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El Guionista Hastiado

"¿Quién necesita a un guionista? Dadme un director competente y un par de actores inteligentes y en 8 semanas os mostraré a los 3 tipos más nerviosos que hayáis visto". Groucho Marx

Categoría: Crítica cinematográfica

25 Febrero 2008

No es país para tontos

Enhorabuena a Javier Bardem por su Óscar . Y que se vayan a la porra los fascistillas envidiosos y los botarates que acusan con el dedo alegando familiarismos y posicionamientos políticos interesados.

Este señor, sencillamente, ha demostrado con su trayectoria ser un intérprete como la copa de un pino. No importan las meteduras de pata (Goya, Amor en tiempos de Cólera...), una buena carrera se construye aprendiendo de los errores y dejando claro en cada nuevo proyecto que se está por encima de ellos. Si bien los Óscar han demostrado con creces ser unos premios no siempre ecuánimes, lo que está claro es que bastante bien tienes que hacerlo para abrirte hueco en una industria tan áspera y proteccionista como la del cine americano, sobre todo cuando no eres más que un españolito bizarro que llega a Hollywood con el único petate del talento.

Ahora nos pegaremos unos cuantos días oyendo hablar en los medios de comunicación mucho, y a veces con puntos de vista estridentes, de este premio y de este momento. Algunos se llenarán la boca de elogios, otros de resentimiento, la mayoría se colgarán medallitas sin saber muy bien por qué. A ver si entre tanta morralla a alguien se le escapa sin querer que a lo mejor el cine español no es tan mediocre, y que a todos nos gusta ver a nuestra gente sobre rojas alfombras, pero que al cine hay que apoyarlo, porque sin protección, sin ayudas, sin huecos en las salas para nuestras películas, sin el impulso de la gente que se parte los cuernos para sacar adelante proyectos imposibles, este momento nunca habría existido...


Tags: bardem, cine, oscars

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12 Febrero 2008

Embarazosidades

Dos recomendaciones: no se pierdan "Juno " y "Cuatro meses, tres semanas, dos días", dos filmes que coinciden en nuestras salas y que abordan la misma temática (el embarazo adolescente), desde dos visiones radicalmente diferentes. El primero es optimista, divertido, comercial, algo almibarado pero muy consecuente. El segundo, realísimo, duro, pesimista, para cinéfagos amantes del plano secuencia, desconcertante y capaz de revolverte las tripas.

Ambos me parecen largometrajes vivos y dignos de elogio, a pesar de que sus diferencias son radicales, su lenguaje cinematográfico absolutamente opuesto, y sus discursos totalmente encontrados. Dos buenos ejemplos de que en este oficio no sólo importa lo que cuentes, sino cómo lo cuentes, desde qué perspectiva lo hagas, qué postura adoptes, y qué visión del mundo ofrezcas (y también, de que los buenos actores son, al menos, el 50% de un buen film). Las historias son siempre las mismas; los que las hacen diferentes son aquellos que las cuentan. Vayan al cine como locos, por dios.

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27 Enero 2008

The ratings game



En 1984, mucho antes de que nos llegaran "Los Soprano" con las ínfulas guionísticas de Chris Moltisanti, el ínclito, formidable, Danny De vito dirigió "The Rating Games ", una sátira inmisericorde sobre el mundo de la televisión, en la que un mafioso de poca monta de New Jersey decide perseguir su sueño de convertirse en productor televisivo.

Aunque no sea un film que vaya a pasar a la historia del cine, en su día fue bien tratado por la crítica, y yo lo recuerdo con cariño y admiración por ser la película que dio en la diana a la hora de resumir el sueño de cualquier guionista de televisión. Y ahora explico la trama:

Vic de Salvo, como tantos profanos de la industria, cree tener la mejor idea del mundo para crear una sitcom, aunque no es más que una historia cutre, malparida y hecha a base de retazos de su propia vida deformada, que ha titulado "Sittin´ pretty". El mafioso acude al canal MBC con la idea de venderla y tiene la suerte de topar con un ejecutivo rebotado que decide grabar un piloto con la única mala intención de joder a la productora a base de bien.

