El cerebro y la lectura o El origen de los deseos
De verdad no pensaba escribir hasta la próxima semana, pero hay temas que me despiertan un cierto sentimiento de urgencia.
El Moleskine Literario, del escritor Iván Thays es un blog inestimable para leer entrevistas con escritores y aprender más sobre la literatura latinoamericana. Thays escribe a menudo y siempre anda al día con las novedades y cotilleos de las revistas y suplementos literarios tanto en castellano como en inglés. Además, tiene un ojo atento para las cuestiones de crítica literaria y la lectura en general. Por estas fechas he encontrado un enlace al artículo The Twilight of the Books (El Ocaso de Los Libros), publicado en el New Yorker el día 24 de diciembre.
En este artículo, que merece una lectura atenta, se reflexiona sobre la evolución de los hábitos de lectura en EEUU. Las estadísticas indican que hoy en día hay más personas alfabetizadas que nunca, gracias a los progresos del sistema educativo, pero que la lectura de obras literarias como forma de ocio tiende a volverse una rareza incluso entre las personas con un nivel educativo alto - según las estadísticas, un licenciado nacido a partir de la década 60 lee menos que un licenciado nacido antes de la difusión de la televisión, e incluso menos que una persona con menos habilitaciones académicas nacida en la misma época. Está clara la correlación entre el creciente tiempo dedicado a la televisión y la disminución de tiempo de lectura, lo que tiene consecuencias estudiadas desde hace décadas por psicólogos experimentales.
Leer es una actividad que ejercita el pensamiento abstracto. El propio proceso de aprender a leer y a escribir activa partes del cerebro y le obliga a establecer nuevas conexiones, pero a medida que se perfecciona la capacidad de lectura, el cerebro necesita hacer cada vez menos esfuerzo y el lector empieza a integrar en la experiencia de la lectura sus propios pensamientos y sentimientos. Por oposición, el visionamento de imágenes, por ejemplo en televisión, nos ofrece una cantidad de información inmediata que nos devuelve al mundo de la oralidad primaria anterior a la escrita. La respuesta del espectador es más emocional y menos atenta a argumentos concretos, y caso no esté de acuerdo con lo que ve, lo más probable es que cambie de canal, lo que deja poco espacio para ejercitar la crítica y la comparación de puntos de vista. Por otro lado, se verifi
có que una persona retiene más información si tiene acceso a esta por escrito que a través de presentaciones audiovisuales (como el visionamento de presentaciones por PowerPoint o programas de televisión).
Así que leer permite no sólo aprender más, pero también pensar de forma crítica e independiente sobre lo que se aprende.
Todo esto talvez explique el hecho de que las personas que leen a menudo también practiquen más deporte, visiten más exposiciones de arte, vayan al teatro, pinten, asistan a conciertos, hagan fotos y se dediquen al voluntariado que las personas no lectoras.
La conclusión de este artículo es tan redonda, que no me atrevo a parafrasear:
Perhaps reading is a prototype of independence. No matter how much one worships an author, Proust wrote, “all he can do is give us desires.” Reading somehow gives us the boldness to act on them. Such a habit might be quite dangerous for a democracy to lose.



