Pese a que llevo por aquí ya un año y siete meses, aún no había visitado la zona de Shinagawa así que ayer me pasé por allí. Y me sorprendió gratamente porque últimamente Japón ya no me produce las sensaciones del principio, supongo que estoy ya bastante acostumbrada.
En el área de Shinagawa se sitúa la antigua carretera de Tokaido (ahora sólo una calle) que unía Edo (nombre antiguo de Tokyo) con Kyoto. Se puede pasear por aquí entre las estaciones de Aomono Yokocho y Kitashinagawa de la línea Keihin-Kyuko. Se conserva toda la zona llamada Shinagawa-syuku que aunque no deja de ser una calle normal, mantiene el ancho de la época Edo, está salpicada de templos y tiene muchas tiendas de sabor antiguo. Además todo el recorrido está jalonado de lámparas de metal pero que imitan las clásicas de los templos (foto en el lateral). Además a cada lado hay callecitas muy estrechas que nos sugieren el Japón más clásico y antiguo.
Yo he empezado a caminar desde Aomono Yokocho pero si empezáis en Kita Shinagawa hay un cartel informativo con todos los puntos de interés (templos, tiendas antiguas, estatuas) que se pueden visitar y al verlo me di cuenta de que me había perdido algunas cosas.
Al poco de empezar a caminar me encontré con el templo Yogan-ji:
Y hacia la mitad de la ruta de Tokaido hay un templo increíblemente bonito llamado Ebara (Ebarajinja) precedido además de un encantador puente rojo (ya que esta zona está muy cerca del mar y desembocan varios ríos):
Además desde ese puente se podía divisar a lo lejos los edificios futuristas y la noria de la bahía de Tokyo lo que producía un interesante contraste.
En este templo había florecido ya el cerezo. Yo en un principio pensé que eran ciruelos (dada la época) pero pregunté a una pareja y me dijeron que se trataba de cerezos tempranos. Estaban realmente preciosos:
Un detalle de las flores de cerezo:
Y una toma desde el interior del templo con el torii, los cerezos y el puente rojo:
Toda la calle no es tan espectacular pro si refleja bastante una típica calle tradicional japonesa con sus tiendas de comida, de utensilios de cocina y diferentes puestos de comida con sus correspondientes banderolas en la puerta:
Lo increíblemente sorprendente es que la calle acaba y nos encontramos de repente y sin apenas transición en la modernísima zona de Shinagawa. Tras cruzar las vías del tren, uno se topa con escenas como ésta:
Comí por esa zona pero por una callejuela escondida donde entré en un pequeño restaurante encantador de sólo cuatro mesas regentado por tres mujeres. La mayor de ellas era de Taipei, lo supe porque era muy habladora y se lo estaba comentando a otras clientas. Luego a mí me preguntó que si trabajaba por la zona. Era un menú único de 850 yenes que incluía gioza, ramen, arroz y ensalada. Para beber un té de jazmín (se puede tomar todo el que se quiera) delicioso. Pedí el tamaño normal pero luego leí (¡es que entendí todo el cartel!) que el grande costaba lo mismo:
No muy lejos de allí esta el final de un río donde hay un pequeño muelle con barcos que sirven de vivienda a algunas personas. De nuevo el contraste con los modernos edificios de Shinagawa:
Bordeando el río llegué al otro punto que quería visitar la "isla Tennozu", una zona realmente agradable rodeada de agua (desembocadura del río y canales) y con modernos edificios y puentes. Se puede circundar la "isla" por un agradable paseo de barandas. Es realmente relajante estar tan cerca del mar, en este río con patos, gaviotas, barcos y botes y todo rodeado de modernos rascacielos:
En el paseo hay bancos para sentarse y también algunas esculturas interesantes:
El final del paseo lleva casi a la zona de la bahía de Tokyo (se ve un poco a lo lejos el Rainwob Bridge). En la segunda foto se ve pasar un shinkansen:
En esta zona había un agradable centro comercial llamado “River Terrace” donde me tomé un té verde y estudié un poco. Muy interesante.
Y desde aquí tomé una última foto de otro río con su puente y volví hacia casa:
Para volver fui a la estación de "Tennozu Airu" en lo que yo pensaba que era la línea Rinkai par ir hasta Osaki y allí coger la Yamanote (la circular) para llegar hasta Shinjuku, pero resulta que por allí algunos trenes se convierten en una línea de JR y conectan directamente con Shinjuku así que me ahorré un trasbordo, je, je.
