chaqueta"… ahí se vino el mundo encima.
Satisfecho de haber bebido esa rica agua especial, me comí los huesillos y el mote. Salí arrancado como ánima que la persigue el demonio.
"Abuelita, abuelita, mire… el huesillero me quitó la chaqueta" nada más escucharon eso y bajaron todas las mujeres de las cocinerías convertidas en demonio. Hasta la amante más fiel del pobre tipo salió armada con un uslero, lanzaba espumarajos y garabatos la Oriana Tello.
Pero si no le dejaron nada bueno al pobre tipo, le destruyeron el carro, la ollita azul la hicieron mierda, quebraron los vasos y Erasmo estuvo un mes en el hospital reponiéndose de la paliza que le dieron las mujeres. Nunca más volvió a esa esquina. Todo por culpa mía, ahora ya cercano a los ochenta años todavía me río y memorizo las caras furiosas de las madres postizas que me cuidaban.
El Conventillero
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7 Septiembre 2008

Ya nadie se acuerda del famoso huesito de la virtú, que pasaba de casa por casa hasta que ya no tenía nada que soltar para la cazuela. Sorber la médula de los huesos del osobuco, ese era otro asunto por el que se relamían los bigotes serios caballeros. Y los huesos de chancho con alguna carnecita y manteca pa los porotos.
Se de un amigo mío que ahora, apenas le dan porotos, con cuatro daditos de zapallo y harta acelga. Y nada más, sin condimento alguno.
Pero lo que si fue para la risa cuando a mi tía Evarista se le quebró la placa dentaria por morder un huesito de cordero y se tragó media placa, cuando la vio el médico le dijo: "señora, usted tiene alguien que se esta riendo por atrás, porque le veo algunos dientes más alegres que los pillastres que se lucran con el TranSantiago."
Oiga, sabe, la olla de los poetas por lo general es bien escuálida, pues como son puro espíritu y alma, se pasan metido en cuanto recital, lanzamiento de libros, inauguración del monumento a las manos, ah ¿pero que no sabía? Levantaron una monumento a las manos moras que dejaron si un centavo a la SECH. Habrá cóctel elaborado por una frutería, cuando descubran la plasta monumental. El Comité Central en Pleno asistirá al acto inaugural.
Los escritores, van a todos los cócteles y paradas. A comer se ha dicho, si no dejan ni los cuescos de las aceitunas, y se ha fijado que algunos llevan una estratégica bolsita donde guardan canapés queso y todo lo que se puedan llevar.
Si de comer se trata, hicieron tantas comilonas las huestes de papá Lacámara que bueno ahora la casa del escritor huele a basura acumulada, papeles cagados y a los talleristas les castañetean los dientes de frío. Y como se perdió la memoria, disco duro, papeles y recibos, nadie sabe nada, pero todos saben a que bolsillos volaron los pesos, que al próximo billete que ha de emitir la casa de moneda tendrá la efigie de un tal Gonzalo. A contrataron a un tipo para que limpiara el local pero este le agregó su hedor inconfundible patas, bolas y toda la cocina inmunda (Herrera), cocina y casa que brillaba cuando estaban doña Minita y Fernando.
Y todavía enviaron una rendición de cuentas más falsa que Judas. Hay que tener cara de raja y los que hablaban guardan respetuoso silencio. Le están cubriendo las espaldas a uno que ya está acostumbrado a robar con estilo de los fondos que se percibe por la Ley de Libro o el Fondart.
Estos de los huesos da para mucho.
¿Y las peotisas? Es que ni se lo imaginan mi doña por dios, o mi santo caballero. Un connotado médico, dio una manifestación pantagruélica en un elegante restaurante a los escritores de su comuna. Hubo para comer hasta quedar botados. Y un cerro de huesos, muchos de ellos con carne roja y jugosa.
Dos conocidas peotas, una de ellas había plagiado completica una trova de Silvio Rodríguez, y la publicó como de ella. La otra más discreta solo aparecía de vez en cuando en alguna página literaria del periódico comunal.
Al momento de las despedidas, ambas con sendas bolsas la llenaron de los huesos y restos de comida, "restitos para el perro", y quedaba un último hueso, tal vez el mas carnosos y ambas movieron sus manos como imán para agarrarlo.
