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KAZUO

En este barco que naufraga constantemente llamado Puré,perdón,Perú...

25 Julio 2006

Un Charlie Brown en el Yakuri

Ya no me importa la víctima. La dejo en un hostal, regada de sangre. Ignoro si está muerta. Me vale un manga, ella le hizo hueco al condón. Tranquilamente salto por la ventana, es un segundo piso(antes me aseguro mi DNI en mi bolsillo, porque también leo los periódicos chicha y sus casos estúpidos del “No hay crimen perfecto”). Tomo una taxicholo. Me bajo en la Aviación, en San Borja. Una señora maltrata mi vista con un culo desbaratado. Aplastante. Me mira como si fuera un niño de bien. No sabe que soy un asesino en serie: Mi corbata era de una púrpura líquida inigualable. Lo tapo con el saco y el sobre de manila que más parece una tarjeta amarilla futbolera y gigante. Es lunes. Mi arma descansa dentro mi trusa y mis gafas oscuras, esta vez, dejada arriba de la frente. Entro al recinto.Varios años queriendo ver esto...por fin! El personaje de Charles Monroe Schulz está sentado sobre el mostrador.Es el único en su género a 500 kilómetros o más a la redonda.Estoy emocionado, me vuelvo a poner las gafas contra el brillo de mi córnea, tan malditamente sentimental a veces. Estoy tan resinoso cual participante de algún torneo de Smash Bros de los Nintendo Gamecube, esos que se hacen en el centro comercial Arenales algún domingo de invierno.Por si fuera poco, la inscripción en la parte posterior de su zapato marrón del peluche: Peanuts 1976, United Sindicated; Diablos! Es más original que Ekeko en feria de artesanía de Huancayo. El susodicho es el primero de la banda izquierda de la tienda, casi trofeo de la casa. Está medio inclinado, como si Snoopy le hubiese dado un golpe de gracia por darle comida de perro. Su cabeza no es tan chica como en sus tiras pero nótese la condición de rareza(le vendría bien a mi estante de colección miserable un polo de dos picos negros con fondo amarillo: al lado de Kenshin Himura(versión real, el del ova) y Fujiko Mine (la escultural novia de las series animadas Lupin III). Mamacita. El niño tiene visa de sobra para entrar a mi parada militar de modelos nipones. Sería el número 4, porque el desaparecido Tatsuo de la pekícula Akira se marchó. La tienda niséi, Yakuri, queda en una cuadra de Aviación,en San Borja, tirado para las Torres de Limatambo. Hueco de madres de familia de C y B, todas guapas, da la bienvenida con una abuelita que siempre me regala una sonrisa amable (esta vez la encontramos hablando en japonés mediante un teléfono escondido). De todos los productos japoneses, los palillos junior para comer me atraen más. Son para niños, pero las figuritas ahí entrampadas es toda una obsesión de miniatura exquisita a mis ojos. Me acuerdo de los últimos que usé, modelo Doraemon, un gato robot gordo. Me los olvidé un día, en un taxi, y casi pongo un aviso en los papelitos colgantes y públicos de cualquier farmacia. Fue una gran pérdida. El duelo fue saneado hasta este momento que veo al cabezón de la serie de las “Los Maníes”. Speedy Gonzáles diría “Los Cacahuates”. Leo el etiquetario: 30 soles. Madre mía, barato y yo sin nada. Si alguien quiere cuidar sus espaldas los fines de semana, puede contratar mis servicios: sólo obsequiándome tamaña debilidad de gánster. A estas horas de la tarde, es inútil lamentarse que hubiese rebuscado los bolsillos de esa vendedora de productos intangibles de cierto banco, después de aquel golpe certero.

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los enlatados y agachados,y de los poco honestamente confesados. xxx xxx xxx xxx xxx xxx xxx xxx xxx xxx xxx xxx xxx xxx xxx xxx xxx xxx xxx xxx xxx xxx xxx xxx xxx xxx xxx xxx xxx xxx xxx xxx xxx xxx xxx xxx xxx xxx xxx xxx xxx xxx xxx xxx xxx xxx xxx xxx xxx xxx xxx xxx xxx xxx xxx xxx xxx xxx xxx xxx xxx xxx xxx xxx xxx xxx

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