28 Marzo 2008
“Come on your raver, you seer of visions, come on you painter, you piper, you prisoner, and shine”. Los últimos versos de “Shine On You Crazy Diamond”, uno de los temas emblemáticos de “Wish You Were Here” (1975) de Pink Floyd, me vuelven a la cabeza una y otra vez cuando pienso en ese ser maravilloso y enigmático sobre quien se han tejido tantas historias y anécdotas, así como especulaciones sobre su estado mental.
Digamos que mientras Artaud y Van Gogh han testimoniado en sus respectivas locuras una crítica lúcida y decidida a la sociedad, plasmada sobre todo en cartas y declaraciones (la famosa “Carta a los Poderes” de Artaud, por ejemplo), Syd Barrett es TODO ÉL MISMO la LOCURA convertida en ARTE. Como si su ARTE no estuviera completo hasta devenir él mismo en LOCURA.
Pero lo más interesante es que este proceso tiene un derrotero de lo más peculiar, tratándose de una estrella de rock: la incipiente estrella de rock que luego se transformaría en leyenda. Para comprender esto, hay que hacer un poco de historia. Luego que Bob Klose abandonara el grupo -que Barrett llamaría “The Pink Floyd Sound” en homenaje a dos desconocidos bluesman, Pink Anderson y Floyd Council – como acertadamente ha declarado el mismo Klose, la música de los proto-Floyd dio un giro hacia un estilo de música inspirado en la fértil imaginación del joven de Cambridge, muy amigo entonces de otro nativo de aquella ciudad británica, Roger Waters.
El primer Floyd es una banda de singles psicodélicos inquietantes, llenos de texturas y alusiones a temas nada convencionales (tener presente “Arnold Layne” o “See Emily Play”, por ejemplo). Como alguien dijo una vez, Barrett componía como si estuviera pintando, utilizando las palabras y melodías lúdicamente, jugando con colores, armonías y contrastes. Sin quitar mérito a Waters, Mason y Wright, el Floyd de los singles como el de su primer disco “The Piper At The Gates Of Dawn” (1967) está marcado por la impronta creativa de Barrett. Sin dudas, es un disco excelente y diferente de todos los álbumes posteriores de la megabanda en que se transformaría Pink Floyd en los años sucesivos. En mi opinión, es ARTE PURO de Barrett.
Todo cambió cuando “The Pink Floyd Soud” trocó el “The” y el “Sound” por un liso y llano “Pink Floyd” translondinense. Agotadoras giras, grabaciones, contratos, compromisos musicales, shows en vivo o con “play back” y las enemistades o desinteligencias generadas por los incipientes contrastes entre actitudes e intereses estéticos y vitales distintos, no iban con el sentimiento consustancial al ARTE PURO concebido por el genio de Cambridge. En este punto quiero hacer una aclaración necesaria: no creo que las drogas, sobre todo el LSD que se consumía como caramelos entre los jóvenes, haya sido EL FACTOR DESENCADENANTE de la locura de Barrett. No más que el ÉXITO que asomaba por la ventana de esa “máquina” (“Welcome, my son, welcome to the Machine”, cantan Waters y Gilmour en el segundo tema de “Wish You Were Here”) en la cual se estaba convirtiendo Pink Floyd, a instancias de su primera gira en USA.
En el “Pat Boone Show”, donde Barrett, cada vez tenía que hacer un “play back”, se quedaba petrificado, se evidenció la extraña hartura de Barrett y su impermeabilidad frente a todo lo que estaba sucediendo a su alrededor (se puede confrontar el testimonio de Waters en ese magnífico documental titulado “Pink Floyd And Syd Barret Story” de 2003 para corroborar la rara conducta del guitarrista lider y voz de la banda en aquellos momentos).
Cuando la cosa se hizo insostenible, Waters, Mason y Whright convocaron a David Gilmour, otro joven guitarrista de Cambridge (amigo del mismo Barrett) que tenía una banda, los Jokers Wild, para que hiciera las partes de Syd, quien para ese entonces se había transformado en una especie de zombie, cual un sujeto en quien se hubieran fusionado el personaje de “Eraserhead” de David Linch con Robert Smith, de la banda inglesa de los ochenta, The Cure. Waters y Gilmour no dudan en describir a Barrett como un hombre cuyos ojos se habían vuelto como dos impenetrables agujeros negros.