Hay virgencita de los siete mares, nunca vi tan feroz batahola, las dos muy emperifolladas señoras soltando el más puro y selecto lenguaje de castiza estirpe de rotos. "Pero weona re cu… lo tomé yo… "y que te creís tú, yo soy una señora, vos una vaca re … que tenis hijos de vaya a saber quien"…. "me ai visto c… parada, el rubio ojos azules es del gringo ese que te llevó a La Rinconada y allí andabai en pelotas como loca"
"Claro y vos corriste con los calzones en la mano cuando desfilaron los de la escuela militar, te meabai sola", y eran señoras. Siii muy respetables damas que siempre aparecían en los diarios.
Para evitar mayor escándalo, el prudente médico que nos invitó, pidió a dos enormes mozos que las separaran y las dejaran de patitas en la calle.
Otro encuentro ocurrió a causa de un dulce, pero eso es otro cuento.
Moraleja, no invite a nadie que lleve huesos para la casa después de un asado.
El Mirón de la Calle
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7 Septiembre 2008
Divertida esa de "cloro añejo", arrechúnchamelo y arremángamelo, que sentir una casa señorial con ese olor, debiera ser olor a trementina o miriñaque, digo yo, por los ancianos que deben morar ese sitio, y de seguro también olor a naftalina, o por último a flores secas y mustias como esas viejitas que se las dan de poetas en el invierno de sus vidas, viejos con transparencia de fantasmas, una feria gerontológica, posiblemente la casita esa, tenga un rinconcito donde tomen sus penas los caballeretes pues como pasan apenados, a lo mejor, digo yo, se la pasarán tomando. Cuestión de envidia nada más.
Disque se da vueltas por ahí una viejita con un perrito que ladra afirmándose en las sillas por que es tan viejecito como la dueña y cada vez que ladra se le cae un diente, ahora le están colocando al pobre quiltro una placa dental.
Otra dama con cara de plato y lengua suelta, y que en cada uno de sus libros siempre coloca sus fotos de cuando tenía quince años, viste como gitana y luce unos sombreros estrafalarios, y bueno otras más hacen lo mismo pero, la señora Z, lleva el estandarte, de poca finura para hablar y glotona como ella sola, si usted le coloca una olla se la traga completa hasta con saltaduras.
Me estoy poniendo pelador como la flakatello.
Si le contara las de historias que tiene la flaka, no dejó títere parado en su vecindario y le decían la gallina con horno por lo caliente que es, otros más cuicos le pusieron la microondas.
Y si le contara las aventuras de una viejita chica que la llaman la saca corchos, pues como ella misma lo dice "a todos estos me los he violado",¡qué de cosas mi señor! y cómo no voy a estar contento si me acuerdo de las aventuras que contaba hace años el finado Martín, escalofriantes, o la de ese señor que tenía una botillería dentro de la casona y le llamaba un rincón pa… cu… es decir peculiar eufemísticamente era una sala de cultura y cobró en oro por sus tragos… y todo esto por mentar una casa con olor a "cloro añejo".
Bueno, el último mandamás de la casita, mejor dicho el penúltimo, columpiaba alegremente a la secretaria hasta que de tanto columpiarla se sacaron la contumelia y debieron irse con viento fresco y una cuenta de verdulería donde preparaban cócteles. Esto se va pareciendo a una cuenta de la sociedad de escritores de Chile.
¡Guen dar con la suerte patrón!, decía mi tío Cayo, viejo venido desde Logroño, antes de la Guerra Civil, y que le gustaban los dichos guasos, el viejo era tan, pero tan re cagado que todos los días hacía porotos bayos, tenía millones y sin embargo sólo porotos era la mesa, que ¿lentejas? No, eso era un lujo sibarítico, y eran sólo porotos con agua, sal y ají de color, variaba sí, pero sí que variaba, un día era con fideos llenos de gorgojos, otras con los mismos bichitos pero de mote, cuando era mucho, bailaban algunos chicharrones o unas traguas malolientes que le regalaba un carnicero amigo.
En fin mi tío na que ver en este cuento de la casa y el loco ese que quería vender su "besseller coquimbano" a diez lucas en la feria del libro, me tiene intrigado la flakatello que dijo que me iba a contar otros pelambrillos. Sobre todo de un tal Contreras que cambió el olor hasta de sus flatos con la millonada que agarró en la SECH.
