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Lost in Tokyo

Relato de mis experiencias en una nueva etapa de mi vida: la independencia y en Tokyo (por eso, ando algo perdida).

Categoría: Excursiones turísticas por Japón

31 Marzo 2008

Parque Kairakuen

El jueves pasado, aprovechando que era festivo, fui con mi amiga Meo a visitar uno de los tres parques más bellos de Japón. Estos parques son:

- Kairakuen en Mito (Prefectura de Ibaraki)
- Kenrokuen en Kanazawa, que visite el año pasado y del que ya hice un post.
- Korakuen en Okayama

Como el tren suele ser bastante caro, encontramos una buena oferta de Hato Bus que incluía el viaje de ida y vuela en autobús (con "interesantes" explicación en clarísimo japonés), la entrada al parque y recogida de fresas en un pequeño invernadero durante media hora.

Este parque es famoso sobre todo por los ciruelos y, en segundo lugar, por los cerezos. Nosotras tuvimos la suerte de visitarlo el día en que la floración de ciruelos estaba en toda su plenitud y pudimos disfrutar muchísimo del colorido de los árboles.

Lo malo fue el tiempo, porque llovía y hacía bastante frío.

Desde la entrada principal del parque, ya se pueden ver los primeros ciruelos a los lados del paseo y en diferentes colores:

Nos encontramos con una especie curiosa de ciruelo que tenía al tiempo flores rosas y blancas:

En una zona del parque esta la antigua residencia de verano de un antiguo shogun de Japón que se puede visitar por dentro:

Es una casa tradicional japonesa pero donde se nota la riqueza del personaje y así cada estancia está decorada con diferentes pinturas que reflejan las plantas y naturaleza de cada estación:

Los jardines que rodean la casa estaban preciosos con los ciruelos rosas y blancos y alrededor la vegetación verde:

Pero lo más bonito, son las preciosas vistas de todo el parque que hay desde esta casa:

Mi vista y foto favorita del parque:

Y otras partes de la casa integradas en el parque:

Después seguimos caminando por otras zonas del parque más verdes y con menos ciruelos como ésta:

Y otra de las cosas que más me gustó fue un pequeño bosque de bambú de tallos tan altos que apenas podía fotografiar con la cámara:

Desde allí llegamos a la zona central del parque, una amplia área llena de ciruelos, en su mayoría blancos:

Y Meo y yo debajo de uno de los ciruelos:

Después emprendimos un paseo por la parte baja del parque, con más ciruelos, que llevaba hacia una zona de jardín japonés:

Y en esa zona estaba el ciruelo de rosa más intenso que había en el parque:

La zona mas típica japonesa estaba muy tranquila y, además como había dejado de llover, estaba muy agradable para pasear:

Como he explicado mas arriba, esta excursión incluía una actividad de recogida de fresas. Durante 30 minutos podíamos comer todas las que fresas que quisiéramos pero sólo en ese lugar. Así que después de 15 minutos, la verdad es que yo ya estaba llenísima. El lugar donde se recogía las fresas era una especie de invernadero y en el suelo había arbustillos llenos de fresas que podíamos recoger. Y estaban realmente dulces y buenísimas. La verdad es que nunca había comido unas fresas tan dulces:

Coged, coged una:

Y a comer, a comer, que están muy ricas:

De este parque hice muchísimas fotos. Por eso, os recomiendo visitar el álbum correspondiente en Flickr donde podéis apreciar mejor el colorido y verlas (o descargarlas) en tamaño grande.

Muchas gracias a tod@s por vuestras visitas, lecturas y comentarios.

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22 Enero 2008

Una isla de cuento

En septiembre del año pasado disfrutamos de varios puentes en Japón. A principios de mes aproveché uno de ellos para visitar Hokkaido, como ya pudisteis leer en tres post consecutivos de este blog (Hokkaido primera parte. Sapporo, Hokkaido segunda parte. Asahiyama y Furano y Hokkaido tercera parte. El lago Toya y el volcán Usu).

En el siguiente puente de ese mes realicé otro de mis viajes pero en esta ocasión acompañada de una amiga japonesa, Kayo. Esta vez, la organización corrió de su cuenta y debo reconocer que lo hizo muy bien y nos salió muy económico. El viaje fue a una isla increíble llamada Yakushima, situada al sur de Kyushuu (una de las cuatro islas principales de Japón). Para llegar allí debíamos coger un avión hasta Kagoshima (en Kyushuu) y después un barco.

El día de inicio del viaje Kayo y yo quedamos en el aeropuerto de Haneda pero ella llego súper justa (a menos de media hora de la salida del vuelo) y además nos equivocamos de sala de embarque, así que cuando por fin embarcamos éramos las últimas.

En el avión de JAL observó algunos detalles en los que no había reparado la anterior vez cuando viajé a Hokkaido. Por ejemplo, cuando el avión está abandonando la zona de aparcamiento, observo desde la ventanilla del avión, entre sorprendida y divertida, que tres trabajadores del aeropuerto (tal vez mecánicos) nos despiden moviendo la mano en señal de adiós y, por último, ejecutan una perfecta y coordinada reverencia. También me fijo en que las azafatas hacen siempre reverencias en el pasillo del avión.

Este primer día de viaje resulta ser el de los medios de transporte, lo que llega a ser un poco agotador pero es que, aunque Japón no es muy grande, al ser tan extendido (es un país "a lo largo") a veces moverse de un extremo a otro requiere mucho tiempo (aunque los medios de transporte son excelentes). Para llegar al aeropuerto de Haneda tuve que coger, desde mi casa, dos trenes. A continuación el avión a Kagoshima y una vez en Kagoshima, nos vemos obligadas a coger dos autobuses. Uno desde el aeropuerto hasta el centro de la ciudad y otro, desde allí otro hasta la zona del puerto.

En el puerto tenemos que viajar en un ferry supuestamente rápido pero aún así tarda más de dos horas desde Kagoshima hasta Yakushima. Desde el barco se puede observar la montaña más alta de Kyushuu. El interior del barco es similar al de un avión aunque más ancho:

Cuando, por fin, pisamos Yakushima, tengo la sensación de volver al verano tokyota pues una bofetada de calor húmedo nos saluda pegajosamente. Es realmente una isla tropical de naturaleza generosa donde la palabra sequía debe de haber desaparecido de su vocabulario. Aquí llueve más de 300 días al año y, por eso, nos hemos venido preparadas con nuestras ropas impermeables. Sin embargo, al llegar no llueve y un tímido sol aparece de vez en cuando entre las nubes. Desde el puerto vamos caminando hasta la zona del minshuku (pensión de estilo tradicional regentada por una familia) y disfrutamos ya de las primeras vistas verdes y exuberantes de esta isla. Por el camino, nos cruzamos con varios cangrejos que, dada la humedad del lugar, no deben de diferenciar bien entre el mar la tierra:

El minshuku resulta ser un lugar encantador y nuestra habitación es completamente de madera, hasta el baño:

La habitación está a pie de calle y tenemos una puerta corredera que da al puro campo y que nos ofrece esta magnífica vista:

Estamos al lado de un río y desde fuera hice más fotos:

Como aún era pronto para cenar, decidimos dar una vuelta por los alrededores, una zona supuestamente algo más urbana pero que, sin embrago, a mí me parece selvática llena de telarañas, hojas de árboles de tamaños imposibles y flores exóticas y tropicales:

Como en esta isla el sol y la lluvia se alternan con tal facilidad que parecen dos amantes traviesos, es fácil observar arco iris como el que tuvimos la suerte de ver y fotografiar en este improvisado paseo:

Poco a poco empezaba a anochecer y nos dirigimos a nuestro alojamiento donde teníamos incluida la cena. Cuando llegamos al comedor había solo un par de platitos pero la señora empieza a traer comida y más comida hasta que toda la mesa queda inundada de alimentos, la mayoría especialidades del lugar, como una especie de pescado frito volador (tenía alas, de verdad, podéis verlo en la foto):

Además podíamos repetir de arroz y de té verde cuantas veces quisiéramos.

