Los crímenes de Oxford

No me decepcionó "Los crímenes de Oxford " porque ya iba avisado de lo que había. Álex de la Iglesia pierde rastros de su personalidad para hacer un producto más serio de lo habitual en él y también más ambicioso, al apostar por el mercado internacional, pero opino yo que el asunto se le ha quedado un poco descafeinado. (Y a partir de aquí... ojo, Spoilers).
El mayor problema del film, para mí, es su herencia literaria. No había muchas alternativas para traducir visualmente toda la morralla matemático-filosófica de la que se nutre la narración detectivesca, aparte, claro, de largos y densos diálogos que hacen que el film avance de manera pastosa, cachazuda. Especialmente plomiza la escena casi inicial en la que el protagonista llega a su nueva casa, donde nos cuenta sin piedad quién es quién en la historia, y por qué es importante. Tan exhaustivamente lo hace, que la anciana que lo escucha no puede evitar decir "veo que estás bien informado". Transmitir la información al espectador de forma visual, sencilla, concretando al máximo en los diálogos, es una de las habilidades más complejas y trabajosas que debe tener un buen guionista, y creo que en este caso han patinado bastante.
Álex mueve mucho la cámara como para compensar, pero eso no basta, incluso despista en algún momento. El largo y virtuoso plano secuencia que precede al primer asesinato, por ejemplo, demuestra una gran capacidad cinematográfica, pero no era necesario. Los travellings y contrapicados del profesor dando su clase se esfuerzan por enfatizar un discurso que, por sí mismo, no tiene mucho empaque.
La cosa se anima con algunas secuencias que narran acontecimientos históricos (la lucha en la I Guerra Mundial, un asesinato del S. XIX...) y en las que se nota que el director se suelta y se lo ha pasado bien. Pero sobre todo el film gana puntos cuando aparece Leonor Watling en pantalla, o al menos ese efecto produjo en mí. La señorita Watling está que se sale, como actriz y como persona humana, y las escenas de sexo se las lleva de calle frente a un Elijah Wood que parece que está besando a un trozo de corcho,a tenor de la pasión que exhibe.
En la mayor parte del largometraje, sin embargo, el amigo Frodo se defiende razonablemente bien ante un John Hurt algo excesivo y cantarín (la vi en VO, por supuesto) en su interpretación pelín tópica de un profesor brillante pero altanero e irrespetuoso con sus alumnos. En general, me pareció que la dirección de actores hacía más hincapié en el exceso que en la contención, en el subrayado de las características más externas de los personajes que en sus dudas internas y en el abuso de los brotes psicóticos antes que en su capacidad para escuchar a los demás.
Las disquisiciones matemáticas adolecen de un lastre que suele ser habitual cuando se tocan este tipo de temas: si quieres que el discurso sea comprensible para el público, tienes que rebajar la complejidad de los asuntos tratados, o la peña alucinará en colores. Pero si te pasas y lo haces demasiado sencillo, como creo que sucede aquí, los personajes pierden credibilidad. Hablar del principio de incertidumbre de Heisenberg (que a mí me enseñaron en 2º de BUP) como si de un gran misterio científico se tratara, provocará seguro en más de un espectador una cierta sensación de timo (se supone que los dos protagonistas son unos superdotados de agárrate y no te menees).
Algunos otros diálogos rascan más que el cutis de Sara Montiel, como ese abochornante "tan seguro como que hoy es miércoles" metido con calzador para recordar al espectador que ya ha llegado el día de la segunda cita con la chica (que había desaparecido un buen rato de la pantalla, por cierto).
No todo es malo, faltaría más. Destacan algunos toques más macabros, como la presencia del personaje del científico lobotomizado (aunque se presenta de manera muy abrupta, como si hubieran metido tajo en la sala de montaje). Me gustaron mucho algunos secundarios, como el inconfundible Dominique Pinon (que no sabía yo que este chico hablaba inglés), el Inspector Petersen (Jim Carter) o el compañero de cuarto del protagonista (a pesar de sus excesos, en su caso estaban más justificados). Me atrae el ambiente de facultad repleta de matemáticos envidiosos y al borde de la locura. Me sorprendió descubrir quién era el asesino y porqué, la solución no había entrado en mis elucubraciones, y eso siempre me gusta, especialmente cuando estás viendo una historia de investigación.
Pero en general la sensación no fue muy buena. Incluso las pocas escenas de acción resultan pobres (qué accidente mortal más poco impactante) a pesar de que De la Iglesia ha demostrado en otras ocasiones que es capaz de rodar espectáculo también, cuando se lo propone. La música es flojilla (chirriante el tema que interpreta la orquesta en el concierto al aire libre), algunos de los acertijos propuestos se resuelven pero no se explican, algunas deducciones son complicadas y no se entienden bien (¿por qué coño importa que le diera, o no, la clave en la servilleta?) y el sentimiento de culpa final del protagonista es un poco para mearse de la risa ("¡tú la obligaste, sí, tú lo hiciste...!" ).
En fin, seguiremos esperando a que Álex ruede esa gran película que todos sabemos que puede hacer. El otro día unos amigos comentaban la posibilidad de que Jorge Guerricaechevarría pueda ser para él un lastre, más que una ayuda... No tengo una respuesta, porque no sé cuál de los dos es el que la caga varias veces en cada guión que coescriben. Pero alguno tiene que ser.



ReBoRN dijo
Todo iba bien hasta la españolada, me refiero a la escena de Watlting enseñando tetas y frodo pollón comiendo macarrones, una escena totalmente inncesaria, una guarrada.
21 Enero 2008 | 03:39 AM