En resumen, una zona de Tokyo llena de contrastes como tantas otras y que nos hace recuperar un poco la sensación de ciudad marítima que desde muchos otros lugares de esta inmensa urbe es inexistente.
Anoche fui a comer con algunos estudiantes y otros profesores a un restaurante de sukiyaki (すき焼き) y me encantó. El sukiyaki es una comida típica japonesa de carne y verdura. En el centro de la mesa se pone una cazuela con la salsa de sukiyaki (una salsa dulce muy liquida de consistencia cercana al agua) y se calienta (en la mesa están instalados pequeños hornillos). En esa salsa se preparan los diferentes alimentos que los sirven, lógicamente, crudos. Nosotros teníamos tabehodai, una especia de barra libre de comida. Por eso, podíamos pedir toda la carne que quisiéramos así como servirnos verdura cuantas veces deseáramos de una barra que allí tenían. Comimos carne de cerdo y vaca así como tsukune (una especie de albóndigas de pollo):
Los huevos que veis es porque cada uno se echa en un bol un huevo crudo para pasar por allí los alimentos ya cocinados en la salsa de sukiyaki. A mi el huevo crudo me daba un poco de reparo y no lo comí (aunque lo probé) pero otros japoneses tampoco lo comieron.
También había tofu, verduras (zanahoria, puerro, hojas verdes), fideos y mochi. Todo se prepara en esa salsa y este es el aspecto que presenta la cazuela mientras se cocinan los alimentos:
Me encantó esta comida, la salsa está buenísima y la carne realmente sabrosa, especialmente la de vaca. El tofu y los fideos con esa salsa estaban también deliciosos. Aquí podéis verme con Miharu, primero preparando la carne y después a punto de saborearla (con el humillo de la cazuela por delante):
No sé el nombre del restaurante pero si a alguien le interesa mucho puedo averiguarlo. Esta en Shinjuku muy cerca del Isetan. Con nomihodai (barra libre) y tabehodai ("como cuanto quieras") durante dos horas nos costó 4000 yenes por persona. Creo que está muy bien ¿no?
En el restaurante nos ocurrió una anécdota interesante. Estaba por allí una cámara de televisión que resultó ser de un programa coreano y que nos pidió permiso a los extranjeros para hacernos algunas preguntas sobre la comida y qué nos parecía. Fue interesante y nos pidieron que habláramos en nuestro idioma (luego ellos pondrían subtítulos).
Después de la cena fuimos a jugar a los dardos y la segunda vez (junto a Haruka, el profe de traducción de la academia) gané, je, je.
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Y cambiando un poquito de tema quiero decir que ya he ejercido mi derecho democrático al voto. Vamos, dicho de forma menos pedante, que ya he votado. Es la primera vez que voto por correo. Ha sido interesante porque he recibido todas las papeletas y no veáis que cantidad de partidos raros hay. Una experiencia más, votar desde el extranjero.
El pasado 12 de octubre, con motivo de la fiesta de la Hispanidad, los españoles residentes en Japón fuimos invitados a la embajada de España (situada en la zona de Roppongi) para celebrarlo. El año anterior no había podido ir porque tenía que trabajar pero, esta vez, tenía la mañana libre y pude pasarme un rato.
A la fiesta la verdad es que la gente iba más que "peripuesta" y resultaba extraño ver tantas caras japonesas entre españoles, conversaciones en castellano, patas de jamón y platos de paella. Se supone que es un punto de encuentro para los que estamos fuera de nuestro país aunque en realidad se convierte en una competición de algunas personas por mostrar el mejor traje y conocer a más y más personas (ya sabéis, hacer contactos y esas cosas). Además en la mesa del jamón y la paella había bastante cola. Si es que la comida española, sigue siendo de las mejores: jamón, quesos, paella, carne, fideuá...
