Que se abalance sobre mí la claridad de la lumbre que tu boca cela.
Todo aquello luminoso y fijo que desmancha las palabras no está.
Preciso el sol feroz de Guillén, “jamás engaños”, pedía…
Sí, más verdad, te pido más sol, lo necesito para quererte.
Dame el mediodía de tu ser, no más lodazales que mi alma queda curva de tanta mentira.