A propósito, esa sociedad de escritores de Chile no ha dicho esta boca es mío ante la persecución en contra del poeta Ernesto Cardenal, huésped de Chile en varias oportunidades. De seguro esperan una orden del C.C.
Yo creo que el chico Rivano debe acordarse del gil ese que fue con una feria del libro a Chalequinahue donde sólo viven treinta personas, diez gatos, veintisiete perros y dos pacos, tres cabros chalequinahueños van a la escuela y será gil, le robaron un libro de cien lucas…. Jajajajajajajaja.
¿A quién se le habrá ocurrido hacer una feria en ese abandonado pueblucho de Nahuelbuta? Y más encima le roban un libro que equivale a casi todo su capital. Está bueno por hoy, que se me seca la lengua, no vaya ser cosa que me confundan con un escritor de esos que beben alcohol como dijo alguien en una carta a otra alguien…
Chao
Y, cuídense del Fray Apenta que siempre anda con la lengua y la cuchilla afilá… aunque el viejo murió hace añales.
El Conventillero
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6 Septiembre 2008

Vamos reciclando, a ver si levantamos las ranchas de nuevo, o nofre Mirón?
Así no más es, aunque uno haya dicho mil y una veces, "no voy a volver nunca más a este cuchitril donde tanto mal he pasado". No es cierto, siempre uno reniega y luego en los recuerdos aparecen las mejores imágenes del sitio aquel, al cual uno va denostando. Cómo olvidar a mi buena amiga, la inconfundible Flakatello con ella nos litriábamos unos cuantos "hermanos carroña", y que nos acompañaba el José Pepe, los Colorados Torres y bueno hasta la Violeta Elena la vieja del milico de la banda del litro que pasaba más cocido que poto de guagua.
De que volvimos volvimos, digo yo, siempre que la dueña del conventillito nos deje la pasada a la pieza 28 poh.
Ansina no más es, güen dar con la suerte patrón, si las cosas caminan chuecas aunque uno no quiera, vio, dicen que estamos en democracia y los pacos apalean de lo lindo como si fuera en plena dictadura, debe haberse corrido una teja a la gran jefa cuando estuvo detenida y quedó marcando ocupado al 131 y los llama con guanacos y todo, en cuanto menta alguien que va a protestar a la Moneda. Oiga si ya no quedan migas en el bolsillo para sacar y pagar las compritas en el boliche de la esquina... que pagar las papas a 700 pesos, que me dice porotos verdes a dos lucas, y ya poh, pa que sigo si usted mi alma de dios la sabe tanto como yo lo carazo que está todo aquí en la Antofagacity como la bautizó el bueno de Sergio Concha.
Y putas, no se le vaya a ocurrir enfermarse, porque de seguro lo meten con camilla y todo dentro de un guater porque salas pa enfermos no quedan, y la de viejos que se van "pal patio de los callaos" porque nadie les da pelotas en la posta, la droga maravillosa es la aspirina, cuando mejor es la cachaspirina con un buen vibramencima. Aunque estos últimos medicamentos no están en el plan auge, que más que auge parece plan cementerio.
Oiga y estamos tan re mal, que hasta el polvo a las condoricosas del viejo vate les ha dado por relavar en el diario lugareño, el asunto es ostentar nombre y fama para sacar pecho, de eso la nueva columnista de la calle Latorre le sobra, pecho digo, al que no le sobra ni pellejo es al negro que también se fue al diván, lo corrió y sacó para el jaiteo sobras escogidas del viejo duende, el habilidoso crítico debe cuidarse de los ácaros del papel que es peligroso para su salud. Si les contará lo que tengo en casetes cuando aseguraba el "santo" de la calle Bandera que "a la Gabi le gustaban las minas y que había corrompido a la "Laurita Rodig",pero si hasta a la Fidelia, tu sabes... y que te cuento cuando hizo leso a don Alejandro Escovar i Carvallo como se firmaba" me lo contó delante del Dr. don Antonio, en la calle Uribe 666, donde el piadoso poeta vivía, reitero y grabadito lo tengo con la voz aguardentosa del hombrón.
