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Categoría: A-C

SÁBADO - 6 de setiembre

Loaded feat. Duff McKagan: Duff era seguramente uno de los mayores reclamos de esa zona media del cartel. Sin embargo su show no fue para nada acertado. El ex-gunner se empeñó en tocar canciones de un disco que nadie había escuchado y que, a la postre, tampoco parecieron nada del otro mundo. Para acabarlo de arreglar, pese a que sí, es Duff y tiene carisma, cantar una canción super moñas dedicada su mujer en un festival con gente con ganas de caña no es lo más recomendable. Al final, para resarcirse, el hombre hizo aquello que todos queríamos y que él sabía que realmente funcionaría: "Dust 'N Bones", "It' So Easy" y "I wanna be your dog" de los Stooges. Deberá espavilar en un futuro y mucho.
>Directo: Loaded, "It's so easy"

Gutter Twins: Mark Lanegan y Greg Dulli arrastran ya de por sí un peso, un supuesto carisma y se les supone tal aura dramática que con una luz tenue y con los temas más bien oscuretes de Saturnalia son capaces de impactar a los que asisten por primera vez a su concierto. En mi caso, era la tercera vez que los veía y apenas hubo novedades ("Idle hands", "The Stations", "All Misery/Flowers" respecto a otros shows; hasta tocaron las mismas canciones que suelen tocar en los bises ("Hit the City" y "Methampetamine blues" de Lanegan en solitario y el principio de "Shadow of the season" de Screaming Tress). Lnegan sigue más quieto que un árbol y a Dulli le faltó tiempo para desmelenarse. Aun y así, el gentleman cada día cuadra más su versión de "Down the line" de José González.

Jayhawks: Los grandes trinfadores del festival. Gary Louis ya parecía encantado con el ambiente los tres días que duró el festival (que levante la mano quien no lo vio entre el público en cualquier concierto) y en directo, junto a Mark Olson, decidieron basar su atuación en el disco Tomorrow the green grass. Para cualquiera que haya escuhado ese disco, casi que no hay nada más que añadir. Grandes canciones, grandes melodías, un buen directo = un gran concierto. No se notó en lo musical esa separación, aunque lo cierto es que tampoco hubo abrazos en el escenario. No en vano, el show del Azkena fue toda una exclusiva a la que estaremos eternamente agradecidos. Un ejemplo: las últimas tres cancioens fueron "Bad time", "Blue" y "Miss William's Guitar"

Dinosaur Jr.: No los conocía demasiado pero su concierto fue muy guitarrero y muy movidito en las primeras filas. Además, sonaron a la perfección mientras caían temas como "Forget the Swan", "Feel the pain", "Little Fury Things", "Back to your heart" o "Tarpit". La verdad es que se marcaron un conciertazo y demostraron estar en un perfecto estado de forma. Para mí, fueron la gran sorpresa del festival.

Jon Spencer Blues Explotion: Un poco de locura bañada con alcohol y un directo de Jon Spencer entra que ni de muerte. Con un show con apenas parones entre canción y canción y mucha parte instrumenal pero a ritmo de un enfurecido blues-rock-garajero (o lo que sea que hace Jon), Spencer hizo mover el bullate a más de tres y de cuatro. Lo cierto, es que solo reconocí algún tema de Acme pero no se me ocurre mejor manera de acabar un festival. Grandes.
>Directo: Jon Spencer blues Explotion

FOTOS AZKENA 2008 - Fuente: Azkena, Keep on rollin, Kilgore, otros.

JUEVES - 4 de setiembre

Yawning Man: Con Alfredo Hernández (ex-Kyuss y ex-QOTSA) como cabeza visible de esta banda instrumental, el grupo de Palm Springs ofreció un concierto correcto, con algún que otro problema de sonido, y basado en numerosos cambios de ritmo pero manteniendo siempre su base stoner. Pese a que no son un grupo fácil de escuhar (por aquello de que son instrumentales y para algunos su música puede sonar a ladrillaco), tampoco fue de lo peor del día. "Catamaran", su canción más famosa y que versionearon Kyuss en "And the circus leaves the town..." provocó los primeros headbagings de la tarde.

