M-Clan: honestidad sonora
Pocos grupos nacionales saben manejar un nivel de profesionalidad, honestidad y calidad que convivan con enormes volúmenes de ventas. Uno de ellos es M-Clan.
Algo que no pasa, ni el cine ni con la música, es que se puedan traer géneros puramente americanos y se consigan manufacturar a la española con la aprobación del público. La diferencia es que, hablando de ventas, el cine "made in USA" se merienda el mercado español, pero en cambio, la música española puede con el mercado yanki (o por lo menos se lo pone muy dificil), sin necesidad de influenciarse por ellos. Si hablamos de formar un grupo nacional, con sonido de rock americano (sureño), y conseguímos un éxito duradero en ventas, estemos frente a un Poltergeist.
Lo fácil para M-Clan hubiera sido: a) Seguir con una propuesta cerrada de miras y no triunfar. b) Venderse al pop facilón una vez triunfaron. No han tomado ninguno de los dos caminos. Supieron hacer accesible su sonido para el gran público y después seguir siendo fieles a lo que les gusta hacer, a pesar de la presión discográfica.
Y es que, si miramos atrás, llevan una buena colección de discos notables a sus espaldas. Y la cosa no decae.
- Un buen momento (1995) y Coliseum (1997). Los inicios, la propuesta. Demostraban su ambición musical elevada al máximo exponente.
- Usar y tirar (1999): la consagración. El remake de "Llamando a la Tierra" es sólo la portada de un libro muy bueno.
- Sin enchufe (2001): la asimilación del éxito y la tentación de la industria. Sonido más ligero gracias a las acústicas y el bombazo "Carolina".
- Defectos personales (2002): la lucha por imponer su personalidad de nuevo. Se nota que el grupo quiere hablar, pero se les tapa la boca por momentos. Quizá su disco más flojo, aunque tiene un buen puñado de éxitos.
- Sopa Fría (2004): Estos sí que son ellos. Su sonido perfeccionado como nunca. Comercialidad (bien entendida) y honestidad (ellos lo disfrutan), combinadas con gran gusto.
- Memorias de un espantapájaros (2008): La madurez. Un disco triste, pero asombrosamente profundo, sincero y empatizador. Consiguen estar por encima de la industria.
Y para despedir, un breve directo, en el que demuestran su espontaneidad y cómo se sirven de la industria (40TV), aunque se rían de ella a la cara (atentos a la puñalada a Tony Aguilar).


