Sadō (y no, no es lo que estáis pensando algunos de mente enferma) es la palabra japonesa para la ceremonia del té. A mí, como muchos ya sabéis, el té me apasiona, me encanta. En España bebía muchísimo té (especialmente verde) aunque cometía el sacrilegio de tomarlo con azúcar, algo que, por supuesto, ahora no hago. Pero es que además me llamaba la atención todo lo que rodeaba el mundo del té en Japón, donde tradicionalmente beber té se convierte en todo un ritual que tiene relación con la arquitectura, la jardinería, la ropa, la cerámica, la caligrafía e incluso la cerámica. Servir una taza de té forma parte de un complejo ritual que los japoneses han desarrollado durante siglos. Y esto es el sadō, literalmente "camino del té". Como digo involucra muchas otras artes. Por ejemplo, el bol (茶わん chawan) donde se bebe el té, es una verdadera obra de arte de cerámica (aunque a la vista parece algo pobre, pero ahí radica su belleza, en su sencillez, en sus sombras, en su irregularidad única) y a veces alguno llega a valer millones. La habitación donde se celebra la ceremonia tiene un espacio, llamado tokonoma, donde se coloca una caligrafía y un arreglo floral. El maestro de té deberá elegirlos cuidadosamente según los invitados y la época del año.
A mí todo esto que he explicado más arriba me atraía muchísimo y cuando ya sabía que me venía a vivir a Japón, decidí que era algo que quería aprender. Sin embargo, ya llevaba en Tokyo 1 año y 9 meses y aún no había cumplido este sueño ¿por qué? Primero porque, aunque hay muchísimos lugares donde estudiar, yo no sabía dónde buscar. Clases de artes marciales o incluso de caligrafía son muy populares y hay información también en inglés pero de esto, no encontraba nada, al menos nada en un idioma comprensible para mí (el japonés escrito es aún muy difícil). Y segundo, es que las clases son para japoneses y por tanto, todo en japonés, lo que me imponía cierto respeto.
Sin embargo, hace unos dos meses una estudiante me habló de un centro cultural donde se ofrecen todo tipo de clases (y cuando digo todo tipo es todo tipo, hay todos los cursos, clases y enseñanzas que podamos imaginar) y también había diferentes cursos de ceremonia del té.
En el sadō hay muchas escuelas o tipos diferentes. Las dos más conocidas son Omote Senke (senke significa 'escuela') y Ura Senke. Sin embargo, yo sólo podía asistir a clases los domingos y ese día, el estilo que se aprende se llama Edo Senke, menos conocido pero muy interesante, creo, porque es propio de Tokio.
Fui a preguntar por las clases con una amiga japonesa que me ayudó a enterarme un poquillo de las condiciones y demás. Yo tenía miedo de que hubiera algún problema por el hecho de ser extranjera pero a ellos más les preocupaba por mí que por ellos. Así que me ofrecieron ir a la primera clase sólo como oyente, a lo que ellos llaman una 見学 kengaku ('sólo mirar'). Y a esta fue a la clase a la que fui el domingo por primera vez.
¿Y qué tal? Me encantó, no me defraudó nada aunque no entendí bastantes cosillas (por el idioma) y me di cuenta de lo difícil qué es. Ahora entiendo a algunos estudiantes míos que decían que llevaban aprendiendo sadō más de 20 años y aún no lo dominaban. Cada movimiento, cada gesto, cada paso, cada colocación de un objeto, está absolutamente estudiado y controlado. El primer día éramos tres chicas nuevas y ya en la clase había más chicas (y algún chico) que ya llevan más tiempo estudiando y que enseñan las cosas básicas junto a las profesoras. La clase es en una habitación típica japonesa. Como llegué bastante pronto (la primera) pude hacer una foto furtivamente (porque no creo que esté bien hacerla) de esa clase:
Es un aula que parece formada por dos. puesto que es bastante grande y tiene dos tokonoma. En la parte izquierda (no se ve) hay un gran ventanal desde el que hay vistas de Shinjuku (es el cuarto piso, aunque el edificio tiene como 50, je, je). Al fondo veis a una de las profesoras haciendo preparativos.
Este primer día empezamos recibiendo un tazón de matcha de la profesora con su correspondiente dulce. Después estuvimos practicando algunas cosas, sobre todo como manejar uno de los pañuelos (luego os pongo foto y os explico más) que no es nada fácil. Hay que saber como doblarlo y todo tiene un proceso. También como limpiar el bol, como guardarlo en el obi, etc. También aprendimos un poquito cómo entrar en el salón de té, qué pasos dar y cómo sentarse y levantarse. Creo que sabéis que durante la ceremonia del té siempre hay que estar sentado en 正座 seiza que es con las rodillas dobladas y el culo sobre los talones, apoyando el cuerpo, por tanto, en los gemelos. Muchos japoneses ahora no aguantan mucho tiempo pero a mí no me cuesta mucho trabajo, la verdad. Puedo estar mucho tiempo así sentada. Esto de los pasitos y caminar es también bastante difícil, porque cambia el pie con el que se sale, por ejemplo, según donde esté la pared o dónde se sitúen los invitados.