A la mañana siguiente también pudimos disfrutar del desayuno con algunas especialidades del lugar. El menú incluía un huevo crudo (algo habitual en Japón) pero yo aún no puedo comerlo así, de modo que la señora me lo cocinó amablemente en el microondas:

El atractivo principal de Yakushima son sus bosques y, en especial, una parte donde se encuentra un árbol milenario que aseguran tiene más de 7000 años. Sin embargo, la excursión hasta este lugar dura más de 14 horas y no contábamos con tanto tiempo así que fuimos a visitar otro bosque de cedros de unos 300 años y subimos también a una pequeña montaña que ofrecía vistas de la isla.

Para llegar al inicio de la excursión había que coger un autobús que subía por una empinada carretera y ofrecía desde su ventanilla increíbles paisajes en altitud del lugar:

El bosque de la excursión no puede definirse de otro modo que no sea "de cuento". Es un bosque de árboles con formas imposibles, raíces que la vista no alcanza y cantidades ingentes de musgo como para hacer un belén de miles de kilómetros cuadrados.

Árboles (algunos de varios cientos metros de altura):

Raíces (algunas completamente cubiertas de musgo):

Musgo

Y además de los árboles con raíces endiabladas y cubiertas de musgo, a lo largo de la excursión, hemos visto varios ciervos y, dado el contexto, estaba convencida de que, detrás, aparecería un príncipe con su arco:

Pero, ilusa de mí, aquí lo único que aparecía (¡y de forma traicionera!) era la lluvia. Y es que hemos tenido sol, lluvia, sol, lluvia, otra vez sol, en un ciclo un poco desesperante. Casi toda la primera parte de la excursión ha sido bajo la lluvia. Al principio estaba bastante despejado y nos las prometíamos muy felices pero, unos monos nos dieron mal agüero. Me explico. Unos diez minutos después de haber empezado la excursión, llegamos a una explanada de rocas y allí, de repente, dos monos se estaban despiojando:

Y acto seguido (no habían pasado ni 20 segundos) se abrió el cielo y empezó a diluviar. Aquí es donde descubrí que no me había gastado el dinero en balde. Así que estrené mi chubasquero de Northface y unos pantalones impermeables, lo que me daba un aspecto ciertamente lamentable. Aquí, varias fotos de mí, en diferentes momentos de la excursión y con diferentes indumentarias según lloviera, saliera el sol, diluviara...

Pero esta isla es de clima tropical (aunque, increíblemente, según he leído, parece que nieva en invierno a veces, así que, en realidad, el clima me tiene un poco desconcertada) por lo que, aunque mi piel y pelo se mantenían a salvo de la lluvia gracias a las prendas impermeables, mi cuerpo producía su propia lluvia de sudor. Era un abriguillo fino pero se sudaba mucho por dentro.

Nuestra excursión era por ese bosque del que ya os he mostrado algunas imágenes hasta un monte más o menos elevado. Por el camino, también tuvimos que atravesar algunos riachuelos:

Después de unas tres horas de subida, con un último tramo muy empinado lleno de raíces gigantes y barro pues había caído una intensa lluvia, llegamos a la cima que resulta ser sólo una piedra grande en la que apenas cabemos las personas que allí estamos. Las vistas desde el peñasco son increíbles aunque vemos como se acerca peligrosamente una gran nube. Me sorprende también la virulencia que deben tener por aquí las tormentas puesto que muchos árboles aparecen partidos por rayos (incluso durante la subida oímos varios truenos que atemorizan nuestros pasos):

En ese alto me siento a disfrutar un poco del sol y cuando me subo el pantalón (o más bien los pantalones, pues llevaba los de chándal y encima los pantalones impermeables) descubro con horror que, sobre mi pierna, hay un bicho asqueroso que resulta ser una repugnante sanguijuela que, encima, me ha pegado un buen bocado (y más tarde me atacaría otra pero sin llegar a morderme). Supongo que estos bichitos no disfrutan a menudo de sangre fresca de gaijin.

Desde aquí, y tras el desagradable incidente, emprendemos el regreso pasando por alguna de las zonas de estas fotos:

Y después de la dura excursión volvimos al minshuku donde nos esperaba una opípara cena en la que nos pusieron un total de nueve platos (incluyendo entre éstos el arroz y la sopa de miso). En la primera foto podéis ver ocho de estos platos y en la segunda, el último plato que nos sirvieron cuando yo creía que ya no podía comer más:

Ya, por la noche, dispuestas a dormir y con los músculos doloridos por la caminata, descubrimos que en la habitación había un visitante inesperado:

A la mañana siguiente (tercer y último día de viaje) teníamos pensado visitar un parque en el que se podrían observar distintos tipos de vegetación propios de la isla. Ya que no teníamos tiempo para visitar más zonas de Yakushima, nos pareció que acercarnos a este parque sería buena idea. Sin embargo, no fue fácil. No sabíamos muy bien si había autobuses o a qué hora pasaban y nos vimos (otra vez, como ya me pasó en Hokkaido pero esta vez bajo un calor pegajoso y chicloso) caminando por una carretera y con las pesadas mochilas a cuestas. Eso sí, la vegetación era muy atractiva ya que, como ya he dicho, esta isla disfruta de una generosa frondosidad. Seguimos caminando sin encontrar ninguna parada de autobús (para, al menos, poder consultar los horarios) ni tampoco pasaba ningún taxi. Después de caminar un buen rato (os aseguro que se me hizo eterno) llegamos a una parada de autobús. Según la información allí escrita, el bus debería pasar a las 10:00 y en ese momento eran menos diez. Sin embargo, se retrasó bastante y no llegó hasta pasadas y cuarto. Aquí se nos ve en esa carretera medio devorada por la vegetación que todo quiere invadirla y con cara de cansancio y calor:

Y toda esta espera y camino bajo el calor húmedo isleño para... pues para ser devorada y mordida en ese parque por decenas de mosquitos amantes de mi sangre extranjera. Bueno, en realidad, de cualquiera. A la entrada del parque regalaban pai pais para espantar los numerosos mosquitos que por allí volaban. Pero, además, la señora que vendía las entradas, al ver mi piel blanca de gaijin, debía saber que atraía más a estos voraces insectos y me colgó en el pantalón un utensilio que soltaba humo y supuestamente los espantaba. Era un armatoste metálico del que salía un humo y olía de forma parecida al incienso. Aquí podéis verlo un poco:

Además de todo esto, la amable señora (o con miedo a una demanda de una furiosa gaijin devorada por los incestos) me echó por todo el cuerpo loción repelente de mosquitos. Aun así, a los tres minutos, miré mi cuerpo y observé, entre alarmada y sorprendida, que varios mosquitos estaban sobre mis piernas y tenía ya varias picaduras. Por eso, y dado que tenía demasiada carne expuesta a su gula (iba en pantalones cortos y camiseta de tirantes) desafié el calor y la humedad y me subí los calcetines (a lo Steve Urkel), me puse una camiseta de manga larga y me coloqué un pañuelo al cuello. En la siguiente foto os dejo que os rías de mis ridículas pintas pero que ilustran muy bien todo lo que os estoy contando:

Aún así, se dieron un buen festín a mi costa y, dicho sea de paso, también un poco a la de mi amiga.

