Traduciendo los mundos
El Guardian siempre tiene noticias interesantes sobre el mundo del libro.
Hace cuatro años, un informe sobre el desarrollo humano en los territorio árabes enfatizaba que el numero de libros traducidos de otros idiomas editado en España cada año superaba el numero de libros traducidos al árabe en los últimos mil años. La falta de acceso a libros editados en otros idiomas limita gravemente la actividad intelectual en los países árabes. Este informe está en el origen del proyecto Kalima, promocionado por el Instituto Abu Dabhi para la Cultura y la Tradición, situado en los Emiratos Árabes.
Con este proyecto se pretende lanzar puentes entre culturas a través de la traducción y publicación de obras literarias traducidas al árabe. Está prevista para el primer año la edición de 100 libros traducidos desde 16 idiomas diferentes (desde el chino hasta el griego, pero la mitad de las obras seleccionadas fueron escritas originalmente en inglés), y se pretende publicar 500 obras al año a partir de 2010.
Este mismo año, lectores árabes podrán tener acceso a libros de Haruki Murakami, Umberto Eco, Stephen Hawking, Nadine Gordimer, Jacques Lacan y Albert Camus, entre otros.
Quizá no estuviera tan fuera de lugar proponer una iniciativa con las mismas características para el mundo anglófono. Resulta que, en los Estados Unidos y en el Reino Unido, solamente un 2% del total de los libros editados por año ha sido escrito originalmente en otro idioma que no el Inglés. Comparemos los datos: en Alemania, un 13% de todos los libros editados son traducciones, en Francia, el 27%, en España, un muy razonable 28%, en Turquía, el 40% y en Eslovenia, el 70%.
La otra cara de la moneda: la falta de acceso a libros editados en otros idiomas limita gravemente la actividad intelectual en los países anglófonos, sólo que nadie parece darse cuenta, visto que
En el caso de la traducción de obras literarias, el problema parece deberse a criterios comerciales. Los editores, o antes, las personas que leen libros en idiomas extranjeros y elaboran informes de lectura que llegan a las manos de los editores, dudan de la capacidad de los lectores de interesarse por realidades muy distintas de la suya.
Por otro lado, la penetración de la cultura popular anglosajona en el resto del mundo a través del cine, los programas de televisión, la literatura y la música permite que cualquiera, desde Bombay a Lisboa, capte al vuelo las referencias, lo que explica la aceptación por parte del mundo de la literatura anglosajona. Yo diria más, no sólo reconocemos las referencias (quien no puede hacerse un imagen mental de Nueva Jersey sin nunca haber dejado Europa?), pero también estamos enganchados al estilo narrativo anglosajon, ese encadenamento de causas y efectos con una pitada de psicología, los trucos de suspense, el ritmo narrativo...
Como cita la lectora Esther Allen, cualquier persona en el mundo puede interesarse por un divorcio en Nueva Jersey, mientras casi nadie en Estados Unidos parece tener el menor interés en leer la historia de un divorcio en Bona, Haifa o Sevilla.
Así convive la globalización con el ombliguismo cultural...
Por cierto, ¿quien me puede traducir esto? Este señor acertó la pregunta, pero no llegué a enterarme si se hizo millonario.



