Haz lo que quieres

Mi bisabuelo fue telegrafista. Mi abuelo fue telegrafista. Mi tío fue telegrafista. Pero mi padre se hizo pintor. Se vino a la capital con quince años para preparar el examen de ingreso en la Facultad de Bellas Artes. Durante un año trabajó en una fábrica desde primera hora de la madrugada llevando la contabilidad de los salarios. Como no sabía nada de números tenía que terminar el trabajo atrasado los fines de semana. Las tardes, sin excepción, las dedicaba a dibujar y dibujar sin descanso; apuntes del natural, carboncillos, desnudos, paisajes. Aprobó el examen de ingreso, terminó una carrera sobresaliente y convirtió su sueño en su trabajo.
Mi madre se había venido a Madrid para trabajar de enfermera, escapando de un futuro en el pueblo que lo mejor que podía ofrecerle era un matrimonio con algún paisano. Mi padre y mi madre se encontraron, se enamoraron y tuvieron tres hijos guapos y listos (yo el que menos de los tres, imagínense cómo serán los otros dos).
Mi padre no ha pasado un día sin pintar desde que era un crío. Ha compaginado su carrera como pintor con su trabajo como profesor de dibujo en Artes y Oficios. Nunca ha querido plegarse a dictados de modas artísticas; siempre pintó lo que quiso y porque quiso. Como tantos otros, ha sufrido las inclemencias de una profesión difícil, donde el oportunismo, la política, el mercadeo y las habilidades sociales siempre han contado más que el talento, la técnica y la honestidad. Ha tenido disgustos, ha padecido los sinsabores de un mercado pensado por y para ricos, le ha brotado la queja más de una vez, pero nunca ha dejado de enfrentarse al lienzo ni de exponer y ha conseguido ser, en esencia, un hombre feliz. Más todavía ahora que, ya jubilado, dedica todo su tiempo a sus dos pasiones: la pintura y la familia.
Mi padre me dio un consejo una vez: "trabaja en algo que te apasione". Mi madre insistió siempre en que trabajara en algo que me permitiera vivir bien. Creo que al hacerme guionista tiré por la calle del medio. Tampoco me arrepiento. Si consigo tener una vida la mitad de buena que la que han tenido ellos, será más que suficiente.
Hoy tengo el día ñoño y familiar, lo sé. Supongo que será porque ayer jueves, al filo de las once de la noche, nació mi segundo sobrino. Nada hay en la vida que traiga más felicidad al mundo que un nuevo retoño. Ante eso, las quejas, peleas y comidillas guionísticas se pierden en la bruma de lo fatuo, de lo intrascendente.
En fin, aquí pueden ver algunos cuadros de mi héroe, por si les interesa. No importa si les gustan o no; lo que viene a recordarles este post es que, incluso en esta sociedad OTeísta veneradora del éxito rápido y fácil, la satisfacción de los logros obtenidos por el trabajo y la voluntad de mejorar todavía tienen algún valor. Cualquier creador debe sufrir y pelearse un poco con el mundo, con su arte y consigo mismo para poder recorrer su propio camino y encontrar sus talentos agazapados.
Así que recuerden, si de verdad desean ser guionistas (no porque les atraiga el glamour de la profesión, que no lo tiene, ni las mieles del éxito, que apenas las hay, sino porque les gusta contar historias...), si de verdad es lo que les pide el cuerpo, no lo duden ni un momento, serán felices. "Trabaja en algo que te apasione".



chicadeletras dijo
Vaya, me ha sorprendido que tu padre naciera en Tetuán. Sólo conozco a alguien más que lo haya hecho: el mío, que nació allí también pero cuatro años después. A ver si se conocían... Ja, ja. Podría ser, ¿no?
Tienes razón, hay que trabajar en algo que te apasione. Yo ahora estoy algo liada, porque pensaba que sólo se me daba más o menos bien escribir diálogos, pero ahora que empezado las prácticas y me están haciendo escribir notícias, crónicas, etc., ¡me lo estoy pasando tan bien...! No sé cómo terminará esto, cuando dentro de cuatro años acabe la carrera, te cuento :D
29 Febrero 2008 | 06:33 PM