Aunque, como digo, la clase para mí era sólo para mirar, la verdad es que pude practicar bastante y me di cuenta de lo torpe que soy. Después de las dos horas, salí encantada y extasiada. La verdad es que me pareció precioso y aún tengo más ganas de aprender pero sé que no será fácil y tendré que practicar mucho. Así que decidí matricularme. Las clases creo que no son nada caras. Son dos domingos al mes (el segundo y el cuarto) durante dos horas. Tres meses de clases, es decir 6 días (12 horas) cuesta 15750 yenes. A eso le tengo que sumar 5250 de matrícula o inscripción (por ser la primera vez que entro en este centro cultural) y 3780 de gastos de clase. En total 24 780 yenes. Si hacemos una división (entre 12 horas de clase), pagando todo ese dinero, me sale la hora a 2065 yenes, unos 12 euros.
Sin embargo, aún tuve que pagar más dinero para comprar los utensilios que se necesitan para seguir las clases. Aquí veis el conjunto:
Y ahora voy a intentar explicar un poquito, qué es cada cosa:
1) Chafukusa. Es el pañuelo con el que estuve practicando. Tiene dos caras porque es importante la diferencia y sirve de referencia para dobleces y demás. Fue lo más caro de todo. No es muy grande (unos 20 cms. calculo) y cuesta 5600 yenes (un poco más de 30 euros):
2) Kofukusa. Es otro pañuelo y la verdad es que aún no sé para qué sirve. Os iré informando.
3) Kaesi (los papeles) y Youji. Esos papelitos es lo único que no me compré porque ya tenía. Sirven para colocar los dulces encima, como una especie de servilletas. El utensilio de metal, aún ni idea
4) Sensu o abanico. Se ve en la primera foto que os he puesto de conjunto. Este abanico se pone (cerrado) en horizontal delante de las piernas para marcar la separación entre el estudiante y el maestro.
La verdad es que estoy muy muy contenta de poder, al fin, aprender ceremonia del té. Y como además es todo en japonés pues, de paso, espero poder mejorar un poco mi comprensión oral del japonés porque ya el otro día hubo alguna situación divertida. Menos mal que se aprender mirando e imitando. Espero seguir contándoos como progreso. La próxima clase será el 27 de abril. Este tipo de cosas y aprendizaje son las que me llenan y me hacen salir sonriendo y un poquito más feliz.
Y cuando aprenda un poquillo, quedáis todos invitados a una mini ceremonia de té.
En Japón hay numerosas festividades tradicionales muy interesantes para los extranjeros que no conocemos esta cultura. Una de ellas se celebra el 3 de marzo (hace poco, por tanto). Se trata de un día en honor de las niñas en las que se pide para que crezcan sanas y tengan una vida plena y feliz.
En conmemoración de esta fiesta, las familias que tienen niñas ponen un adorno en la casa desde varios días antes. Este adorno es una especie de tablero con varios pisos (oscila desde uno solo hasta siete) que representan varios personajes de la corte Heian. La parte más importante es el escalón o piso superior donde se coloca al emperador y la emperatriz (o príncipe y princesa según otras traducciones). Muchas veces, sólo se pone esa parte. De hecho, se puede comprar sólo esta pareja hasta por 100 yenes sólo como hice yo el año pasado. Algunas figuras completas, por el contrario, son realmente caras.
En el cuarto piso se sitúan tres damas de honor de la princesa. En el tercer piso hay dos figuras políticas de la época: el ministro de la derecha y el ministro de la izquierda. En el segundo hay cinco músicos. Y en el primero se colocan diferentes muebles y ajuar de la princesa.
La tradición dice que este adorno debe ser retirado (y ocultado) de la casa el 3 de marzo, no puede continuar más días, pues si lo mantenemos más días, la hija (o hijas) tardarán mucho más tiempo en casarse.
Normalmente este adorno pasa de generación en generación por vía materna. A veces, la abuela materna compra uno nuevo y lo regala a su nieta recién nacida.
En muchos centros comerciales, los días anteriores podemos ver los escaparates con esta decoración:
Incluso en la oficina de Correos (primera foto) a donde fui a votar, o en las estaciones colocan estos adornos:
Una de mis estudiantes, además la suegra de mi amigo y antiguo compañero de la academia, Carlos, me regaló un adorno con el príncipe y la princesa hecho de papel, realmente precioso. Me encantó. ¡Muchas gracias Kayoko! Es una señora encantadora:
Y unas fotos del adorno de su propia casa, realmente precioso (con unos dulces en la mitad, también típicos de este día):
Además este día hay numerosos dulces típicos muchos de ellos de color rosa (¿¿??), como pequeñas bolitas de arroz, parecidas al arroz inflado que comemos en España pero de sabor dulce. Ese mismo día 3 de marzo, al salir de mi academia de japonés, vi un puesto de tartas y dulces que habían colocado para este día:
Pese a que llevo por aquí ya un año y siete meses, aún no había visitado la zona de Shinagawa así que ayer me pasé por allí. Y me sorprendió gratamente porque últimamente Japón ya no me produce las sensaciones del principio, supongo que estoy ya bastante acostumbrada.