El piloto de "Sittin´ Pretty" se graba con Vic como guionista, director y protagonista. Por supuesto, el resultado es una bazofia, y los directivos de la MBC se quedan ojopláticos preguntándose por qué coño han dado salida a semejante ida de pelota. Para su desgracia, el estudio tiene la obligación contractual de sacarlo al aire, aunque dejan bien claro que, en cuanto sea emitido, se desembarazarán de la serie.

Vic está dispuesto a lo que sea para evitar el previsible desastre de audiencia del piloto. Y ahí viene lo bueno: resulta que el señor protagonista ha iniciado un afortunado y romántico idilio con Francine Kester (interpretada por Rhea Perlman , la gran Carla de "Cheers" y esposa en la vida real de De Vito), una chica que trabaja en la empresa encargada de medir las audiencias televisivas.

Francine le consigue a Vic la lista de todas las familias con audímetro y éste les envía a todas y cada una de ellas unos billetes para un crucero gratis fruto de un inexistente sorteo. Los matones de Vic ocupan cada una de las casas la noche del estreno y se ponen a ver en la tele, claro, "Sittin´ pretty".

La sitcom, así, se convierte en un fulminante e inesperado éxito de audiencia. Semana a semana se repite la jugada (mientras las pobres familias audiométricas navegan perdidas por el gran océano). Al innegable éxito de audiencia se le añade, paradojicamente, un gran éxito de crítica. A pesar de ser un truño sin pies ni cabeza, la nueva serie italoamericana barre en los premios de la industria y es proclamada como la mejor producción del momento.... Y no contaré como acaba la historia, por si a alguno le apetece verla (si la encuentra).

De Vito demuestra con acierto y sentido del humor que en la industria de la tele lo único que importa es el éxito de audiencia, pero que dicho éxito está basado en un sistema intrincado, manipulable y que perfectamente puede dirigir y modificar la mirada del público. Ante la vieja pregunta "¿qué es primero, lo que demanda el público, o lo que se le da?", el cómico toma postura afirmando que no sólo es posible decirle a la audiencia lo que quiere ver, sino que además la crítica y la industria se pliegan con facilidad ante los resultados, sean cuales sean, por lo que la calidad es siempre un factor secundario, más fruto de la casualidad que de una intención sincera por hacer las cosas bien.

Para nosotros los guionistas de televisión, que vivimos al filo del share, en la cuerda floja del rating, que nos levantamos ansiosos para saber cómo respondió el público la noche anterior, creo que no puede haber mayor sueño que el de tener la llave de los audímetros, porque los números, por desgracia, y hasta el momento, son los únicos que parecen avalar nuestro trabajo.

Así pues, aprovecho esta tribuna para buscar el amor perfecto:si alguna de mis lectoras trabaja en una empresa de audiometría, que sepa que soy un chico simpático, sin taras importantes y bastante limpio. Que me deje su dirección, y empezaré a enviarle flores.


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21 Enero 2008

Los crímenes de Oxford



No me decepcionó "Los crímenes de Oxford " porque ya iba avisado de lo que había.
Álex de la Iglesia pierde rastros de su personalidad para hacer un producto más serio de lo habitual en él y también más ambicioso, al apostar por el mercado internacional, pero opino yo que el asunto se le ha quedado un poco descafeinado. (Y a partir de aquí... ojo, Spoilers).

El mayor problema del film, para mí, es su herencia literaria. No había muchas alternativas para traducir visualmente toda la morralla matemático-filosófica de la que se nutre la narración detectivesca, aparte, claro, de largos y densos diálogos que hacen que el film avance de manera pastosa, cachazuda. Especialmente plomiza la escena casi inicial en la que el protagonista llega a su nueva casa, donde nos cuenta sin piedad quién es quién en la historia, y por qué es importante. Tan exhaustivamente lo hace, que la anciana que lo escucha no puede evitar decir "veo que estás bien informado". Transmitir la información al espectador de forma visual, sencilla, concretando al máximo en los diálogos, es una de las habilidades más complejas y trabajosas que debe tener un buen guionista, y creo que en este caso han patinado bastante.