Y hasta habían instalado una máquina para hacer churros y una gran sartén para freírlos:
Y entre tanta comida, no faltaba Micko, nuestro particular tuno:
Y aquí un grupo de españoles disfrutando de las bebidas y los manjares (y en la segunda foto, yo misma, jajajaja):
Y para terminar, una panorámica general de los asistentes a la fiesta (trajes y vestidos por doquier...):
Creo que casi todo el que tiene un blog sobre Japón ha hablado de Tsukiji, el mercado de pescado de Tokyo, por lo tanto, no creo que esta entrada sea muy original. Sin embargo, no puedo dejar de hablar de él porque cuando lo visité (en agosto del año pasado cuando Dani vino a verme) quedé fascinada. A Dani y a mí siempre nos habían gustado mucho las lonjas y, sobre todo él quería visitar la de Tokyo por ser la más famosa. No habíamos ido antes ni en nuestro primer viaje a Japón ni en su anterior visita por el tremendo madrugón que hay que darse para poder ver alguna subasta de atún. Nosotros llegamos a las 6:07 de la mañana, bastante tarde para lo que recomiendan las guías (que aconsejan llegar allí a eso de las 5 de la mañana) pero es que antes no teníamos tren desde mi casa. De hecho, cuando llegamos, ya prácticamente estaba acabada. A pesar de todo, pudimos ver una.
La verdad es que este mercado se ha convertido en algo totalmente turístico y a esas intempestivas horas, había bastantes extranjeros caminando entre los pescados y sacando fotos. Lo cierto es que el suelo de la zona del atún estaba cubierto por grandes atunes rojos y se podía andar entre ellos:
El comprador, coge su mercancía y la lleva en su carrito motorizado, de los que está llena toda la zona y a veces se convierte en un verdadero peligro:
Y en la siguiente foto podéis ver el tamaño de algunos de estos bonitos:
Muchos de los compradores tienen unas herramientas de metal con las que prueban el pescado crudo (y congelado). Cogen un pequeño trozo y después lo escupen. Pero además hay filetes de muestra de cada uno de los ejemplares:
Como he dicho antes, tuvimos la suerte de ver una subasta. En ella, el vendedor va gritando (su sonido se me asemejaba al de un pato) y los compradores levantan ligeramente la mano y con eso queda todo apalabrado. Era bastante impresionante y para muestra, este vídeo:
Aunque no se entendiera nada, me encantó esta venta y es una visita que realmente recomiendo. Tiene algo cautivador y ver la forma en que se entienden, la viveza del pescado y la mezcla de colores naturales, producen una atmósfera muy especial.
El resto de la lonja está llena de puestos de diferentes tamaños y con distintas variedades de pescados y mariscos.
Los pasillos entre un puesto y otro son muy estrechos y el suelo está cubierto de agua, restos de pescado y sangre por lo que, si lo visitáis, os sugiero que llevéis un buen calzado y no unas simples sandalias como yo (era verano) que además se me rompieron así que acabé de agüilla sucia hasta casi el corvejón.
En algunos de esos puestos se puede ver como cortan el atún recién comprado. Podéis verlo en una foto y un vídeo:
En esta zona de puestos también observamos como destripaban y cortaban anguilas ¡en vivo!
El caos se complementa con la caótica circulación por todas partes de unos extraños vehículos que llevan el motor delante cubierto por con un cilindro y con espacio detrás para transportar la carga. Circulan a gran velocidad y sin parecer respetar ningún código de tráfico. También pasaban camiones, bicicletas así como diferentes vehículos.
En la entrada de Tsukiji hay numerosos puestos para comer sushi y sashimi pero ¡preparaos para las largas colas!
En resumen, no por típica es menos interesante esta visita. Realmente es muy muy recomendable pero para disfrutar bien hay que llegar antes de las cinco y media de la mañana. Si visitáis Tokyo, no dejéis de reservar un día en vuestra ruta para ver esta impresionante lonja.
En el siguiente puente de ese mes realicé otro de mis viajes pero en esta ocasión acompañada de una amiga japonesa, Kayo. Esta vez, la organización corrió de su cuenta y debo reconocer que lo hizo muy bien y nos salió muy económico. El viaje fue a una isla increíble llamada Yakushima, situada al sur de Kyushuu (una de las cuatro islas principales de Japón). Para llegar allí debíamos coger un avión hasta Kagoshima (en Kyushuu) y después un barco.
El día de inicio del viaje Kayo y yo quedamos en el aeropuerto de Haneda pero ella llego súper justa (a menos de media hora de la salida del vuelo) y además nos equivocamos de sala de embarque, así que cuando por fin embarcamos éramos las últimas.