En el área de Shinagawa se sitúa la antigua carretera de Tokaido (ahora sólo una calle) que unía Edo (nombre antiguo de Tokyo) con Kyoto. Se puede pasear por aquí entre las estaciones de Aomono Yokocho y Kitashinagawa de la línea Keihin-Kyuko. Se conserva toda la zona llamada Shinagawa-syuku que aunque no deja de ser una calle normal, mantiene el ancho de la época Edo, está salpicada de templos y tiene muchas tiendas de sabor antiguo. Además todo el recorrido está jalonado de lámparas de metal pero que imitan las clásicas de los templos (foto en el lateral). Además a cada lado hay callecitas muy estrechas que nos sugieren el Japón más clásico y antiguo.
Yo he empezado a caminar desde Aomono Yokocho pero si empezáis en Kita Shinagawa hay un cartel informativo con todos los puntos de interés (templos, tiendas antiguas, estatuas) que se pueden visitar y al verlo me di cuenta de que me había perdido algunas cosas.
Al poco de empezar a caminar me encontré con el templo Yogan-ji:
Y hacia la mitad de la ruta de Tokaido hay un templo increíblemente bonito llamado Ebara (Ebarajinja) precedido además de un encantador puente rojo (ya que esta zona está muy cerca del mar y desembocan varios ríos):
Además desde ese puente se podía divisar a lo lejos los edificios futuristas y la noria de la bahía de Tokyo lo que producía un interesante contraste.
En este templo había florecido ya el cerezo. Yo en un principio pensé que eran ciruelos (dada la época) pero pregunté a una pareja y me dijeron que se trataba de cerezos tempranos. Estaban realmente preciosos:
Un detalle de las flores de cerezo:
Y una toma desde el interior del templo con el torii, los cerezos y el puente rojo:
Toda la calle no es tan espectacular pro si refleja bastante una típica calle tradicional japonesa con sus tiendas de comida, de utensilios de cocina y diferentes puestos de comida con sus correspondientes banderolas en la puerta:
Lo increíblemente sorprendente es que la calle acaba y nos encontramos de repente y sin apenas transición en la modernísima zona de Shinagawa. Tras cruzar las vías del tren, uno se topa con escenas como ésta:
Comí por esa zona pero por una callejuela escondida donde entré en un pequeño restaurante encantador de sólo cuatro mesas regentado por tres mujeres. La mayor de ellas era de Taipei, lo supe porque era muy habladora y se lo estaba comentando a otras clientas. Luego a mí me preguntó que si trabajaba por la zona. Era un menú único de 850 yenes que incluía gioza, ramen, arroz y ensalada. Para beber un té de jazmín (se puede tomar todo el que se quiera) delicioso. Pedí el tamaño normal pero luego leí (¡es que entendí todo el cartel!) que el grande costaba lo mismo:
No muy lejos de allí esta el final de un río donde hay un pequeño muelle con barcos que sirven de vivienda a algunas personas. De nuevo el contraste con los modernos edificios de Shinagawa:
Bordeando el río llegué al otro punto que quería visitar la "isla Tennozu", una zona realmente agradable rodeada de agua (desembocadura del río y canales) y con modernos edificios y puentes. Se puede circundar la "isla" por un agradable paseo de barandas. Es realmente relajante estar tan cerca del mar, en este río con patos, gaviotas, barcos y botes y todo rodeado de modernos rascacielos:
En el paseo hay bancos para sentarse y también algunas esculturas interesantes:
El final del paseo lleva casi a la zona de la bahía de Tokyo (se ve un poco a lo lejos el Rainwob Bridge). En la segunda foto se ve pasar un shinkansen:
En esta zona había un agradable centro comercial llamado “River Terrace” donde me tomé un té verde y estudié un poco. Muy interesante.
Y desde aquí tomé una última foto de otro río con su puente y volví hacia casa:
Para volver fui a la estación de "Tennozu Airu" en lo que yo pensaba que era la línea Rinkai par ir hasta Osaki y allí coger la Yamanote (la circular) para llegar hasta Shinjuku, pero resulta que por allí algunos trenes se convierten en una línea de JR y conectan directamente con Shinjuku así que me ahorré un trasbordo, je, je.
En resumen, una zona de Tokyo llena de contrastes como tantas otras y que nos hace recuperar un poco la sensación de ciudad marítima que desde muchos otros lugares de esta inmensa urbe es inexistente.