Puchas razón tenía don Miguel de Unamuno y Jugo cuando decía que esos pegajuleros de añadidura que escriben en los diaritos provincianos para ostentar para la vanidad lugareña. Por eso, yo escribo para El Conventillo. Lugar donde se conservan las lenguas y la vanidad se va a la cresta..
Y la guinda de la torta, es que ahora, si ahorita, nominan santuario de ballenas las costas de la II región, quién lo dijera, si don Antonio Vásquez Espinosa, el cura carmelita que dejó para la posteridad su libro sobre las "Indias Occidentales", o sea, nosotros los deste continente incluyendo a los rubios de ahora, pues cuando vino don Antonio, dicen que por allá por el 1625, ni luces de ellos todavía, no habían venido a hacer degollina de indios los descendientes del "Mayflower". Si
Don Antonio dejó unas maravillosas páginas en las que nos consigna una de cosas de nuestra ascendencia, que quedamos hasta ahora con la boca abierta, y entre otras, estaba entonces la enorme cantidad de cetáceos que existían por estos lares, y nuestros changos usaban retoitito el animalito para todos los menesteres, si hasta se embetunaban con aceite de ballena y desde lejos se les veía brillar como si fueran hombres de oro caminando entre Tocopilla, Cobija y Peña Blanca.
Pero bueno, volvamos a El Conventillo, si cuando fui de nuevo a instalarme en mi pieza, la 28, adivine quienes estaban debajito del eucaliptus dándole duro a la sin hueso, yaaa, nada menos que las más deslenguadas y despiadadas de las viejas, hacen medio milenio de años entre las cuatro: la gorda sebosa de la Morelia más arrugada que elefante marino, las flaca sin tripa de la Milenka que parece huesos con arrugas, para que le cuento la deshollejada Pérez y la Corina poto de alcachofa.
Dios nos libre, le daban a la lengua como esmeril de cerrajero, si no le dejaron espacio que no le picotearon al "borrao" González, hermano de "palito en el poto" y primo del "sanguche de queso"a los que no se por qué pelaba el finaito del Mario Cortés. Lo que menos le dijeron que era un cafiche, y pobre diablo muerto de hambre que si no es por la Delfinita no tiene donde caerse muerto, oiga si hasta dijeron que al "borrao" le gustaban las patitas de chancho que lo habían visto perdido en la soledad y los ojos viscos en los "guateres" del mercado municipal, haciendo el amor con "el toronjil cuyano". ¡Qué viejas! Calculan que para cada una deberán colocar un cajón extra cuando se mueran porque en el segundo cajón deberán colocar las venenosas lenguas de las viperinas.
Y mire que si me fui pal lao de las chacras, lo que yo les iba a contar es que me estaba preparando un ajiaco contundente y porotos con chunchules pa celebrar el 18 como Dios manda, y bien regao con vinito de "los hermanos carroña". Oiga mi querido público lector, dejo pendiente las recetas del ajiaco y los porotos con chunchules pues se me anduvo pasando la mano con el litriado y mejor dormiré una tantito... hasta pronto.
El Mirón de la Calle.
servido por el-conventillo
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25 Septiembre 2007
24 Septiembre 2007

Y pasaron las fiestas patrias... los curados hacían nata, entorpecían el tránsito, dormían la cura en cualquier banco, varios pasaron a mejor vida, atropellados, asaltados,los curagüillas celebraron el "18" como si el mundo se fuera a acabar, se olvidaron que la vida sigue y la plata debe alcanzar hasta fin de mes.Que horror!
Este país tiene un triste record de alcoholismo.
Alcoholismo en Chile
Viviendo en una
BOTELLA
Nerviosismo, náuseas, temblores musculares. Alteraciones síquicas como tendencia a mentir y una verborrea incesante, falta de autocrítica y autoestima, propensión a la irritabilidad y a la violencia, pérdida de la memoria reciente, delirios y alucinaciones visuales. Problemas económicos. Enfermedades como gastritis crónica, úlceras, anemia y la más conocida: la cirrosis hepática. Todo lo anterior es sólo una parte de lo que sufren quienes están enfermos de alcoholismo, y ni hablar de la larga lista de efectos que produce en las familias de estos enfermos. Conscientes o no de lo anterior, para los alcohólicos el deseo compulsivo de seguir bebiendo siempre es más fuerte.