Sucedió que un día, el ahora cuarteto integrado por los tres fundadores, más Gilmour, dejó plantado a Syd, quien anduvo de aquí para allá, hasta terminar el resto de sus días en la casa de su madre, en Cambridge, ajeno a la popularidad y al movimiento millonario que generaban las ventas de los discos y las espectaculares giras de Pink Floyd por todo el mundo. Es imposible saber que hubiera pasado si Barrett no hubiera “enloquecido”. Pero como ha dicho alguien por allí, las canciones en solitario de Syd revelan, en su desesperada autorreferencialidad, una cierta “verdad mental”, bella y simple (no perderse “Dominoes”, por ejemplo), como si el ARTE PURO hubiera dado lugar a la VIDA de un hombre que ha renunciado a la “normalidad” de la estrella de rock para volver sobre sus pasos, en una regresión hacia un mundo interno e insondable.
En sus últimos días (Syd Barrett falleció en 2006 a la edad de 60 años), el genio de Cambridge, artífice el primer Pink Floyd, es descripto por Nicholas Schaffner (“La Odisea de Pink Floyd – El largo y extraño viaje hacia el éxito de un grupo mítico”, Ed. MA NON TROPPO, Buenos Aires, 2005, p. 308) como alguien a quien los pocos recuerdos que le quedan casi nunca están acompañados de resabios de placer o satisfacción, con la excepción, por perverso que suene, de su viaje a Estados Unidos, país que está encantado de haber visitado. En cuanto al resto, considera que fue una vida muy difícil y demandante que jamás le desearía a nadie, mucho menos a sí mismo, y afirma que en ocasiones sí piensa en sus amigos, Dave, Rick, Nick y Rog.
El ostracismo de Barrett no impidió que el legado de sus canciones con los Floyd y los álbumes en solitario que hiciera luego de su partida de la banda influyera decisivamente en sus mismos ex compañeros y en grupos posteriores, como The Damned o Television Personalities a fines de los 70 o Porcupine Tree a mediados de los 90, sino que sin duda será una fuente de inspiración con valor permanente entre aquellos que amamos el rock and roll.
http://www.youtube.com/v/0PnktsP3dUU&hl=es"></param><param
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28 Marzo 2008
Cuando era un adolescente, quedé fascinado con una película recién estrenada en la –entonces- flamante televisión por cable (estamos hablando de los años ochenta en la Argentina, claro). En aquel film, hacia el final, el protagonista –Jimmy- se desengañaba de la guerra “mods” contra “rockers”, de la chica que ama pero no es real, del rebelde callejero que trabaja de botones en un hotel lujoso, del mundo melindroso y no menos falso de los adultos… Y más. Atorado de tedio, terminaba surcando los cielos en una motocicleta ajena (la del botones rebelde) más allá de los acantilados de Brighton, hacia la nada.
La poca información de aquellos años, la ingenuidad e hipocondría post dictadura militar y la circunstancia de haberme casado tan joven (¡¡¡gran error!!!) impidieron que hasta luego de mi primer divorcio pudiera disfrutar plenamente de la más grandiosa banda de rock and roll de todos los tiempos: The Who. Porque “Quadrophenia” de Franc Roddam (1979) –el film al que hacía referencia al comienzo- sería una buena película más si su banda de sonido no hubiera sido –y será por siempre- una obra poética y musical de gran nivel, perfectamente adecuada a los momentos más fuertes y significativos de la historia (tan bien narrada y filmada, por cierto). Me refiero a la maravillosa ópera rock del cuarteto integrado por Peter Townshend, John Entwistle, Keith Moon y Roger Daltrey, grabada en 1973, seis años antes del estreno de la película.
Si, amigos, The Who era y es un fenómeno de la naturaleza, que hace palidecer a los flequilludos y rolingas, que vuelve a los zeppellins pura espuma… En The Who encontramos en estado de latencia al punk, al progresivo, al heavy metal… Si no conocen a The Who, recomiendo escuchar “Quadrophenia”. Y si lo hacen, no paren más. Los esperan “Who´s Sell Out”, “Who´s Next”, “Tommy”… Si quieren experimentar a la más potente banda de rock en vivo, es IMPRESCINDIBLE ver “Listening to you - The Who at the Isle of Wight” de Murray Lerner (1970) y escuchar el mejor disco en vivo de rock de todos los tiempos (Live At Leeds, 1970), para empezar… Y si desean leer grandes letras del rock, no dejen pasar la lectura de I Can´t Explain”, “My Generation”, “Won't get fooled again” o “Behind Blue Eyes”, entre otras muchas…
The Who conjuga al genial compositor de letra y música de rock, el narigón Pete Townshend (muy buen guitarrista también, me atrevería a decir el mejor en cuanto a guitarra rítmica se refiere), con las respectivas genialidades de esa fuerza de la naturaleza llamado Keith Moon en batería (¡¡¡talento único entre los mortales!!!) y del más grande bajista de rock de todos los tiempos: John Entwistle (que hace las veces de base rímica y utiliza asimismo el bajo como una primera guitarra con una precisión y virtuosismo que apabullan) y –last but not least- el aporte de uno de los mejores cantantes de todos los tiempos, el histriónico rubio Roger Daltrey, cuya voz puede susurrar pero también rugir. No puede uno despedirse de esta tierra sin vivir la maravillosa experiencia estética e intelectual que la música de The Who nos regala en su prolífica discografía.