Los que me seguís asiduamente tal vez recordáis que uno de mis lugares favoritos de Japón es Kamakura, una ciudad marítima pequeña llena de templos y montañas. Y lo bueno es que está a sólo una hora de mi casa. Por eso, ya que el otoño es tan absolutamente maravilloso en Japón, decidí visitar de nuevo esta zona para poder ver los templos rodeados de hojas rojas. Los que queráis ver más imágenes y explicaciones detalladas de Kamakura (ahora no las voy a dar tanto) podéis ver Kamakura primera parte, Kamakura segunda parte, Kamakura tercera parte y Kamakura en primavera con mis padres.
Esta vez decidí visitar algunos templos más alejados de la zona más turística y cogí un autobús hacia la parte este. El primer templo que vi se llamaba Komyoji y fue construido en 1243 y pertenecía a la secta budista de la tierra pura. Pese a ser domingo, al ser un templo poco famoso, no había mucha gente:
Lo malo es que el otoño no había llegado a su plenitud en Kamakura pero aún así se puede ver un poco la gradación de colores en las montañas (al fondo) y en el jardín del templo:
Normalmente estos templos budistas no se pueden visitar por dentro, pero debía de haber habido alguna celebración y estaba abierto, por lo que hice varias tomas del interior:
Después visité otro templo, Kuhonji (construido en 1336), muy pequeño y tranquilo:
Ese día era estupendo y hacía un tiempo buenísimo por lo que después de perderme un rato por algunas calles buscando otros templos que no me encontré, llegué hasta la zona de la playa. Después de varios meses, pude de nuevo disfrutar del mar y además junto a un precioso paisaje de montaña:
Y logré hacerme una foto a mí misma con el mar de fondo:
Realicé un paseo muy agradable junto al mar que estaba muy animado, lleno de gente y con numerosos surfistas.
Después llegué a otro templo (cerca de mi amado Hasedera) cuyo nombre no logré averiguar:
Lo que más me gustó dentro del templo, fue la fuente que tenían para purificarse:
Este templo está en lo alto de una colina, por lo que ofrece impresionantes vistas de la montaña (que ya empezaba a teñirse de los característicos colores del otoño) y de la playa:
Y desde aquí me dirigí a la joya de Kamakura, el Buda gigante (más conocido como Daibutsu) que ya había visitado en verano (con la vegetación en pleno verdor) y en primavera (con los cerezos como telón de fondo). Yo esperaba encontrarme el Daibutsu rodeado de árboles de hojas rojas, pero sólo había un momiji (el arce, el árbol otoñal más famoso de Japón) junto al que todos nos hacíamos fotos. Le pedí a una parejita que me hiciera una foto en la que se me ve con el momiji detrás y al fondo el gran Buda de Kamakura:
Y para ver bien las tonalidades rojas, un detalle de la hoja de momiji:
Y os he preparado un pequeño montaje con imágenes del Buda en otoño (primera foto, la más reciente y con el Buda más de lejos), en primavera (la segunda, con el cerezo) y en verano (la foto de debajo):
Y una última imagen del Daibutsu desde detrás y con árboles otoñales al fondo:
El pasado viernes 23 de noviembre era fiesta nacional en Japón por lo que no tenía que trabajar y aproveché para descansar pero también para asistir a un matsuri (festival japonés religioso-festivo), uno de los más importantes de la región de Kanto (región a la que pertenece Tokyo). A él me invitaron dos alumnas mías que son encantadoras.
En lo que consiste realmente es en un mercado llamado Torinoichi (酉の市) que se instala en un templo shintoísta denominado Hanazono (situado en Shinjuku). En este mercado al aire libre hay muchísimos puestos donde se venden unos objetos hechos de bambú y diversas figuras que dicen que dan buena suerte. Algunos son muy pequeños pero otros alcanzan un tamaño inmenso y con él, su precio también asciende. Uno de estos amuletos grandes puede costar hasta 100.000 yenes (más de 600 euros). El festival estaba animadísimo y había muchísima gente. La verdad es que en ese aspecto, en ocasiones llegaba a resultar realmente agobiante. Había zonas donde apenas se podía caminar y como, además, alrededor había santísimos de estos amuletos llenos de colores, la sensación era, en ocasiones, de cierto abigarramiento:
No sé si en las imágenes se puede realmente apreciar pero los puestos estaban completamente cubiertos de estos amuletos de bambú, incluso la parte del tejado en algunas zonas:
Pese a los precios tan increíbles que tenían algunos de ellos, muchos de los asistentes compraban los más grandes y a cada momento, nos cruzábamos con personas que portaban su recién adquirido amuleto.
