Un poco verdes

Ayer martes la sexta cumplió un año de vida. Yo la veo un poco, que ya es decir mucho. Disfruto con “Padre de Familia”, “Futurama”, "Sé lo que hicisteis la última semana" y suelo poner los informativos del mediodía porque son los primeros que empiezan. Pero poco más. Entre otras cosas (como que no me gusta el fúnbol) porque cada vez que le doy al “6” de mi mando de la TDT tengo mucho miedo de que se me aparezcan Micky Nadal, Emilio Aragón, o algún otro de los recurrentes supuestos cómicos que reutilizan y reutilizan para sus distintos platos, como si del aceite de un restaurante chino se tratase.
Cuando la verde cadena comenzó su periplo bajo ese subversivo e irónico lema de “la tele de los que les gusta la tele”, yo andaba todavía por Barcelona, trasteando con “Divinos”. Aún no existía el Guionista Hastiado, pero ya me estaba creciendo dentro. Nos encontrábamos en nuestro momento de mayor vicisitud y currele. Antena 3 (tal vez, creemos, indignada con “El Terrat” por haber entrado a formar parte del nuevo canal competidor) había exigido unos cambios estrambóticos que nos obligaban a rescribir y regrabar unos 8 capítulos, quitando unos personajes, metiendo otros, sacando a mucha gente gritona e introduciendo más tetas y más Paula Vázquez, con embudo si hacía falta.
Así que hacíamos encaje de bolillos para cambiarlo todo intentando regrabar lo menos posible (porque no había pasta) y reescribir con una nueva y desquiciante técnica de puzzle. Y lo hacíamos hacinados en un cuarto sin luz natural ubicado en el entrepiso de un edifico enorme y moderno llamado “Imagina”, con luces modernas y cafetería cara. El mismo donde se ubicó la sede de “La Sexta”. Y ahora llega lo divertido...
El canal se inauguró en nuestro imaginativo edificio. Ese día tan señalado, unos tipos grises, nos dijeron que a media mañana debíamos desalojar nuestra “oficina” porque los mandamases que iban a venir a festejarse necesitaban un sitio donde tomar el cocktail. Así, como suena. Nueve guionistas debían largarse durante un par de horas a la cafetería o a tomar el fresco, porque Montilla, Emilio, Maragall y otros cuantos prohombres iban a tomar champán entre nuestras escaletas, ordenadores y juguetitos de pensar. Por lo visto, de entre los miles de metros cuadrados del edificio, los veinte nuestros eran los únicos que podían utilizar.
Yo, que soy poco paciente y me sale enseguida el Cid que llevo dentro, hice amago de negarme numantinamente, claro, apelando a la falta de respeto por el currante y blablabla. Pero desde “El Terrat” nos solicitaron amablemente que acatáramos las órdenes y nos borráramos sin rechistar. Así que yo dije que me iba a mi puta casa y que ese día ya no volvía a trabajar, y que a tomar por culo ya. Mis compañeros dudaron pero, con la mañana ya echada a perder, y un poco hasta los cojones también, acabaron secundándome.
Al día siguiente en distintos periódicos salieron las fotos del brindis de los bosses entre nuestras queridas paredes. Adjunto foto, ahí currábamos (no la he podido encontrar mayor, qué pena). Así que digamos que el retoño recién nacido de la verde cadena dio sus primeras pataditas en mis narices. Y, sin embargo, no le acabo de tener mucho cariño. Y eso que me gustan mucho los niños.






Sitoxic dijo
Que oportunidad desperdiciada para dejar un portatil con la webcam grabando para ver de que hablan los gordos cuando creen que nadie los ve. Relámome con semejante escaramuza detectivesca :)
28 Marzo 2007 | 01:26 AM