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13 Octubre 2007

LOS MOCHICAS


SITUACIÓN GEOGRÁFICA

Trujillo es una ciudad
donde conviven los mejores recuerdos del viejo esplendor Moche, la majestuosidad
chimú, el recio y hospitalario temperamento español, y el espíritu libertario
republicano. En una mixtura, sin reproches ni resentimientos
colectivos.

La ciudad de Truxillo
del Perú fue fundada por Diego de Almagro y trazada por Martín Estete (1534),
sus dos calles principales Independencia y Mariscal Orbegoso forman el perímetro
de la Plaza Mayor de la ciudad rodeandola de bellas casonas virreynales , ahora
con un monumento de corte republicano que reemplaza a la típica pileta española.
Esta configuración histórico-telúrica se manifiesta en el respeto que muestran
los trujillanos ante sus iglesias coloniales y también ante las huacas y otros
monumentos pre-hispánicos.

Ese es precisamente el
objetivo de este viaje virtual a la capital liberteña: las Huacas del Sol y de
la Luna, imponentes monumentos donde las recientes investigaciones arqueológicas
han provocado el creciente interés de la comunidad de arqueología y de turistas
peruanos y de todo el orbe.

Trujillo recibe a sus
visitantes a diario en su aeropuerto y terminales desde todas direcciones. La
campiña del Moche, donde se sitúa el monumento objeto de nuestro viaje, luce en
las afueras de la ciudad en las faldas del Cerro Blanco, una mole de granito de
forma piramidal que resalta entre los sembríos de maíz y güabas y tumbos.

Siguiendo por la
avenida América -una amplia "vía de evitamiento" que rodea la ciudad- se vuelve
a la Panamericana Norte hasta ver un cartel que indica el ingreso a la Huacas
del Sol y de la Luna.

Seguimos de frente esa
vía está intransitable. Casi medio kilómetro más al sur, un acceso de pista
afirmada que pasa inadvertido entre los campos de cultivo. La célebre belleza de
la campiña Moche es ahora tan sólo un recuerdo debido a las fábricas de ladrillo
que se extienden virulentas en medio de la campiña. "Muchos campesinos rematan
sus campos de cultivo por a la crisis económica y la demanda de ladrillos pora
la creciente urbanización de la ciudad", a este paso en pocos años Trujillo
perderá su célebre campiña.

Pasado esto estamos
ante la imponente y majestuosa silueta de la Huaca del Sol. Únicamente queda la
tercera parte de su construcción original, años después de la fundación española
de Trujillo los conquistadores desviaron el cauce del río Moche para erosionar
las bases de la huaca y extraer las ricas tumbas de los jerarcas mochicas.
Cuenta la historia que el saqueo fue de tal magnitud que décadas después la zona
seguía invadida de lavaderos de oro, plata y joyas prehispánicas que arrastraba
la corriente.


ESPLENDOR MOCHICA

En esta hipotética
reconstrucción, la Huaca de la Luna muestra su imponente imagen durante el
apogeo de la cultura Moche, con sus plataformas escalonadas y altorrelieves de
colores por los cuatro costados. Sus patios ceremoniales y recintos fueron
exclusivamente destinados al uso ritual y funerario.

De no ser por su
cerámica y su rica iconografía, poco se supo de los moches hasta fines de la
década pasada, cuando el hallazgo de la fastuosa tumba del Señor de Sipán, los
murales del complejo arqueológico de El Brujo, en el valle de Chicama, y las
investigaciones en la Huaca de la Luna, sirvieron para reconstruir el

esplendor de una de las
culturas más creativas y pujantes del mundo americano antiguo. Un proceso
denominado por historiadores como el renacer de los Mochicas. La huaca del Sol
delimita la zona de la campiña. Siguiendo la ruta se pasa por una enorme
planicie desértica hasta llegar a las faldas de Cerro Blanco, otrora montaña
sagrada de los moches. De allí un camino de tierra conduce hasta las oficinas
del proyecto arqueológico Huacas Moche.