Quiero que veáis algunos de los más grandes y que más me llamaron la atención. Con las fotos no se aprecia bien la dimensión real, así que os cuento que la circunferencia puede tapar varias cabezas:
El siguiente tiene una rata, porque el año que comienza (2008) es el de la rata (2007 está siendo el del jabalí):
Se dice que estos objetos de suerte deben colocarse en la esquina de la casa o del negocio para atraer la buena suerte. Una vez que el comprador ha adquirido la pieza, el vendedor hace una especie de ritual para darle la suerte. Consiste en decir unas palabras y luego junto a la gente que está alrededor, se dan tres series de palmadas (el vendedor con unos palos especiales) y se oyen algunos cánticos. Podéis verlo en este vídeo:
Por supuesto, también había algunos amuletos más pequeños así como puestos que vendían algunos otros objetos también de buena suerte:
Normalmente en los matsuri hay puestos de comida como yakisoba, takoyaki (pulpo rebozado), yakitori (brochetas de pollo o carne), dulces, etc. En este gran acontecimiento había varias calles llenas de estos puestos que ofrecían todo tipo de alimentos salados y dulces. Había tantísimos que la mezcla de aromas era realmente apetitosa:
Nosotras pedimos una ración de takoyaki. Aquí estoy con Miharu (y la foto nos la hace Meo):
Y dos vídeos también para ver un poquito el ambiente: los puestos, la gente llevando amuletos, la comida, etc.:
En el centro del templo había un escenario tradicional japonés (y detrás se quema el amuleto del año anterior, pues sus efectos sólo duran un año y al año siguiente hay que comprar otro):
Y en la entrada y salida, miles de lámparas de papel encendidas:
Si alguna vez visitáis Japón, os recomiendo que intentéis ir a algún matsuri, para vivir de verdad la festividad y emotividad japonesas.
Espero que os haya interesado. Muchas gracias a todos por leerme y comentarme (y yo, como siempre, ya os he contestado a todos vuestros mensajitos en los posts anteriores).
Desde Futamigaura cojo él tren hasta la zona de Toba pero llego a mi ryokan antes de las tres que es la hora del check-in. Sin embargo, la dueña (una señora con cara de geisha) me atiende muy amable y me deja coger ya en ese momento la habitación. Ésta es mucho más amplia que la de Ise pero de aspecto un poco peor. Tiene baño dentro de la habitación, además de televisión, aire acondicionado y una neverita antediluviana: las bebidas del interior parecen botellas de los años 50 pero miro la caducidad y todo parece en orden. El dormitorio es de tatami con su futón y su mesita baja y silla con respaldo. La televisión es bastante moderna. Además hay otra mesa baja que tiene encima una máquina de agua caliente, un bote de té, una tetera y una tacita. En la mesa me han dejado la típica toallita húmeda que dan antes de las comidas para limpiarse las manos pero, que en esta situación, no entiendo por qué me han puesto ya que no hay nada de comer:
Decido irme rápidamente para visitar la isla Mikimoto de las perlas, uno de los centros turísticos más importantes de Toba. Se trata de un gran trozo de tierra rodeada de agua pero unida al terreno por un puente cubierto y con amplios ventanales. En realidad, toda la isla es un parque temático de las perlas al que cuesta acceder la friolera de 1500 yenes:
En la primera foto podéis ver la isla (con un cartel con el nombre, aunque creo que no se puede apreciar) y una parte del puente, y en la segunda un detalle del puente desde el interior:
Esta isla recibe el nombre de Mikimoto porque fue un señor llamado así el creador del sistema de cultivo de las perlas y todo el sistema de fecundación de las ostras. Este método se utiliza hoy en todo el mundo pero fue Mikimoto el inventor. En la isla, por tanto, hay un enorme museo que explica absolutamente todo sobre el cultivo de perlas. Es realmente completo y con toda clase de explicaciones.
Sin embargo el atractivo máximo de esta isla son las amasan, las buscadoras de perlas naturales. Toba es famosa por estas mujeres que, ataviadas con vestidos blancos, se lanzan al agua con cubetas de madera y recogen perlas del fondo, sin usar ningún tipo de botella de oxígeno. Sin embargo, la demostración fue bastante pobre. En un pequeño barco, había tres de estas mujeres que recogieron algunas ostras, siempre con el cubo de madera atado a su muñeca:
Después de esto volví al ryokan donde disfruté de un relajante baño en el ofuro. Además, este ofuro estaba rodeado de cristaleras desde las que se veía el mar.
