
En 1968, en plena era de Acuario, de revoluciones sociales y de flores en el pelo, el director estadounidense Stanley Kubrick estrena una de las películas más destacadas de la historia del cine. Por supuesto hablo de 2001: Una odisea del espacio. El proceso de gestación de tan mítica película empezó después de acabar de rodar ¿Teléfono rojo? volamos hacia Moscú (1963), una sátira sobre la paranoia de la guerra fría. Kubrick por entonces ya tenía fama de perfeccionista. Había empezado su carrera profesional ejerciendo como destacado fotógrafo para la revista Look aunque posteriormente se decantaría por el cine y realizaría obras como Espartaco, con Kirk Douglas como protagonista, o la polémica adaptación de la todavía más polémica obra de Vladimir Nabokov, Lolita.
Cada película suponía un ritual de exhaustiva documentación para Kubrick. Todo debía parecer creíble y no se podía dejar ningún detalle al aire. Precisamente, durante el proceso de documentación de ¿Teléfono rojo? volamos hacia Moscú el director estuvo leyendo centenares de informes militares y varias obras de divulgación científica. De esas lecturas creció su interés por acercar la ciencia a la población. También se empezó a preguntar si el hombre estaba solo en el universo.
Sin embargo fue El centinela, un cuento del escritor de ciencia ficción Arthur C. Clarke, la clave sobre la que Stanley Kubrick elaboraría 2001: Una Odisea del espacio. En El Centinela Clarke explica la historia de un geólogo que descubre una extraña pirámide en la luna. El objeto en cuestión acaba siendo una especie de vigilante colocado estratégicamente por civilizaciones superiores con el objetivo de controlar los progresos de la humanidad en el campo de la exploración espacial.
Kubrick y Clarke decidieron unir sus fuerzas y mientras el escritor trabajaba con el guión, Kubrick se dedicaba a estudiar meticulosamente cualquier detalle para que la película fuese lo más real posible. Con esta idea en la cabeza, el director consultó archivos de la NASA para imaginar el diseño de las naves y de los trajes espaciales; probó cerca de 60 colores distintos para la carcasa de las naves; leyó estudios que pronosticaban que a finales de siglo XX los ordenadores hablarían para crear a la computadora sublevada Hal 9000; estudió fotografías de la luna para plasmar con exactitud la llegada al satélite; montó un equipo de 35 diseñadores y especialistas en efectos especiales para la película y, en definitiva, imaginó sobre la base científica las condiciones en las que se encontraría el hombre en el espacio. Si tenemos en cuenta que, por una parte, en 1968 el hombre todavía no había llegado a la luna y que, en segundo término, Stanley Kubrick acertó en bastantes aspectos comprobados científicamente como el de representar en silencio el espacio, el ejercicio de Kubrick es francamente loable.
A parte de la alta calidad técnica de la película, en 2001 también podemos observar otros rasgos comunes del cine de Kubrick. Uno de ellos es el del espectacular uso de la música para crear escenas inolvidables. Quizás, la combinación de música e imágenes que consigue Kubrick sea una de las características de su cine que más me gusta. Y es que quien haya visto esta película recordará el increíble vals de las naves al ritmo de "El Danubio Azul" de Johann Strauss. Posteriormente, la quinta sinfonía de Beethoven sería la encargada de relatar las andanzas de Alex y sus amigos ultraviolentos en La naranja mecánica.
Otra característica de la filmografía del director y que también está presente en su obra maestra reside en el tratamiento de temas modernos. En 2001, por ejemplo, Kubrick nos habla de la soledad del hombre del futuro o del conflicto que podrían generar máquinas con conciencia. Esa búsqueda constante de la modernidad supuso a lo largo de la filmografía del estadounidense varias polémicas ya que, en ocasiones, algunos sectores de la sociedad todavía no aceptaban al nuevo hombre del siglo XX. Un ejemplo claro lo encontramos en Espartaco(1961). La cinta nos cuenta la historia de la sublevación de los esclavos romanos con Espartaco al frente. La película contenía muchas escenas de violencia que posteriormente fueron censuradas en 1967. Pero si hubo una escena censurable en los sesenta es cuando el general Craso, interpretado por Lawrence Olivier, intenta seducir a su esclavo Antonio en el baño. "Yo como ostras ostras y caracoles por gusto, no por moralidad", insinua Craso a su esclavo. Kubrick, sin embargo, tuvo poco poder de control durante el rodaje de Espartaco ya que se le contrató en substitución del también director Anthony Mann. Y es que en un principio, Mann iba a ser el encargado de dirigir de la película, así que cuando Kubrick llegó el guión y la contratación de actores ya estaban hechos. Por lo tanto, Stanley apenas pudo ejercer su afamado control sobre el producto final, del que por cierto, después renegó.
¿Quién es más fuerte, la máquina o el hombre?
Espartaco no fue la única polémica. Lolita, la adaptación cinematográfica de la novela de Nabokov y en la que se nos explica la obsesión de un hombre de mediana edad por una niña de 14 años, fue prohibida por todos los párrocos de Estados Unidos. Algo que, por otra parte, era predecible teniendo en cuenta las tremendas dificultades que tuvo Vladimir Nabokov para publicar su libro. Aunque quizás una de las obras más polémicas de Kubrick es La naranja mecánica.
