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EL HOMBRE (IN)VISIBLE

Pero ojo que aparece...

22 Marzo 2006

HERIBERTO Y LAS DOS VEREDAS (Cuento Inédito)

Iba Heriberto caminando por esa larga y famosa calle. Se trataba de una vía muy transitada por peatones de distintas nacionalidades, culturas, razas y credos. Algunos circulaban por la vereda este y otros por la oeste.
- Yo iré por la que me siente más cómoda. – dijo Heriberto emprendiendo su trayecto por el este.
A poco de andar ve a un ruso de bigotes que caminaba por su misma vereda.
- ¡Un ruso! – observó – Si alguien me ve cerca de ellos pensarán que soy comunista. No faltará quien crea que voy con ellos a algún sitio. Es mejor que me cruce. – dijo, pasándose a la acera oeste.
En esa otra acera caminó unos metros con un poco mas de seguridad. En un momento vio mas gente en su camino. Llevaban gorras de béisbol, camisas floreadas y cámaras de fotos.
- ¡Yanquis! – dijo - ¿Qué harán por aquí? ¿No será una invasión? ¿Estarán estudiando el lugar para luego atacarnos? Yo con ellos no voy ni a la esquina. – y antes de llegar a la esquina se cruzó de vereda.
En la vereda del este ya no había nadie y pensó que seguiría solo, hasta que empezó a alcanzar a un moreno que portaba un enorme pasa casetes.
- ¡Un negro! – protestó – Dicen que a estos tipos no les gusta mucho el trabajo. Sólo quieren rapear y asaltar a la gente común. Lo vi en una película. Yo no creo demasiado en eso, pero por las dudas… - y cruzó nuevamente.
En el lado oeste se topó con u hombre rubio y de ojos celestes.
- ¡Un alemán! – titubeó – Hay que tener cuidado con ellos. Son despiadados, y si me ven diferente, me torturarán y me asesinarán como hicieron con los judíos. Enfrente estaré a salvo. – y eso hizo.
Por el este divisó a lo lejos dos personas de cuyos negros sombreros asomaban unos cabellos largos ligeramente enrulados.
- ¡Judíos! – exclamó – Por muy rabinos que sean, solo les interesa el dinero. ¡Son los dueños del mundo! ¡Bancos, cadenas de TV, financieras…! ¡Todo es de ellos! ¡Tendría que haber un poco mas de equilibrio! Yo no digo que se los mate, no soy tan bestia, pero… - y se pasó a la acera de enfrente.
Allí caminó más tranquilo, pues vio a unas personas que a simple vista no tenían nada de particular. Pero a acercarse a ellos vio que pendían de sus cuellos enormes crucifijos.
- ¡Católicos! – se indignó - ¡La personificación de la intolerancia y la represión! ¡Para ellos todo está mal, todo es pecado, todo es miedo! ¿Y lo del Banco Ambrosiano no es pecado? ¿Y los curas con veinte hijos que hay por ahí? ¿Y la muerte de Juan Pablo I? ¿Por qué no dicen nada? Yo soy creyente, pero a mi manera. – y a su manera, cruzó a la otra acera.
Enfrente se topó con un par de muchachos que llevaban libros. Heriberto sintió curiosidad por sus lecturas. Hasta que en las cubiertas divisó la palabra “Filosofía”.
- ¡Ateos, seguro! – aseguró - ¡Esta gente es más rara…! ¡Siempre creen saber más que uno! ¿Tanto estudiar y leer para qué? ¡Para terminar desconociendo a Dios y su mandato! ¡Después se hacen anarquistas, predican a favor del aborto y más tarde nos acaban matando a todos! ¡Total, piden un mundo sin leyes! Mejor los evito. – y cruzó sin dudar.
Nuevamente en el oeste encontró a otras personas que también llevaban libros. Otra vez curioseó y descubrió la palabra “Abogacía”.
- ¡Abogados! – sentenció - ¡Encarcelan inocentes y liberan delincuentes! ¡Estudian la ley hasta la última letra! ¿Para qué? ¡Para luego meter trampas en cualquier hueco que encuentran! ¡Espero nunca necesitar uno de ellos! – y marchó para enfrente.
Allí vio a un hombre muy mal vestido.
- ¡Un pobre! – temió - ¡Seguro quiere pedirme algo o robarme! – Y cruzó.
En el oeste encontró otro hombre muy bien vestido.
- ¡Un rico! – se asombró - ¿De donde habrá sacado todo lo que tiene? – Y escapó.
En el este encontró un hombre de bigotes.
- ¡Un turco! – bramó - ¡Seguro que debe tener dinamita en todo el cuerpo! – Y corrió.
En el oeste se topó con un señor de sombrero.
- ¡Un inglés! – despreció - ¡Seguro que no tiene sentimientos! – Y lo eludió.
En el este caminaba un hombre con tiradores.
- ¡Un italiano! – se rió - ¡Seguro que es aceitoso y gritón! – Y se apartó.
En el oeste iban dos muchachos rudos.
- ¡Matones! – gritó - ¡Seguro que me quieren agredir! – Y los esquivó.
En el este iban dos jovencitos de la mano.
- ¡Maricas! – se escandalizó - ¡Seguro que van a violarme! – Y huyó.

Esa misma noche, el cuerpo de Heriberto yacía inerte en la mesa de una morgue. A su lado, dos médicos hablaban.
- ¿Y a este qué le pasó? – dijo uno.
- Lo atropelló un coche mientras cruzaba de acera.
- ¡Un imbécil! – determinó - ¡Seguro que cruzó sin mirar! – Y lo tapó.

Cuento participante del concurso "Cruzando Culturas" del año 2005, organizado por el Ayuntamiento de Mérida

Tags: humor, cuento, racismo

servido por José María 5 comentarios compártelo favorito

5 comentarios · Escribe aquí tu comentario

fede

fede dijo

Espectacular cuento, felicitaciones!!

3 Abril 2006 | 12:49 AM

Marisa22

Marisa22 dijo

Oye! Espectacular! Pon Mas, no nos dejes con las ganas

22 Mayo 2006 | 01:21 AM

DANIEL MARCELO DE FEO ANDRES

DANIEL MARCELO DE FEO ANDRES dijo

EXELENTE!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
LO ENCONTRE DE CAUALIDAD!!!
BRAVO!!!!!
(NO ES POR QUE SEA MI HERMANO)

2 Abril 2007 | 11:48 PM

Mariano

Mariano dijo

Fantastico ! lo encontre en otro foro pero me puse a buscar el autor y llegué aca.

mp

19 Julio 2007 | 07:04 AM

ALIDA

ALIDA dijo

HOLA,AMIGO PASE A DEJARTE MI COMENTARIO...ME SORPRENDISTE MUY GRATAMENTE ME ENCANTO TU CUENTO,GRACIAS POR COMPARTIRLO

3 Diciembre 2007 | 02:57 AM

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EL HOMBRE (IN)VISIBLE

Santa Fe, Argentina
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José María De Feo es guionista, humorista y músico. Vive en la ciudad de Santa Fe, República Argentina. Trabajó como humorista en radio y televisión. Actualmente escribe varios proyectos de comedias televisivas. Su actividad como músico continúa hoy en la banda "Plástico", dedicada a la música de los 80, de la que es tecladista y cantante. En sus (pocos) ratos libres se dedica a escribir relatos cortos de corte humorístico, que son los que presenta aquí con gusto (y algo de vergüenza).

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