En cuanto al parque, era interesante. No muy grande pero con enormes árboles tropicales. Algunos adquirían formas realmente curiosas y se doblaban sobre si mismos hasta no parecer un sólo árbol sino varios:

Pero esta visita de 10 minutos (más hubiera supuesto un desangramiento, estoy segura) me costó:

  • Una agotadora marcha por la carretera cargada con la mochila bajo un sol abrasador
  • 270 yenes del autobús para ese último tramo que hicimos motorizadas
  • 200 yenes de la entrada al parque
  • Varias (conté más de 20) picaduras de mosquitos desnutridos antes de nuestra llegada (después, tal vez, murieron de indigestión)
  • 1000 yenes del taxi que cogimos para volver a la zona del puerto (al que llamamos desde el parque) para emprender el regreso.
  • Un susto porque el taxista nos dijo, espero que en broma, que en ese jardín había mosquitos de la malaria puesto que eran árboles tropicales. Qué chistoso el hombre, ¿no?

Y tras el banquete de los mosquitos, volvimos tranquilamente a Tokyo repitiendo el mareo de medios de transportes del primer día.

Aunque, como siempre, he puesto bastantes fotos, de este viaje hay muchísimas más y (lo creáis o no) me he cortado un poco. Así que, ahora como se permite integrar Flickr (uno de los mejores programas de fotos de Internet) en el blog, podéis ver en el módulo de la derecha todas las fotos y además en tamaño grande. Sólo tenéis que pinchar en ese módulo y ¡disfrutar!

Por cierto,s e me olvidaba, esta isla fue elegida por la UNESCO como patrimonio de la humanidad.

Muchas gracias a tod@s por leerme y comentarme.

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30 Noviembre 2007

Kamakura otoñal

Hola a tod@s:

Los que me seguís asiduamente tal vez recordáis que uno de mis lugares favoritos de Japón es Kamakura, una ciudad marítima pequeña llena de templos y montañas. Y lo bueno es que está a sólo una hora de mi casa. Por eso, ya que el otoño es tan absolutamente maravilloso en Japón, decidí visitar de nuevo esta zona para poder ver los templos rodeados de hojas rojas. Los que queráis ver más imágenes y explicaciones detalladas de Kamakura (ahora no las voy a dar tanto) podéis ver Kamakura primera parte, Kamakura segunda parte, Kamakura tercera parte y Kamakura en primavera con mis padres.

Esta vez decidí visitar algunos templos más alejados de la zona más turística y cogí un autobús hacia la parte este. El primer templo que vi se llamaba Komyoji y fue construido en 1243 y pertenecía a la secta budista de la tierra pura. Pese a ser domingo, al ser un templo poco famoso, no había mucha gente:

Lo malo es que el otoño no había llegado a su plenitud en Kamakura pero aún así se puede ver un poco la gradación de colores en las montañas (al fondo) y en el jardín del templo:

Normalmente estos templos budistas no se pueden visitar por dentro, pero debía de haber habido alguna celebración y estaba abierto, por lo que hice varias tomas del interior:

Después visité otro templo, Kuhonji (construido en 1336), muy pequeño y tranquilo:

Ese día era estupendo y hacía un tiempo buenísimo por lo que después de perderme un rato por algunas calles buscando otros templos que no me encontré, llegué hasta la zona de la playa. Después de varios meses, pude de nuevo disfrutar del mar y además junto a un precioso paisaje de montaña:

Y logré hacerme una foto a mí misma con el mar de fondo:

Realicé un paseo muy agradable junto al mar que estaba muy animado, lleno de gente y con numerosos surfistas.

Después llegué a otro templo (cerca de mi amado Hasedera) cuyo nombre no logré averiguar:

Lo que más me gustó dentro del templo, fue la fuente que tenían para purificarse:

Este templo está en lo alto de una colina, por lo que ofrece impresionantes vistas de la montaña (que ya empezaba a teñirse de los característicos colores del otoño) y de la playa:

Y desde aquí me dirigí a la joya de Kamakura, el Buda gigante (más conocido como Daibutsu) que ya había visitado en verano (con la vegetación en pleno verdor) y en primavera (con los cerezos como telón de fondo). Yo esperaba encontrarme el Daibutsu rodeado de árboles de hojas rojas, pero sólo había un momiji (el arce, el árbol otoñal más famoso de Japón) junto al que todos nos hacíamos fotos. Le pedí a una parejita que me hiciera una foto en la que se me ve con el momiji detrás y al fondo el gran Buda de Kamakura:

Y para ver bien las tonalidades rojas, un detalle de la hoja de momiji:

Y os he preparado un pequeño montaje con imágenes del Buda en otoño (primera foto, la más reciente y con el Buda más de lejos), en primavera (la segunda, con el cerezo) y en verano (la foto de debajo):

Y una última imagen del Daibutsu desde detrás y con árboles otoñales al fondo:

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11 Noviembre 2007

Hokkaido tercera parte. El lago Toya y el volcán Usu

Este post es continuación de Hokkaido segunda parte. Asahiyama y Furano.

En mi tercer día en Hokkaido decidí hacer una excursión por mi cuenta a la zona del lago Toya (Tokayo) donde además se podía visitar un volcán todavía en actividad con un inmenso cráter.

Para acceder a esta zona cogí un autobús de línea regular que salía desde la estación de Sapporo. Era un autobús normal que efectuaba varias paradas antes de llegar al punto final de destino. Me sorprendió (nuevamente) el paisaje que podía contemplar a través de las ventanillas, ya que eran todo montañas completamente cubiertas por árboles; miles de árboles, todos de una frondosidad tan tupida y espesa que no se podía ver la tierra, todo era verdor. Por eso, mirara a donde se mirara, sólo había árboles y más árboles como una sábana de intenso verde extendida sobre los montes. Algunos de ellos estaban cubiertos por nubes.

Más o menos al cabo de una hora y media, el autobús hizo una parada en una estación de servicio o algo parecido. Este fue el paisaje que pude contemplar:

Allí parados había también un grupo de militares pero no tengo ni idea de que es lo que harían por allí:

Poco antes de llegar ya se podían ver las primeras escenas del lago:

Por fin terminó el viaje y nos encontrábamos ya en la zona del lago. Estaba bastante nublado pero el paisaje era muy interesante. Se puede visitar la zona con algunos barcos que ofrecen rutas, para observar, por ejemplo, las islas circundantes:

Mi intención era ir andando desde el lago hasta el volcán Usu (objetivo fundamental de mi visita) y desde donde también habría vistas del lago, del océano Pacífico y de otro volcán aún humeante llamado Showa Shinzan. Pero el paseo alrededor del lago terminaba y no parecía que estuviera cerca la zona del volcán pese a que en todos los lugares (mapas, guías, etc.) había leído que estaba cerca. Continué andando y aparecí en una carretera, y ya bastante desesperada porque parecía que el famoso volcán no estaba cerca y ni siquiera a la vista. Sólo veía carretera delante de mi pero ni un alma ni, desde luego, indicación alguna:

Por todo ello, cada vez me sentía más agobiada y, finalmente, opté por entrar a un hotel que allí había para preguntar. Allí me explican que el volcán está bastante lejos para ir andando, a más de una hora a pie. Amablemente, la señorita del hotel consultó un horario de autobuses (autobuses que, para más inri, salían del mismo sitio donde me había dejado el autocar de Sapporo) y resultaba que justo acababa de perder uno y ya no había otro hasta las 12:45 (y aún faltaba una hora y media). Por eso, pensé que si había ido hasta allí sola, había cogido un autobús para acercarme a esa zona remota, había tratado de superar mi tristeza, ¿iba a poder conmigo ese contratiempo? Pues no, no lo iba a permitir, por lo que me armé de valor y decidí ir andando. Tengo que confesar que sí, que fue durillo pues se trataba de pura carretera, sólo con arcenes (a veces extremadamente estrechos) y, por supuesto, sin aceras. Además, eso de ir caminando por una carretera solitaria debía resultar bastante extraño para los conductores japoneses: una "gaijin" sola andando por el arcén de una carretera de una zona de Hokkaido adonde ni siquiera llegan los trenes.