En el avión de JAL observó algunos detalles en los que no había reparado la anterior vez cuando viajé a Hokkaido. Por ejemplo, cuando el avión está abandonando la zona de aparcamiento, observo desde la ventanilla del avión, entre sorprendida y divertida, que tres trabajadores del aeropuerto (tal vez mecánicos) nos despiden moviendo la mano en señal de adiós y, por último, ejecutan una perfecta y coordinada reverencia. También me fijo en que las azafatas hacen siempre reverencias en el pasillo del avión.
Este primer día de viaje resulta ser el de los medios de transporte, lo que llega a ser un poco agotador pero es que, aunque Japón no es muy grande, al ser tan extendido (es un país "a lo largo") a veces moverse de un extremo a otro requiere mucho tiempo (aunque los medios de transporte son excelentes). Para llegar al aeropuerto de Haneda tuve que coger, desde mi casa, dos trenes. A continuación el avión a Kagoshima y una vez en Kagoshima, nos vemos obligadas a coger dos autobuses. Uno desde el aeropuerto hasta el centro de la ciudad y otro, desde allí otro hasta la zona del puerto.
En el puerto tenemos que viajar en un ferry supuestamente rápido pero aún así tarda más de dos horas desde Kagoshima hasta Yakushima. Desde el barco se puede observar la montaña más alta de Kyushuu. El interior del barco es similar al de un avión aunque más ancho:
Cuando, por fin, pisamos Yakushima, tengo la sensación de volver al verano tokyota pues una bofetada de calor húmedo nos saluda pegajosamente. Es realmente una isla tropical de naturaleza generosa donde la palabra sequía debe de haber desaparecido de su vocabulario. Aquí llueve más de 300 días al año y, por eso, nos hemos venido preparadas con nuestras ropas impermeables. Sin embargo, al llegar no llueve y un tímido sol aparece de vez en cuando entre las nubes. Desde el puerto vamos caminando hasta la zona del minshuku (pensión de estilo tradicional regentada por una familia) y disfrutamos ya de las primeras vistas verdes y exuberantes de esta isla. Por el camino, nos cruzamos con varios cangrejos que, dada la humedad del lugar, no deben de diferenciar bien entre el mar la tierra:
El minshuku resulta ser un lugar encantador y nuestra habitación es completamente de madera, hasta el baño:
La habitación está a pie de calle y tenemos una puerta corredera que da al puro campo y que nos ofrece esta magnífica vista:
Estamos al lado de un río y desde fuera hice más fotos:
Como aún era pronto para cenar, decidimos dar una vuelta por los alrededores, una zona supuestamente algo más urbana pero que, sin embrago, a mí me parece selvática llena de telarañas, hojas de árboles de tamaños imposibles y flores exóticas y tropicales:
Como en esta isla el sol y la lluvia se alternan con tal facilidad que parecen dos amantes traviesos, es fácil observar arco iris como el que tuvimos la suerte de ver y fotografiar en este improvisado paseo:
Poco a poco empezaba a anochecer y nos dirigimos a nuestro alojamiento donde teníamos incluida la cena. Cuando llegamos al comedor había solo un par de platitos pero la señora empieza a traer comida y más comida hasta que toda la mesa queda inundada de alimentos, la mayoría especialidades del lugar, como una especie de pescado frito volador (tenía alas, de verdad, podéis verlo en la foto):
Además podíamos repetir de arroz y de té verde cuantas veces quisiéramos.
A la mañana siguiente también pudimos disfrutar del desayuno con algunas especialidades del lugar. El menú incluía un huevo crudo (algo habitual en Japón) pero yo aún no puedo comerlo así, de modo que la señora me lo cocinó amablemente en el microondas:
El atractivo principal de Yakushima son sus bosques y, en especial, una parte donde se encuentra un árbol milenario que aseguran tiene más de 7000 años. Sin embargo, la excursión hasta este lugar dura más de 14 horas y no contábamos con tanto tiempo así que fuimos a visitar otro bosque de cedros de unos 300 años y subimos también a una pequeña montaña que ofrecía vistas de la isla.
Para llegar al inicio de la excursión había que coger un autobús que subía por una empinada carretera y ofrecía desde su ventanilla increíbles paisajes en altitud del lugar:
El bosque de la excursión no puede definirse de otro modo que no sea "de cuento". Es un bosque de árboles con formas imposibles, raíces que la vista no alcanza y cantidades ingentes de musgo como para hacer un belén de miles de kilómetros cuadrados.