Álex mueve mucho la cámara como para compensar, pero eso no basta, incluso despista en algún momento. El largo y virtuoso plano secuencia que precede al primer asesinato, por ejemplo, demuestra una gran capacidad cinematográfica, pero no era necesario. Los travellings y contrapicados del profesor dando su clase se esfuerzan por enfatizar un discurso que, por sí mismo, no tiene mucho empaque.

La cosa se anima con algunas secuencias que narran acontecimientos históricos (la lucha en la I Guerra Mundial, un asesinato del S. XIX...) y en las que se nota que el director se suelta y se lo ha pasado bien. Pero sobre todo el film gana puntos cuando aparece Leonor Watling en pantalla, o al menos ese efecto produjo en mí. La señorita Watling está que se sale, como actriz y como persona humana, y las escenas de sexo se las lleva de calle frente a un Elijah Wood que parece que está besando a un trozo de corcho,a tenor de la pasión que exhibe.

En la mayor parte del largometraje, sin embargo, el amigo Frodo se defiende razonablemente bien ante un John Hurt algo excesivo y cantarín (la vi en VO, por supuesto) en su interpretación pelín tópica de un profesor brillante pero altanero e irrespetuoso con sus alumnos. En general, me pareció que la dirección de actores hacía más hincapié en el exceso que en la contención, en el subrayado de las características más externas de los personajes que en sus dudas internas y en el abuso de los brotes psicóticos antes que en su capacidad para escuchar a los demás.

Las disquisiciones matemáticas adolecen de un lastre que suele ser habitual cuando se tocan este tipo de temas: si quieres que el discurso sea comprensible para el público, tienes que rebajar la complejidad de los asuntos tratados, o la peña alucinará en colores. Pero si te pasas y lo haces demasiado sencillo, como creo que sucede aquí, los personajes pierden credibilidad. Hablar del principio de incertidumbre de Heisenberg (que a mí me enseñaron en 2º de BUP) como si de un gran misterio científico se tratara, provocará seguro en más de un espectador una cierta sensación de timo (se supone que los dos protagonistas son unos superdotados de agárrate y no te menees).

Algunos otros diálogos rascan más que el cutis de Sara Montiel, como ese abochornante "tan seguro como que hoy es miércoles" metido con calzador para recordar al espectador que ya ha llegado el día de la segunda cita con la chica (que había desaparecido un buen rato de la pantalla, por cierto).

No todo es malo, faltaría más. Destacan algunos toques más macabros, como la presencia del personaje del científico lobotomizado (aunque se presenta de manera muy abrupta, como si hubieran metido tajo en la sala de montaje). Me gustaron mucho algunos secundarios, como el inconfundible Dominique Pinon (que no sabía yo que este chico hablaba inglés), el Inspector Petersen (Jim Carter) o el compañero de cuarto del protagonista (a pesar de sus excesos, en su caso estaban más justificados). Me atrae el ambiente de facultad repleta de matemáticos envidiosos y al borde de la locura. Me sorprendió descubrir quién era el asesino y porqué, la solución no había entrado en mis elucubraciones, y eso siempre me gusta, especialmente cuando estás viendo una historia de investigación.

Pero en general la sensación no fue muy buena. Incluso las pocas escenas de acción resultan pobres (qué accidente mortal más poco impactante) a pesar de que De la Iglesia ha demostrado en otras ocasiones que es capaz de rodar espectáculo también, cuando se lo propone. La música es flojilla (chirriante el tema que interpreta la orquesta en el concierto al aire libre), algunos de los acertijos propuestos se resuelven pero no se explican, algunas deducciones son complicadas y no se entienden bien (¿por qué coño importa que le diera, o no, la clave en la servilleta?) y el sentimiento de culpa final del protagonista es un poco para mearse de la risa ("¡tú la obligaste, sí, tú lo hiciste...!" ).

En fin, seguiremos esperando a que Álex ruede esa gran película que todos sabemos que puede hacer. El otro día unos amigos comentaban la posibilidad de que Jorge Guerricaechevarría pueda ser para él un lastre, más que una ayuda... No tengo una respuesta, porque no sé cuál de los dos es el que la caga varias veces en cada guión que coescriben. Pero alguno tiene que ser.