Hyseed Dixie: ¿Os habéis preguntrado alguna vez como suena "You shook me all night long" de AC/DC o "Rock N' Roll de Led Zeppelin en versión redneck accelerada? Pues los Hyseed Dixie levantaran bastante aplausos gracias a sus banjos, sus violines y sus pintas de granjeros de Kentucky. Para un rato estuvieron bien.

Radio Moscow: El trío de Iowa llegó con su peculiar garsge-blues, muy al estilo Ross Hill Drive, y con Parker Grigg como punto fuerte, especialmente por su habilidad a la guitarra. Pero les faltó la chispa final para encadilar al público, que no obstante, respondió bastante bien. Pero esa falta de hits o temás más destacados es un problema tanto, de su debut "Radio Moscow", como de "Alive Natural Sound".

Marky Ramone: El gran protagonista de versiones de la noche, por así decirlo. Al hombre, le cayó una bendición cuando los Ramones lo ficharon para tocar la batería a ritmo de sus famosos "1,2,3,4,!". Y no ha yduda de que el tío lo explota la máximo, ya sea plantando una gran bandera con el archifamoso logo del grupo de NYC en el fondo del escenario o tocando con una banda en la que el cantante no tiene carisma (tampoco era necesario que lo tuviera) y una bajista a medio camino entre la típica punky y el look de Robin Finck en su etapa en NIN. No hay quetomárselos mucho en serio. "1,2,3,4!" y así cayeron "Blitzkrieg Boop", "Judie is a punk", "The KKK take my baby away", etc. Evan Dando hizo una breve aparición para cantar "I don't care".

The Lemonheads: No eran un grupo de versiones, pese a que Evan Dando iba a su bola y tenía en permanente estado de alerta al bajista y al batería, para saber cuando el divo quería alargar un tema, repetir una estrofa, etc. Además, el show tuvo un bajón importante cuando a Dando le dio por tocar solo con su guitarra durante más de media hora. Para muchos fue el momento ideal para irse a dormir. En "Mr. Robinson", Gary Louis hizo acto de presencia para cantar junto a Dando, pero fue una lástima que tuvieran que compartir un micrófono porque apenas se pudo escuchar algo de ese peculiar dúo.

Para muestra del buen rollo del Azkena, pinchad en este video y veréis a miembros de Hyseed Dixe, Boss Hoss, Radio Mosco, Lemonheads y gente de Marky Ramone tocando una jam el jueves, después de las actuaciones, en el quiosco de música del parque delante del hotel NH de Vitoria. A las 5 de la mañana la poli les pidió que parasen.

FOTOS AZKENA - Fuente: Keep on rollin. Azkena, otros

"La primera vez que lo vi iba con el pelo rapado. Parecía un soldado de la marina, era muy serio". Así recuerda Kim Thayil su primer encuentro con un jovencísimo Chris Cornell allá en el Seattle de principios de los ochenta, poco antes de la formación de Soundgarden. Lo que debe pensar ahora, tras escuchar un avance de lo que será el próximo album de Cornell, nos lo podemos imaginar (si es que Thayil sigue conservando su integridad y gusto musical): menuda en caída en picado la del que fue uno de los tipos más talentosos de los 90.

¿Las razones del cambio? Sólo él las sabrá, pero lo cierto es que pocos fans esperaban que un tipo arisco (con la prensa especialmente) y extraño; un greñudo (sexy) antipático y depresivo enfrentaría su madurez tan mal, tan chungamente, rodeado de todo aquello que parecía odiar y a años luz que cualquier atisbo de talento y, de lo que es peor, avergonzado por completo a los que una vez fueron su fans. James Bond, los rayos uvas, el divorcio, fiestecitas con modelos, martinis, canciones sobre lesbianas, anuncios estúpidos para móviles... todo eso de golpe no puedo ser bueno. ¿Quién nos ha cambiado a nuestro Chris? ¿Os imagináis a Kurt Cobain o a Layne stanley siguiendo una evolución similar?