Por el camino me consolé pensando que, al menos, estaba pudiendo disfrutar de unas vistas únicas que otros se perdían por ir en coche, pero lo cierto, es que desde arriba del volcán, luego las vería aún mejor. Aún así, os pongo algunas de ellas, las que me más me gustaron:

A lo largo de este camino, vi ya la cumbre humeante del volcán aunque luego, en la zona de aparcamientos (sniff, sniff, donde llegaba todo el mundo motorizado) se podría ver aún mejor:

El último trecho fue el más difícil pues tenía bastante pendiente, vamos que era toda una señora cuesta. Además, hacía mucho viento bastante fresco que me daba de lleno en la cara (y recordad que además estaba bastante constipada porque ya sabéis que el refrán dice que todo se junta; así que con ese viento aún me resfrié más). Y en este punto, al menos, la vegetación era bastante bonita:

Y EN EXCLUSIVA, por primera vez en este blog ¡mi voz! Es que como me sentía sola y un poco hasta las narices de esa caminata, grabé con la cámara desde esa carretera (recordad, solitaria y en la que sólo pasaban coches a toda velocidad) la parte de arriba del volcán Showa Shinzan y comento (subid el volumen si no lo oís bien, je, je) con mis palabras lo que siento al tiempo que explico las imágenes. PONED ALTAVOCES (claro, esto si me queréis oír, je, je):

Por si con el vídeo no se ve muy bien el humo de la montaña Showa Shinzan (al lado del volcán Usu, que es al que se podía subir), aquí tenéis las fotos de
lo que yo veía:

Y, cuando por fin, llegué al fin del camino, resultaba que desde ahí había unas vistas estupendas de esa montaña, además con una preciosa pradera verde delante:

Desde esa parte se podía coger un teleférico que llegaba justo hasta la cumbre del volcán Usu (donde había vistas de esta otra montaña de las que he puesto imágenes, del océano Pacífico e incluso del lago Toya).

El viaje en teleférico la verdad es que es muy bonito pero también bastante caro. Y (como se observa, por ejemplo, en la segunda foto) las vistas eran impresionantes:

Y ya desde la cumbre del monte Showa Shinzan, vistas del monte Usu y del lago Toya:

Desde el lugar donde nos dejaba el teleférico, ya se observaba perfectamente las paredes humeantes del volcán:

Había un pequeño camino pavimentado que llevaba hasta un punto privilegiado de observación del cráter del volcán y cuyo paisaje lleno de diferentes verdes y marrones es también digno de ser mostrado:

Y al fin, alcancé la zona del cráter. Un cráter formado por la erupción de 1977 y que tiene 350 metros de diámetro:

Además, resulta que existía una ruta que rodeaba todo el cráter humeante pero había una indicación donde decía que la duración aproximada de esa excursión era de 40 minutos. En ese momento eran la una del mediodía y se suponía que todavía tenía que volver al teleférico (que pasa cada quince minutos) calculando bien el tiempo para poder coger el autobús hacia la zona del lago, que salía de la base del monte a las 14:15 porque ya el siguiente era a las 15:00, tal vez demasiado tarde para llegar bien al lago, coger el autobús a Sapporo y después el avión. Además estaba muy cansada pues recordad que había hecho un largo camino por la carretera. Me dio bastante pena no poder hacer este recorrido, todo de escaleras, porque parecía realmente precioso y además el humo llegaba hasta la base misma del sendero:

Y para ver mejor el cráter y este camino, desde aquí también hice un vídeo (y también con VOZ, como los dos anteriores):

La pena es que si hubiera sabido desde el principio que este volcán no estaba tan cerca del lago, podría haber cogido el autobús desde allí para llegar con tiempo y menos cansada y así realizar esta ruta.

Por lo tanto, decidí volver y al bajar del teleférico me tomé un ramen típico de Hokkaido en un pequeño establecimiento que allí había:

Después de comer, me subo al autobús que en 15 minutos (frente a la más de una hora de caminata que había realizado yo) me lleva al lago y aún me sobra una hora hasta la salida del siguiente autobús (el que me llevaría a Sapporo). La verdad es que esto de los autobuses resulta ser un rollo, porque me sobraba tiempo pero, por ejemplo, no suficiente para poder hacer una excursión en barco de las que allí había. Sin embargo, tengo la fortuna de descubrir un onsen público (y, por tanto, gratis) para pies. Hokkaido, como casi todo Japón es rico en aguas termales debido precisamente a la existencia de volcanes. Gracias a estas aguas termales para pies y piernas me repongo de mi fatigante excursión:

Hay que ver lo a gustito que estuve, je, je:

Y después del relax, cogí el autobús hasta Sapporo; desde allí, el tren hasta el aeropuerto; después el avión hasta Haneda y, por último, en Tokyo, dos trenes para, POR FIN, llegar a mi casa.

Y así acaba el relato de mi mini viaje por la isla más septentrional de Japón.

Muchas gracias a tod@s por leerme y comentarme. Vosotros sí que sois mi bocanada de aire fresco.

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Os he contestado a tod@s en los post anteriores (incluso algunos bastantes antiguos).

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28 Octubre 2007

Hokkaido segunda parte. Asahiyama y Furano.

Hola a tod@s:

Este post es continuación de Hokkaido primera parte. Sapporo

Mi viaje a Hokkaido de tres días incluía una excursión organizada (en plan japo total) a un zoológico muy famoso de allí llamado Asahiyama y al pueblo Furano, cuya característica principal es el cultivo de flores de lavanda.

Antes de salir, tomé algo en el hotel puesto que tenía incluido el desayuno. Éste era tipo buffet y tenía alimentos de corte japonés pero también occidental. Y yo, en mi plato, hago una mezcla algo rara entre lo puramente nipón (arroz, por ejemplo) y lo europeo (en forma de cruasán), je, je:

El punto de encuentro era en un hotel cercano al mío. Allí, la guía, al verme (muy preocupada, claro) lo primero que me preguntó es si hablaba japonés.

Durante el recorrido en autobús, la guía no paraba de hablar. Antes de la primera parada estuvo todo el rato (una hora aproximadamente) contando cosas del viaje, del plan y demás asuntos que apenas entendía. Al cabo de esa primera hora hicimos una parada para ir al baño y practicar el deporte nacional: las compras. Como todos los autobuses eran más o menos iguales (y en esa zona pararon cientos) nos dijeron el número de matrícula y nos lo repitieron varias veces.

En esa zona de descanso, podíamos elegir entre múltiples bebidas de otras tantas máquinas:

El edificio donde estaba la cafetería y las miles de tiendas de omiyage (souvenirs) era un tanto pasteloso:

Y dentro, el fervor de las compras:

Aunque había apuntado bien el número de la matrícula, al volver al aparcamiento estaba un poco perdida y una mujer de mi grupo me vio y me indicó cuál era nuestro autobús. Para ella era fácil reconocerme (yo ni sabía que era de mi grupo): soy la única que va sola y además la única guiri. El autocar iba muy lleno pues estaban ocupadas las 40 plazas que tenía.