Aproximadamente un millón de personas en nuestro país sufre esta enfermedad, también llamada “síndrome de dependencia del alcohol”, que se manifiesta en forma lenta y variable, dependiendo del individuo. Una vez que se establece la dependencia física, la enfermedad se vuelve progresiva.
Según el siquiatra Mariano Montenegro, jefe de Tratamiento y Rehabilitación del Consejo Nacional para el Control de Estupefacientes (Conace), entidad que trabaja la problemática del alcoholismo en conjunto con la Unidad Mental del Ministerio de Salud, los consumidores son “primero, el experimental, que lo prueba para ver si le gusta. Luego está el ocasional, que consume de forma social, es decir, si es que hay trago toma, si no hay no consume. Y tercero está el habitual, que consume con cierta regularidad y que cuando no hay, compra”.
Aunque este último está en el límite, el especialista indica que hasta ahí se trata de bebedores no problemáticos. “Pero cuando empiezan los problemas físicos o síquicos, en las relaciones familiares, de pareja, educacionales, en el trabajo o con la ley, se trata de bebedores problemáticos o abusivos”. Luego viene la peor etapa, señala Montenegro, “cuando empiezan a beber y ya no pueden parar, se vuelven dependientes y tienen que beber cada vez más alcohol para tener el mismo efecto. Entonces, estamos hablando de una dependencia alcohólica o alcoholismo”.
En este largo y embriagante camino influyen factores hereditarios, genéticos, sociales y sicológicos. Otro factor que predispone al alcoholismo es ir aumentando la cantidad de grados alcohólicos de la bebida. “Por ejemplo, un vaso de piscola de 40 grados, es equivalente a 10 vasos de cerveza, la cual tiene más o menos 4 grados de alcohol”, dice Montenegro.
De acuerdo a los estudios de Conace, la edad promedio de inicio de los jóvenes chilenos en el alcohol es a los 14 años, lo cual es algo más o menos estable. Lo que ha ido variando es que las mujeres han ido empatando el nivel de consumo de los hombres. El siquiatra agrega que “los adolescentes que consumen son menos que los adultos. Pero los adolescentes consumen en mayor cantidad que los adultos”.
En el aspecto socioeconómico, los tres niveles -alto, medio y bajo-, consumen de forma similar. Sin embargo, el especialista indica que el consumo problemático se da más en los sectores populares, “porque no tienen proyectos ni esperanzas, es una forma de evasión. En cambio las personas con más recursos, tienen la posibilidad de viajar, hacer deportes, tener proyectos, todo lo cual ayuda a disminuir el potencial adictivo”.
De modo general el especialista reconoce que “pese a los esfuerzos del gobierno, el consumo de alcohol se mantiene con una leve alza”. Algunos motivos son que Chile tiene gran producción de vinos, licores y piscos, por lo tanto una oferta de precios muy accesibles, además de una tradición de beber. Montenegro agrega: “Hay una cultura de no conversar derechamente el problema, es un tema que se toma para el chacoteo, el curadito de la mayoría de las familias es lo más simpático que hay”. El siquiatra explica que debería ser todo lo contrario, y que sin caer en el moralismo “deberíamos tener conciencia de que emborracharse es de mala educación, una grosería. Además, un curado hace mucho daño: humilla, agrede, ofende, atemoriza, causa accidentes y se gasta en trago la plata para mantener a su familia”.
VIDA BORRACHA
Todo estos problemas los vivió en carne propia Yeco, quien durante gran parte de sus casi 60 años fue primero víctima y luego victimario. Su madre, padre, padrastro, más varios tíos y primos, murieron por causa del alcoholismo. Por eso, Yeco cree que nació alcohólico: “Yo de niño nunca tuve afecto ni cariño. De hecho mis familiares me contaron que la primera vez que me curé tenía 4 años, cuando mi mamá y su amante me llevaron de paseo, pero me dejaron solo y yo, sin tener conciencia, me tomé una botella de chicha”. La bebida siguió apareciendo en la vida de Yeco. Siendo niño sus familiares alcohólicos lo mandaban a comprar vino con una botella, la cual nunca regresaba llena, “mientras volvía, le sacaba el corcho y me tomaba como un cuarto. A mí me gustaba, porque me sentía bien, y en la casa no se daban ni cuenta”.