Recientemente, y a pesar de la muerte de Keith Moon en 1978 y John Entwistle en 2002, The Who ha editado un extraordinario disco, de obligada escucha (Enldess Wire, 2006) y ha encarado una monumental gira por todo el mundo, con Zak Starkey (el hijo de Ringo Starr) en batería, y Pino Palladino (extraordinario instrumentista) en bajo. Pete Townshend ha dicho que a veces mira a su derecha y extraña la presencia de Entwistle (“The Ox” para los amigos), pero a uno le gustaría creer que el gran John y el loco Keith están en algún lugar, tocando en la Isla de los Bienaventurados.
Aquí, una pequeña muestra de la increíble música de The Who:
http://www.youtube.com/v/b3mi-bKtDGA&hl=es"></param><param
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9 Mayo 2007
En el curso de complementación para Escribanos aspirantes a Abogados el Profesor ha sugerido los siguientes temas. Se aconsejan los mismos porque están lo suficientemente acotados. La razón de no sugerir temas generales es, por un lado, el hecho de que tales temas importan conocimientos eruditos o el acceso a bibliografía no siempre disponible. Por otro lado, hay que tener en cuenta que los temas generales requieren competencia especializada.
Por esta razón, me parece que -en orden a los tópicos, asuntos y problemas tratados en el curso- es pertinente escoger algunos de los siguientes temas:
1) La relación entre la causa material entre los primeros filósofos y los conceptos antropológicos usados para explicarla (justicia, orden, pena, etc.) de cara a la dicotomía physis-nómos.
2) La relación entrela concepción cosmológica y la noción de Arkhé, testimoniada en una tradición posterior. La importancia de la cesura de Parménides de Elea y la crítica de Sócrates.
3) Sócrates y la filosofía como vida activa. ¿Podrían trazar ustedes un paralelo entre Sócrates y otro u otros hombres importantes de la historia?
4) Sócrates y la zetética, considerandola inspección del saber de los poetas, políticos y artesanos de la que da cuenta la noticia de la Apología de Sócrates, de Platón. Tomar enconsideración -especialmente- la diferencia entre el orador o el sofistafrente al filósofo.
5) La sofística y su concepción de la filosofía. ¿Tiene sentido la filosofía para ellos? ¿Porqué la afirmativa o porqué la negativa?
6) La definición de justicia de Céfalo y la parte de la discusión que hereda su hijo Polemarco. El papel de la vejez, la piedad y la riqueza en el anciano Céfalo. Tener presente la herencia intelectual de Polemarco.
7) Las distintas concepciones de justicia retributiva en el Libro I de La República de Platón. Básicamente se trata de explicar la parte en que interviene Glaucón.
8) Trasímaco y el dilema de la injusticia absoluta. Compárenlo con un orden social que ejerce un control absoluto sobre los individuos, hasta en sus preferencias íntimas (el Estado de George Orwell en la novela "1984").
9) El argumento de la banda de ladrones del Sócrates platónico y su relación con toda empresa social normativa. Aplíquen el caso ala situación de un sistema jurídico del pasado o del presente, en punto a la performancemoral y al rendimiento de las reglas, así como a las consecuencias de su aplicación o no aplicación, según el caso.-
10) El descenso y el ascenso en la alegoría de la caverna de Platón. ¿La idea del Bien es puramente metafísica?Analice la misión del político verdadero -según Platón-teniendo en cuentael criteriode que los actores reales de la política sólo lo son en distintos niveles de apariencia.Ser y parecer.
11) ¿La misión religiosa de Sócrates es también política? Compare el destino de Sócrates con los peligros que Platón describe para los que quierenliberar de las cadenas a los prisioneros vueltos hacia el fondo de la caverna.
12)La diferencia entre dar y hacer lo debido en torno a la definición de lo justo y la justicia en el Libro I de La República de Platón. ¿La trama social que propone Trasímaco sigue proponiendo un modelo retributivo, aunque situándolos en el contexto social?