Las estimaciones más
precisas sostienen que la Huaca del Sol tuvo más de 55 mil metros cuadrados de
área (345 x 160 metros) y treinta metros de altura, y que en su construcción se
usaron no menos de 140 millones de ladrillos.

La zona fue el
epicentro ceremonial de la cultura Moche, que en pleno apogeo abarcó los
actuales territorios de Piura, Lambayeque, La Libertad y Ancash, hasta el puerto
de Huarmey. Incluso, ahora se sabe que el nombre de Huaca del Sol se debe a una
errónea interpretación de los cronistas españoles y que su verdadero nombre
habría sido Capuxaida.

La HUACA DEL SOL, vista
desde la Huaca de la Luna separadas por la extensa planicie ceremonial. Al fondo
la extensa campiña y el río
M


PODER Y DIVINIDADES
Ricardo Morales y
Santiago Uceda, gestores de los hallazgos arqueológicos en la Huaca de la
Luna.

La huaca de la Luna
está en las faldas del Cerro Blanco y frente a la Huaca del Sol. Ocupa un área
casi cuadrada de 290 por 210 metros y conformada por varias plataformas y patios
ceremoniales.

La excavación muestra a
los visitantes una nueva visión de estos monumentos que nos hacen olvidar
aquella imagen de "cerros" de adobes sin forma ni sentido.

En primer lugar llama
la atención los hermosos murales y altorrelieves con la impresionante imagen de
una deidad "primordial y suprema", a decir de Morales. Sus rasgos combinan las
fuerzas de la naturaleza y la

inteligencia humana,
bases del antiquísimo poder del dios Moche. Su identidad abarca su propio
origen: el mar, mientras que los rasgos felínicos y de serpientes representan al
agua en su función agrícola y su correspondiente relación andina.

Otro motivo de interés
para los visitantes es descubrir la vieja tradición moche de "enterrar" sus
monumentos para construir uno nuevo encima. Gracias a esto es que ahora podemos
contemplar los bellos altorrelieves que adornan los muros exteriores e
interiores de la huaca.

La huaca de la Luna fue
el templo principal de los moches, escenario de los rituales que garantizaban la
reproducción del poder ideológico de sus jerarcas y divinidades, así como los
cultos propiciatorios para la fertilidad agrícola. Se esta reconstruyendo poco a
poco la cosmovisión Moche, ellos no dejaron textos escritos y los cronistas
ignoraron su existencia, pero muchas de sus costumbres aun sobreviven entre los
agricultores de los valles de la Libertad y
Lambayeque".


MUSEO DE SITIO

En una área totalmente techada para evitar la
erosión del viento y acondicionado con pasadizos, escaleras y barandas para que
los turistas puedan contemplar los hermosos murales y la magnificencia de las
construcciones mochicas, sin entorpecer la tarea de los arqueólogos; comprobamos
que las labores científicas de la arqueología no son incompatibles con el
turismo. Uno de los mayores atractivos del complejo resulta ver a los
arqueólogos, estudiantes y obreros realizando sus delicadas tareas de
conservación y rehabilitación del monumento.

Un conjunto de oficinas
de información, centro metereológico, tiendas de sourvenirs, cafetería e
impecables servicios higiéncios diseñado siguiendo los modelos arquitectónicos
moches completan el museo de sitio de estos importantes hallazgos: en el museo
local se exhiben las finas piezas de cerámica y las tumbas halladas
recientemente en la Huaca de la Luna.

La entrada general es
de 5 soles (para turistas peruanos y extranjeros) y 1 sol para los escolares.
Los maestros no pagan. Desde el 2002 la entrada será de siete soles (US $ 2.00)
para adultos y un sol (US $ 0.30) para escolares. Se van a ampliar las áreas de
visita. Los profesores y pobladores nativos del actual pueblo de Moche no pagan,
tienen el acceso libre.

oche.

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