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10 Enero 2008

Manhattanadas

Ike Y Mary se dan la mano.

MARY
VAya, hola, hola.

IKE
Hola, ¿Qúe tal?

MARY
Encantada de conocerte.

IKE
Yo también. Yo también.

MARY
(A Tracey) Hola

TRACEY
Hola

IKE
Estuvimos abajo, en la Galería Castelli,
viendo la exposición de fotografía.
Increíble, absolutamente increíble.

TRACEY
Sí, es muy buena.

MARY
¿De veras os gustó?

Yale Suspira

IKE
Las... las fotografías de abajo...

MARY
Sí, las de abajo.

IKE
...las de la Galería Castelli... formidables,
absolutamente formidables.
(A Mary y Yale) Hum, ¿y a vosotros?

MARY
Ah, no. Me... me parecieron
muy derivativas realmente.
Para mí son una clara imitación de
Diane Arbus, pero no tienen
su garra. Son como...

IKE
¿Ah, sí? Bueno, la verdad es que no...
no nos gustaron tanto como la...
la escultura de Plexiglass,
eso lo reconozco. Quiero decir que...

Ike mira a Mary y a Yale.

MARY
¿De veras te gustó la escultura de Plexiglass?

IKE
¿Tampoco te gusta?

MARY (suspira)
Oh, es interesante.
(entre dientes)
. No, yo, eh, yo ah, psé.

IKE
Eh... era mil veces mejor que aquel...
aquel dado de acero. ¿Has visto el dado de acero?

TRACEY
Ah, sí, aquello tan raro.

Ike ríe con nerviosismo.

MARY
A mí me pareció brillante, absolutamente brillante.

IKE
¿El dado de acero te pareció brillante?

MARY
Sí, para mí es... es muy estructural.
¿Entiendes lo que quiero decir?
Está integrado perfectamente y posee una...
una capacidad negativa, no sé, maravillosa.
El resto de lo que exhiben abajo es basura.

Ike enarca una ceja.


Inicio hoy nueva sección petardera en la que dejaré caer a cascoporro momentos guionísticos varios que, por una razón u otra, se me antojan interesantes. Haré un esfuerzo por explicar, sin grandes formalismos, no ya por qué creo que son grandes escenas (a ver quién cojones es el listo que sabe eso), sino los motivos por los que a mí me gustan tanto, algo mucho menos ambicioso y que me da libertad para decir lo que me sale de los intersticios.

He empezado segurola yendo a lo fácil con una de mis escenas favoritas del mundo mundial, del jefe Woody Allen, que no por tópico deja de ser maestro, y de su film "Manhattan ", que no por manido deja de ser obra maestra.

Una pareja visita una galería de arte. Se encuentran con otra pareja, los dos hombres son amigos y se saludan. Mary (Diane Keaton) es presentada convenientemente a Ike (Woody Allen). La lógica del momento y el lugar lleva la conversación hacia una rápida valoración de los acontecimientos artísticos que acaban de disfrutar, y resulta que Ike y Mary difieren absoluta y radicalmente en todo.

A lo largo de la segunda escena, ya fuera de la galería (que sigue a la que habéis leído arriba), la pedante pedorra y snob de Mary consige despertar la perplejidad, primero, y la ira, después, del sufrido Ike, que no puede creerse la tremenda sarta de idioteces que está oyendo, especialmente en lo que se refiere a la hilarante lista de los "sobrevalorados".

Lo mejor de todo es que Allen utiliza esta secuencia para iniciar un romance que surgirá entre estos dos personajes, y que dominará la parte central de la película. No hay nada más fácil en un film que crear una historia de amor: un chico y una chica se miran y hay un poco de música de fondo. Ya está, los códigos asumidos hacen que el espectador lo entienda todo. Pero Woody prefiere torturarse y hace que las raíces del amorío sean aquí enrevesadas, torpes, difíciles, porque así va a ser la relación, como las de la vida misma, porque muy en el fondo, y según vamos descubriendo junto con Ike a lo largo del film, lo que sienten el uno por el otro no será verdadero amor, sino una falsificación impostada, como la propia Mary.