Los problemas por la bebida fueron creciendo, hasta que Yeco dejó la escuela y a los 14 años comenzó a trabajar en lo que se diera. Pero el dinero inevitablemente iba a terminar en una botella. “Y para peor, era bueno para los combos. Cuando salía con amigos no aguantaba nada, que nadie siquiera mirara a la mujer que anduviera conmigo. Me prendía altiro, también lo hacía por aparentar, para que todos me vieran. Con copete y sin copete igual era choro; pero con copete más choro todavía; andaba buscando mocha”. En medio de estas andanzas juveniles, Yeco se casó y tuvo una hija.
Pero el matrimonio le duró casi lo mismo que una botella de trago. Se separó a la edad de 18 años, según él “por incompatibilidad de carácter, por venir de una familia mal constituida, por problemas familiares y económicos, y también por el trago”. Completamente solo, Yeco partió a Antofagasta, pero se había convertido en un alcohólico, y tomaba a toda hora y por cualquier motivo. “Para la caña mala, para la caña buena, porque tenía ganas y porque no tenía. Empecé a robar para tomar, me metía a las casas cuando estaban vacías. Y tomaba desde whisky hasta las colonias que robaba de los baños de las casas. Me lo pasaba entrando y saliendo de la cárcel”.
Finalmente, Yeco terminó viviendo en un camión abandonado, como un vago, pidiendo dinero para su adicción. Entonces, luego de buscar y buscar, su hija, ya mayor y con una hija, logró dar con él y se lo llevó de vuelta a Santiago, a la casa de una hermana de Yeco. Pero no había caso, Yeco no podía controlar su necesidad de alcohol. “Seguí tomando, escondido le sacaba plata a mi propia hermana y a mi cuñado. Vendía cosas de la casa o macheteaba en la calle, tomaba en la plaza y me quedaba dormido en cualquier lugar”. Un día, un amigo taxista a quien le pedía dinero frecuentemente para tomar, le dijo: “Sabes, Yeco, tú estás enfermo, eres un alcohólico. Yo viví exactamente lo mismo que tú”. Yeco no lo podía creer. “Nunca se me ocurrió que él hubiese podido ser alcohólico porque es una persona de lo más decente. Así que le pregunté cuál era la solución, y me llevó a Alcohólicos Anónimos. Y entonces, me rehice como persona y desde hace quince años que no he tomado una sola gota de alcohol”.
ALCOHOLICOS ANONIMOS
La comunidad que hizo que Yeco dejara la bebida surgió el 10 de julio de 1935, cuando un corredor de bolsa de Nueva York y un médico de Ohio, que se consideraban borrachos desesperados, fundaron Alcohólicos Anónimos (A.A.). Esta agrupación fue creciendo con el tiempo. En la actualidad es una comunidad mundial y voluntaria de hombres y mujeres de toda condición, edad, raza o religión que se ayudan mutuamente a permanecer sobrios. Ofrecen ayuda a cualquiera que tenga problemas de bebida y quiera hacer algo al respecto. Como todos son alcohólicos, tienen una especial comprensión entre ellos, saben cómo se siente estar enfermo y han aprendido a recuperarse de su enfermedad.
A.A. está presente en más de 160 países, entre ellos Chile, donde empezó a entregar sus servicios el 14 de agosto de 1965. Debido a que el anonimato es la base espiritual de una sociedad de iguales, el director de A.A. en nuestro país sólo nos puede dar sus nombres sin apellido, Jorge Sebastián, un profesor de historia y geografía.
Jorge Sebastián es un alcohólico recuperado tras largos años de borracheras. Lleva 14 años de sobriedad. Según su experiencia, el momento en que un alcohólico entiende que debe recapacitar es cuando toca fondo: “A mí me sucedió cuando mi mujer me abandonó, eso detonó algo en mí. Fue un choque tan fuerte que me hizo reaccionar, y tuve la suerte de que en ese momento me encontré con alguien de A.A. que me llevó a las reuniones y dejé de beber”.