13)La situación hobbesiana del estado de naturaleza y las justificaciones autoritarias dela limpieza social (étnica, racial, económica, ideológica, etc.). Considere alguna situación histórica concreta.
14) La importancia de San Pablo en la idea de que todo poder proviene de Dios. Sus implicancias para la inteligencia de las narrativas de la modernidad en punto a la noción de conciencia histórica. Tomen, por ejemplo, la opinión de García Morente sobre el idealismo trascendental y si la considera o no y en talo cual caso, que les parece a ustedes.
15) Examine la justicia de tipo homérica vinculada a la ecuación amigo-enemigo. Tome en cuenta lo que desarrolla Platón en el Libro I de La República y analicen la posibilidad de que este modo de justicia no sea sino una versión del derecho del más fuerte, así como su vigencia en las sociedades actuales.
16)El nómos y su asociación con la noción de physis. Analice el papel de la historia ateniense en el siglo V y la posición de los sofistas. Tengan presente la cronología, en especial las guerras médicas, la paz de cincuenta años subsiguientes y la guerra del Peloponeso, su influencia en el surgimiento del antagonismo physis-nómos.
17) La relación entre la guerra y la crisis de la ciudad, en particular, la afirmación de Tucídides en la Historia de la Guerra del Peloponeso: "La guerra es maestra de violencia". Analicen, a la luz de esta proposición, testimonios actuales que pueden elegir con toda libertad, y examinen si esta proposición esverificable en las actitudes, valores, estándares e idealesvigentesen el contexto dado.
18) Examine la importancia de la epistemología positiva de Platón -la línea dividida en segmentos- contenida en La República en relación con el fenómeno jurídico. ¿Consideran ustedes que debería ser incluida en la agenda de la filosofía del derecho?
19) ¿Sócrates es un santo, un mártir, un héroe clásico al estilo de Aquiles o Ulises, un idealista sacrificado, un suicida o un paradigma de conducta? ¿Le convendría haberse escapado de su prisión antes de morir bebiendo la cicuta? Justifique fundadamente su respuesta. Para este tema, conviene leer el Critón, un diálogo bastante breve de Platón.
20) ¿Qué diferencia hay entre el filósofo clásico y el filósofo o sabio en el sentido helenístico? ¿Qué relación tiene esta pregunta con la cuestión histórica relativa al tránsito de la pólis a la cosmópolis? ¿Y qué es, a su juicio -o debería ser- un filósofo moderno?
21) La posición de Trasímaco sobre la justicia (Libro I de la República) es: a) expresión del cinismo más abyecto; b) una vuelta al sentido común; c) una visión objetiva y realista; d) una orientación normativa vital para la acción; e) considere otra alternativa.
22) Formule una opinión acerca de la relación entre derecho del más fuerte y la averiguación de la verdad real en el juicio penal, con especial referencia al principio de inocencia. ¿El justo que el acusado deba -materialmente - demostrar su inocencia? ¿Es mejor condenar al que se cree culpable como modode responder a la alarma social? Tome un caso real.
23) Comente la siguiente proposición y determine si es pertinente de cara a un derecho de tipo arbitral: "el inocente no necesita mayor defensa, pues sale solo. El problema es defender al culpable". ¿Esto es realmente así a su juicio? Considere testimonios reales.
24) ¿La pena de muerte es un modo de derecho del más fuerte? Justifique la respuesta y busque en la dogmática penal la opinión de los expertos.
25) Analice la siguiente expresión contenida en el Gorgias de Platón: "es preferible padecer la injusticia antes que cometerla" y compárela con esta otra: "hay que sentir toda injusticia cometida en todas partes como si nos fuera ocasionada a nosotros mismos". ¿Exigen, a su juicio, distintos niveles de compromiso y de acción?
Pueden sugerirse otros temas con la condición de que tengan este nivel de acotamiento y que no ofrezcan mayores compromisos con la erudición. Con respecto a las fuentes, algunas ya las tienen y sobre las otras hablaremos en la siguiente clase. Algún material les será provisto por el Profesor.
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3 Mayo 2007
Zetética es una noción griega que significa búsqueda, inspección. En la historia de la filosofía, la zetética clásica se encuentra asociada a Platón y Aristóteles.
Pero no hay que olvidar que es Sócrates quien, a tenor de los testimonios de Platón y Jenofonte, habría sido el primero en concebir la filosofía como zetética. En efecto: la cesura se produce cuando se concibe a la filosofía como la búsqueda del saber y no el saber mismo. Esa es la impronta que le da Sócrates a la filosofía: la ampliación progresiva del horizonte de la propia ignorancia.