El paisaje de Hokkaido que veo a través de las ventanas es completamente verde. Sólo veía praderas y bosques.

Por cierto, en el autobús nos dieron una galletita.

A eso de las 12 del mediodía llegamos al zoológico y nos dejan tres horas libres allí. No deja de ser un zoo más o menos normal y, desde luego, el de Madrid no tiene nada que envidiarle. El abanico de animales era bastante amplio:

La atracción principal de este zoo eran los pingüinos, las focas y sobre todo los dos osos blancos, que son realmente increíbles (especialmente verles nadar y zambullirse en el agua)

Había un pasillo completamente de cristal donde se podía ver nadar alrededor a los pingüinos:

Y más impresionante aún era el espectáculo de los osos blancos, aunque había muchísima gente y muchísimas colas para verlos pero merecía la pena, eran realmente espectaculares:

Aquí os pongo algunos vídeos donde se ve nadar a uno de los osos, y la verdad es que es realmente impresionante. Además (sobre todo en el primero) se puede oír los gritos de admiración de los japoneses (que son tan característicos...):

Este tercer vídeo está hecho no justo delante del cristal sino en unas escaleras superiores donde se puede apreciar bien la cantidad de gente que había:

Es interesante mencionar que en todo el zoológico sólo vi a dos extranjeros. Uno casado con una japonesa y otra chica, que iba también acompañada de una nipona.

Al cabo más o menos de esas tres horas vuelvo al autobús donde nos sirven un té caliente y un caramelo:

El autobús se dirige hacia la zona de Furano. Rápidamente la guía sigue explicando diversas cosas de la zona, puesto que ya estamos en la parte de los campos. Lo primero que se ve son prados verdes pero ya sin flores pues la temporada alta ha terminado. Las extensas praderas verdes y amarillas son realmente impresionantes.

A través de las ventanillas del autobús ya se ven algunos de los famosos campos de flores a lo lejos:

Sin embargo, sólo paramos en una zona muy turística llamada "Granja Tomita" donde durante todo el año (o casi todo el año, porque en el duro invierno nevado de Hokkaido imagino que no) mantienen los campos de flores. Los más famosos son los de lavanda de los que apenas queda nada, sólo los arbustos sin flores:

Sin embargo, en el centro de la granja hay una extensión grande de flores que realmente me cautiva. Sin duda, el segundo día esta mejorando al primero. Las imágenes son realmente impresionantes y habría podido estar horas mirándolas:

Y claro también hay foto con bicho feo (por si no habías tenido bastante con los anteriores):

Toda la granja está llena de casitas encantadoras que explican aspectos del cultivo de la lavanda y sus propiedades (por ejemplo, se puede ver este laboratorio):

O son para el consumo: tiendas de dulces, omiyage, perfumes, etc.:

El estilo del lugar es bastante provenzal o rústico francés:

Había también un invernadero:

Y os muestro también un detalle de una flor de lavanda:

A partir de la lavanda se elaboran varis productos, mucho de ellos comestibles, por ejemplo helado de lavanda que, como buen aficionada a los helados, no quise dejar de probar:

Este helado, pese a lo que podáis pensar, estaba muy bueno,

Y después de la estupenda visita a Furano emprendemos la vuelta. Durante el viaje de regreso, disfruto otra vez de los verdes paisajes de la isla. Es un verde increíble casi selvático, Me quedo con ganas de ver más naturaleza pero... aún me quedaba un día en Hokkaido, un día que me llevaría hasta un volcán todavía en activo.

Así que.... CONTINUARÁ...

Muchas gracias a tod@s por leerme, seguirme y comentarme.

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10 Octubre 2007

Hokkaido primera parte. Sapporo

Este es el segundo viaje que he hecho sola por Japón, tras el de Toba e Ise. Sin embargo. ha sido el primero después de mi crisis (más información para los curiosos aquí) por lo que, en algunos momentos, ha sido bastante duro y la soledad me ha invadido.

Este viaje ha sido medio improvisado por lo que apenas lo pude preparar mucho. Hokkaido es la isla del norte de Japón y los medios de transporte no abundan por lo que lo más cómodo es alquilar un coche, pero como aún no he convalidado mi carné de conducir, he tenido que depender de transportes varios con la pérdida de tiempo que esto supone. Además he disfrutado de poco tiempo, tan sólo tres días, así que el recorrido por la isla no ha sido demasiado extenso.

Salí de Tokyo un domingo muy muy temprano puesto que el avión despegaba a la intempestiva hora de las seis y media de la madrugada. Al ser un vuelo local bastaba con estar quince minutos antes de la salida del vuelo y la verdad es que todo funciona muy bien. El check-in se hace metiendo un simple número en una máquina que allí mismo imprime la tarjeta de embarque:

Y aquí mi avión de la JAL:

Había conseguido una reserva en lo que llaman "J-class" que me habían explicado que era más cómoda y tan sólo me costaba 2000 yenes más, realmente muy poco. Y efectivamente, los asientos eran bastante anchos, espaciosos y cómodos. Además me dieron no sólo bebida (que es lo que dan en los vuelos domésticos) sino también un pequeño dulce muy japonés:

Desde el avión (que salía del aeropuerto de Haneda, cerca de la bahía de Tokyo), durante el despegue, pude ver el Monte Fuji:

Al cabo de unas dos horas aterricé en la ciudad principal de Hokkaido, Sapporo, que para los occidentales no es tan interesante pero que era mi centro de operaciones para moverme desde allí a otras zonas. Sin embargo, ese primer día, domingo, no había podido organizar nada por lo que lo dediqué a la visita de la ciudad. Sapporo es una ciudad que tuvo muchísima importancia durante la restauración Meiji, la época de modernización de Japón tras siglo y medio de aislamiento. Por eso, se encuentran numerosos edificios de influencia occidental en una curiosa mezcolanza que despierta la admiración de los japoneses pero no tanto de los occidentales.

Una de las principales atracciones es el "edificio del reloj" pero primeramente me confundí y, debido a ese nombre, creí que se trataba de una torre que desde la misma estación pude ver. Por eso, visité esa torre bastante moderna y con un gran reloj digital que no me pareció demasiado interesante aunque era bonito ver el contraste con el jardín delantero:

Pero resulta que me había equivocado y la anterior torre es realidad una antena de la cadena de televisión Fuji. Tras caminar un poquillo y despistarme con el mapa, llegué a la verdadera torre del reloj, uno de los atractivos más importantes de la ciudad y que congrega a su alrededor a cientos de nipones cámara en ristre y que no paran de prorrumpir en exclamaciones de admiración:

En realidad, este edificio fue creado para albergar las aulas de la Escuela de Agricultura impulsada por un americano (rector de la Universidad de Agricultura de Massachuttes) a instancias del gobierno japonés inmerso en ese proceso de modernización del que os he hablado. Sapporo, a finales del siglo XIX, estaba creciendo enormemente desde una pequeña aldea y, dada la geografía de la isla, el establecimiento de estos estudios era muy importante. En cuanto al reloj, fue instalado unos años después por otro americano y rápidamente se convirtió en la atracción de la ciudad.

En su interior podemos observar una maqueta del edificio entero. Además, han explotado lo del reloj y han instalado una maquina que reproduce el repique de campanas de varios relojes famosos del mundo:

También había una pequeña tienda de souvenir donde vendían muchísimos modelos diferentes de relojes.

