Octubre Rojo en Asturias ( II )
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Abad Romero, julián. Fusilado (Ilegalmente) el: 22/07/41 In memorian. ( 3 ) |
Todo lo anteriormente dicho viene a cuento porque resulta conveniente realizar la adecuada comparación entre lo que disfrutamos hoy día y la vida de los que nos precedieron en nuestro país y, tal vez así nos despojemos de prejuicios preconcebidos, nos situemos adecuadamente en el tiempo y sepamos comprender que aquellos que lucharon por sus derechos no eran unos sanguinarios revolucionarios sedientos de sangre y asesinando a todo aquel que se ponía ante ellos. Muy al contrario, eran padres de familia que, más que pacíficos, habían sido mansos hasta que dijeron, ¡basta ya de opresión! Y se lanzaron a una lucha contra aquello que los tenía condenados a una existencia infrahumana en la que veían con impotencia como morían sus hijos por falta de comida para alimentarlos y atención médica con la que curar sus dolencias, pasando sus oscuras vidas en habitáculos insalubres, sucios y en multitudinaria compañía formada por padres , hijos y nietos.
Fue en este contexto histórico en el que tuvieron lugar las huelgas que desembocaron en la revolución de octubre de 1.934 y que, seudo-historiadores pertenecientes a la corriente neo-franquista revisionista, están interesados en señalar como inicio de la guerra civil de 1.936 y de esta forma cargar la culpa de la misma sobre los hombros de los partidos políticos, fundamentalmente en el PSOE, y los obreros, y exculpar a los militares facciosos y a quienes colaboraron con ellos, algo completamente falso e interesado como veremos a lo largo de esta serie de comentarios sobre estos acontecimientos. Entre estos escritores comprometidos con el revisionismo histórico señalemos los siguientes:
“La guerra civil empezó en Asturias”, de Angel Palomino, publicada en Barcelona por Planeta en 1997, que será protagonista de una futura reseña de la propaganda y contra propaganda en España, pero que podrían imaginar totalmente nuestros abuelos con sólo recordar los editoriales de la prensa reaccionaria madrileña del ’35. Escritor de ficciones literarias durante casi una década al amparo de una igualmente ficticia identidad (el seudónimo Ulises), Palomino resucita todos y cada uno de los tópicos que sirvieron a los periodistas de derecha para tergiversar a una Revolución que (descontada la presencia infeliz de excesos que son omnipresentes en los conflictos armados) no tenía un periódico desde el que expresarse.
Otro autores han sido los que han disertado sobre Octubre de 1934 y sus consecuencias: así Joaquín Arrarás, Juan A.Sánchez García-Saúco, Ricardo de la Cierva y Pío Moa, responsabilizando al PSOE del intento revolucionario.
Otros autores, como el también norteamericano Stanley G. Payne, señala que los llamados republicanos, encarnados no ya en el Partido Republicano Radical de Alejandro Lerroux, sino en la coalición Izquierda Republicana de Manuel Azaña, habrían sido responsables de la desaparición de la II República española por haber colaborado sin apenas reservas con las facciones más extremistas, numerosas y revolucionarias de la época, representadas en el PSOE, permitiéndoles todo tipo de desmanes a pesar de su colaboración probada en la revolución de octubre.
Todos ellos parecen olvidar las condiciones socioeconómicas que se daban en el país y que se venían dando desde lustros hasta que la concienciación política se extendió entre los mineros y se levantaros en frecuentes huelgas en pos de obtener mejoras salariales y laborales, lo que dio a este colectivo un claro protagonismo en la lucha obrera, algo que no se circunscribiría al año 34 sino que venía de lejos e, incluso, se prolongó posteriormente, como veremos a continuación.
Comparemos ahora lo que percibía un minero en su jorrnada de trabajo realizada en condiciones durísimas en un ambiente saturado de polvo de carbón que le condenaba indefectiblemente a la silicosis al cabo de unos pocos años, al riesgo permanente del grisú o al accidente por desprendimiento de un costero, con lo que cobraban los guardias civiles destacados en el África española:
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Marta dijo
Pepe, te puedo asegurar que los escritores de libros pseudohistóricos, (me niego a llamar historiadores a personas que escriben una historia hecha a medida de un interés politico) no son ni siquiera tenidos en cuenta, mas allá de sus circulos endogámicos. Nadie de minimo prestigio considera los libros de De la Cierva o de Pio Moa como algo más allá de novela histórica.
La guerra civil, le pese a quien le pese empezó el 18 de Julio de 1936, cuando Franco dio un golpe de estado, siguiendo las pautas ideológicas del nacional socialismo (más fascista que nazi) que adaptó a la ideología de la falange para tener un apoyo ideológico claro ya hacia el 37-38. Esta es la historia objetiva, el resto tiene el mismo valor que el Código Da Vinci como libro de texto.
Un abrazo, Pepe, me quedo con las ganas de conocer esa comparativa de salarios
25 Abril 2007 | 06:20