Con ello se da un giro copernicano que será aprovechado intensamente por Platón y Aristóteles. En el caso del primero, conviene recordar la distinción entre filosofía y filodoxia, entre amantes de la sabiduría y amantes de la opinión, y la construcción de una epistemológía positiva que hace depender el tipo de conocimiento de la realidad a conocer (imágenes - conjetura, mundo empírico - creencia, ideas - conocimientos dialéctico y discursivo).
Aristóteles, por su parte, establece el dispositivo de las 4 causas (material: de qué está hecho algo, eficiente: el agente de algo, formal: cierta disposición de la materia que hace que la distingamos con el lenguaje, y final: el télos, el fin que subyace a algo) y le confiere una significación histórico-filosófica que proyecta desde los primeros filósofos hasta el momento en que escribe.
No hay que olvidar: 1) el mito de la caverna, que permite explicar alegóricamente la línea dividida en segmentos, su epistemología sustantiva; 2) la noción de arkhé (principio) que registra Aristóteles y doxógrafos posteriores y que indicaría el momento en que se desanda el camino de la reflexión racional; 3) en Platón, la distinción entre: a) lo particular, b) el universal y c) la idea; 4) en Aristóteles la distinción entre acto y potencia, y sustancia, esencia y accidente.
La zetética moderna, en cambio, es el producto de la ruptura con la tradición dominante hasta entonces,el edificio intelectual del aristotelismo tomista. La causa de esta ruptura la encontramos en un complejo de hechos políticos, económicos, religiosos y sociales asociados a un clima espiritual en el conviven el paradigma científico de Galileo, el nuevo modelo de hombre (el individuo espiritual, que ha roto los ligámenes de la rígida sociedad medieval) y la pérdida de ingenuidad que prepara el camino al iluminismo.
Corresponde a René Descartes el mérito de haber construido el dispositivo de la conciencia a partir de la cual se constituye lo real. La pretensión de certeza, de indubitabilidad, de determinar ideas claras y distintas, conduce al método, al modo de conocer. La zetética moderna es el resultado de un giro hacia los problemas del conocimiento: ¿cómo sé? ¿de qué modo conozco? ¿cómo conozco?
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29 Abril 2007
En una clase del Instituto de Teoría General del Derecho, su Director, el Dr. Joaquín E. Meabe, consideró un problema que hace a la historiografía iusfilosófica pero que proporciona al mismo tiempo-a mi juicio-una visión de la historia de la Filosofía del Derecho desde una perspectiva genealógica.
Meabe sostiene que una cosa es estudiar la historia de la Filosofía del Derecho como una crónica y del registro de sus detalles (a la manera de Herodoto) y otra es hacerlo críticamente, estableciendo las causas que hacen a los distintos momentos de la misma (a la manera de Tucídides).
En este sentido, hay tres momentos principales:
1) Desde los presocráticos a Hegel.
2) La tratadística iusnaturalista, entre los clásicos y Hegel.
3) La glosa de los textos del Derecho Romano y las obras de los exponentes del ius commune, entre los clásicos y la tratadística iusnaturalista.
4) Desde 1820 (época en que se escribe la Filosofía del Derecho de Hegel) hasta nuestros días. Toda la tradición ulterior a Hegel es vicaria de su sistemática.
En cuanto a la enseñanza de la Filosofía del Derecho, Meabe considera que hay dos modos posibles: el modo 1 está representado por los grandes tratados de fines del siglo XIX y principios del XX (como los de Del Vecchio, Recaséns Siches y Legaz y Lacambra), que privilegian la erudición y el registro.
El modo 2, en cambio, se sitúa desde la perspectiva de los problemas, de las preguntas filosóficas en torno a las reglas y las prácticas jurídicas. Es tributaria de la tradición clásica, que tiene sus conspicuos exponentes en Sócrates, Platón y Aristóteles. Recuperar esta perspectiva constituye una verdadera labor de reformulación de la agenda de la incumbencia.
Daro Esquivel
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13 Marzo 2007
No hace falta ser un verdadero experto, sociólogo -o algo por el estilo-, para predecir lo que puede pasar cuando a la estulticia y la inacción se suman la falta de compromiso unida a la impermeable voluntad de inmovilismo en la cual reina la voluptuosa pereza de mis conciudadanos. Y en este punto, voy a cambiar de persona, para entrar al ritmo del “nosotros”, de la tercera del plural.
Conciudadanos es una concesión a la forma. Pues es posible que siempre reconsidere desafiliarme de las filas de los defensores de la “república aparte”, contra la cual a menudo despotrico, la mayoría de las veces, pulsionalmente. Pero sin dudas no viene en defensa de esta delirante última ocurrencia el hecho de que toda mi vida haya vivido en esta particular sociedad -amante de monarcas y señores- y todavía no haya querido irme.