La película está basada en la novela homónima de Anthony Burguess. Nos encontramos ante una obra de ultra violencia en la que Alex y sus salvajes amigotes se dedican a apalear, a humillar y a violar a los personajes más débiles de la sociedad. Quizás el aspecto argumental que más le interesó a Kubrick del libro era la manera en la que la sociedad trataba de rehabilitar y de sociabilizar a Alex (un personaje interpretado por Malcom McDovell). Y es que en La naranja mecánica Alex es tratado mediante según un método experimental en el que, como el perro de Pavlov, se le intenta condicionar una respuesta más pacífica poniéndole películas muy violentas y de corte sado-sexual mientras se droga al protagonista con sustancias que le producen efectos repulsivos. De esta manera, cada vez que Alex vea una imagen violenta, el protagonista de la cinta recordará el sufrimiento que sentía cuando veía películas brutales y se le drogaba hasta las cejas con desagradables consecuencias. En consecuencia, una vez finalizado el programa, Alex será incapaz de hacer daño a nadie y sentirá náuseas ante cualquier tipo de escena violenta.
Por lo tanto, nos encontramos de nuevo ante el tratamiento de un tema moderno. Por otra parte, tampoco hay que obviar el gran ejercicio de estilo que Kubrick hizo en La naranja mecánica. El director usó la aceleración/ralentización del tiempo narrativo, la cámara manual o el gran angular para crear escenas visualmente muy atractivas, llenas de fuerza y que, hoy en día, siguen conservando su esplendor. El problema es que cuando Kubrick vio el resultado final pensó que era demasiado violento y que podría llevar a confusiones. O dicho de otra manera, temió que se interpretara la película como una oda a la violencia. En consecuencia, el director prohibió el estreno y la distribución de La naranja mecánica en Inglaterra, el lugar donde el estadounidense se había trasladado a vivir.
Malcom McDowell, el protagonista de La naranja mecánica, fue uno de los primeros actores en explicar el grado de perfeccionismo de Kubrick durante los rodajes. Por lo visto, era bastante común que Kubrick obligara a repetir las escenas una y otra vez hasta casi llegar al centenar de tomas. En teoría, el director buscaba la toma perfecta aunque para muchos intérpretes esas repeticiones tenían como objetivo doblegar la voluntad del actor de turno para imponer la visión del director. Según cuenta Malcom, la constante repetición de escenas le provocaron una herida en el ojo. Las causantes del daño no eran otras que las pinzas que impedían que su personaje escapara del dolor durante el tratamiento anti violencia. A Kubrick el hecho de que su actor estuviese malherido no podía importarle menos.“Todavía nos queda el otro ojo”, llegó a decirle cuando el actor se quejó. Durante el rodaje de La chaqueta metálica Kubrick también las hizo pasar canutas a los miembros del rodaje repitiendo una y otra vez las escenas y cambiando constantemente el guión de la película. Y quizás como demostración fuerza, Kubrick se dedicó a desesperar a toda una estrellita como Tom Cruise alargando hasta lo inimaginable el rodaje de Eyes Wide Shut y haciendo pasar por una puerta más de cien veces a nuestro excéntrico cienciólogo. De esta manera, el director se aprovechaba del hecho de que por entonces trabajar con Kubrick suponía un subidón de calidad y de prestigio muy elevados para la carrera de Tom. Aunque a Kubrick también le quedó tiempo para exprimir y para resaltar, por encima de la interpetación de Cruise, el hasta entonces tapado talento de Nicle Kidman.
Malcom dándolo todo (incluso casi un ojo)
Por otra parte, existen biografías que explican que Kubrick se escapaba a los cines que proyectaban sus películas para observar y analizar las reacciones del público. Aunque sus escapadas también le servían para vigilar, controlar y exigir, si fuera el caso, que en el cine todo estuviese perfecto para la proyección de sus películas.
Cuando 2001: una odisea del espacio se estrenó la crítica la destripó argumentando que era lenta, aburrida y pretenciosa. Por contra, a muchos hippies, la película les encantó ya que durante la psicodélica parte final se dedicaban a tomarse un tripi. El viaje estaba asegurado. Sin embargo, con el tiempo, la película fue mejorando sus críticas hasta llegar a ser considerada como unas de los films más innovadores de la historia del cine. De hecho, los increíbles efectos especiales que Kubrick consiguió en 2001 son una de los principales argumentos para situar al director en el rodaje de una curiosa teoría. Según esta teoría, la retransmisión de la llegada del hombre a la luna en 1969 es falsa ya que en esa fecha no se daban las exigencias técnicas necesarias para hacer algo así. Por lo tanto, el gobierno estadounidense pidió a Kubrick que se encargara de rodar en un plató las imágenes que todos conocemos. Hasta existe un documental que nos muestra una foto de esa primera expedición a la luna y en la que, misteriosamente, aparece una foto de Kubrick en el teórico suelo lunar (en dicho documental también se nos da a conocer un asesinato de esos que se hacen para silenciar secretos). Sea lo que fuese, lo cierto es que Kubrick, quien murió al poco tiempo de acabar de montar Eyes Wide Shut, ya nos había mostrado en 2001 la luna y mucho más.
Por cierto, que Kubrick como Chaplin o Hitchcok nunca recibió un Oscar.
Webs recomendadas: http://www.euros.net/2001
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