La escena nos cuenta que Ike y Mary se han caído mal, no se soportan, no podían ser más diferentes. Pero Ike se ha quedado con ella en la cabeza (sigue hablando de ella en la escena siguiente), porque en la vida no nos atrae aquello que nos gusta, o que nos recuerda a lo que somos, sino aquello que nos provoca algo.

Véanla otra vez, que no cuesta nada y siempre divierte. Y discúlpenme la copia de formato estratosférico, pero no encontré lata mejor.


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6 Enero 2008

Nuestro Propio Cielo

Días antes de caer en las garras del navidismo y la espiritualidad de tarjeta de crédito, tuve una agradable sesión cortometrajista en la que pude disfrutar de "Nuestro propio cielo", el último cortometraje de mi amigo Roberto Pérez Toledo, un tipo que, ya lo he dicho más de una vez, va a dar mucho que hablar, porque se mete en una habitación con dos actores y una cámara y una buena idea, y va el tío y te cuenta una historia sencilla, bien rodada y que rebosa credibilidad por los bordes de la pantalla. Y encima tiene un blog fantástico. Le tenía pendiente este post.

Además en este caso Roberto rompe su barrera del sonido de la sensiblería que tanto le gusta (él es consciente de ello y lo lleva con dignidad) y se pone cañero en una conversación de pareja que se desfasa cuando una chica desnuda propone a su chico desnudo confesarse mutuamente sus fantasías eróticas más ocultas. Dos buenos y jóvenes actores bien dirigidos llenan el cuadro de matices sutiles, de comedia y de vida. Excelente sobre todo ella, Sofía Valero, que lleva el peso de la historia sin arredrarse ante la dureza de sus líneas. Alejandro Albarracín aguanta bien los embates de su compañera, con pausas bien medidas y muy divertidas.

Cuando terminó el corto (era una sesión de cuatro, de los que "Nuestro propio cielo" era, de lejos, el único que se salvaba), busco a Roberto para hablar con él y darle la enhorabuena por su trabajo, instante que siempre me recuerda al momento de acercarte a la novia para felicitarla tras la boda, y en el que se guarda una abstrusa cola de riguroso orden caótico.

Así que espero a que otros feliciten antes que yo, que nunca he sido hombre de prisas. Y entonces se le acerca a mi amigo un cuarentón enérgico, trajeado, un poco espitoso, que le habla con emoción incontenida. El diálogo que viene a continuación es caprichoso y ha pasado por el túrmix de mi memoria de anélido, pero resume el espíritu de la conversación que pude presenciar:

HOMBRE - ¡Enhorabuena, macho! ¡Me ha encantado tu corto!

ROBERTO - (Tímido como siempre) Muchas gracias.

HOMBRE - De verdad, me ha tocado, yo no entiendo nada de esto, pero me parece de lo mejor que he visto en mucho tiempo.

ROBERTO - Gracias, gracias.

HOMBRE - ¿Y estás haciendo algo ahora?

ROBERTO - Sí, ando preparando una película...

HOMBRE - Genial. De verdad que me ha encantado. Si puedo ayudarte con algo, no sé, para financiarte o así...

ROBERTO - Ah, ¿eres productor?

HOMBRE - No, no, yo soy ajeno a este mundo, pero siempre he tenido inquietudes y creo que podría ayudar.

ROBERTO - Bueno, claro, si financias, pues qué bien...

HOMBRE - Mira, toma mi tarjeta... Ay, espera, que no llevo. ¿Tienes tarjeta?

ROBERTO - No. Te apunto mi mail, si qiueres.

HOMBRE - Sí, toma, gracias.

ROBERTO apunta su mail y se lo da.

ROBERTO - Para cualquier cosa me escribes ahí.

HOMBRE - Muchas gracias. De verdad que no había visto tanta sensibilidad hace mucho tiempo. Porque tú cuentas las verdades, y eso se nota.

ROBERTO - Bueno, se hace lo que se puede...

HOMBRE - Si es que es verdad, siempre somos los tíos los malos, nos echan la culpa de todo, y son ellas las que son unas hijas de puta.

