Mi comunidad se llama Puerto Rico. Es parte de los Estados Unidos desde hace alrededor de una centuria, es una colonia dicen algunos, es un territorio no incorporado dicen otros. Mide alrededor de 100 x 35 millas y tiene millones de vástagos, según datos censales hay cerca de 4 millones en la Isla. Mi comunidad se llama Puerto Rico y tiene 78 municipios y enfrenta un problema que a mi juicio es terrible. No, no solamente es el estatus sino la planificación urbana, cómo se gesta y sus efectos.

Al buscar sobre qué oficinas lidian directamente con la planificación en Puerto Rico, nos encontramos con la Junta de Planificación (JP) y la Administración de Reglamentos y Permisos (ARPE). Éstas son las dos agencias de gobierno en las que recae primordialmente el deber de formular y supervisar la implantación de la política pública en el desarrollo urbano del País. Por su parte, la Junta de Planificación está orientada al desarrollo y crecimiento socioeconómico del País a través del programa de inversiones capitales del gobierno, además de preparar y adoptar planes, tales como el de uso de terrenos, los regionales y los especiales. De otra forma, ARPE otorga los permisos de construcción, desarrollo y usos. También es responsable de las segregaciones de tierras y de atender querellas. El proceso de fiscalización se lleva a cabo por las mencionadas querellas que hagan los ciudadanos. Este es un problema. Mi comunidad Puerto Rico se tiene que quejar porque las agencias se han mostrado muy permisibles al cemento.

Otra agencia que trabaja en conjunto con JP y ARPE es el Departamento de Transportación y Obras Públicas (DTOP). Las tres dependencias antes mencionadas comparten la responsabilidad de los procesos de planificación, construcción de vías, ordenamiento y desarrollo del País.

Al estudiar los cambios políticos, sociales y económicos que ha sufrido Puerto Rico, uno de ellos es el pilar para entender la planificación urbana del siglo XX, la “Operación Manos a la Obra”. Dicho proyecto fue ideado por Luis Muñoz Marín a partir del 1950. El plan, junto a una reforma agraria enfocada en la industria azucarera, ayudó a mover la economía. “Operación Manos a la Obra” sustituyó tierras fértiles y a los cultivos de caña, azúcar, piña, entre otros, por las manufacturas de textiles, de objetos electrónicos y farmacéuticas. A consecuencia de eso más personas se mudaron a la capital, lo que causó una densidad poblacional en el lugar. Posteriormente, como restaba la tierra, las casas siguieron construyendo en municipios a las afueras de San Juan.

El desarrollo urbano de mi comunidad Puerto Rico tiene otro hito importante: llegada del automóvil a la isla, para la década del 20. Al igual que en Estados Unidos, en Puerto Rico se gestionó una desplazamiento por aquéllos que teniendo acceso al automóvil y posibilidades de salir del bullicio de la ciudad lo hicieron. Por consiguiente, esas construcciones a las afueras del casco citadino se identificaron como suburbios.

Se fomentó el uso del automóvil para poder llegar a los terrenos urbanizados aledaños a la ciudad. En tanto a Puerto Rico, tras la llegada del automóvil y del desplazamiento de viviendas, se comenzaron a construir comercios y carreteras dirigidas a ese sector que consume y reside fuera del casco urbano. Hecho que perjudicó a los pequeños comercios del casco urbano que estaban creados para que se accediera “a pie” a ellos. Se fue deshaciendo la necesidad de penetrar el casco urbano porque un centro comercial se construyó cercano a la autopista y a los domicilios en los suburbios.

Al crecimiento de la ciudad fuera de los núcleos o centros urbanos se le conoce como desparrame o desparramamiento urbano. Esto a la vez provoca otros fenómenos como el ataponamiento y gastos por parte del Gobierno en la creación de vías, de instalaciones de luz eléctrica y agua potable. También acarrea otros malestares, como la construcción en lugares fértiles para la agricultura o en lugares inestables, propensos a inundaciones.

Lo que catalogo como mala planificación urbana y también el desparrame urbano, afecta varios aspectos de la vida insular. Perturba al pequeño comerciante, pues a consecuencia de la presencia de viviendas esparcidas en municipios cercanos a la ciudad, ha germinado otro tipo de comercio dirigido a los suburbios, como las megas tiendas y no el pequeño comercio. Asimismo, afecta al ambiente (construcción, cemento y vías), crea una dependencia al auto, genera ataponamiento, crea bolsillos de pobreza, por decir sólo algunos. Entonces he aquí el otro problema mayor: se hace imperativa la presencia del carro, del estacionamiento y de las carreteras. La transportación alternativa funciona poco… y se sigue construyendo a tutiplén… se hace sin casi medidas de preservación, sin ninguna agencia gubernamental fungiendo de perro guardián (más bien parecieran perros falderos) sin respeto a la naturaleza y sin conciencia a la cultura.

Caso: Paseo Caribe