Árboles (algunos de varios cientos metros de altura):
Raíces (algunas completamente cubiertas de musgo):
Musgo
Y además de los árboles con raíces endiabladas y cubiertas de musgo, a lo largo de la excursión, hemos visto varios ciervos y, dado el contexto, estaba convencida de que, detrás, aparecería un príncipe con su arco:
Pero, ilusa de mí, aquí lo único que aparecía (¡y de forma traicionera!) era la lluvia. Y es que hemos tenido sol, lluvia, sol, lluvia, otra vez sol, en un ciclo un poco desesperante. Casi toda la primera parte de la excursión ha sido bajo la lluvia. Al principio estaba bastante despejado y nos las prometíamos muy felices pero, unos monos nos dieron mal agüero. Me explico. Unos diez minutos después de haber empezado la excursión, llegamos a una explanada de rocas y allí, de repente, dos monos se estaban despiojando:
Y acto seguido (no habían pasado ni 20 segundos) se abrió el cielo y empezó a diluviar. Aquí es donde descubrí que no me había gastado el dinero en balde. Así que estrené mi chubasquero de Northface y unos pantalones impermeables, lo que me daba un aspecto ciertamente lamentable. Aquí, varias fotos de mí, en diferentes momentos de la excursión y con diferentes indumentarias según lloviera, saliera el sol, diluviara...
Pero esta isla es de clima tropical (aunque, increíblemente, según he leído, parece que nieva en invierno a veces, así que, en realidad, el clima me tiene un poco desconcertada) por lo que, aunque mi piel y pelo se mantenían a salvo de la lluvia gracias a las prendas impermeables, mi cuerpo producía su propia lluvia de sudor. Era un abriguillo fino pero se sudaba mucho por dentro.
Nuestra excursión era por ese bosque del que ya os he mostrado algunas imágenes hasta un monte más o menos elevado. Por el camino, también tuvimos que atravesar algunos riachuelos:
Después de unas tres horas de subida, con un último tramo muy empinado lleno de raíces gigantes y barro pues había caído una intensa lluvia, llegamos a la cima que resulta ser sólo una piedra grande en la que apenas cabemos las personas que allí estamos. Las vistas desde el peñasco son increíbles aunque vemos como se acerca peligrosamente una gran nube. Me sorprende también la virulencia que deben tener por aquí las tormentas puesto que muchos árboles aparecen partidos por rayos (incluso durante la subida oímos varios truenos que atemorizan nuestros pasos):
En ese alto me siento a disfrutar un poco del sol y cuando me subo el pantalón (o más bien los pantalones, pues llevaba los de chándal y encima los pantalones impermeables) descubro con horror que, sobre mi pierna, hay un bicho asqueroso que resulta ser una repugnante sanguijuela que, encima, me ha pegado un buen bocado (y más tarde me atacaría otra pero sin llegar a morderme). Supongo que estos bichitos no disfrutan a menudo de sangre fresca de gaijin.