ROBERTO - Eh...

HOMBRE - Que sí, que ellas son todas unas putas cuando quieren, y me parece estupendo que alguien lo diga de una vez, coño.

ROBERTO - ...

HOMBRE - A mí me dejó mi mujer, ¿sabes? A mí y a mis hijos, para irse con otro tío, así por las buenas. Tenemos que hacer un corto de eso.

ROBERTO -Bueno...

HOMBRE - Alguien tiene que hablar de estas cosas. La hija de puta se fue con otro, ¿sabes?

No oigo más conversación. Al rato, ROBERTO y el HOMBRE se despiden. ROBERTO viene a hablar conmigo, con su sonrisa de siempre, pero un poco más forzada.

No se pierdan el corto si se lo encuentran por ahí. Espero que ustedes sí lo entiendan.


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31 Diciembre 2007

Adioses, Goyas, Cánones y Esperanzas

Se nos ha terminado el 2007. Y el Pianista nos deja. Y encima nos cierra los comentarios para que no le hagamos halagos o le mentemos a la madre, el cabrito. Pues yo le comienzo una ola bloguera, a ver si alguien me sigue. Tiene el honor de haber creado el primer blog del guionismo español. Tiene el mérito de habernos animado a unos cuantos más a seguir sus pasos. Ha tenido el talento para mantener su identidad oculta durante bastante tiempo (algo en lo que yo no puse demasiados esfuerzos). Ha tenido paciencia infinita para soportar a bastantes bobotontos blogmemeros. Y ha sido casi siempre el más preclaro y certero a la hora de hablar de temas importantes para este oficio (sueldos, sindicatos, cánones, aprendizajes, la revisión de textos, la vida diaria del guionista...).

Un aplauso cerrado, pues, para el Pianista. Seguiremos oyendo hablar de él, sea en su faceta de burdelero, sea en su personalidad pública (que para muchos de ustedes es, paradojicamente, la secreta. Chincha, ¿eh?).

En fin, 2007 se va dejándonos muchas cosas por el camino. El cine patrio no está, quizá, en sus mejores momentos, aunque las cositas malas tienen más que ver con cuestiones empresariales, económicas o políticas que con la falta de talento, que haberlo, haylo. Las nominaciones de los Goya llegaron hace poco. Para mí, se mantiene un cierto tufillo institucional: están un poco los de siempre, mucho rato. Hay algunos nominados que me sobran (mira que me gustó "Bajo las Estrellas", pero ¿Emma Suárez? ¿En ese papel precisamente?). Hay otros que me sorprenden alegremente (Jaime Rosales), otros que, sin haberlos visto, se me repiten un poco demasiado en nominancia ("13 Rosas", "Mataharis").

Y echo mucho de menos a algunos como a Koldo Serra y su magnífica "Bosque de sombras", coescrita con el guionista Jon Sagalá . Es un film de lo más honesto, que ha pasado por nuestras pantallas sin pena ni gloria por culpa de estupideces distribuitivas, pero que me parece una de las mejores películas españolas que he visto en mucho tiempo. Pero claro, si no tienes padrinos, y encima no triunfas, ¿qué mérito de mierda es el de haber hecho un buen trabajo?

Se confirma en el goyismo una tendencia lógica: muchos de los profesionales nominados (actores, guionistas, directores y técnicos), provienen de o trabajan habitualmente en televisión. La convivencia e incluso convergencia audiovisual será cada vez mayor, como siempre predigo. La televisión ya no sólo es la gran escuela de los profesionales de la industria (tampoco hay muchas otras), ya no sólo hay gente a la que no le importa trabajar en el ente catódico, además cada vez hay más profesionales que creen que la televisión puede ser digna, brillante, prometedora.

Terminamos el año con polémicas exacerbadas y tremendistas acerca de los cánones y las sgaeses. El recién acabado Pianista y el Chamberiniense resumen bien la mayoría de mis impresiones, y los debates que promueven representan la tónica general en los discursos, siempre exaltados. Para mí no se trata de "Canon sí" o "Canon no", sino de "Canon cómo". Y ahí lo dejo que no me apetece divagar cuando tan pocas ganas de escuchar hay.