Como decía, nada hacía presagiar semejante decadencia. Ni siquiera su infancia. El pequeño Cornell nació en Seattle en el seno de una familia católica con cinco hermanos, alguno de ellos parece ser, con tendencias suicidas, lo que impactaría enel joven Chris. Tras el divorcio de sus padres, Cornell cayó en una profunda depresión que le llevó a encerrarse en su casa casi un año. Suponemos que allí afortunadamente le empezó a dar a la guitarra, aunque hoy en día no lo parezca. Para ayudar a su madre, se metió de pinche en una cocina y tal y como ha comentado empezó a drogarse desde bien joven. "Nuestra cultura de las drogas no era como la del rollo hippie de 'libera tu mente', si no que más bien era 'jode tu mente con las drogas", dijo en una ocasión. Perfecto, al menos en su juventud lo tenía más claro.

En 1984, junto con el mentado Kim Thayil y Hiro Yamamoto fundaron Soundgarden, un grupo que pasó de ser una de las referencias de la música alternativa de la ciudad a convertirse en un grupo de alcance masivo gracias a discos como Badmotorfinger, Superunknown en especial y Down the Upside. Discos TOTALMENTE recomendables. La música de Soundgarden siempre fue oscura, contundente y con una poderosa influencia de Black Sabbath. Quién diría lo diría, viendo que hoy en día Cornell parece estar más cerca de Justin Timberlake que de Ozzy Osbourne. De entre los miembros del grupo, y con permiso de Ben Sheperd con su bajo, Chris destacaba por su presencia física y por su vozarrón. Con el torso al aire, sus botas militares y greñas al viento, parecía tener la actitud necesaria para pisar un escenario. La música por supuesto les acompañaba. Para muchos, Soundgarden fueron el mejor grupo de los 90.

Grunje days

Fruto de esta primera época, Cornell empezó a salir con la manager del grupo, Susan Silver, una mujer que tuvo mucho que decir en la escena de Seattle puesto que también fue manager de Alice In Chains y de Screaming Trees por un tiempo. Junto a ella vivió el auge en los 80 y posterior éxito de Soundgarden en los 90 y, por consiguiente, su estrellato en la música alternativa. También vivieron juntos algunos capítulos que merecerían que el pobre Cornell llevara colgada la etiqueta de "cenizo", puesto que en pocos años vio como alguno de sus mejores amigos morían por culpa de las drogas: su compañero de piso en Seattle y líder de Mother Love Bone, Andrew Wood; Shannon Hoon de Blind Melon y por supuesto sus colegas de Seattle Kurt Cobain y Layne Stanley. En 1997 Soundgarden se separaron tras una carrera enviadiable y marcada por la calidad.

Suponemos que tanta muerte, unos ya por entonces preocupantes problemas de voz tras toda una vida "gritando" y la separación poco amigable de Soundgarden, afectaron a Cornell de alguna manera. Por lo pronto, el hombre bebía hasta que decidió lanzarse a la aventura con un disco en solitario que ya empezó a provocar comentarios un tanto negativos. De pronto el líder grunge apareció con una acústica y con un look mucho más refinado a lo que nos tenía acostumbrado. Su música también era mucho más melódica, más intimista y alejada de las atmósferas guitarreras de Soundgarden. Quizás más cercana a Temple of the Dog, aquel grupo formado a principios de los 90 com miembros de Pearl Jam para homenajear al desaparecido Andrew Wood y a su admirado Jeff Buckley (que por cierto, también había muerto hacía poco). Pero con la diferencia que Euphoria Morning parecía estar por debajo a lo que se esperaba de él. Aunque "Can't change me" como single no estaba tan mal. Y las críticas tampoco lo acribillaron.

A partir de aquí suponemos que el hombre se hundió o se volvió a deprimir, vayáse usted a saber. Para colmo se separó de su mujer con una ruptura suponemos que traumática puesto que Cornell hizo unas declaraciones tirándole mierda a saco y en las que le reclamaba el Grammy que había ganado con Soundgarden (¿Chris Cornell preocupado por un Grammy??) "Antes de empezar con Audioslave me encontraba en el punto más bajo de mi vida".

