Antonio Machado, paisajes del alma
Acompañemos al escritor Ian Gibson, biógrafo de Antonio Machado, por los paisajes sorianos que inspiraron algunos de los más bellos versos del poeta andaluz. El interés y el amor de Machado por el paisaje y por el árbol especialmente, deriva de su educación en la Institución Libre de Enseñanza, donde se introduce en la literatura del sentimiento del paisaje.
El hispanista Ian Gibson, autor también de una monumental biografía de Federico García Lorca, destaca que el descubrimiento del paisaje soriano constituye un gran cambio de rumbo en la personalidad y obra de Machado.
El poeta fue a Soria para ocupar una cátedra de francés en el instituto de la ciudad. Era entonces un intelectual treintañero y soltero, encuadrado en los movimientos regeneracionistas de España, tras la pérdida, en 1898, de las últimas colonias del Imperio español.

Los especialistas destacan que la visión del paisaje de Soria, por parte de Machado, evoluciona al ritmo del devenir vital del poeta durante su estancia en la ciudad castellana y su posterior traslado a Baeza.
A su llegada a tierras castellanas, Machado encuentra una región deprimida y empobrecida. Sus poemas, entonces, sólo perciben elementos paisajísticos rudos. Al mismo tiempo, el joven catedrático publica artículos en la prensa soriana en los que expresa su sensibilidad medioambiental, influencia directa de su paso por la Institución Libre de Enseñanza. Alguno de estos artículos creó polémica en Soria, porque Machado censuraba las quemas masivas de pinares que se producían en aquella época en la región, con el fin de crear pastos para el ganado.

Machado llegó a escribir: “Patriotismo no es estar dispuesto a morir por la patria. Patriotismo es coger el pico y la azada y plantar árboles”.
Pero las cosas cambiarían a los pocos meses, cuando el poeta –según sus propias palabras- percibió la llegada del amor por primera vez en su vida. Se enamoró y posteriormente se casó con Leonor Izquierdo, una soriana veinte años más joven que él. A partir de este momento, su visión del paisaje se dulcifica. Sin embargo, tiempo después, cuando la joven esposa del poeta fallece a causa de tuberculosis, la percepción machadiana del paisaje soriano entra de lleno en la nostalgia y la melancolía.
En palabras de Gibson, son precisamente los poemas en que Machado –ya trasladado al instituto de Baeza- expresa su añoranza de la ciudad castellana los que han convertido a Soria en un lugar literario universal.







REVUYON dijo
Muy bonito el recuerdo de este poeta, amante de la naturaleza, los árboles y el paisaje.
Cierto es, que es uno de los pocos poetas que plasmaban los sentimientos más poéticos como el enamorarse, con el creciemieto de un árbol.
....Sí, buen árbol; ya he visto como truecas
el fango en flor, y sé lo que me dices;
ya sé que con tus propias hojas secas
se han nutrido de nuevo tus raíces.
Y así también un día,
este amor que murió calladamente,
renacerá de mi melancolía
en otro amor, igual y diferente.
No; tu augurio risueño,
tu instinto vegetal no se equivoca:
Soñaré en otra almohada el mismo sueño,
y daré el mismo beso en otra boca.
Y, en cordial semejanza,
buen árbol, quizá pronto te recuerde,
cuando brote en mi vida una esperanza
que se parezca un poco a tu hoja verde…
ANTONIO MACHADO
13 Noviembre 2007 | 02:20 PM