En la tele nuestra ha sido un año extraño, novísimo y emocionante, especialmente la recta final. Conviven y continúan series clásicas (Hospital, Comisario, Cuéntame, Los Pacos...), la mayoría con resultados menores de aquellos a los que estaban acostumbrados, pero con mucha dignidad. Siguen triunfando "Los Serrano" y, sobre todo, "Aída". Y también sobreviven bien otros productos más jóvenes (El Internado, MIR...).

Hay mucha competencia, muchos estrenos que, al contrario que en el 2006 (donde casi todo se hundió), ahora casi todo se ha salvado (Cuestión de sexo, Ulises, Herederos, Desaparecida, LFM...). Hemos tenido honrosas y, pese a todo, dignas excepciones (RIS, QUART...), alguna decepción que todavía puede remontar (Gominolas), y booms inesperados y un poco maléficos (Matrimoniadas).


Lo mejor de todo es la sensación de que empiezan a hacerse cosas distintas
, mejorables, pero con buenas intenciones, de que las cadenas tienen un poco más de paciencia, de que se empiezan a preocupar más por las historias y no sólo por los nombres de los actores, de que nuevas productoras prometen tener mucho que decir, de que el público empieza a hacerse más exigente (aunque huye a otras formas de consumir ficción, sobre todo internet y el emuleo) y de que hay cada vez más profesionales (a todos los niveles: actores, técnicos, creativos) comprometidos con su oficio, que ya no sólo piensan en ganarse el sueldo, sino también en crear algo de lo que puedan sentirse un poquitín orgullosos, oyes.

Seguimos con problemas, claro, siempre los habrá. Pero, al menos en el asunto del guionismo, que es lo que a mí más me toca, percibo un cierto optimismo en la basca, incluso una especie de orgullo de gremio. Supongo que la convocatoria de ALMA y las charlas acerca de cómo organizarnos, y de un posible futurible sindicato de guionistas, tienen algo que ver con ello. El caso es que intuyo en muchos colegas de profesión una postura corporal diferente, menos encorvada, menos pesimista. Seguimos quejándonos de todo, por supuesto, nobleza obliga, pero al menos uno oye decir de vez en cuando "pues sí, soy guionista", con una mezcla de orgullo y autoafirmación muy prometedora.

En fin, que deseo a todos lo mejor para el año entrante, y además es que estoy seguro de que llegará (lo mejor), al menos para los que leéis este blog (porque sois todos majos y guapos, menos uno o dos). Y así lo prometo: si el 2008 no es un buen año para los sufridos guionistas, me afeito los huevos. Felices melopeas.

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28 Noviembre 2007

Escuchando a Gabriel

Hace días tuve la fortuna de ser invitado al prestreno de “Escuchando a Gabriel”, segunda película del realizador valenciano José Enrique March y del guionista Maxi Valero, buen y viejo amigo, que además de firmar el guión va y marca paquete como coautor de la banda sonora. (A partir de aquí, ojo con los Spoilers).

No vayan con falsas ideas al cine: "Escuchando a Gabriel" es un film romántico hasta las cejas, un melodrama con todas las de la ley en forma de cuento, no intenta engañar a nadie. Diré con la mayor bienquerencia, que no es el género que a mí más me entusiasma, lo que no es óbice para apreciar sus muchos aciertos y aplaudir el esfuerzo realizado por sus creadores para llevar a cabo el proyecto.

Y bien, dicho lo dicho, iré al grano:

Lo que más me gustó

- Los momentos musicales. No sé si los actores protagonistas realmente saben tocar los instrumentos (violín y piano, respectivamente) o se pusieron las pilas para aprender al menos a manejar las manos sobre cuerdas y teclas, pero cada vez que sonaba un instrumento la pantalla se llenaba de credibilidad y belleza. Me gustaron especialmente la escena sin palabras en la que Sara (Silvia Abascal) no logra encontrar la nota exacta en la partitura, el descubrimiento de la habilidad de Gabriel en la prueba del conservatorio, y el concierto final frente al auditorio: inesperado, bien medido, emocionante.