Los defensores de la “república aparte” son -en realidad-, todos los que vivimos aquí. La defendemos, la amamos como la madre dispensadora de un incestuoso y cálido amor primigenio a cambio de cuya pérdida de idealidad nos vengamos con el rechazo desmedido a toda realidad –en fin-, al conocimiento que nos aparte del paraíso terrenal que contagia esta calma, esta lujuriosa llanura que obtura la sensación aérea y volátil que asociamos inconscientemente, y de consuno, con la evasión física o intelectual.
Aquí no vale el anhelo de volar. La intensa gravedad de los rostros, de los gestos, de las sonrisas, de las miradas, comulga con la fuerza irresistible que la llanura trae hacia nosotros, esta tierra etérea de marrones casi grises, esta ciudad que frente al río se vuelve ceniza. Y está claro que mucha gente viene aquí y se enamora de esta Circe hasta el fin de sus días. Algún día valdría la pena hablar de ello…
Habíaexpresado,unos días antes de la calamidad, que el Bañado Norte, un barrio que está hacia la costa del río, iba a inundarse –producto de la acción de la crecida del río más las lluvias y todo eso- y que deberíamos empezar a temer evacuados. Nadie me dio artículo. Como no soy un experto, empecé a temer que mis argumentos fueran infundados. Pensé: el juicio que (yo) pueda formular sobre temas climatológicos, meteorológicos –es justicia decirlo- es de mucha menor prosapia que el saber que los epistemólogos tradicionales denominan conocimiento vulgar.
También pensé: de análogo modo sucede con el juicio que pueda hacer sobre el difuso e intrincado sector temático de las calamidades, que – digo ahora - convocan a un conjunto de expertos o idóneos que no sabemos quienes son y porqué saben lo que saben. Pero suponemos que están pensando en qué puede suceder cuando los signos visibles de una posible –y muy acuciante- calamidad se avecinan. Mas tras las copiosas lluvias de los primeros días de marzo, que dejaron un saldo de 2000 evacuados (cifra oficial), todos habitantes de viviendas situadas hacia la costa citadina del Río Paraná, todas personas de escasos recursos, indigentes, parados, beneficiarios de planes, en fin, los excluidos, los olvidados de siempre, no podemos imaginar qué pensaron estos expertos que imaginamos que saben lo que hacen y porqué lo hacen o porqué no hacen lo que no hacen.
Los olvidados lo son por nosotros, los que nos planteamos dudas acerca de la acción oficial, de su racionalidad y eficacia; nosotros debemos asumir también la responsabilidad de este Perogrullo que esconde la verdad. Porque no basta culpar difusamente a la “sociedad” o al “Estado” o a los “gobernantes” de la falta de previsión y la extendida indiferencia combinada con una endémica situación de pobreza y marginalidad que se quiere tapar con slogans populistas y frente a la cual no hay respuesta institucional de fondo. Debemos empezar a sentirnos responsables por los demás; quizá sea el modo de conjurar a esta Circe que nos vuelve esclavos de esta –nuestra- hipocondría natural a la cual Paco Madariaga supo dar expresión poética en magníficos versos.
Daro Esquivel
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3 Octubre 2006
En los artículos dedicados al helenismo -en los cuales debimos (por imperio de la economía y utilidad que entraña nuestra modesta empresa, encaminada a hacer inteligibles los distintos momentos de la filosofía de cara a la reflexión sobre la genealogía del derecho occidental) considerar las peculiaridades del contexto y las circunstancias relevantes para el pensamiento-, dejamos claro que la decadencia de la pólis clásica trae consigo un cambio de rumbo que afecta al conjunto del pensamiento griego.
Pero ello es así porque el nivel más complejo de desarrollo del pensamiento al cual se eleva el genio griego –a partir de Sócrates, y de modo orgánico y programático con Platón y Aristóteles- establece una visión diferente y superadora de la que ofrece el pensamiento anterior. Contra la cosmología, subraya la futilidad de la especulación sobre la arkhé (ante el dilema del movimiento de la materia primordial); y, consecuentemente, su inutilidad para dar cuenta del conocimiento de la pauta orientada al control de la acción humana en dirección a la conducta apropiada. Contra el parmenidismo, ofrece una epistemología positiva que –al distinguir los distintos niveles que ofrece la realidad- resuelve el problema del rígido dualismo que justificaría (por reducción al absurdo) el axioma de la sofística conforme al cual si de algo pudiera afirmarse su existencia, esto no podría ser conocido y, menos aún, comunicado (y por lo tanto –agregamos nosotros- serían indiscernibles las pautas para la conducta apropiada). También aquí, la esfera de lo humano quedaría relegada al plano impensable de la ignorancia.