En el piso superior se podía ver el mecanismo del reloj así como algunos recambios del mismo:

El siguiente punto de atracción turística en Sapporo es el edificio del antiguo Gobierno prefectural de Hokkaido. De nuevo, lo más interesante es que es uno de los pocos edificios de Japón con un estilo arquitectónico americano del siglo XIX de ladrillos rojos, que recuerda a muchos de las edificaciones que se pueden ver, por ejemplo, en Boston. Aunque está diseñado siguiendo ese estilo norteamericano, para su construcción se emplearon sólo elementos locales:

Aunque para ojos occidentales (siempre ávidos de buscar templos, jardines zen y naturaleza) no es muy interesante, sin embargo, merece la pena visitar el interior puesto que explica la historia de Sapporo, describe su evolución, muestra imágenes de los habitantes nativos (los ainu) así como de la fauna y la flora, explica con maquetas la modernización de la ciudad y la colonización de la isla de Hokkaido a partir de 1860, etc. Pero lo más interesante para mi fue la explicación de la reivindicación de los llamados "territorios del Norte" que están en disputa con Rusia ya que argumentan que según el tratado de Postdam deberían formar parte del territorio japonés. Sin embargo, muchos japoneses fueron expulsados de la isla y no pudieron volver a su tierra hasta sesenta años después del fin de la guerra. Hice una fotografía de uno de los textos que lo explica más detalladamente por si alguien está interesado y le apetece leerlo:

En la entrada del edificio una figura de la isla con un contador de días, indica cuánto falta hasta la próxima celebración del G8 que se celebrará en la zona del lago Toyako, lugar que visitaría en mi último día en Hokkaido:

Desde aquí me dirigí al jardín botánico de la Facultad de Agricultura, otro de los puntos de visita recomendado en mi guía. En ella sugerían visitarlo si no se tenía tiempo de recorrer la isla completa (como era mi caso) puesto que ofrece una muestra de vegetación de todo Hokkaido. Sin embargo, no me pareció muy interesante ni diferente a tantos otros parques de Japón. Además, en este jardín (recordad que estaba sola y con mi crisis personal aún a cuestas) sufrí un grave bajón. De pronto, me sentí terriblemente sola. Apenas había nadie en todo el parque y las pocas personas con las que me crucé eran felices parejitas. Sentí que me encontraba lejísimos de cualquier persona conocida, pues los más cercanos estaban a cientos de kilómetros (en Tokyo) y mi familia y otros amigos, como siempre, a miles. Aún así, os muestro las fotos más interesantes que obtuve:

Había zonas para sentarse donde los asientos eran troncos y me llamó especialmente la atención que, alrededor (y por la madera), habían crecido cientos de níscalos:

Lo más interesante era el invernadero donde había algunas flores curiosas y llamativas:

Tras el bajón del parque no tenía nada claro que hacer. Tenía un folleto donde se informaba de un parque de casas ainu (la etnia nativa de Hokkaido) y tradicionales de la zona pero se tardaba una hora y media y no me encontraba muy animada. Después de pensar un ratillo, decidí dirigirme a la zona comercial y fue una buena decisión porque en el camino me encontré con esa manifestación del orgullo gay del que ya os he hablado.

A eso de las dos, busqué un restaurante de ramen puesto que el de Sapporo es bastante famoso y tomé uno que, aun no estando malo, no me pareció tan espectacular como me habían dicho:

Por la tarde decidí ir a visitar la fábrica de cerveza Sapporo puesto que la arquitectura también era interesante y porque esta conocida marca japonesa de cerveza lleva el nombre de la ciudad. Sin embargo, llegar hasta allí se convirtió en una odisea. Aunque tenía un mapa informativo donde me indicaban donde estaba la parada del autobús que llegaba hasta allí, no la encontraba por ninguna parte. Por ello (tras varias vueltas cual pato mareado y con cara de guiri tonta extraviada) pregunté a un conductor de otro autobús que fue verdaderamente maleducado conmigo y le medio insulté en español porque, desde luego, no tenía mi ánimo para aguantar gente grosera. Al final otro conductor (más simpático) me indicó la parada correcta pero en realidad no lo era y tuve que bajarme antes de llegar porque si no pasaba de largo. Finalmente me encontré caminando por una zona bastante desértica y deprimente (sí, si, todo para mi estado de ánimo, je, je) hasta, por fin, llegar al lugar deseado (y con el consiguiente cansancio de piernas):

En el interior podemos aprender como es la maquinara para preparar la cerveza. Además, hay algunos carteles antiguos de cerveza:

Pero lo que más me gustó, sin duda, fue una serie de pósters de publicidad de la cerveza donde se ve claramente la evolución de la propia historia de Japón: primero una imagen clásica oriental, mas tarde la modernidad de los años 20, la vuelta a los valores tradicionales y más nacionalistas antes de la Segunda Guerra Mundial y de nuevo la occidentalización a partir de los años 60:

Y tras mi primera agotadora jornada en Hokkaido, fui a mi hotel (bastante agradable pero muy solita) a dormir y prepararme para la excursión del día siguiente que sería mucho mucho más interesante (¡ya lo veréis! ¡no os lo perdáis!). Así que CONTINUARÁ....

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Este finde también he estado de viaje pero esta vez muy al sur de Japón. Sin embargo, esta semana no ha sido nada buena y estoy más de bajón. La anterior estaba mejor. Hay algo que no acabo de entender y me hace estar mal. Pero el viaje ha sido increíble: ya veréis que fotos.

Muchas gracias a tod@s

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2 Octubre 2007

De turismo por Ise y Toba. Cuarta parte

Hola a tod@s:

¡Por fin la última parte de mi relato del viaje por Ise y Toba!

Este post es continuación de De turismo por Ise y Toba. Primera parte: visita al Naiku, De turismo por Ise y Toba. Segunda parte: los barrios de Edo, visita al Geku, ryokan en Ise y De turismo por Ise y Toba. Tercera parte: Futami Ga Ura.

Desde Futamigaura cojo él tren hasta la zona de Toba pero llego a mi ryokan antes de las tres que es la hora del check-in. Sin embargo, la dueña (una señora con cara de geisha) me atiende muy amable y me deja coger ya en ese momento la habitación. Ésta es mucho más amplia que la de Ise pero de aspecto un poco peor. Tiene baño dentro de la habitación, además de televisión, aire acondicionado y una neverita antediluviana: las bebidas del interior parecen botellas de los años 50 pero miro la caducidad y todo parece en orden. El dormitorio es de tatami con su futón y su mesita baja y silla con respaldo. La televisión es bastante moderna. Además hay otra mesa baja que tiene encima una máquina de agua caliente, un bote de té, una tetera y una tacita. En la mesa me han dejado la típica toallita húmeda que dan antes de las comidas para limpiarse las manos pero, que en esta situación, no entiendo por qué me han puesto ya que no hay nada de comer:

Decido irme rápidamente para visitar la isla Mikimoto de las perlas, uno de los centros turísticos más importantes de Toba. Se trata de un gran trozo de tierra rodeada de agua pero unida al terreno por un puente cubierto y con amplios ventanales. En realidad, toda la isla es un parque temático de las perlas al que cuesta acceder la friolera de 1500 yenes:

En la primera foto podéis ver la isla (con un cartel con el nombre, aunque creo que no se puede apreciar) y una parte del puente, y en la segunda un detalle del puente desde el interior:

Esta isla recibe el nombre de Mikimoto porque fue un señor llamado así el creador del sistema de cultivo de las perlas y todo el sistema de fecundación de las ostras. Este método se utiliza hoy en todo el mundo pero fue Mikimoto el inventor. En la isla, por tanto, hay un enorme museo que explica absolutamente todo sobre el cultivo de perlas. Es realmente completo y con toda clase de explicaciones.

