Indiana Jones y el reino del hacer por hacer
No tenga nada en contra de la recuperación de sagas con actores ya maduros ("Rocky Balboa" no es una película nada mala, "La Jungla 4.0" es bastante decente y no decepciona...), pero algo extraño ha ocurrido con Harrison y la 4ª entrega del arqueólogo más famoso del cine, y no son las arrugas del protagonista.
Por un lado, contamos con la barrera del recuerdo de un cine ochentero muy mitificado, y pedirle lo mismo a un cine contemporáneo tras 19 años de revoluciones en el celuloide es quizá pedir demasiado. Pero esto tampoco parecía ser un problema a la hora de recuperar a Indy. Había leído entrevistas a Spielberg, en las que el director afirmaba que había respetado el ritmo de montaje clásico (sin subirse al carro de 200 km/h a ritmo videoclipero), la fotografía original, y, en resumen, que cada plano de la película lo había rodado pensando en los fans. Pero, ¿pensaba en él mismo como director al rodar algún plano?
Por otro lado, se temía a George Lucas: El director que se convirtió en empresario. Lucas fue un verdadero genio componiendo su primer Star Wars, pero se ha pasado unos pueblos dejando la dirección de lado (la nueva trilogía galáctica como si no cuenta) para usar sus ingredientes "estrella" en busca del éxito económico. Si Indy 4 tardaba tantos años en nacer no era por culpa de Spielberg, ni por la de Harrison Ford; era por la de George Lucas y su oposición a las historias que se barajaban. Finalmente, "El reino de la calavera de cristal" fue el denominador común que agradó a todos. ¿O no?
Tras ver la película queda una extraña sensación de que los creadores ya no creen en su producto. O por lo menos no como antes. Sobre todo, por parte de Spielberg. Su última cinematografía destila una madurez propia de la edad del director. Los primeros Indiana Jones eran producto de sus inquietudes, todavía, de juventud. Ahora combina blockbusters con dramas, pero ya no son cintas básicas y para todos los públicos ("Minority Report", "La guerra de los mundos", "Munich"...). Y eso se ha notado en Indy 4: Spielberg ha trabajado, le pese a quien le pese, como mercenario. Es duro decirlo, pero es cierto. Spielberg dificilmente puede haber creído en esta película obviando sus honorarios multimillonarios.
¿En qué se nota todo eso?
En la magia. Mejor dicho, en la ausencia de ella. La anterior trilogía de Indiana no eran películas de arte y ensayo. Eran monstruos de taquilla comerciales y para todos los públicos. Cometían excesos visuales y de guión, pero todo sucedía en unos márgenes que cedían la balanza hacia lo gratificante. Con Indy 4 esos valores han caído en lo decepcionante.
No se esperaba una película más trascendente que las anteriores, pero sí estar a las alturas de las circunstancias. Nos han bombardeado con el márketing de un producto carísimo. Podemos y debemos exigir que nos recompensen con lo que nos hacen esperar y soñar.
El problema no es el paso de los años en la franquicia, ni en las caras de su reparto, es el cambio de mentalidades en sus creadores, y el aparentar que todo sigue igual. George Lucas, muy en su onda, exige un espectáculo disparatado y cercano al videojuego, Harrison hace lo que buenamente puede con sus líneas de guión, y Spielberg cumple y se ingresa un buen cheque.
¿Es que le falta algo a la película?
Para nada. Está todo: Indiana en las aulas como profesor, acertijos en las tumbas, mapas incompletos, viajes a rincones exóticos del mundo, humor, escenas de acción... Pero ninguno sorprende, gratifica o sacia las expectativas que teníamos. Otros momentos, llegan incluso a ser una copia grotesca de lo que deberían, cayendo en el absurdo (vease la persecucción de jeeps por la selva, de principio a fin, o la "sutil" escena del peligro nuclear en los 50), personajes que de tan "para todos los públicos" se convierten en dibujos animados (incluyendo al propio Indiana, que por momentos -media película- ni siente ni padece, sólo reparte puñetazos a todo lo que se mueve).
Sin entrar en detalles argumentales, mi sensación es de oportunidad desaprovechada. Como analogía puede servir pensar en una receta de cocina: Han comprado todos los ingredientes necesarios y carísimos para hacer la tarta. La gente lleva 19 años sin comer tarta y hacen la boca agua con sólo saber que volverán a degustarla. Pero a los cocineros ya no les gustan las tartas, así que la cocinan de forma apresurada, pero intentando ser complacientes con los clientes.
Por fin tenemos tarta, pero no es como las de antes.






Jon Mikel dijo
Se me acaba de ocurrir, pero, por poner un ejemplo, Stargate me parece infínitamente más interesante y mejor aprovechada en el uso de la mitología-fantasía que esta película. Y lo digo frikezas aparte y a sabiendas de que es TV vs Cine. Y todo eso sin renunciar a la autoparodia.
23 Mayo 2008 | 01:52 PM