En Chile existen alrededor de 160 sedes de A.A., con un promedio de afiliados cercano a las 1.800 personas. “Hace unos quince años, el noventa por ciento de los miembros eran hombres. Pero en la actualidad, el sesenta por ciento son hombres y el resto mujeres”, indica Jorge Sebastián. Todos ellos, mediante aportes voluntarios, financian el funcionamiento y las actividades de A.A. “Nosotros tenemos como principio no aceptar aportes de nadie que no sea miembro de A.A., y quien quiera ingresar no tiene obligación de pagar nada. Sólo tiene que señalar que quiere ayuda y todo el grupo se aboca a entregarle el mensaje al recién llegado, compartiendo nuestra experiencia de haber aprendido a vivir sin beber”.
LA ABSTINENCIA
Para rehabilitar a los alcohólicos, A.A. aplica un programa de completa abstinencia, pero como de acuerdo a su experiencia las promesas de no tomar nunca más siempre se diluyen en un vaso, prefieren convencerlos de que cualquier alcohólico puede permanecer 24 horas sin beber, y que si renuevan todos los días esa promesa, van a completar una semana, un mes y años sin beber. Luego de esta primera etapa “les sugerimos que asistan a la mayor cantidad de charlas posibles, luego le proponemos que efectúen algunos cambios en su vida: que abandonen los viejos hábitos, las viejas costumbres, y que no se junten más con los amigos de borracheras, que no guarden alcohol en la casa, que eviten la tentación y que cuando tengan enfrente la primera copa, se resistan como sea. Porque es la primera copa la que desata el problema”, explica Jorge Sebastián.
Durante este proceso se trabaja con “los doce pasos de A.A.”, ideas y actitudes para mantenerse firme en la oposición a la bebida que sugieren utilizar el tiempo en forma productiva. Según Jorge “los doce pasos universalmente conocidos son la base para mejorar la calidad de vida de los adictos en general. El primero, es la admisión del alcoholismo. Otros son reparar los daños causados por el alcohol y mejorar la vida espiritual, a través de la oración y la meditación”. Luego que la persona ha adquirido cierta tranquilidad, se le sugiere que comience a leer literatura de A.A., y que mejore las relaciones con su familiares o seres queridos, poniendo énfasis en que se perdone a sí mismo y no se culpe: “Porque las cosas que él considera culpas no lo son, ya que cuando hizo lo que hizo no estaba en su sano juicio, no meditó ni programó. Actuó porque andaba borracho”, explica Jorge Sebastián.
Este programa se lleva a cabo mediante dos tipos de reuniones. Las abiertas, en donde los oradores comparten sus experiencias sobre cómo empezaron, cómo encontraron a A.A. y de qué manera el programa les ha ayudado en su vida. En estos encuentros los miembros pueden invitar a sus parientes y amigos. Además, cualquier persona interesada en el tema puede ingresar. Las segundas son las reuniones cerradas. Son únicamente para alcohólicos.
Y al igual que el alcohol, las relaciones amorosas entre miembros de A.A. también están prohibidas. Por lo menos al principio, ya que según Jorge “como el alcohólico llega sin cariño, sin amor, es fácil que se le aparezca una compañera en el grupo que tiene los mismos problemas y entonces empiezan a gustarse. Pero cuando se mejoran puede venir una desilusión, un desencanto, y tarde o temprano aparece una botella”. Con estas y otras medidas, ya son más de cuatro millones de personas en el mundo las que se han rehabilitado del alcoholismo gracias al programa de A.A.: “Son alrededor de quince mil personas en Chile, en las cuales hay que tomar en cuenta el efecto multiplicador, porque cuando un borracho se recupera, se arregla una familia entera, se mejora el rendimiento laboral en una empresa y mejora la sociedad completa”, dice Jorge Sebastián.
En todo caso, señala que ellos no son ex alcohólicos, porque se trata de una enfermedad que se sufre de por vida. Nunca podrán volver a beber en forma normal. Ellos se consideran alcohólicos sobrios o recuperados, que día a día vencen la tentación. Y a pesar de que el alcoholismo es una enfermedad que científicamente aún no tiene cura, sí está comprobado que su tratamiento y recuperación es posible
JIMMY ALEXIS QUINTANA
http://www.puntofinal.cl/582/alcoholismo.htm
servido por el-conventillo
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