[Esta crónica fue publicada en periódico Dialogo para la edición de abril-mayo en reacción a los cargos impuestos por el Gobierno Federal Norteamericano en contra del Gobernador de la Isla, Anibal Acevedo Vila. El texto, al igual que todo lo que escribo para medios impresos, fue censurado. La versión final quedó muy diferente a ésta...Esto es un poco de rabieta mezclada con ganas de fiscalizar mi trabajo]
“¿Qué pasó?”, se escuchó al unísono. Había imágenes fragmentadas y voces sueltas que repetían: “Ejecutivo, trajes, cargos, donativos ilegales y federales, federales, federales”.
Como buena integrante de la Generación Y corrí hacia el ordenador para divisar las malas nuevas o buenas viejas en el estático portal noticioso. Pero el tráfico me detuvo. Centenas de usuarios varados (igual que yo) intentaban acceder aquel espacio virtual/real. Oh, oh no había forma de informarme por la vía punto com. Aunque… quizás… no debía eliminar la Red aún, seguro Facebook me daría una primicia. Y no fallé pues en él se leían oraciones más o menos informativas que decían: “Arrestos, Arrestos, Arresto” o “Se chavó el Gobe”.
Por el momento había agotado la herramienta cibernética, así que intenté rápidamente (y con la ayuda del control remoto) buscar en la televisión, tal vez hallaría un resumen completo del acontecimiento. Error. Los canales locales, carentes de pietaje, dispersaban imágenes viejas de cuatrienios pasados o de edificios judiciales de la Isla. Pero la falta de visuales no limitó la capacidad imaginativa de los medios en cuestión… Se preparó, desde las horas más remotas de la mañana, todo una secuencia musical para el asunto, era una mezcla de James Bond y Misión Imposible. Y los reporteros (¡ay, los reporteros!) masticaban palabras como: “el desaparecido Ejecutivo” u otro conjunto de términos lúgubre para llenar los espacios televisados. El espectáculo estaba imparable e incluso y en un acto sin precedentes, un canal interrumpió toda su programación para dedicarse únicamente a cubrir la acusación que se le hiciera al Dirigente del País.
Pero, ¿qué podían decir? Salvo las versiones incompletas emitidas por aquellos que acusaron, lo demás era comentario o pura politiquería. Yo, cómo tenía antojitos de escuchar la opinocracia boricua, dejé la televisión a un lado y sintonicé la radio…
“Le sugiero que renuncie”, opinó el Contralor desde el Tribunal Federal. “Hay que preguntarle al pueblo si lo quiere de aspirante todavía”, enunciaba un profesor. “Con esto se hunde el Partido”, decía otro. “Nuestro sistema establece que hay presunción de inocencia”, expresó un locutor. Eran sentencias ubicuas que se duplicaban por las cadenas radiales. Mientras tanto, los periodistas, hambrientos de información, seguían ingeniándoselas para conseguir manifestaciones, ya fuera de “expertos politicólogos” o de simples oyentes que para hablar ataponaban las líneas telefónicas. ¿Qué opciones me quedaban? No se podían leer las noticias impresas, esos periódicos casi recién nacidos en las horas del alba tenían al mediodía más edad que una centuria… ¿Qué hacer? ¿Intentar de nuevo el Internet? ¿Tendría mejor suerte?
Otra vez a fungir de navegante. El acceso fluyó con más suavidad que en las horas mañaneras. Veo por doquier notas de las agencias de noticias. Por fin, puedo tener más o menos una idea de lo que contiene el pliego acusatorio y digo más o menos, porque las Autoridades son caprichosas y de vez en cuando discretas.
Pero se complicó el asunto, la prensa internacional notó el revolú boricua. Medios de Nueva York, de Philadelphia, de Florida, ennegrecieron sus títulos para señalar al acusado. “Charged”, “accussed”, “wrongdoer” escribieron y publicaron las fotos, a mi entender, menos favorecedoras del protagonista de la épica.
¡Qué evento noticioso! Pero, ‘pérate… ¿Cómo va a ser? Si el Ejecutivo ni siquiera ha asomado el hocico.



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