Se asomó originalmente en las leyendas chinas mucho antes que se concibiera la figura de Cristo. En Japón y en Tailandia, para la misma fecha, apareció vestida de colores brillantes y carnavalescos. En el occidente también afloró, tanto en la milicia como en la ciencia. No se sabe con certeza dónde y quién inventó a la que en Cuba llaman cometa y en Puerto Rico chiringa.

Según la versión digital de la Enciclopedia Británica[1](noviembre de 2007), se sospecha que la chiringa se inventó en China hace más de 3,000 años, se utilizaba en el Hemisferio Oriental principalmente como dispositivo de señalización militar. Los movimientos y los colores de éstas constituían mensajes que se comunicaban en la distancia entre destacamentos militares. A partir de esa época, la confección de cometas se dispersó alrededor del mundo, por Asia, Arabia, África y posteriormente a Europa y América. Otro hecho histórico sobresaliente relacionado con las chiringas fue el del diplomático y científico estadounidense Benjamín Franklin para el siglo XVIII. Éste experimentó con ellas para investigar los relámpagos y demostrar que había electricidad presente en las nubes durante una tormenta. Asimismo, en la década de 1890, se usaron para hacer mediciones meteorológicas, como registrar la velocidad del viento, la temperatura, la presión barométrica y la humedad. Actualmente, la chiringa tiene una fachada muy distinta a la original. Primariamente se hacían con madera de bambú y seda, mientras que hoy día se preparan con materiales sintéticos, en su mayoría plásticos.

Aunque no son del todo claros los inicios del cometa ni se precisa exactamente cómo llega a la Isla, su venida podría atribuirse a los distintos grupos que poblaron el País a partir del siglo XV. “Muchos de nuestros juegos tradicionales llegaron a Puerto Rico a través de los colonizadores españoles, los esclavos africanos y, más recientemente, por la influencia norteamericana. La herencia indígena también dejó un legado de juegos y tradiciones lúdicas que habría de enriquecer y fortalecer la cultura puertorriqueña,” reveló la profesora del Departamento de Educación en la Universidad Central de Bayamón, Lilliana López Cintrón, en el artículo La importancia de los juegos tradicionales publicado en El halcón, periódico de la Institución.

José Enrique Rivera González, biólogo marino retirado y ebanista, recuerda los juegos de su infancia en Cayey: “No había televisión, ni dinero, así que le dejábamos todo a la inventiva. La capacidad de entretenerse dependía de la capacidad manual que tuviéramos. Hacíamos trompos, bolones (canicas), chiringas, muñecos de trapo y muchos otros artefactos”. Sobre la creación de chiringas típicas, Rivera González, de 60 años, señaló que: “La temporada o fiebre de chiringas empezaba en el río, allí buscábamos guajanas indias para hacer el esqueleto de la chiringa, sino utilizábamos varillitas de palma como soporte. Después amarrábamos los palitos con el cordón que sobraba de enlazar pasteles. Como no había presupuesto para comprar la pega la hacíamos mezclando harina de trigo y agua, luego le pegábamos el papel de trazar o “tracing paper” por ser tan liviano”. Rivera González explicó que como proceso final se le ponían flequillos decorativos en los lados de la chiringa y que luego se le colocaba el “rabo” hecho de medias o calcetines viejos, por último, se le hacían unas grietas a la chiringa por donde se traspasaba el hilo que permitiría volarla.

Sobre las chiringas más populares, Rivera González comentó que aunque la más que se preparaba era la hexagonal o de seis lados, también se confeccionaban otras como: la estrella (chiringa en forma de equis), la picú (en forma de “T”) y el trompo que era una chiringa picú pero tridimensional. De otra forma, también elaboraban otras chiringas más sencillas y en papel blanco solamente, les llamaban el cajón y la capuchino; éstas no necesitaban de varillas para poder elevarse. Actualmente, Rivera González, está preparando un libro sobre los juegos tradicionales del lugar donde se crió, el desaparecido barrio El Hoyo en Cayey.

Si bien considera que la costumbre de hacer chiringas típicas ha mermado, Rivera González siente que ha contribuido al enseñarles a sus hijos a fabricarlas. Uno de ellos, José Rivera Rivera, de 21 años, manifestó el valor estético y emocional que tiene para él poder confeccionar este juguete tradicional. “Para mí esto es importantísimo porque es un arte, porque me requiere tiempo, me entretiene, mejora mis aptitudes motoras y es un buen pasatiempo familiar”. El joven también expuso que: “Esto lo que toma es media hora y un poco de más tiempo buscando los materiales, pero es accesible barato y divertido. La más que hacemos es la hexagonal y nos vamos a volarla al techo de nuestra casa. En el presente estoy preparándome para dar talleres sobre elaboración de chiringas a niños de Cayey”.

Por otro lado, la maestra jubilada, Gloria Escobar habló sobre su infancia en Luquillo y cuánto “gozaban” haciendo todo tipo de juguetes, en especial las chiringas. “…hacíamos carritos con latas de salchicha, jugábamos a la peregrina y volábamos chiringas, hay muchas tipos de éstas, nuestro pasatiempo era volarlas en la playa que hoy se conoce como La Pared, en Luquillo.”, enunció la mujer de 73 años.

“Mi vida completa la he vivido aquí (Luquillo). Para la décadas del 40 y 50 lo que hacíamos era coger papel de estraza o periódico para la cara de la chiringa, varillitas de pencas de palma para el soporte y para el rabo pedacitos de ropa vieja”, sostuvo Escobar.

Al presente en Puerto Rico se celebran festivales de chiringa. En Lajas se hace en febrero, en los municipios de San Lorenzo y Lares en marzo, en Arecibo, Aguadilla y Guayanilla en abril y en Vega Alta en julio.

También a nivel internacional se festejan distintas fechas para homenajear al cometa, como por ejemplo, el Día del Cometa en mayo 12 y el Día del Volar un Cometa en junio 15. Mientras que en Asia Oriental, se celebran competencias especiales en las que las chiringas se elaboran en forma de peces, pájaros o dragones; éstos pueden contar con silbatos que, al pasar el viento a través de ellos, emiten sonidos musicales.

Sobre la preocupación de que estos juegos desaparezcan, Rivera González dijo: “Los juguetes típicos están agonizando, los juegos de videos han venido a suplantarlos. Pero si le enseñamos un poco del valor y del provecho que se le saca a un juguete hecho acá, por nosotros mismo… si se genera una preocupación colectiva por la preservación cultural de éstos (los juguetes tradicionales) podemos lograr que por lo menos no se pierda el ejemplo de lo que un día existió”.

De igual forma, Escobar insiste en que las chiringas tradicionales no deben desvanecer, pues entiende que los juegos populares son básicos a la hora de formar al estudiante y de fomentarle el conocimiento histórico de la Isla. “Los juegos tradicionales son un excelente medio para propiciar el desarrollo plenario de cada individuo. Desarrollan la capacidad motora necesaria a la hora de integrar diferentes disciplinas… aprenden y se entretienen”, expresó. “Siendo maestra de educación especial durante casi toda mi vida, trataba integrar actividades donde utilizaran más las manos. Creo que aparte de enseñarle al estudiante sobre las materias básicas, al ponerlo a confeccionar juguetes tradicionales lo ayudas a desarrollar mejor coordinación en muchas áreas y le enseñas sobre su cultura y su historia también”, puntualizó Escobar.








[1] Kite. (2007). En Encyclopædia Britannica. Recuperado. November10, 2007, de Encyclopædia Britannica Online: http://www.britannica.com/eb/article-215107