Sin embargo el atractivo máximo de esta isla son las amasan, las buscadoras de perlas naturales. Toba es famosa por estas mujeres que, ataviadas con vestidos blancos, se lanzan al agua con cubetas de madera y recogen perlas del fondo, sin usar ningún tipo de botella de oxígeno. Sin embargo, la demostración fue bastante pobre. En un pequeño barco, había tres de estas mujeres que recogieron algunas ostras, siempre con el cubo de madera atado a su muñeca:

Después de esto volví al ryokan donde disfruté de un relajante baño en el ofuro. Además, este ofuro estaba rodeado de cristaleras desde las que se veía el mar.

A eso de las ocho (sabiendo que en estos pequeños pueblos todo cierra muy muy pronto) salí a buscar algún restaurante donde cenar. Entré en uno que tenía un menú en inglés y además la señora que me atendió era realmente amable. Decidí pedir hotate (vieiras) a la plancha, que son realmente famosas allí. Me sirven un abundante plato de este molusco acompañado de setas japonesas y también de trozos de tomate recortados de una forma muy graciosa. Como siempre, me ponen también tsukemono (verduras encurtidas) que no me suele gustar, pero esta variedad estaba realmente buena. Todo esto costaba sólo 700 yenes. Además pedí un bol de arroz (200 yenes). Estaba todo delicioso:

Y por fin llegó el último día de mi miniviaje por la zona. El desayuno en el ryokan estaba riquísimo y la habitación de estilo japonés en el que me lo sirvieron era muy bonita:

Era mucho mejor que el del día anterior pues tenía menos verduras aunque me pusieron un huevo frito que no me gusta. Había tofu colocado entre pedazos de hielo, tsukemono, un pescado asado, un bol con migas de carne (¡muy rico!) y ¡angulas!, sí, sí, como lo leéis. También había, como siempre, arroz y podía servirme las veces que quisiera desde el bol de madera que estaba al lado. Para beber té verde y se podía beber también las veces que se quisiera. Y de postre dos trozos peladitos de una fruta que creo que era melocotón:

Ese martes decidí coger un barco y visitar una isla llamada "Isla de los delfines" donde según la publicidad se podían tocar delfines, uno de mis sueños. De hecho, mi nick irukina proviene de la palabra japonesa イルカ (iruka) que significa 'delfín'. Son unos animales que me encantan y siempre he querido poder bañarme con ellos. Incluso en la carrera de lingüística realicé un trabajo sobre la comunicación de estos cetáceos. Por todo ello, decidí realizar una excursión a esta isla. Hasta ella se accedía en un barco de estilo muy disney:

Sin embargo, esta isla resultó ser un parque temático decadente y cutre que tal vez había tenido una gloria pasada de la que no quedaba nada. Las instalaciones estaban viejas y las zonas de monte eran realmente intransitables. Había muchísimos insectos, goteras y partes oxidadas. La playa con la que cuenta la isla quizás se pudo usar en el pasado pero ahora se la ve absolutamente abandonada y no sólo por el mal tiempo sino que parecía descuidada. De hecho, la gente que visita la isla ni siquiera se acerca a esta zona. Os muestro varias imágenes de la playa, los aseos con los que cuenta y los caminos por la pequeña montaña circundante:

En la isla había un triste espectáculo con una foca. Lo más interesante era la forma de acceder allí ya que estaba en lo alto de una colina y había que subirse en una especie de telesilla:

Del lamentable espectáculo de la foca no os enseñaré nada pero si de las vistas que había desde esa pequeña montaña:

En otra parte de la isla había también un espectáculo de delfines que era más que lamentable. Los delfines daban sólo una o dos vueltas y cogían un par de aros. Creo (je, je) que los animalillos de querían rebelar porque el adiestrador no paraba de hablar y de hecho, estuvo mucho más tiempo hablando él que los delfines actuando. Daba la impresión de que no querían responder a sus órdenes. Yo no entendía lo que decía pero para mí que normalmente está más currado (o debería estarlo).

Lo único bueno de esta parte del parque es que esta zona donde están los delfines no es una piscina sino una parte de mar, es decir, como una especie de playa limitada por una red muy alta. Por lo tanto, se trata de agua de mar de verdad lo que supone menos cloro y menos productos de limpieza, aunque imagino que debe de ser una tortura para ellos estar tan cerca de la libertad y no poder tocarla. Además, los delfines están separados en dos grupos por una red y juegan constantemente alrededor de ella pero no se pueden tocar. Parece que se quieran encontrar.

La verdad es que las condiciones del parque y el ambiente llegaban a producir, en algunos momentos, una desagradable sensación de desazón. Por ejemplo, había un túnel que conectaba la zona de los delfines con la playa realmente decadente y ruinoso:

En la isla hay otra zona para delfines. Se trata de una pequeña piscina con una de sus partes de cristal desde donde se puede ver a estos cetáceos bucear y zambullirse. En este espacio hay sólo dos delfines que tampoco parecían muy felices aunque, de vez en cuando, daban algún salto:

Y una toma a través del cristal que hay en una de las paredes de la piscina:

Precisamente esta zona es donde se puede tocar a los delfines. Existe una pequeña plataforma donde se coloca uno de los delfines, y en grupos de tres se les podía acariciar. Nada más llegar, comprobé el horario en que se podía tener esta experiencia y quince minutos antes de la hora, me presenté allí. Sin embargo, al llegar, me llevé un gran chasco puesto que resulta que había que pedir número puesto que había un cupo de 12 personas por sesión. Como era lo que realmente más me interesaba y era algo que, de verdad quería probar (algo con lo que siempre había sábado), me apunté para la siguiente sesión para la que faltaban casi dos horas por lo que no tuve más remedio que quedarme en esa isla decadente un buen rato más. Y POR FIN llegó la hora. En un rápido japonés, la cuidadora nos explicó las normas y nos repitió varias veces que no hiciéramos nada raro puesto que podría ser peligroso (no dejan de ser animales salvajes). Además había que ponerse unas botas de goma que ellos mismos proporcionaban. La pena es que yo no iba con nadie así que pensaba que no tendría fotos de este momento tan especial. Sin embargo, un chico japonés que estaba haciendo fotos a su novia, me dijo que yo también salía en ellas por lo que le di mi email y me las envió (yo soy la que está más cerca de las rejas):

Para mi esta experiencia fue algo realmente especial. Las demás personas tocaban poco a los delfines y no sé si con miedo pero yo los acaricié desde el corazón. Y no me limité a tocar un costado sino también la cabeza y el lomo. Y, al tiempo que pasaba la mano por su cuerpo, le decía en voz baja que nos perdonara a los humanos por todas las cosas que le estábamos haciendo, tales como tenerlos encerrados. El tacto del delfín era (como yo tantas veces había imaginado) gomoso, liso y suave pero caliente en torno a la zona de la cabeza.

Después de esta experiencia cogí el tren para volver a Ise desde donde, por la noche, salía el autobús hacia Tokyo. El paisaje que veo a través de las ventanillas es encantador y totalmente japonés: campos de arroz, casitas pequeñas rústicas, etc.

Al llegar a Ise, como quedaba bastante tiempo para la salida del autobús, decido irme de nuevo al antiguo barrio samurái de Okage Yokocho, puesto que estaba llena de tiendas de souvenirs y puestos de comida, para merendar algo y poder hacer algunas compritas y regalitos. Además, allí había un pequeño museo de maquetas a escala casi real que reproducen la vida real en esa zona en la época Edo y que la anterior vez no había podido visitar. Era una exhibición pequeña pero muy interesante y didáctica:

Y tras hacer algunas compras y comer unos dulces, emprendí la vuelta al cosmopolita Tokyo. Siento el retraso en esta última entrega pero me quedé sin cámara de fotos y tuve que usar mi móvil japonés cuya tecnología es incompatible con mi ordenador, así que ha sido un poco difícil. Pero espero que os haya gustado.

