QUERIDO GASPACHAR....
Por fin acabaron las navidades... empieza un nuevo año, un enero cargado de reflexiones, de metas, de buenos propósitos y de listas de objetivos. Me encanta hacer listas... que casi siempre se quedan a medias.
Anoche, mientras me bebía una copa de Lorigan bien frío, descolgaba los adornos navideños (este año en rosa y oro) y guardaba mi belen surrealista... surrealista porque lo componen una suerte de pastorcillos peculiares: nazarenos, curas, misioneros, caníbales "comemisioneros", tunos, gitanos, toreros, un demonio (por lo del ying y el yang). Todos los años igual... pero, a pesar de mi creciente odio a las navidades, el día de Reyes siempre me ha gustado. Cuando era pequeña por motivos obvios. Cuando empezaba a ser adulta (cosa que no sé si habré conseguido a estas alturas) preparaba con mimo los envoltorios de los regalos que, solían ser mucho más espectaculares que su contenido. Por aquellos entonces mi escaso presupuesto se suplía con imaginación y ciertas habilidades manuales...
Creo que aquel año mi sobrina Margarita (una niña que, sin tener lazos de sangre, me recuerda mucho a la adolescente que fui), tendría algo menos de dos años. Como siempre he sido bastante transparente nunca he podido ocultar mi especial inclinación hacia ella, así que decidí que sus regalos iban a tener un envoltorio especial.
Durante varias noches trabajé para construir una casa de cartón de colores que se abría por el tejado y que contenía sus regalos de ese año (muñequitos de goma de los cuentosde Disney con los que me torturaba a todas horas... llegué a aprenderme de memoria todas las canciones... en inglés y en español).
La casa tenía ventanas que se abrían, con sus cristales-celofan de colores, chimenea con humo de algodón, purpurina por todos lados... lástima que no conserve ninguna foto.
Cuando llegó el momento mágico la niña quedó como hipnotizada por la casa... no se fijaba en la pila de regalos que tenía a su alrededor, ni siquiera la abrió, sentada en el suelo miraba al interior a través de las ventanitas y miraba ensimismada al interior... se volvió y dijo "esto me lo ha traído Gaspachar"
Desde ese día, en mi familia política quedé bautizada comoel cuarto Rey Mago... un rey global.
Ese día Margarita, con su media lengua y su mirada de adulta me hizo sentirme como su hada madrina... Hoy es una adolescente cargada de problemas y conflictos familiares, como fui yo misma... pero cada año el día de Reyes, se vuelve a convertir en esa niña, cada vez que me llama Gaspachar.
No sufras querida mía... los años pasan y te curan la rebeldía.





lebiram dijo
Bonita historia, Rey Gaspachar. Yo también tenía ganas de que acabaran las navidades. Me gustan, pero me empachan. Tengo ganas de que empiecen y no veo la hora de que acaben. Mi hijo ignorante de que en casa tiene sus propios RRMM, me decía hace un rato: "mami, me da tanta penita que quites el Belén". "A mi también, cielo, a mi también" (¿o no?). Un beso.
7 Enero 2008 | 09:09 PM