Desde aquí, y tras el desagradable incidente, emprendemos el regreso pasando por alguna de las zonas de estas fotos:
Y después de la dura excursión volvimos al minshuku donde nos esperaba una opípara cena en la que nos pusieron un total de nueve platos (incluyendo entre éstos el arroz y la sopa de miso). En la primera foto podéis ver ocho de estos platos y en la segunda, el último plato que nos sirvieron cuando yo creía que ya no podía comer más:
Ya, por la noche, dispuestas a dormir y con los músculos doloridos por la caminata, descubrimos que en la habitación había un visitante inesperado:
A la mañana siguiente (tercer y último día de viaje) teníamos pensado visitar un parque en el que se podrían observar distintos tipos de vegetación propios de la isla. Ya que no teníamos tiempo para visitar más zonas de Yakushima, nos pareció que acercarnos a este parque sería buena idea. Sin embargo, no fue fácil. No sabíamos muy bien si había autobuses o a qué hora pasaban y nos vimos (otra vez, como ya me pasó en Hokkaido pero esta vez bajo un calor pegajoso y chicloso) caminando por una carretera y con las pesadas mochilas a cuestas. Eso sí, la vegetación era muy atractiva ya que, como ya he dicho, esta isla disfruta de una generosa frondosidad. Seguimos caminando sin encontrar ninguna parada de autobús (para, al menos, poder consultar los horarios) ni tampoco pasaba ningún taxi. Después de caminar un buen rato (os aseguro que se me hizo eterno) llegamos a una parada de autobús. Según la información allí escrita, el bus debería pasar a las 10:00 y en ese momento eran menos diez. Sin embargo, se retrasó bastante y no llegó hasta pasadas y cuarto. Aquí se nos ve en esa carretera medio devorada por la vegetación que todo quiere invadirla y con cara de cansancio y calor:
Y toda esta espera y camino bajo el calor húmedo isleño para... pues para ser devorada y mordida en ese parque por decenas de mosquitos amantes de mi sangre extranjera. Bueno, en realidad, de cualquiera. A la entrada del parque regalaban pai pais para espantar los numerosos mosquitos que por allí volaban. Pero, además, la señora que vendía las entradas, al ver mi piel blanca de gaijin, debía saber que atraía más a estos voraces insectos y me colgó en el pantalón un utensilio que soltaba humo y supuestamente los espantaba. Era un armatoste metálico del que salía un humo y olía de forma parecida al incienso. Aquí podéis verlo un poco:
Además de todo esto, la amable señora (o con miedo a una demanda de una furiosa gaijin devorada por los incestos) me echó por todo el cuerpo loción repelente de mosquitos. Aun así, a los tres minutos, miré mi cuerpo y observé, entre alarmada y sorprendida, que varios mosquitos estaban sobre mis piernas y tenía ya varias picaduras. Por eso, y dado que tenía demasiada carne expuesta a su gula (iba en pantalones cortos y camiseta de tirantes) desafié el calor y la humedad y me subí los calcetines (a lo Steve Urkel), me puse una camiseta de manga larga y me coloqué un pañuelo al cuello. En la siguiente foto os dejo que os rías de mis ridículas pintas pero que ilustran muy bien todo lo que os estoy contando:
Aún así, se dieron un buen festín a mi costa y, dicho sea de paso, también un poco a la de mi amiga.
En cuanto al parque, era interesante. No muy grande pero con enormes árboles tropicales. Algunos adquirían formas realmente curiosas y se doblaban sobre si mismos hasta no parecer un sólo árbol sino varios:
Pero esta visita de 10 minutos (más hubiera supuesto un desangramiento, estoy segura) me costó:
Una agotadora marcha por la carretera cargada con la mochila bajo un sol abrasador
270 yenes del autobús para ese último tramo que hicimos motorizadas
200 yenes de la entrada al parque
Varias (conté más de 20) picaduras de mosquitos desnutridos antes de nuestra llegada (después, tal vez, murieron de indigestión)
1000 yenes del taxi que cogimos para volver a la zona del puerto (al que llamamos desde el parque) para emprender el regreso.
Un susto porque el taxista nos dijo, espero que en broma, que en ese jardín había mosquitos de la malaria puesto que eran árboles tropicales. Qué chistoso el hombre, ¿no?
Y tras el banquete de los mosquitos, volvimos tranquilamente a Tokyo repitiendo el mareo de medios de transportes del primer día.
Aunque, como siempre, he puesto bastantes fotos, de este viaje hay muchísimas más y (lo creáis o no) me he cortado un poco. Así que, ahora como se permite integrar Flickr (uno de los mejores programas de fotos de Internet) en el blog, podéis ver en el módulo de la derecha todas las fotos y además en tamaño grande. Sólo tenéis que pinchar en ese módulo y ¡disfrutar!
Por cierto,s e me olvidaba, esta isla fue elegida por la UNESCO como patrimonio de la humanidad.
Comienza un nuevo año y espero que sea mejor que el anterior. Os quiero desear a todos un feliz 2008 y daros una vez más las gracias por todas vuestras lecturas y comentarios.
Puede que el artículo de hoy no os resulte interesante a muchos de los que me leéis habitualmente pues se aleja de la temática nipona que caracteriza el blog. Quiero por ello disculparme y prometeros que, en breve, nuevos paisajes tokyotas, viajes por mundos lejanos y anécdotas varias ocuparán este espacio. Pero hoy permitidme que narre y os muestre un poco mis vivencias en las navidades españolas.