A eso de las ocho (sabiendo que en estos pequeños pueblos todo cierra muy muy pronto) salí a buscar algún restaurante donde cenar. Entré en uno que tenía un menú en inglés y además la señora que me atendió era realmente amable. Decidí pedir hotate (vieiras) a la plancha, que son realmente famosas allí. Me sirven un abundante plato de este molusco acompañado de setas japonesas y también de trozos de tomate recortados de una forma muy graciosa. Como siempre, me ponen también tsukemono (verduras encurtidas) que no me suele gustar, pero esta variedad estaba realmente buena. Todo esto costaba sólo 700 yenes. Además pedí un bol de arroz (200 yenes). Estaba todo delicioso:
Y por fin llegó el último día de mi miniviaje por la zona. El desayuno en el ryokan estaba riquísimo y la habitación de estilo japonés en el que me lo sirvieron era muy bonita:
Era mucho mejor que el del día anterior pues tenía menos verduras aunque me pusieron un huevo frito que no me gusta. Había tofu colocado entre pedazos de hielo, tsukemono, un pescado asado, un bol con migas de carne (¡muy rico!) y ¡angulas!, sí, sí, como lo leéis. También había, como siempre, arroz y podía servirme las veces que quisiera desde el bol de madera que estaba al lado. Para beber té verde y se podía beber también las veces que se quisiera. Y de postre dos trozos peladitos de una fruta que creo que era melocotón:
Ese martes decidí coger un barco y visitar una isla llamada "Isla de los delfines" donde según la publicidad se podían tocar delfines, uno de mis sueños. De hecho, mi nick irukina proviene de la palabra japonesa イルカ (iruka) que significa 'delfín'. Son unos animales que me encantan y siempre he querido poder bañarme con ellos. Incluso en la carrera de lingüística realicé un trabajo sobre la comunicación de estos cetáceos. Por todo ello, decidí realizar una excursión a esta isla. Hasta ella se accedía en un barco de estilo muy disney:
Sin embargo, esta isla resultó ser un parque temático decadente y cutre que tal vez había tenido una gloria pasada de la que no quedaba nada. Las instalaciones estaban viejas y las zonas de monte eran realmente intransitables. Había muchísimos insectos, goteras y partes oxidadas. La playa con la que cuenta la isla quizás se pudo usar en el pasado pero ahora se la ve absolutamente abandonada y no sólo por el mal tiempo sino que parecía descuidada. De hecho, la gente que visita la isla ni siquiera se acerca a esta zona. Os muestro varias imágenes de la playa, los aseos con los que cuenta y los caminos por la pequeña montaña circundante:
En la isla había un triste espectáculo con una foca. Lo más interesante era la forma de acceder allí ya que estaba en lo alto de una colina y había que subirse en una especie de telesilla:
Del lamentable espectáculo de la foca no os enseñaré nada pero si de las vistas que había desde esa pequeña montaña:
En otra parte de la isla había también un espectáculo de delfines que era más que lamentable. Los delfines daban sólo una o dos vueltas y cogían un par de aros. Creo (je, je) que los animalillos de querían rebelar porque el adiestrador no paraba de hablar y de hecho, estuvo mucho más tiempo hablando él que los delfines actuando. Daba la impresión de que no querían responder a sus órdenes. Yo no entendía lo que decía pero para mí que normalmente está más currado (o debería estarlo).
Lo único bueno de esta parte del parque es que esta zona donde están los delfines no es una piscina sino una parte de mar, es decir, como una especie de playa limitada por una red muy alta. Por lo tanto, se trata de agua de mar de verdad lo que supone menos cloro y menos productos de limpieza, aunque imagino que debe de ser una tortura para ellos estar tan cerca de la libertad y no poder tocarla. Además, los delfines están separados en dos grupos por una red y juegan constantemente alrededor de ella pero no se pueden tocar. Parece que se quieran encontrar.
La verdad es que las condiciones del parque y el ambiente llegaban a producir, en algunos momentos, una desagradable sensación de desazón. Por ejemplo, había un túnel que conectaba la zona de los delfines con la playa realmente decadente y ruinoso:
En la isla hay otra zona para delfines. Se trata de una pequeña piscina con una de sus partes de cristal desde donde se puede ver a estos cetáceos bucear y zambullirse. En este espacio hay sólo dos delfines que tampoco parecían muy felices aunque, de vez en cuando, daban algún salto:
Y una toma a través del cristal que hay en una de las paredes de la piscina:
Precisamente esta zona es donde se puede tocar a los delfines. Existe una pequeña plataforma donde se coloca uno de los delfines, y en grupos de tres se les podía acariciar. Nada más llegar, comprobé el horario en que se podía tener esta experiencia y quince minutos antes de la hora, me presenté allí. Sin embargo, al llegar, me llevé un gran chasco puesto que resulta que había que pedir número puesto que había un cupo de 12 personas por sesión. Como era lo que realmente más me interesaba y era algo que, de verdad quería probar (algo con lo que siempre había sábado), me apunté para la siguiente sesión para la que faltaban casi dos horas por lo que no tuve más remedio que quedarme en esa isla decadente un buen rato más. Y POR FIN llegó la hora. En un rápido japonés, la cuidadora nos explicó las normas y nos repitió varias veces que no hiciéramos nada raro puesto que podría ser peligroso (no dejan de ser animales salvajes). Además había que ponerse unas botas de goma que ellos mismos proporcionaban. La pena es que yo no iba con nadie así que pensaba que no tendría fotos de este momento tan especial. Sin embargo, un chico japonés que estaba haciendo fotos a su novia, me dijo que yo también salía en ellas por lo que le di mi email y me las envió (yo soy la que está más cerca de las rejas):
Para mi esta experiencia fue algo realmente especial. Las demás personas tocaban poco a los delfines y no sé si con miedo pero yo los acaricié desde el corazón. Y no me limité a tocar un costado sino también la cabeza y el lomo. Y, al tiempo que pasaba la mano por su cuerpo, le decía en voz baja que nos perdonara a los humanos por todas las cosas que le estábamos haciendo, tales como tenerlos encerrados. El tacto del delfín era (como yo tantas veces había imaginado) gomoso, liso y suave pero caliente en torno a la zona de la cabeza.
