Sobre quemas de libros y publicidad
Todo empezó el 4 de octubre, cuando los medios de comunicación en Inglaterra empezaron a informar sobre la Happy Endings Foundation (la Fundación de los Finales Felices), una asociación que pretiende banir a todos los libros infantiles tristes, bajo la consigna sad books are bad books. En la web de la asociación, se explica como su fundadora, Susanne Small, decidió insurgirse contra los libros con final infeliz al darse cuenta de que su hija asumió una atitud negativa ante la vida después de la lectura del primer libro de la conocida saga A Series of Unfortunate Events, de Lemony Snicket. De hecho, la señora Small, según la web, se propone reescribir los 13 libros de la serie, para cambiar sus finales y hacerlos felices. El programa de actividades de la asociación incluye actividades tan edificantes como una quema de libros tristes el 5 de noviembre, o manifestaciones de contadores de chistes inocentes a la puerta de librerías previamente seleccionadas.
Huhum...
Confieso que he dudado. Me he enterado de la histor
ia por un blog (que no delato) que la tomaba como verdadera, pero la visita a la web me ha dejado con la pulga atrás de la oreja, sobre todo por estas fotos de los "activistas" en plena faena destructora. Una pequeña investigación ha sacado la verdad a la luz.
Resulta que todo se trataba de una maniobra publicitaria para dar bombo a los libros de Lemony Snickett. Es un humor un poco perverso, pero, bueno, así son también los libros... De todas formas, sabiendo que se trata de un chiste, hay que admitir que la web de la Asociación tiene detalles muy graciosos.
Lo deprimente de todo esto es que funciona c
omo maniobra publicitaria porque en realidad es creíble que existan por ahí asociaciones de esta calaña. Probablemente, desde que hay libros en papel que hay exaltados- inquisidores, nazis, khmers, y demás gente simpática - que se dedican a quemarlos. En Estados Unidos, la censura de clasicos de la literatura en las bibliotecas escolares es un hecho debatido desde hace años,y esto sin hablar de lo que pasa por otros parajes, como los procesos judiciales en Turquia contra escritores insuficientemente nacionalistas, o como cuando todo el Occidente se aprendió el vocablo fatwa y Salman Rushdie estaría todo menos contento con la publicidad (por cierto, la foto a la derecha es del año pasado, de cuando Rushdie recibió el título de Sir).
Por otro lado, como publicidad, todavía estoy dudando si se trata de una estrategia rastrera - al fin y al cabo, se aprovecha de que la gente se indigne y salga a la liza a defender los libros de Snicket, esto es, que los "pardillos" hagan el trabajo por la agencia publicitaria - o si se trata de una genialidad de bajísimo coste y tremendos resultados -parece que la noticia de la quema de libros de mentirilla llegó a la BBC...





calepin dijo
Estrategia o no, es plausible, y por ello escalofriante, indignante y muchas cosas más. Sin embargo admito que hasta la "mala publicidad" es buena para los libros. No sé por qué en algunos sitios se preocupan por quemarlos, si la mayor parte de las veces ni siquiera son leidos.
9 Octubre 2007 | 08:36 PM