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Sigo queriéndoos daros las gracias por todo vuestro ánimo y apoyo. Mi momento bajo y oscuro aún no ha acabado pero no es tan constante como antes. Aún así, las mañanas siguen siendo muy tristes. Y encima me he pillado un constipado de no te menees. No paro de toser y apenas tengo voz. Fui al médico el domingo pero esto de la comunicación en japonés es muy difícil y además de no enterarme de lo que tengo (mi tos parece de bronquitis pero ni idea), las medicinas que me dieron eran para sólo para un día: ¿extraño, no? Me dieron un antibiótico, mucolítico y otras pastillas para la tos pero solo en dosis para un día. Y claro, ya estamos a martes y aún estoy hecha polvo. Y estar así pochita me hace sentirme más tristona y necesitas más mimitos, snifff.

Miles de gracias y besos para tod@s

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13 Septiembre 2007

Kusatsu y algo personal 2. Actualización ataque de histeria

Lo primero, miles de gracias a tod@s y al final de este post, retomaré un poco el asunto.

Está pendiente desde más de un mes el último capítulo sobre mi viaje a Toba, pero tengo algunos problemas técnicos con algunas fotos que espero poder solucionar pronto. Os prometo que será una entrada muy interesante (o eso espero), llena de fotos y con algunas anécdotas, historias y asuntos realmente curiosos y diferentes. Recemos a los kami (dioses sintoístas) de la tecnología para desear que pueda obsequiaros con esas fotos.

Así que hoy voy contar una excursión que hicimos estas vacaciones de agosto antes de que ocurriera todo esto . La verdad es que durante mi semana de vacaciones ha hecho un calor horroroso con una humedad extrema por lo que decidimos hacer una escapada a una zona de montaña situada en la prefectura de Gunma, llamada Kusatsu, donde el calor ofrecía una tregua.

Me había recomendado esta zona una estudiante que había pasado allí unos días. Kusatsu es uno de los lugares más famosos de Japón por sus aguas termales. Se dice que allí no sólo son de una enorme calidad sino que son muy abundantes y saludables.

Además de los onsen (aguas termales) Kusatu, al ser una zona natural, cuenta con numerosos parajes naturales, como el monte Shirano. Ésta montaña de 2160 metros es en realidad un volcán en cuyo cráter hay un lago de agua color esmeralda.

A este volcán se puede acceder hasta justo la base en autobús o en teleférico, pero también se puede optar por subir caminando, por una ruta de unas tres horas y media. Nosotros nos decidimos por la ruta a pie puesto que lo que queríamos era rodearnos de la naturaleza y caminar un poquillo. Apenas nos cruzamos con dos personas en todo el camino, por lo que pudimos disfrutar de magníficos paisajes como el de esta cascada medio escondida entre los árboles:

Toda la última parte del camino estaba rodeado de un tipo de plantas que no supimos identificar y que os muestro en esta foto (Con "bicha" incluida):

Después de unas dos horas y media de camino, la vegetación se acaba y comienza el ascenso de lo que es el volcán propiamente dicho. En esta parte el paisaje es totalmente diferente, muy seco, lleno de cráteres y hendiduras y de aspecto lunar. Y todo ello acompañado de un maloliente olor, digamos a algo así como a (no vayamos a ser finos) pedo, pues alrededor está lleno de aguas ricas en azufre de la que se nutren todos los onsen de la región.

Cuando llegamos justo a la base del volcán, nos encontramos con un enjambre de japoneses que habían llegado allí en autobús, coche o teleférico y solo recorrían a pie el último tramo del camino, de unos 50 metros.

La verdad es que aunque el volcán no tiene mucho más que visitar que el cráter, merece la pena pues está lleno de agua de un espectacular color. Os dejo dos instantáneas para que vosotros mismos juzguéis:

Y desde arriba la vista de la estación de autobuses, el camino de ascenso (lleno de japoneses como hormiguitas) y la naturaleza circundante:

Para volver al pueblo cogimos un autobús y nos dirigimos hacia el pueblo donde hay numerosos onsen, algunos de ellos gratuitos. Sin embargo lo que a mí me apetecía probar era un rotenburo (onsen al aire libre) del que me había hablado mi estudiante, muy famoso por ser uno de los más grandes de Japón ya que puede albergar a más de cien personas. Este recinto de aguas termales está situado en un parque hasta el que llegan numerosos riachuelos y manantiales llenos de agua caliente, de los que sale vapor y donde la gente se moja los pies (y algunos niños se remojan el cuerpo entero):

Y, por razones obvias de desnudez y demás, no os puedo mostrar imágenes del interior del onsen pero sí de la parte exterior:

Como se observa en la foto, está rodeado de naturaleza por lo que es muy agradable darse un baño caliente contemplando las montañas y los árboles.

Y para terminar, unas bonitas flores alpinas de Kusatsu:

A Kusatsu se puede acceder en tren expreso (pero caro, como todos los trenes aquí) desde la estación de Ueno (Tokyo) y desde allí se coge un autobús que en 10 minutos nos lleva al centro del pueblo. No es el lugar más interesante de Japón pero es bonito y agradable para una excursión de un día. Si a alguien le interesa visitarlo podéis obtener información (en inglés) en esta página.

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Bueno, pues quería de nuevo daros las gracias a todos los que me habéis escrito y animado tanto con vuestras palabras. La verdad es que no esperaba una respuesta tan cálida ni masiva y, de hecho, habéis casi conseguido récord de comentarios (sólo superados por los del artículo No es un post fetichista, por razones obvias de búsquedas de cierta palabra en google). La verdad es que me gustaría deciros a tod@s que estoy mucho mejor pero no quiero mentir; esto es duro y lento y supongo que necesito tiempo, paciencia y esperanza. Todos me habéis dado muy buenos consejos y os prometo que intento seguirlos aunque a veces me agobio, me enfado y pierdo la paciencia pensando que todo es una mierda. En definitiva, que me he sentido muy arropada y todo ello ha suplido un poco la falta de cariño y contacto físico que tengo aquí.

El domingo me voy de viaje a Hokkaido hasta el martes. El viaje me apetecía pero la verdad es que ahora me da un poco de miedo y tristeza. Temo sentirme demasiado sola, puesto que no voy acompañada, y que, por tanto, mi cabecita piense más de lo necesario. Pero intentaré acordarme de todos vosotros y de que debo hacer buenas fotos y tomar nota de cada detalle para poder enseñároslo en futuros posts.

Miles de gracias a tod@s

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Actualizo para deciros a todos que después de un año aquí, pensando que me libraba de las cucarachas, me ha salido de repente hoy una y enorme corriendo por la casa. Pensaréis que es absurdo asustarse pero es que las tengo FOBIA, auténtica FOBIA. No las soporto y desde el primer día, como sé que en Japón hay muchas, puse cebos y los he cambiado varias veces. Pero hoy, de repente, ha aparecido una negra, gorda y grande. Me ha entrado un ataque de histeria increíble y aún estoy temblando. Es lo que tienen las fobias. Es que, de verdad, es lo que me faltaba. Creo que me la he cargado porque he echado muchísimo insecticida pero ahora no estoy tranquila y no sé si podré dormir. Porque además recordad duermo en un futón en el suelo. De verdad, que mal rato.

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Sobre mí

28 años. Profesora de español en Tokyo. A veces perdida, a veces me encuentro. En cualquier caso, viviendo y descubriendo nuevas cosas cada día. Pero seguiré contandoos mis experiencias en este raro y peculiar país.

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