Quizás fue la desesperación o que el hombre no tenía fuerzas para más, pero su siguiente paso fue juntarse con Rage Agains The Machine, un grupo a la deriva tras la marcha de su cantante Zack de la Rocha para crear Audioslave. La idea ya parecía rara de la hostia. ¿Cornell rapeando Killing in The Name? ¿RATM haciendo de grunges? Disortadamente, en 2002 Cornell ya había perdido gran parte de su genial voz y el primer single de Audioslave, "Cochise", impactó a propios y a extraños debido al malestado vocal en que se encontraba el cantante.

Pero Audioslave fue mucho más que un regreso, fue el inicio del declive corneliano, como también lo fue para Dave Navarro su paso en Red Hot Chili Peppers. Pese a parecer rejuvenecido con un nuevo look en el que las mechas rubias (MECHAS RUBIAS!) y los rayos UVA hicieron acto de presencia por primera vez, y pese a que el primer disco de Audioslave no estaba mal ("Show me how to live" y "Like Stone" me parecen buenas canciones), todo fue de mal en peor. Cornell se casó con una modelo pedorra, tuvo una hija y empezó a asistir a fiestas canallonas en traje, con lentillas azules y del brazo de su esposa. Todo muy Martini boy, todo muy falso y muy vendido por conseguir fama entre gente del talento de la talla de Paris Hilton. Tela. Suponemos que es aquí cuando Cornell pierde el intererés por la música y tras dos discos malos con Audioslave, participa con la lamentable "You know my name" en la banda sonora de James bond y edita Carry on, un triste segundo trabajo en solitario que demuestra que este hombre está acabado musicalmente.

La familia Cornell al completo

Aunque lo peor de todo es la falta de escrúpulos con los que fueron sus fans de siempre ya que el avance se su nuevo disco le sitúa cercano al ritman'blues de Puff Daddy. Él parece contento. No se.

Es difícil saber que se le pasaría por la cabeza a David Bowie cuando, tras lo éxitos de Ziggy Stardust and the Spiders from Mars y Station to Station, vivía base de cocaína y no pesaba más de 45 quilos. Bueno, en realidad, no es tan complicado. Probablemente su día a día consistía en levantarse a las 4 de la tarde con los ojos hundidos y la mirada clavada en el infinito. En lugar de un café, pedía "más" e iba y venía sin saber qué pasaba por la vida. Probablemente, pasaba de la vida. Y él sin enterarse.

En el mundo artístico se suele comentar que en estados graves de sufrimiento, locura, adición o depresión un artista puede sacar lo mejor de sí mismo. Los mitos y los ejemplos (salvando las distancias) están ahí: Van Gogh y su oreja, Rimbaud y sus poemas de Una temporada en el infierno; el film Vidas rebeldes, con dos atormentados actores como protagonistas (Montgomery Cliff y Marilyn Monroe) y un matrimonio a punto de romperse en el plató (el de la exuberante rubia de platino con el dramaturgo y guionista Arthur Miller); o el unplugged de Alice In Chains, donde pese a que Layne Stanley parecía más muerte que vivo, consiguieron grabar un directo realmente emocionante. Aunque a veces no hay final feliz. Ian Curtis, líder de Joy Division y que sufría graves problemas epilépticos, se ahorcó en la cocina de su casa mientras sonaba The Idiot de Iggy Pop.

Pero en el caso de Bowie sus 45 quilos de excesos no le pedían una obra de arte, le pedían una solución. Y para encontrarla el Duque Blanco se trasladó a Berlín atraído por el emergente kraut rock alemán. Iggy Pop le acompañaba, no en vano el chico de Detroit también necesitaba una solución a sus problemas con las drogas. El destino elegido por ambas estrellas del rock no fue fruto del azar: a mediados de los setenta la ciudad alemana era un emergente centro artístico bastante cool y moderno.

En Berlín, Bowie encontró mucho más que una cura. Se juntó con dos tipos talentosos como Toni Visconti y al ex-Roxy Music Brian y los tres empezaron a grabar y a producir un total de tres discos que poco tenían que ver con lo que hasta el momento habían hecho cada uno de ellos por separado. Las referencias al avant garde, el kraut rock alemán y la música electrónica del momento tomaron un mayor protagonismo. Y las canciones dejaron de ser perfectos singles glam-rock para dejar paso a canciones mucho más largas y elaboradas.

