PALABRAS MÁS, PALABRAS MENOS
No pueden prohibir las leyes
sea libre el pensamiento,
ni sus severos jueces
castigar sus sentimientos.
Hay que juzgarse primero
antes de dictar sentencia,
y no ser el justiciero
ante la propia clemencia.
Y pensar que el que escribe
no escribe para uno solo,
es para todo el que vive
y lo debe decir todo.
Porque el pensamiento es libre
y nadie lo puede frenar
y a veces es preferible
hablar en vez de callar.
A.Barrios
