El “bum-bum” sonoro no se hizo esperar. Mientras transitaba por las calles de esa ciudad en peligroso deterioro, no faltaba aquella cadencia de vibraciones. Eran unos cuantos, varados en un rincón concurrido, quizás adolescentes, tal vez críos. En fin, eran ellos que se dejaban llevar por el epicentro de la música, de ésa que emanaba a gritos del vehiculo.


“Yo sé que yo soy la fuckin’ moda”, se les escuchó cantar. En tanto pretendían sujetarse la entrepierna, trovar a pulmón a ese Mesías callejero. “A mí lo que me gusta es el tra”, dijo uno. “A mí me gusta el hip-hop americano”, enunció otro. Y seguían allí, detenidos, mientras unos cuantas beatísimas se persignaban al pasar.


“Vamo’ a ver si el gas pela…”, continuaba el repertorio. Y ellos, pero también ellas, lo escuchaban pacíficamente. Ellas, ahora convertidas en gatas (como se les denomina), podían contonearse sin miedo a ser fichadas. Pero distante a esa esquina rota de casco urbano también se escuchan las detonaciones del tra, del reguetón que parió Borinquen.


Pero, ¿qué es? Wikipedia expone que es una mezcla del reggae jamaiquino y del hip-hop. Aunque con el correr del tiempo ha llegado a ser un poco menos simplón que eso. Como raza híbrida que somos, proponemos también mejunjes en otros ámbitos. El reguetón es todo un género musical que fusiona la bachata, el merengue, el rap, la salsa y demás categorías musicales que fueron objetadas en un principio.

Del mismo modo, el reguetón propone un rompimiento de brechas culturales y sociales. No se limita a tratar temas corporales, sino otros tópicos de importancia colectiva. El que escucha reguetón no tiene que vestirse como tal, puede disfrutarlo en su ajuar predilecto, con su aperitivo seleccionado, con su peinado de preferencia…

Lo que empezó como un simple desahogo audible de muchachería pobre, incapaz de escribir versos gongorinos (o tan siquiera interesado en ello), inhábiles a pagar un estudio de grabación, se convirtió en todo un movimiento. Consecuentemente, el capitalismo se percató de que el reguetón, al principio títere rechazado, dejaba plata, lana, chavos, euros y sobretodo dólares. Eso explica que un reguetonero como Daddy Yankee y su “Gasolina” hayan sido el “spokesperson” de Pepsi.

De vuelta a mi espectro… Yo, que sigo intragente mirándolos mientras camino, diviso un batirde las “gatas” y de los “gatos”, que perrean (contra si) a su gusto, sin complejos. Será la misma historia si voy al chinchorro de la esquina, será identica la gesta si visito el lounge capitalino. Y no me falta orgullo de ese que pica en las entrañas, que te hace sonreír en disimulo y pienso: “por lo menos esto y la investigación de Aníbal nos tienen en primera plana internacional”.