Fruto de este periodo, David Bowie grabó tres de sus mejores y más experimentales discos: el fascinante Low, el elaborado Heroes y el más flojo, Lodger. Además, el inglés produjo en apenas un año los dos primeros discos de Iggy Pop, los también exitosos The Idiot y Lust for Life. Quizás sea Low el disco más representativo de toda esta etapa de inspiración y de cierta trasgresión, ya que temas como la instrumental "Speed of life" o "Sound and Vision" representan a ese renacido Bowie berlinés: un tipo mucho más arty, más enigmático (la portada de Low es una de las carátulas más fascinantes de la música) y más centrado en la música.

Quién sabe que sería de Bowie si no se hubiera regresado a Europa. Probablemente hubiera seguido deprimido y colocado demasiado tiempo. O quizás, simplemente es mejor levantar el vuelo que tocar fondo. Aunque en el arte nunca se sabe.

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Es evidente que una trilogía o la segunda parte de una obra siempre tiene algo en común con su(s) allegadas: el hilo argumental, los personajes, la localización geográfica, etc. Así que indudablemente la segunda de las historias de la famosa trilogía de Nueva York del ahora ya mediático Paul Auster (y que la componen Ciudad de Cristal, Fantasmas y La habitación cerrada) tiene mucho que ver con su predecesora (y que no era otra que Ciudad de Cristal). Fantasmas vuelve a tener como protagonista a un detective privado que acepta un extraño caso en la ciudad de Nueva York. Azul, el protagonista, debe espiar a Negro, un hombre paradójicamente gris y monótono, por encargo del misterioso y silencioso Blanco.

La trama sin embargo, lejos de centrarse en los tópicos de la novela negra, se desarrolla por otros derroteros hasta convertirse en una obra que, para entenderos, podríamos calificar entre Kafkiana, por la desinformación y la soledad a la que debe enfrentarse Azul, y absurda por el sinsentido al que debe enfrentarse un espía espiado. Paul Auster utiliza este juego de paradojas y misterio para construir un relato que a medida que avanza se hace más asfixiante, e incluso, hasta claustrofóbico. Y buena parte de esa sensación viene producida por las pocas respuestas y los muchos enigmas que alimenta el autor hasta el final de sus páginas. En consecuencia, Fantasmas es una novela que engancha al lector y que consigue atraparte en el peculiar laberinto kafkiano que vive su protagonista Azul.


Sin embargo, el "pero" de la novela reside en la gran similitud con su predecesora Ciudad Cristal y obras posteriores como Leviatán. De hecho es casi imposible no asociar ambas novela a esta segunda entrega de La Trilogía de Nueva York, por lo que pese a que el relato consigue atraparte, el lector acaba teniendo la racional sensación de que esa obra, o algo muy parecido, ya lo había leído antes. O después, según sea el caso. Demasiadas similitudes incluso para ser una trilogía (si la comparamos con Ciudad de Cristal) o exageradas coincidencias para ser una obra diferente (si la compramos con Leviatán). Detectives, mujeres abandonadas, amigos de la infancia, desapariciones... Quizás, ésa sea la gracia dela trilogía o quizás puede que yo sólo me haya leído los relatos de novela negra. El caso es que Fantasmas tenía un toque demasiado familiar (aunque por esta vez el azar, una de las señas de identidad de las novelas de Paul Auster, no estaba presente).

Veremos si a la tercera (La habitación cerrada) va la vencida.

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Ava Gardner

7 ago 06 En: A-C

Ava Gardner, actriz, "el animal más bello del mundo". El periodista Rex Reed la entrevistó en una habitación de hotel y gracias a su capacidad para captar el detalle social obtuvo este magnífico retrato de la diva. Un pequeño fragmento:

Ava: vida al amanecer

Ella está ahí, de pie, sin ayuda de filtros contra una habitación que se derrite bajo el calor de sofás anaranjados, paredes color lavanda y sillas de estrella de cine a rayas crema y menta, perdida en un hotel de cupidos y cúpulas, con tantos dorados como un pastel de cumpleaños, que se llama Regency. No hay guión, ni un Minnelli que ajuste los objetivos del CinemaScope. La lluvia helada golpea las ventanas y acribilla Park Avenue minetras Ava Gardner anda majestuosamente en su rosada jaula lechemalta cual elegante leopardo. Lleva un suéter azul de cachemir de cuello alto, arremangado hasta sus codos de Ava, y una miniflada de tartán y enormes gafas de montura negra y está gloriosa, divinamente descalza.
(...)