Después de esta experiencia cogí el tren para volver a Ise desde donde, por la noche, salía el autobús hacia Tokyo. El paisaje que veo a través de las ventanillas es encantador y totalmente japonés: campos de arroz, casitas pequeñas rústicas, etc.
Al llegar a Ise, como quedaba bastante tiempo para la salida del autobús, decido irme de nuevo al antiguo barrio samurái de Okage Yokocho, puesto que estaba llena de tiendas de souvenirs y puestos de comida, para merendar algo y poder hacer algunas compritas y regalitos. Además, allí había un pequeño museo de maquetas a escala casi real que reproducen la vida real en esa zona en la época Edo y que la anterior vez no había podido visitar. Era una exhibición pequeña pero muy interesante y didáctica:
Y tras hacer algunas compras y comer unos dulces, emprendí la vuelta al cosmopolita Tokyo. Siento el retraso en esta última entrega pero me quedé sin cámara de fotos y tuve que usar mi móvil japonés cuya tecnología es incompatible con mi ordenador, así que ha sido un poco difícil. Pero espero que os haya gustado.
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Sigo queriéndoos daros las gracias por todo vuestro ánimo y apoyo. Mi momento bajo y oscuro aún no ha acabado pero no es tan constante como antes. Aún así, las mañanas siguen siendo muy tristes. Y encima me he pillado un constipado de no te menees. No paro de toser y apenas tengo voz. Fui al médico el domingo pero esto de la comunicación en japonés es muy difícil y además de no enterarme de lo que tengo (mi tos parece de bronquitis pero ni idea), las medicinas que me dieron eran para sólo para un día: ¿extraño, no? Me dieron un antibiótico, mucolítico y otras pastillas para la tos pero solo en dosis para un día. Y claro, ya estamos a martes y aún estoy hecha polvo. Y estar así pochita me hace sentirme más tristona y necesitas más mimitos, snifff.
El año pasado por estas fechas me topé en la puerta de mi casa con un pequeño matsuri. Os recomiendo que leais o releáis aquel post puesto que explico lo que es un matsuri y creo que os servirá mejor para entender esta entrada.
Al igual que el año anterior, he empezado a oír un sonido de silbatos y de tambores y me he encontrado con una pequeña procesión de niños, todos ataviados con sus ropas tradicionales:
Este año sí he podido grabar algunos vídeos donde escuchamos el sonido de los silbatos y los tambores producido por los niños y los adultos acompañantes.
Casi todos los niños llevaban unas bolsas en forma de zanahorias, rellenas de dulces y una amable señora me ha regalado también una a mí:
Esta vez he seguido a la comitiva y he llegado hasta un pequeño parque cercano donde he podido sacar una foto mejor del taiko:
En ese parque había puestos de comestibles y dulces donde los niños hacían cola para recibir su recompensa tras el “paseo”:
En el centro del parque había un omikoshi, un altar portátil sintoísta muy típico de los matsuri (me recuerda un poco a las imágenes que se transportan en España en Semana Santa). Cuando estaba haciendo fotos y vídeos, un japonés se ha acercado a mí y me ha dicho que a las dos del mediodía iban a realizar la procesión con ese altar:
Como era sólo la una, me he ido a casa con la intención de salir otra vez a las dos para ver la segunda parte del matsuri. Sin embargo, la vagancia y la depre me han hecho quedarme en casa. Afortunadamente, cuando he salido a comprar a eso de las tres, me he vuelto a encontrar con ellos, ya que estaban realizando el tramo final de la procesión. En el punto donde los he hallado estaban a punto de levantar el omikoshi tras una breve parada:
En este interesante vídeo podéis ver cómo levantan el altar desde el suelo:
Y aquí otro momento de la procesión:
Y también con movimiento:
El final del desfile ha sido muy interesante, era una especie de lucha entre los portadores del altar y otras dos personas que trataban de impedir que colocaran ese omikoshi en su lugar. Os recomiendo que veáis este vídeo. La musiquilla además es muy pegadiza, je, je:
Un detalle que me ha hecho mucha gracia es que uno de los participantes en el matsuri llevaba bordados en su chaqueta los kanji de Noborito, el lugar donde vivo en lugar de poner "matsuri" como en los demás. Os pongo una foto de esos kanji bordados junto con el cartel de mi estación para que veáis que se trata de la misma palabra:
La verdad es que no me ha impresionado tanto como el año pasado (creo que estoy ya demasiado habituada a este país) aunque es un acontecimiento interesante.