La polifónica realidad de la vida experimentada por el hombre, inexplicable en función de la cosmología (más que como efluvio de la justicia universal y cósmica, y por tanto, inescrutable) y de la crítica eleática (más que como absurdo y apariencia), encuentra una respuesta positiva justo en el momento en que se resquebraja la plataforma vital que da sentido al ideal de la vida virtuosa y a la conducta apropiada. La idea de las ideas, el Bien, es una experiencia de ascenso –en cuanto programa de apropiación de la realidad- pero asimismo una misión de descenso que anatematiza la mera contemplación en tanto actitud conformista del sabio. Este es el sentido de la filosofía práctica clásica, que florece justo cuando se produce el comienzo del marchitamiento de la pólis.
El verdadero déficit del eleatismo es este ofrecimiento incondicional a una teología del ser que descarta la physis –y, en articular, la physis humana- como incumbencia digna del pensar. A partir de las alturas del ser absoluto, no hay descenso posible más que como un extravío en el camino de la ignorancia. Más la ignorancia es el verdadero desafío del filósofo socrático y la ampliación de su horizonte no es sino un descenso hacia la exterioridad que revela la necesidad de elucidación de la acción correcta. Sin embargo, cuando se descubre este camino, ya es tarde para la pólis griega. Las desventuras platónicas narradas por el mismo Platón constituyen el corolario de una secuencia de decepciones donde no se oculta que en aquel tiempo las poleis griegas se encontraban mal gobernadas.
Cuando finalmente desaparecen las póleis, para dar lugar al imperio universal de Alejandro y, luego de su muerte, al surgimiento de ciudades helenizadas, reinos, tiranías y agregados diversos, la libertad política –tan bien caracterizada en el Critón de Platón- desaparece como ideal de participación política (el núcleo de la definición aristotélica del zoon politikón y la clave para la comprensión de la politiké koinonía). Una koinonía universal no tiene como respuesta sino el retraimiento, una suerte de descenso hacia la interioridad excluyente que se desprende del modelo del sabio cosmopolita.
La idea del Bien pierde su faz metaética para trocarse en actitud individual. Sin embargo, lo que se pierde bajo las ruinas de las póleis, se recupera y reformula a instancias del encuentro crucial de dos culturas posibilitadas por la expansión del helenismo hacia Oriente: la paideia griega y el judeo-cristianismo.
Hay que subrayar, consecuentemente, la disociación entre vida activa y vida contemplativa como una de las consecuencias más importantes del período helenístico. En el próximo período ambas dimensiones vitales confluirán en la labor misional de los primeros cristianos, pero con un sentido completamente diferente, con características propias que dimanan de la inteligencia a partir de la cual se entiende la relación entre en hombre y el orden revelado por Dios.
Ya a fines del siglo III a. C., algunos griegos reconocen en los judíos a la “raza filosófica”. Las últimas doctrinas de Platón y la primma philosophia aristotélica –precedidas por una tradición que arranca probablemente de Jenófanes de Colofón, el órfico-pitagorismo y el eleatismo- constituyen una crítica al politeísmo que se pronuncia a favor de un Dios único, de un motor inmóvil, y, en suma, de un corpus que podrá ser colacionado –no sin dificultades- en la tradición del judeo-cristianismo. El desarrollo de la filosofía helenística –especialmente el que se pone en marcha con el estoicismo- en orden a la postulación del lógos divino como matriz de inteligencia de la realidad (y, en particular, de la teoría del derecho natural) va a facilitar esta fusión, especialmente, a partir de la obra de Cicerón.
Y nos referimos a Cicerón, porque es la fuente en la que abreva el más importante de los filósofos del fin de la antigüedad –que produce su vasta obra en plena cesura de la misma en tránsito a la Edad Media-: San Agustín de Hipona.
En efecto, el joven Agustín, despierta a la filosofía con el “Hortensius” de Cicerón (diálogo hoy perdido), aunque su búsqueda lo aleje del cristianismo materno, lo conduzca al maniqueísmo y luego lo lleve a su conversión hacia el 386. Pero para llegar a San Agustín, debemos previamente echar una mirada a los apóstoles, a los primeros cristianos y al fenómeno crucial que hace al encuentro de la paideia griega y la religión cristiana. Para esta tarea, que será abordada en los artículos posteriores, vamos a tomar en consideración varias fuentes –particularmente la Biblia y el criterio de Jaeger, que consideramos fundamental en este punto-.