Este año han sido unas navidades bastante diferentes por motivos personales lo que en algunos momentos me afectó psicológicamente. Pero también ha tenido muchas cosas positivas y no me refiero sólo al jamón, el lomo, los langostinos... (humm, paro que estoy otra vez en Japón y aquí no hay esas delicatessen).
Por ejemplo, mis padres se habían mudado de casa y me he encontrado un hogar nuevo, moderno y acogedor. La decoración de la casa les ha quedado preciosa y aquí os quiero ofrecer una pequeña muestra:
Y el dormitorio de mis padres. ¿Notáis algo?
Pues si, el diseño japonés ha llegado a mi casa. ¿Casualidad o influencia?
Además me he reencontrado no sólo con mi familia sino con muchos amigos y, de hecho, apenas he tenido tiempo de quedar con todo el mundo. En la siguiente foto os quiero presentar a dos de las mejores: Myriam (la de la izquierda) y Vir (la de la derecha). Aquí estamos en un VIPS compartiendo sándwiches y confidencias:
Gracias a ellas además he salido esta nochevieja, en la que, por primera vez, no he ido con Dani, algo extraño y diferente pero supongo que la vida sigue. Aquí os pongo otras dos fotitos personales. En la primera me podéis ver con el vestido de Nochevieja y en la segunda ya en la fiesta con ellas dos:
Fue una fiesta divertida en la que a cada persona le entregaban una pegatina con un nombre y había que buscar a la persona que llevara el nombre que correspondía a ese haciendo parejas. Por ejemplo, yo era Sally y tenía que buscar a Harry.
Estos días, por supuesto, he podido disfrutar de la excelente comida de mi madre aunque, por desgracia, varios días he estado malita y con el estómago descompuesto. Sin embargo, cuando he estado bien he comido cosas tan deliciosas como solomillo con foie acompañado de reducción de Pedro Jiménez y mermelada de frambuesa (en la foto), pularda rellena, mejillones al vapor, merluza rellena y otras exquisiteces dignas de los mejores restaurantes pero que yo he podido comer en mi casa gracias a mi madre, excelente (y es verdad, no es porque sea mi madre) cocinera:
Estos días son también los de las visitas familiares pero la mía es tan pequeña que se ha reducido a la de mis primos. Aquí una foto de toda la family junta: mis padres, mi primo Javier, su mujer Monia y yo:
Y con esto, acaba el breve resumen de mi estancia por las Españas: buena comida, reencuentro con amigos, salidas nocturnas, suciedad en el metro y mucha morriña. Siento el autobombo de este post y prometo volver al mundo nipón en breve.
Hola a tod@s:
Hoy voy a hablaros de algo bastante típico y que seguro que habéis visto en muchos otros blogs. Por lo tanto, siento lo tópico del tema pero, para mí, tratar de esto supone la constatación de la evolución de mis gustos gastronómicos. Bueno, pues voy a escribir sobre los kaiten sushi, esos bares de sushi con una barra giratoria donde podemos elegir cada uno de los platos de este tipo de comida.
A mí, cuando llegué a Japón no me gustaban nada ni el sushi ni el sashimi. Luego empecé a comerlo pero no me entusiasmaba demasiado y más tarde empecé a apreciarlo pero de forma moderada. Y ahí me había quedado. Sin embargo, hacer un par de semanas fui con mis compañeros Pau y Javi a uno de estos locales en Shibuya, una tienda de sushi muy barata que Javi conocía. Estaba repleta de gente puesto que era muy barata, cada plato de sushi costaba 100 yenes, a diferencia de otros lugares de este tipo donde cambia el precio del sushi según el pescado:
El caso es que empecé a comer algunos de estos platos y ¡me encantó este sushi! Estaba delicioso, hasta tal punto que comí ¡7 platos! De ahí el título de este post "La evolución del gusto" ya que he pasado de no poder comer nada de pescado crudo a gustarme mucho.
Para los que no conozcáis este tipo de locales, os cuento que hay una barra giratoria con las diferentes variedades de sushi. Uno mismo puede servirse lo que desee y luego nos cobran según el número de platos. Aquí todos son del mismo color (mismo precio) pero en algunos otros, cambia el color del plato según el precio. Detalles de este kaiten sushi:
Comí sushi de salmón, de atún, calamar, tamagoyaki (tortilla dulce) y gambas (como la de esta foto):
Con lo que aún no puedo es con el nori (un tipo de alga), así que siempre lo quito del ramen y, por supuesto, no tomo sushi con él.
