Málaga 1.937, la Carretera de la Muerte ( X )
Recuerdos del pasado (Zona internacional):
Málaga
YIlia Erenburg
En la plaza de San Pedro los fascistas encendieron una inmensa hoguera, en donde quemaban apresuradamente los cadáveres. Inmediatamente se hicieron defensores de la justa condena: nada de fusilamientos sin juicio. En tres días apresaron a ocho mil personas.
Los luchadores se habían marchado de Málaga, con ellos 40.000 mujeres y niños. Los facciosos cogían al abuelo del secretario del Sindicato de panaderos o a la sobrina de un miliciano muerto. Juzgaban hasta 300 personas por día. No había tiempo para que los escribientes anotasen los nombres de los fusilados. En la primera sesión del Tribunal, una mujer bañada en lágrimas dijo: "Yo no tengo culpa de nada; yo estaba lavando ropa."
Un viejo gritó: "¡Animales!" Los oficiales no discutieron; tenían prisa de fusilar. El presidente del tribunal decía, bostezando: "El siguiente..."
El corresponsal del "Popolo d’Italia", señor Barzini, mandó el siguiente radiograma: "El Tribunal actúa de acuerdo con todos los principios humanos. No se aniquilará más que a los incitadores y criminales."
Quizá se encontrase cuando iba a la oficina de Telégrafos a la lavandera Encarnación Jiménez que llevaban a fusilar los falangistas por "incitadora y criminal!".
Entre las rocas se acumulan los fugitivos. Iban mujeres, enfermos, viejos. Llevaban niños al brazo. Sobre los niños, muertos de terror, muertos de terror, volaban los aeroplanos alemanes. Estaban limpiando a España del pueblo español. De los hijos pueden salir marxistas y esto es molesto y peligroso.
El loco general Queipo de Llano decía por radio: "Toda la población de Málaga nos recibió con entusiasmo. Las mujeres besab an las manos a sus bravos muchachos."
¿Quién ha besado las manos a los legionarios, su excelencia? ¿Acaso los que huían bajo el fuego de los aviones alemanes? ¿O los fusilados y sus cadáveres, que han llegado a intranquilizar incluso al conde de Sevilla? ¿Quizá alguno de los 8.000 presos? ¿O la lavandera Encarnación Jiménez, que fue fusilada por vuestros bravos legionarios por haber lavado sábanas en un hospital? Yo he visto a una persona de allí; la mujer del camino. No pudo hablar. No podía entender que a sus dos niñas las habían matado en el camino de Motril. Yo he visto sus ojos y sé lo que han hecho los facciosos en Málaga.
Esto lo sabe toda España. (...) La ensangrentada Málaga roja ha sido eficaz: por fin ha despertado el país.
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