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25 Septiembre 2006
Cuando Zenón de Citio (foto arriba) y Epicuro enseñaban en Atenas, Arcesilao se hizo cargo de la Academia. Y con él, la escuela fundada por Platón se encaminó a un nuevo rumbo intelectual. El asunto preferido de Arcesilao era el cuestionamiento del dogmatismo de los estoicos –y sobre todo, el de su jefe y fundador, Zenón- consistente en pretender establecer la verdad de algo con certeza dogmática (representación cataléptica). Con diversos argumentos trataba Arcesilao de demostrar que las representaciones falsas pueden tener las mismas características que las verdaderas. Si el sabio no puede alcanzar la epistéme, lo más digno de él es no dar su asentimiento a toda representación, pues de lo contrario corre el riesgo de caer en la opinión. De esta manera, el sabio no afirma ni niega –debe suspender su asentimiento (epokhé)- y asimismo –y fundamentalmente- debe enderezar su vida hacia lo razonable (eulógon), que es el criterio para actuar rectamente.
Lo que irritaba en realidad a Arcesilao era la arrogancia que entrañaba el ideal del sabio estoico - imperturbable e infalible, omnisapiente-. Por eso quizá no debiera considerárselo un escéptico. Muere hacia el 240 a. C. y lo suceden filósofos de los cuales apenas sabemos sus nombres. El más importante es Carnéades, quien dirigió la Academia desde la muerte de Hegesino hasta el año 137 a. C. Carnéades practica un revival de la polémica contra el estoicismo, tal como lo había hecho Arcesilao un siglo antes. Al igual que su antecesor, Carnéades afirmaba que no existen representaciones que tengan el signo característico de la verdad (representaciones catalépticas). Pero éste no ataca sólo la concepción estoica sobre la verdad o falsedad de las representaciones, sino también su dialéctica (la dialéctica estoica, claro) –considerada por los estoicos como la disciplina indispensable para distinguir lo falso de lo verdadero-.
Carnéades introduce una nueva teoría: el probabilismo. A las representaciones catalépticas y acatelépticas de los estoicos, aquél opone las probables y las no probables (o persuasivas y no persuasivas). Con base en las representaciones probables, el sabio toma sus resoluciones, tanto para obrar como para abstenerse de hacerlo y –desde luego- establece el criterio para el conocimiento de la realidad. El académico no es –como el sabio estoico- infalible; más bien es prudente, prevenido. Eso no significa que no tenga pretensiones de certeza, sino que -ante una cuestión planteada- puede afirmar la probabilidad de que sea de tal o cual manera, pero no dar su asentimiento, esto es, no afirmar que lo probable sea cierto.
Respecto del resto del pensamiento de Carnéades sabemos poco; y en principio, porque no dejó nada escrito. Respecto de su concepción del derecho natural, nos referiremos en otro momento. Acerca de sus sucesores, Clitómaco y Filón, sabemos poco y nada. En orden a éste último, parece que se mantuvo fiel a las enseñanzas de Carnéades.
A finales del helenismo se vive una suerte de cultura del comentario, del para-texto, de la discusión acerca de temas secundarios, en definitiva, de pura doxografía. Piénsese en una obra como las “Cuestiones Académicas” de Cicerón, que comenta el debate resumido más arriba y que –en líneas generales- sigue los lineamientos del probabilismo.
A la muerte de Filón, Antíoco se hace cargo de la Academia y a su muerte es sucedido por su hermano Aristo. Cicerón conoció a los tres y se hizo eco de sus doctrinas, familiarizándose con el pensamiento neoplatónico y –repito- plegándose a la concepción probabilista y antidogmática de Carnéades.
En Roma, la filosofía se recepciona gracias a la importante influencia del estoicismo de la mano de Panecio de Rodas y Posidonio. Como ya dijéramos, Cicerón se adhiere al probabilismo, aunque también se advierte en su obra la presencia del aristotelismo.
No debe pasar inadvertido al lector el hecho de que los temas que se discuten en esta etapa no tienen la profundidad, el espesor, la importancia de los interrogantes y debates desarrollados en la época clásica y ello demuestra –al menos en parte- que estamos frente a una etapa de cierre, de ocaso, del pensamiento antiguo. La recepción de las enseñanzas de los Apóstoles –sobre todo de San Pablo- en el círculo de judíos cultos helenizados de Antioquia, dará lugar, con el tiempo, a la conformación de un nuevo escenario –en los términos de Joaquín E. Meabe-: el escenario de la revelación.
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