Esta tienda a la que fuimos era muy muy popular y estaba llenísima (además era sábado) por lo que había una cola de unas 50 personas esperando. Sin embargo, la espera fue rápida porque en este tipo de locales suele haber un tiempo limitado para comer, en este caso de 20 minutos. Es lógico que haya tanta gente porque es sushi de buena calidad y a un precio excelente:
El pasado viernes 23 de noviembre era fiesta nacional en Japón por lo que no tenía que trabajar y aproveché para descansar pero también para asistir a un matsuri (festival japonés religioso-festivo), uno de los más importantes de la región de Kanto (región a la que pertenece Tokyo). A él me invitaron dos alumnas mías que son encantadoras.
En lo que consiste realmente es en un mercado llamado Torinoichi (酉の市) que se instala en un templo shintoísta denominado Hanazono (situado en Shinjuku). En este mercado al aire libre hay muchísimos puestos donde se venden unos objetos hechos de bambú y diversas figuras que dicen que dan buena suerte. Algunos son muy pequeños pero otros alcanzan un tamaño inmenso y con él, su precio también asciende. Uno de estos amuletos grandes puede costar hasta 100.000 yenes (más de 600 euros). El festival estaba animadísimo y había muchísima gente. La verdad es que en ese aspecto, en ocasiones llegaba a resultar realmente agobiante. Había zonas donde apenas se podía caminar y como, además, alrededor había santísimos de estos amuletos llenos de colores, la sensación era, en ocasiones, de cierto abigarramiento:
No sé si en las imágenes se puede realmente apreciar pero los puestos estaban completamente cubiertos de estos amuletos de bambú, incluso la parte del tejado en algunas zonas:
Pese a los precios tan increíbles que tenían algunos de ellos, muchos de los asistentes compraban los más grandes y a cada momento, nos cruzábamos con personas que portaban su recién adquirido amuleto.
Quiero que veáis algunos de los más grandes y que más me llamaron la atención. Con las fotos no se aprecia bien la dimensión real, así que os cuento que la circunferencia puede tapar varias cabezas:
El siguiente tiene una rata, porque el año que comienza (2008) es el de la rata (2007 está siendo el del jabalí):
Se dice que estos objetos de suerte deben colocarse en la esquina de la casa o del negocio para atraer la buena suerte. Una vez que el comprador ha adquirido la pieza, el vendedor hace una especie de ritual para darle la suerte. Consiste en decir unas palabras y luego junto a la gente que está alrededor, se dan tres series de palmadas (el vendedor con unos palos especiales) y se oyen algunos cánticos. Podéis verlo en este vídeo:
Por supuesto, también había algunos amuletos más pequeños así como puestos que vendían algunos otros objetos también de buena suerte:
Normalmente en los matsuri hay puestos de comida como yakisoba, takoyaki (pulpo rebozado), yakitori (brochetas de pollo o carne), dulces, etc. En este gran acontecimiento había varias calles llenas de estos puestos que ofrecían todo tipo de alimentos salados y dulces. Había tantísimos que la mezcla de aromas era realmente apetitosa:
Nosotras pedimos una ración de takoyaki. Aquí estoy con Miharu (y la foto nos la hace Meo):
Y dos vídeos también para ver un poquito el ambiente: los puestos, la gente llevando amuletos, la comida, etc.:
En el centro del templo había un escenario tradicional japonés (y detrás se quema el amuleto del año anterior, pues sus efectos sólo duran un año y al año siguiente hay que comprar otro):
Y en la entrada y salida, miles de lámparas de papel encendidas:
Si alguna vez visitáis Japón, os recomiendo que intentéis ir a algún matsuri, para vivir de verdad la festividad y emotividad japonesas.
Espero que os haya interesado. Muchas gracias a todos por leerme y comentarme (y yo, como siempre, ya os he contestado a todos vuestros mensajitos en los posts anteriores).
28 años. Profesora de español en Tokyo. A veces perdida, a veces me encuentro. En cualquier caso, viviendo y descubriendo nuevas cosas cada día. Pero seguiré contandoos mis experiencias en este raro y peculiar país.