
Ciudad: Amsterdam
Sala: Melkweg
Fecha: 23-02-2008
Canales, bicicletas, marihuana, prostitutas bajo las luces rojas ... sin duda, si alguien quiere montarse una buena fiesta en una ciudad realmente singular de Europa, Amsterdam es el lugar. Precisamente el libertinaje holandés daba más glamour todavia si cabe a uno de los primeros conciertos en Europa de los Gutter Twins, o lo que es lo mismo, la unión musical de dos viejos amigos como son Mark Lanegan y Greg Dulli. Dos tipos más que peculiares con un curriculum profesional marcado por la calidad, pero también por una trayectoria personal que se ha movido por zonas realmente oscuras. Quizás por eso se presentan como los gemelos del barrio bajo.
Mark Lanegan siempre ha sido el típico tío duro, alto y poco amigo de las conversas que uno imagina sentado en la esquina del bar, a las cuatro de la mañana, tomándose un whisky y apurando el último cigarro. Es su segundo paquete del día. Claro que su gesto serio y su voz profunda ayudan a mitificarlo como ese tipo extraño y misterioso que canta también y que vete a saber que se ha metido. Porque meter, se ha metido y su delator siempre ha sido su aspecto físcio. La suerte, claro está, no le sonrió tanto a nivel musical como a sus colegas de Seattle Kurt Cobain, Layne Stanley o Chris Cornell ya que pese a la calidad de su grupo de toda la vida, hablamos de Screaming Trees, nunca llegaron a despuntar a nivel comercial. Fueron lo que ahora se le llama un grupo de culto, un concepto que en el momento y más aun cuando te quedas sin discográfica, no te mola nada pero que con el tiempo no acaba por ser una mala etiqueta. En el caso de Lanegan, si hoy en día sigue girando y tiene cada vez más éxito es gracias a su extensa carrera en solitario (donde destaca su álbum Whisky for the Holy Ghost) y a sus colaboraciones ya que su voz de tabaco negro ha sonado en discos de Queens of the Stone Age, Isobell Campbell, Soulsavers y ahora junto su colega de barra Greg Dulli.
Un hombre como Greg Dulli que se presenta como un gentleman y al que le gusan las faldas más que a un tonto un lápiz sin duda debe ser un tipo con carisma. Como en el caso de Lanegan te lo imaginas en la barra de un bar fumando y viviendo como un cosaco. Pero al contrario que el arisco de Seattle, Dulli seguramente sería el ese tipo que se lleva a todas las nenas y que pone un buen disco de Soul para follar. Su banda Afghan Wings fue la primera banda de fuera de Seattle que fichó Sub Pop y cuando los grunges asaltaron la lista de éxitos, el bueno de Greg trató de quitarse de encima dicha etiqueta (que le pega más a Mark Lanegan) a base de cuidados vídeos, trajes caros y canciones sobre amores, desamores, sexo y alcohol, pero con el toque gentleman que siempre ha buscado este señor. Quizás, el poco éxito que los Afghan Wings lo llevó a juntarse en algún bar con Lanegan y no es de extrañar que ambos ahogaran sus penas en largas noches de excesos de todo tipo. A saber.
Lo cierto es que superando con más o menos gracia sus problemas personales, los gemelos tóxicos aparecieron la pequeña sala Melkweg (Via Láctea en holandés) con un disco muy disfrutable y de calidad bajo el brazo como es Saturnalia. "The Stations", la canción inaugural del disco fue la encargada de romper el silencio. O mejor dicho, la grave voz de Lanegan, que parece mejorar cada vez más a medida que pasa el tiempo, empezó a rugir tal y como lo hace él, aferrado perpetuamente al micrófono, con los ojos cerrados y vestido de riguroso negro. Pocos artistas consiguen tanta atención sin apenas pestañear. Greg Dulli, por supuesto elegantemente vestido, es el encargado de la parte "show" del concierto: baila, fuma sin parar, anima al público y da rienda suelta a esa vena loca suya que ha veces le da por enseñar. "God's Children" y "The Body" siguieron con el repaso al nuevo disco ( y que todavía no se ha publicado) hasta que sonó "Live With Me", un tema ya conocido y que ambos bordaron. Más si a continuación uno comprueba como Lanegan solventa con matestría un registro mucho más dulce que lo que en él suele ser habitual en "Seven Stories" y como ambos rematan con "Idle Hands", una de las mejores canciones del disco.
La recta final la marcaron temas nuevos como "Bete Noir" y la beatliana "I was in love with you" con Greg Dulli a los teclados o "Who will lead us?" o "Front Street", tiempo suficiente para ver a Greg Dulli cogiendo el micro y sentándose en un taburete al más puro estilo crooner o para comprobar que ambos se reparten el protagonismo, eso sí cada uno manteniendo su peculiar estilo.
Con el público en el bolsillo y con un concierto más eléctrico de lo que uno podría esperar, los bises fueron uno de los mejores momentos de la noche, en parte porque además de presentarnos su último disco, el dúo tambén decidió repasar algunos temas de sus respectivas carreras. "River Rise", "No Easy Action" y la cañera "Metamphetamine Blues" cayeron por parte de Lanegan, mientras que Dulli optó por tocar canciones de uno de sus proyectos musicales, los Twilight Singers. "King Only", la versión "Number 9" y "Papillion" contentaron a los fans dullinianos. Si a eso le añadimos que hacia el final de "Papillion" Mark Lanegan entonó aquello de "The hour is ending, can't you see/ There is no way now, to get free/ In the shadow of the season/ Without a reason, to carry on/ Without a reason, without a reason", o lo que es lo mismo, los primeros versos de "Shadow of the Season", una de las mejores canciones de Screaming Trees lo que obtenemos es una noche de muy buena música.
Hasta Mark Lanegan parecía contento.


El punto final de la obra rockera estuvo marcada por el guiño cariñoso y con el estilo que el grupo hizo de épocas más excitantes. Tras “The Reflecting Good”, unos de los mejores temas del grupo, Marilyn Manson volvió a sacar su púlpito de agitar las masas en “Antichrist Superstar” y se explayó con su retahíla de gestos y pantomimas políticas. El final, con la inevitable “The Beatiful People”, dejó claro que sus shows todavía son agradecidos. Llamen a la Srta. Diversión, sin más.




La calva de Billy Corgan, el alma antaño tiránica (aunque la cosa ahorano tiene pinta de ser más democrática) de Smashing Pumpkins era sin duda el plato mediático del primer dia del Primavera Sound. No en vano el grupo volvía a reunirse con la mitad de sus miembros originales (el calvo y su inseparable Jimmy Chamberlain) casi una década después de que la moda alternativo-depresiva de los noventa pasara definitivamente de moda. Así que ni camisetas de leñadores, ni pantalones roídos, ni velatorios ambulantes a Kurt Cobain, ni "IhatemyselfandIwanna die". En su lugar vestiditos de colores, Converse All Star, música eléctronica a medianoche y un público bastante variado en el amplio (y hasta acogedor) recinto del Fórum. La juventud, esa cosa que cambia.65x65.bmp)