- El comienzo de la historia y la presentación de personajes. La película arranca con suavidad y fuerza, ofreciéndonos un mosaico de personajes bien engranados y definidos, cuyo interés principal recae en las relaciones, difíciles y emotivas, que se anuncian entre ellos.

- Los pequeños pero efectivos gags que jalonan el primer tercio de la historia, casi todos relacionados con el peculiar personaje protagonista. Lo mejor de todo es que dan la impresión de no estar buscados (el propio guionista me confesaba su sorpresa ante la espontánea reacción del público). Simplemente, funcionaban, en parte porque el personaje, y el actor, conseguían aportar una frescura que conectaban con el espectador.

- Antonio Dechent. Soy fan incondicional de este actor cazallero y vividor que no tiene problemas en derrochar talento en cada una de las escenas que interpreta en todos sus trabajos, sean cinematográficos y televisivos. Acostumbrados a verle siempre en papeles de canalla cabroncete, resultó interesante descubrirle un registro algo más tierno (aunque dentro aún de sus personajes malditos), en el que se le sentía cómodo durante casi todo el metraje. Y luego encima nos fuimos de copas y nos dijo a la cara las verdades a sus guionistas (a Maxi, el de la película, y a mí, el de su serie). Quizá él mismo es su mejor personaje (al menos, el más divertido).

- Ciertas imágenes bien fotografiadas y rodadas. Los créditos, (que me recordaban levemente a los de “Matar a un ruiseñor”), los muñecos de madera observando inmóviles y marcando el paso del tiempo, la manzana caída sobre la acera, los dedos ágiles sobre el piano...

- La escena en la que Sara “rompe” la barrera de Gabriel, pasando a través de la reja simbólica hasta llegar a besarle.

- El momento en el que los distintos protagonistas intuyen la llegada de la muerte, un recurso lacrimógeno, y quizá poco creíble para los tontos que no creemos en las cosas que no se ven, pero efectivo, enternecedor y original.

Lo que menos me gustó

- Con mucho, lo que menos me convenció fue la trama del mafioso de la tienda de antigüedades, que, al menos para mí, abandona la credibilidad del resto del film para aventurarse por derroteros de género mafiosil algo maniqueo. La realización, y la música, de la escena de la trampa final del personaje de Dechent me resultaron poco acertadas, y no acabó de convencerme la mecánica (necesaria, pero tramposa) del policía diciendo “ayúdanos, pero no sé si podré convencer al jefe de que nos estabas ayudando”.

- Cierta indefinición en los rasgos psicológicos del protagonista, que en ciertas escenas, como en la de su presentación, parece un autista encerrado en su cuarto, pero con rasgos de bipolar, y que luego aparece como un tipo normal, con un trabajo, con amigos, que se va de copas, a veces tímido, a veces atormentado, luego enfermo...

- El hincapié en la enfermedad final, con cierto regodeo en todo el proceso de deterioro del protagonista.

- Un cierto exceso de metraje, que creo que podría haberse evitado recortando algunas escenas y momentos.

Pero claro, gran parte de estas pegas están motivadas por mi poca querencia hacia el melodrama. Las historias de amor me enganchan, pero más cuando van acompañadas de más violencia, misterio y sexo. El guionista me reconocía entre copa y copa que habían hecho una película "para chicas", y creo que efectivamente el público femenino es el que más lo va a disfrutar (y no me vengan aquí con sexismo barato, esto no es ninguna apreciación machista).

Parece que la crítica, en general, les está tratando bien, y que la taquilla acompaña, teniendo en cuenta el número de copias con el que ha salido. No puedo dejar de alegrarme, como siempre que alguien con cojones se pone el mundo por montera y consigue solventar las millones de dificultades que hay en este país para cualquiera que quiera rodar una película. Enhorabuena.

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Sobre mí

Soy guionista. De comedia, casi siempre. A veces tengo mala leche, pero eso me hace más divertido. Me solivianta que la ficción de este país esté en manos de ejecutivos encorbatados en lugar de en las de gente que tiene ganas de contar historias y divertir.
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