Tras mi primera noche en Ise, estaba hambrienta y bajé a desayunar ya que el día siguiente lo había reservado. Aunque tenían un comedor de estilo japonés (con mesas bajas y cojines en el suelo de tatami) me colocaron en una especie de sala central donde también había otra pareja de extranjeros jóvenes (chico-chica). Este desayuno no me gustó demasiado pues era demasiado vegetariano para mi gusto: tortilla con acelgas, variado de setas y verduras, un mini trozo de pescado, tsukemono (verduras encurtidas), arroz integral, sopa de miso y nori (el alga japonesa más famosa). El nori no nos gustaba a ninguno de los que allí estábamos desayunando. Además el chico pidió que no le pusieran sopa de miso pues no le gustaba. Fuimos los "gaijines" raritos, je, je. Además nos pusieron un té verde para beber y un postre con una especie de gelatina blanca y negra. Más tarde la señora (tal vez viendo nuestros gustos raros) nos sirvió unos trozos de tomate crudo de huerta:
Tras el "opíparo" desayuno emprendí mi segundo día por la zona de Toba y me dirigí en tren hacia Futami ga Ura famosa por las rocas Meoto, las famosas rocas sintoístas del matrimonio que representan la unión y el amor entre la pareja. El tren conservaba un cierto sabor antiguo que no tienen ya los trenes de Tokyo:
Futami Ga Ura es también, por tanto, un importante centro de culto del sintoísmo que, como ya sabéis, está muy vinculado a la naturaleza. Como todos los lugares shinto, los torii tienen una presencia especial y en la propia entrada del pueblo tienen una reproducción grande de uno, que hace un interesante contraste con el moderno edificio de la estación:
Este pequeño pueblo resultó encantador y muy tradicional. Por ejemplo, conserva una costumbre que en Tokyo está desapareciendo debido a que se pierden algunos de los valores tradicionales. Se trata de los puestos de frutas y verduras sin sueños. Un pequeño agricultor instala una pequeña caseta con sus frutas y verduras, coloca carteles con el precio, deja una hucha y abandona el lugar. Se confía enormemente en la buena voluntad de las personas, en que pagarán y no se llevarán el género sin abonar el precio. En Tokyo también había muchos de estos puestos, pero cada vez más gente coge las frutas o las verduras pero después no paga:
Las casas del pueblo son japonesas tradicionales:
Tras un agradable paseo (aunque bajo un sol algo abrasador) de unos 10 minutos se llega a la zona de las rocas Meoto:
Y acercándonos un poco, ya vemos las famosas rocas unidas por la cuerda:
En el recinto de la entrada hay varis torii más así como lugares para lavarse y purificarse las manos.
Una de estas fuentes está mucho más adornada que otras que había visto antes, lo que me llamó la atención ya que se sale de la típica sencillez sintoísta. AQuí están esculpidas unas ranas, otro de los símbolos del lugar, ya que hay otras rocas que parece que tienen la forma de estos animales:
Como en todos los templos y santuarios existen las famosas tablillas de madera donde escribir nuestros deseos y yo escribí en una de ellas para pedir mi propio deseo y la colgué. ¿La encontráis?
Y avanzando un poco más, por fin se pueden ver las rocas en todo su esplendor:
Pedí a una parejita que me hiciera una foto con las rocas de fondo pero no debieron (o no se atrevieron) saber cómo decirme que me moviera, porque tapo una entera:
Un poco mas tarde tuve la suerte de ver a unos japoneses que estaban cambiando una parte de los amarres de las cuerdas (pero no todas, pues esto sólo se hace dos veces al año, en una ceremonia especial que congrega a miles de fieles y turistas):
Y cerca de éstas, podemos observar las rocas de las ranas (una encima de la otra):
En el otro extremo del lugar hay un bonito puente:
Toda la región de Ise es famosa por su pescado y marisco. Por eso, en este pueblo hay numerosos puestos y tiendas donde cocinan a la parrilla ostras, vieiras y otros productos del mar:
Y para probar la gastronomía típica del lugar fui a un restaurante típico japonés (de tatami y en el que se come sentado en el suelo) con unos grandes ventanales desde los que se ve el mar y también se alcanza a observar un poco las rocas Meoto:
Me pedí un menú de gambas y pescado que consistía en:
- Tsukemono
- Dos grandes gambas rebozadas
- Un pescadito asado delicioso
- Un platito con sashimi variado
- Sopa de miso con almejas
- Un bol de arroz con algo rosa por encima que estaba bastante tico.
Y para beber podíamos coger té verde libremente, lo que no es tan habitual ya que lo que ofrecen normalmente es té oolong (uron cha) y té de cereales (mugi cha).
Y hasta aquí la primera parte del segundo día. En breve, os relataré mi llegada a Toba donde cumpliría otro de mis sueños.
28 años. Profesora de español en Tokyo. A veces perdida, a veces me encuentro. En cualquier caso, viviendo y descubriendo nuevas cosas cada día. Pero seguiré contandoos mis experiencias en este raro y peculiar país.