Ahora, dentro de la jaula de leopardo, sin un látigo y temblando como un pájaro nervioso, el agente de prensa dice algo en castellano a la criada española. -Diablos, he pasado diez años allí y aun no soy capaz de hablar ese dichosos idioma-gruñe Ava, despidiéndole con un movimiento de los largos brazos de porcelana de Ava-. ¡Fuera! No necesito agentes de prensa. Las cejas dibujan bajo los gafas dos deslumbrantes, acequinados interrogantes-. ¿Puedo confiar en él?- pregunta sonriendo manifiestamente con esa irresistible sonrisa de Ava y señalándome. El agente hace un gesto afirmativo con la cabeza mientras se dirige hacia la puerta:
-¿Podemos hacer algo más por usted mientras permanece en la ciudad?
-Sólo sacarme de la ciudad, pequeño. Sólo sacarme de aquí.
El agente se aleja silenciosamente, caminado por la alfombra como si pisara rosas de cristal con zapatos de claqué. La criada española (Ava insiste en que es una perla, -Me sigue por doquier porque me adora-) cierra la puerta y se larga hacia otra habitación.

- Bebes, ¿verdad, pequeño? El último maricón que vino a verme tenía gota y no quiso probar trago.-Suelta un rugido de leopardo que suena sospechosamente igual que Geraldine Page en el papel de Alexandra del Lago (en Dulce pájaro de Juventud) y mezcla bebidas de su bar portátil: sotch y soda para mí y para ella una copa de champán llena de coñac y otra de Dom Perignon, que bebe sucesivamente, vuelve a llenar y sorbe despacio como jarabe a través de una paja. Las piernas de Ava cuelgan blandamente de una silla de color lavanda mientras su cuello, pálido y largo como un vaso de leche, se alza sobre la habitación como un terrateniente sudista inspeccionando una plantación de algodón. A sus cuarenta y cuatro años, aún es una de las mujeres más hermosas del mundo.

- No me mires. Estuve despierta hasta las cuatro de la madrugada en ese maldito estreno de La Biblia. ¡Estrenos! ¡Mataré personalmente a ese John Houston si vuelve a meterme en otro lío como ése. Debía haber diez mil personas agarrándome. La multitud me produce claustrofobia y no podía respirar. Por Dios, empezaron apuntándome con una cámara de TV, gritando "¡Di algo, Ava!". En el intermedio me perdí y después de apagarse las luces no pude encontrar mi maldita butaca y no paré de decir a aquellas chiquillas de rizados cabellos y linternas, "Voy con John houston", y ellas no pararon de responderme, "No conocemos a ningún Mr. Houston, ¿es de la Fox?". Iba a tientas por los pasillos y cuando finalmente encontré mi butaca, estaba ocupada y hubo una gran escena para conseguir que ese tipo me dejara sentar. Déjamelo decírtelo, pequeño, la Metro solía montar los circos mucho mejor. Para colmo perdí mi maldita mantilla en la limousine. Diablos, no era un souvenir, ese mantilla. Nunca encontraré otra igual. Entonces John Houston me lleva a esa fiesta donde teníamos que ir de un lado a otro y sonreír a Artie Shaw, con quien estuve casada, pequeño, por el amor de Dios, y su esposa, Evelyn Keyes, con quien Houston estuvo casada hace tiempo, por el amor de Dios.

