¿Somos todos los guionistas unos hijos de puta?

Empiezo fuerte, ¿eh? No, no vengo a hablar hoy del prometedor libro de Mamet “Una profesión de putas” que Pianista nos prometió y que voy a poder leer al fin, merced a ese gran invento llamado “biblioteca pública”.
Lo que vengo a plantearme, vanidoso preguntón que soy, es por qué los guionistas somos tan demoledoramente cainitas entre nosotros. En los años de guionismo que me cuento, no recuerdo una conversación de colegas en la que no hayamos puesto a caldo a una docena de compañeros de profesión. Cuanto más cercanos, mejor. Cuanto más exitosos, mejor.
Entiendo que un espectador ponga a caldo sin remordimientos un producto que no le gusta y cuyo proceso creativo no comprende. Pero, ¿y nosotros? ¿Tan poco solidarios somos? Criticamos, insultamos, menospreciamos y ninguneamos a profesionales de la escritura, a sus trabajos, y si se tercia, a sus familias. Los ponemos de vuelta y media, sin piedad, sin pudor y sin aspavientos. Y sin esperar que algún día ellos tengan más consideración con nosotros. Es algo ya asumido.
Sólo salvamos a cuatro amiguetes y a un par de admirados triunfadores de cierto prestigio, a los que no dudaremos en apuñalar en cuanto tengamos un pequeño resquicio de duda de que han bajado mínimamente el listón.
Sí, ya lo sé, me diréis lo de siempre, mis amigos escurridores de bultos. “Eso pasa en todas las profesiones”. Pues me la trae floja. Yo quiero saber por qué pasa en ésta.
¿Somos todos unos hijos de puta envidiosos? ¿Realmente lo que se hace en este país es tan terrible? ¿Todos los guionistas llevamos un pequeño crítico maligno dentro? ¿Es una astuta táctica con la que pretendemos poner piedras en el camino de posibles competidores en este mercado donde, creemos, no cabemos tantos? ¿O es una defensa psicológica que utiliza nuestro córtex, esperando demostrarnos a nosotros mismos que si no triunfamos es porque somos demasiado buenos, porque en esta industria podrida sólo triunfa “lo mediocre”?...
Yo no me voy a exculpar aquí. He sido malo igual que todos y lo sigo siendo. Pero de un tiempo a esta parte intento enmendarme aunque sea una pizquita, y cuando me dispongo a destrozar una nueva serie, un nuevo largometraje, un nuevo programa, procuro dedicar siete nanosegundos a imaginar las trabas, complicaciones, jefes imbéciles, rescrituras chorras e imposiciones de subnormal con las que se habrán tenido que enfrentar esos pobres guionistas. Y un poco, me dan lástima. Y un poco, me contengo. Un poco, solo. Pero es un comienzo.



Pianista dijo
Cambia de amigos.
14 Enero 2007 | 05:57 PM