Costó bastante ver en Hollywood a una mujer de armas tomar. Es decir, durante mucho tiempo fue muy complicado que una mujer protagonizara una película de acción y que, en consecuencia, luchara de igual a igual contra sus enemigos. Quizás, una de las razones por las que las actrices se veían siempre relegadas tras la estela del gran héroe de acción masculino era que resultaba demasiado atrevido que fuera la fémina de la película la que se dedicara a dar buenos puñetazos sin temor a romperse las uñas. O que fuera ella la que salvara al mundo. Y que encima, al público le gustara ese argumento.


Sigorney Weaver no sabe lo que le espera...

Fue precisamente el factor sorpresa lo que llevó al director Ridley Scout en 1979 a cambiar el género del protagonista de su inminente película "Alien: el octavo pasajero". En un principio el papel que bordó Sigourney Weaver iba a ser encarnado por el actor Tom Skerritt. Scott quiso crear un película misteriosa pero también innovadora, pese a que hacía tan sólo dos años Stanley Kubrick había revolucionado el género de ciencia ficción con "2001: una odisea del espacio". Para conseguir el misterio, el director evitó que el espectador viera la espectacular apariencia del octavo pasajero durante buena parte de la película. Y para innovar, puso al frente del reparto a la desconocida por entonces Sigourney Weaver, tras rechazar para el papel a actrices como Meryl Streep. Y no sólo eso, además, con la ayuda de los guionistas crearon un papel femenino hasta entonces inédito: el de una mujer fuerte, valiente y anti erótica. Nadie se imagina a una Teniente Ripley maquillándose para seducir a un hombre. Ni tan siquiera podemos concebir que la protagonista de Alien se lance a los brazos de alguien en busca de protección. Ella misma se vale para luchar, curiosamente, contra a una especie alienígena de género femenino.

Por lo tanto, nos encontramos ante una auténtica heroína en un rol, hasta el momento, típicamente masculino. Scott no dudó en rechazar filmar una escena en la que la Teniente Ripley se enrollaba con Dallas aduciendo temor a la censura. Esa decisión, no pudo ser más acertada, ya que de lo que se trataba era de crear un personaje que, en ese momento, tuviera pocas concesiones al amor. Aunque fuera una mujer. Únicamente podemos apreciar cierta vulnerabilidad o instinto maternal cuando Ripley lucha por salvar al gatito de la nave. Aunque el gato no sea más que un permanente cebo para Alien. Sin embargo, pese a que Ripley sea el prototipo de heroína en cierto modo, masculinizada (tal y como también lo sería Sarah Connor en la saga de "Terminator"), "Alien: el octavo pasajero" también nos ofrece una escena de evidente sensualidad. Me refiero a la ya mítica escena final en la que Sigourney Weaver se queda en camiseta y en unas mini braguitas ante la bestia. Nunca un personaje estuvo más expuesto ante la ávida mirada de su enemigo. Después de todo, Sigourney sólo era una mujer que tuvo que sacar fuerzas de donde pudo. Ni que decir, que la película arrasó y que la Teniente Ripley se convirtió en un todo fenómeno social y de masas tanto para hombres como para mujeres.

En cambio, la agente del FBI Clarice Starling es todo lo contrario a la teniente Ripley. Clarice también debe enfrentarse a un temible monstruo como es Hannibal Lecter, un personaje magistralmente interpretado por Anthony Hopkins. Pero su actitud frente al enemigo es muy distinta. Hay que tener en cuenta que quizás "El silencio de los corderos" es una de esas películas que, personalmente, no dudo en calificar como redondas. No sólo por la excelente trama, sino también porque Jonnathan Demme y su equipo nos obsequiaron con imágenes absolutamente inolvidables como son todas las escenas que se ubican en el hospital psiquiátrico donde está encerrado Lecter. Además de todo esto, "El silencio de los corderos" puede presumir de recrear la peculiar relación de seducción-morbo que se establece entre sus dos protagonistas principales (y brillantemente interpretados).

El paso del tiempo y la secuela del escritor Thomas Harris, el creador literario de toda la saga, han acabado situar a Hanníbal Lecter como protagonista absoluto. Sin embargo, Clarice Starling es el personaje fundamental. Bella y vulnerable, Clarice es el alter-ego del espectador. Es a través de su miedo, pero también de su ansia por superar sus temores, como nos sentimos seducidos por un tipo como Lecter. Clarice también es fuerte y decidida pero no es una super woman. Lo es cuando se supera a sí misma utilizando su inteligencia y evitando que su atractivo físico hable por ella. De hecho, la novela de Thomas Harris dibuja a una Clarice mucho más coqueta y segura de sí misma. En cambio, el director Jonnathan Demme optó por recrear un personaje no tan pendiente de su belleza y más vulnerable. Y el resultado fue espectacular. Michelle Pfeiffer fue la primera opción para dar vida a Clarice. Sin embargo, una actriz tan inteligente como Jodie Foster, pero al mismo tiempo, tan aparentemente vulnerable (bajita, delgadita) ayudó a reflejar ese matiz especial de Clarice Starling.


La verdadera Erin Brockovich tiene poco que envidiar a Julia Roberts

Poco faltaba ya para recrear a un mujer armas tomar, fuerte, inteligente y encima sensual. Y ahí estaban el interesante director Steve Soderbergh y la mega estrella Julia Roberts para intentarlo. El motivo: llevar a la pantalla la historia real de Erin Brockovich, una mujer tres veces divorciada, sin estudios universitarios, con tres hijos y que en 1993 consiguió la mayor indemnización de Estados Unidos (que ya era decir). Erin luchó por demostrar que la compañía Pacífic Gas & Electric había contaminado las aguas de todo un pueblo con consecuencias nocivas en la población. La propia Erin en la vida real resulta una mujer bastante espectacular. Por ello, Julia Roberts no tuvo demasiadas dificultades en interpretar el papel de una mujer sexy, con mucho desparpajo y sobretodo incombustible. Si la actriz ya había protagonizado un cuento de princesas (“Pretty Woman”) esta vez protagonizaría un cuento en el que la tenacidad de de una princesa de clase media baja ayudaría a vencer a su particular monstruo. Más recientemente, Uma Thurman en las dos partes de Kill Bill también se sumó a este tipo de super women en todos los sentidos.

Muchas más han venido después.