Dramediando

A finales de 1995 se estrenó en España "Médico de Familia", serie por todos conocida y que supuso el nacimiento de un género televisivo propiamente español, íntimamente ligado a Globomedia y a algunos de sus creadores como Daniel Écija.
La dramedia se caracteriza, sobre todo, por la mezcla de tonos. Las series de dramedia combinan la comedia y el drama (seguro que el nombre ya os había dado alguna pista, que sois unos listos), generalmente desde una óptica costumbrista. Dramedias claras son, o han sido, "Compañeros", "Javier ya no vive solo", "Los Serrano" y "Los Hombres de Paco". Yo no soy gran fan del género, ya lo digo para que empiecen a insultar desde ahora mismo. Creo, sí, que la mejor comedia siempre conlleva una dosis importante de conflicto y drama, porque los personajes que sufren, y los conflictos potentes, son los que más posibilidades cómicas te ofrecen, al permitir llevar a tus personajes al extremo.
Sin embargo la dramedia, a mi modo de ver, no une la comedia y el drama, sino que las mezcla. Con grumos. Es decir, que no trata tanto de aprovechar un conflicto para sacar comedia de él, sino que se intercalan tramas dramáticas con tramas cómicas, de tal forma que puedes encontrarte una escena muy paródica y de mucho reír seguida de otra de mucho llorar, lo que a mí me produce cierta sensación de falta de unidad y, como espectador, me desconcierta, porque no sé exactamente "qué es lo que estoy viendo".
El ejemplo más claro de esta desorientación en la clave narrativa la tenemos en "Los hombres de Paco", serie de notables aciertos que ha sufrido temporada tras temporada los vaivenes de una indefinición de tono de partida. Empezó siendo una comedia que parodiaba las series de policías, donde las tramas profesionales estaban tratadas desde un punto de vista cómico, y las tramas personales y sentimentales condensaban cierta carga dramática pero sin excesos. Poco a poco esto fue cambiando (debido sobre todo a decisiones de la producción ejecutiva, que buscaba cómo afianzar el producto en la parrilla). Las tramas personales ganaron cuerpo, las profesionales abandonaron progresivamente la parodia y empezaron a incluir elementos de trhiller y de culebrón, con personajes infiltrados en mafias, momentos de peligro real y crecientes secuencias de chicos amenazados por asesinos o al borde de la muerte en hospitales.
Las audiencias demuestran que esta nueva dirección no ha supuesto un error, pero claro, es cuestión de gustos. A mí me entretenían más los polis patosos que los polis lloricas de ahora, que me agotan con tanta intensidad. Si bien, creo que la serie se mantiene gracias a algunos puntales como un magnífico cásting (la mayoría de sus actores defienden con valentía líneas y actitudes muy complicadas) y un planteamiento inicial muy acertado, sobre todo en lo que respecta a la tensión sexual no resuelta (al contrario de la de "La Familia Mata", que ni tiene tensión, ni es sexual, ni está irresuelta).
Uno de los principales motivos de la existencia de la dramedia tiene evidentemente que ver con la duración de las series en nuestro país.Es mucho más asequible escribir una dramedia de 70 minutos que una comedia de 70 minutos. Y, posiblemente, es una opción mucho más inteligente.
El problema -para mí- es que en este país el éxito de la dramedia (junto con el de otras muchas producciones) ha favorecido que, bajo esa pátina de costumbrismo, trascienda una comedia algo ramplona, gañana, como la llaman algunos, de bigotudos de bar y pedorretas verbales. Que no es que no tenga su razón de ser y su sitio, ojo, pero es que ha acabado por convertirse aparentemente en la única opción humorística para las cadenas. Hace mucho que pregunté qué era eso de la "comedia inteligente" y nadie supo dar con una definición precisa (acabáramos). Lo que sí es más fácil es detectar aquello que NO lo es. Y en este país, por desgracia, casi nada lo es, al menos en ficción (e incluyo la mayoría de las cosas que yo he escrito). (Y menos mal que algunos bandoleros solitarios como los de "Muchachada Nuí" nos redimen un poco, al menos en el terreno del humor surrealista).
¿Pero por qué entre los personajes de nuestras series no puede haber un Frasier, un Ross, un Seinfeld, un David Brent o un Larry David? ¿Por qué todo tienen que ser fruteros y camareros y tontos del culo y machistas y chonis y matrimonios diabólicos? ¿Qué ha pasado con las pausas en la comedia, a dónde se han ido? ¿Y los cambios (interpretativos)? ¿Dónde está la fina ironía, dónde quedaron la parodia soterrada, la sátira mordaz, y las situaciones creadas con tiempo y mimo? ¿Qué nos pasa a los españoles que sólo nos reímos de lo obvio, de lo más borrico?
No tengo respuestas, sólo deseos. Y referentes, claro. La mejor situación cómica exige tiempo para construirse, y una apuesta inequívoca por la credibilidad y la construcción de personajes complejos, afinados, interesantes. El conflicto crea la comedia, no al revés. Os dejo como ejemplo uno de los momentos que más me divierten de "Frasier". Son un par de escenas de un capítulo en el que Frasier decide grabar un anuncio en apoyo de un candidato demócrata (porque su padre ha salido en televisión apoyando al republicano). Se la puse hace unos días a mis alumnos para ayudar a explicar lo que es una buena situación. Fijaos en cómo se toman su tiempo en construir, para llegar a un momento final de complejísima (pero presentada como sencilla) comedia. Fijaos en la pausa única, brutal, de Frasier (la norma básica: más pausa cuanto mayor es la reacción). Cualquier cosa que añada yo será redundante e innecesaria: lo que tienen que hacer es ver la escena...




Sam dijo
Para mi este genero, se resume en la frase:
"La series españolas, empiezan de risa y acaban de pena"
11 Mayo 2008 | 01:42 PM