Y cuando todo ha terminado, ¿qué es lo que has conseguido? El mayor dolor de cabeza de la ciudad. A nadie le importa quién diablos estaba allí. ¿Piensas por un momento que Ava Gardner expuesta en ese circo venderá la película? Por dios, ¿lo viste? Tomé parte en todo aquel infierno sólo para que esta mañana Bosley Crowther pudiera escribir que parecía como si posara para un monumento. Todo el tiempo estuve pellizcando a Johnny en el brazo y diciéndole, "Por Dios, ¿cómo puedes dejarme hacer esto?". De todas formas, a nadie le importa lo que llevaba puesto o lo que dije. Todo lo que querían saber es si estaba bebida y si me mantenía derecha. Éste es el último circo. ¡No soy una puta! ¡No soy temperamental! Estoy asustada, pequeño. Asustada ¿Es posible que puedas entender lo que es sentirse asustada?

Texto extraído de El nuevo periodismo de Tom Wolfe

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Cuando David Frum, el hasta entonces redactor de los discursos de George W. Bush e ideólogo conservador, publicó en El hombre correcto: la sorprendente presidencia de George W. Bush permitió qe algunos detalles sobre la rutina de trabajo habitual del equipo de confianza del presidente salieran a la luz. Una de las principales características es la profunda religiosidad que manifiestan el presidente y sus aliados.

Rezar antes de cada reunión de gabinete o el estudio "optativo" de la Biblia son las prácticas habituales de un equipo de trabajo encabezado en su primer mandato por un jefe de personal, Andrew Card, casado con una ministra metodista; una consejera de Seguridad, Condoleezza Rice, hija de un predicador de Alabama; el compañero del alma de Bush durante sus primeros devaneos con la Biblia, Don Evans, ocupando la secretaría de Comercio y por último un presidente que según Frum cree tener una misión divina: borrar el mal de la faz de la tierra desde su presidencia de Estados Unidos.

Así en 1998 y ante el predicador James Robinson, el actual presidente de Estados Unidos declaró: "He escuchado la llamada. Creo que Dios quiere que me presente a las elecciones presidenciales".

Para comprender los orígenes de la profunda religiosidad de George Bush es necesario destacar su lucha por superar el alcoholismo en 1986. Una victoria que consiguió gracias a la ayuda del reverendo Billy Gramham. De este modo Bush resucitó en la piel de un reborn christian (cristiano renacido). Aunque tal y como explica el periodista de Carlos Fresneda fue Don Evans, un texano metido en negocios de petróleo y posteriormente Secretario de Comercio quien definitivamente arrastró a Bush al primer grupo de estudios bíblicos. Durante casi dos años George W. Bush profundizó en el estudio del Nuevo Testamento y se adentró en el Evangelio según San Lucas.

Según periodistas como Bob Woodward en en su libro Bush en guerra esta fuerte experiencia personal ha llevado al presidente tener la concepción de que es el elegido y que su misión es la de borrar el mal de la tierra. La idea de la predestinación absoluta, desarollada por el teólogo fundamentalista Juan Calvino significa la existencia de un grupo de hombres y mujeres que aún antes de nacer ya fueron elegidos por Dios. De esta manera, el predestinado no necesita ser virtuoso ya que ha ganado su salvación sólo por ser un elegido. El amalgama que perfeccionó este pensamiento teológico y político muy propio de Estados Unidos llegó en 1846, cuando el periodista James O. Sullivan, en el periódico Good morning America acuñó el concepto de "destino manifiesto" y aseguró que Dios no eligió un grupo de hombres y mujeres, sino a un pueblo en su conjunto. Ese pueblo no era otro que EEUU y la mision de los estadounidenses era llevar a cabo el proyecto divino en este mundo.

Esta es la concepción que tiene George Bush y esto explica frases antidemocráticas del presidente como cuando dice "que lo bueno de ser presidente es que no tiene que dar explicaciones a nadie" o, en la guerra contra el terrorismo, se "está con nosotros o en contra nuestra". La idea de ser el pueblo elegido también explica los históricos vasos comunicantes con el Estado de Israel.

Pese a esa creencia compartida, antes del 11-S, Bush llegó a afirmar en la campaña electoral de 2001 que sólo los cristianos iban al cielo, lo que provocó rechazo entre diversos grupos religiosos como los judíos. Posteriormente el actual presidente rectificó: "Los gobernadores no deciden quiénes van al cielo. Dios es quien lo decide, y absténganse los políticos de querer jugar a ser Dios".

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