LA REALIDAD DE ESPAÑA
19 Septiembre 2008
17 Septiembre 2008

La verdad que esto no ha cogido a nadie por sorpresa, estaba mas que cantado, la cuestion es que si no se pueden defender las ideas por medios pacificos como en este caso es por medio de un partido politico ¿que otras opciones nos quedan?.
Resulta muy bonito decir que se abandonen metodos violentos, pero a la vez se cortan las vias pacificas, al parecer todo vale contra la izkierda abertzale, pero por muchas ilegalizaciones de partidos y organizaciones de la izkierda abertzale que se produzcan esos miles de simpatizantes seguiran ahi, al pie del cañon, unos seguiran luchando dia a dia en sus barrios y pueblos defendiendo sus ideas con la palabra y otros ya cansados de tanta hipocresia optaran por otros metodos menos ortodoxos, pero al fin y al cabo nadie les puede reprochar nada visto lo visto de lo que el gobierno español llama democracia. Curioso resulta tambien que a los jueces les hayan bastado solo unas horas para tomar esa decision ya que las apelaciones de la defensa practicamente ni las han mirado, otro detalle de que la decision ya estaba tomada desde hace tiempo y que este juicio ha sido una mera farsa al igual que la mal llamada democracia española.
SI ESTA ES VUESTRA PAZ, NO LA KEREMOS.
JO TA KE IRABAZI ARTE.
16 Septiembre 2008
Carmen Gisasola y Joseba Urrosolo Presos políticos vascos
Es grave acusar públicamente a unos compañeros de planes de colaboración o intentos de división que no existen; sólo por el mero hecho de haberse desvinculado de una estructura organizativa
Estos días han vuelto a publicarse afirmaciones que no sabemos ni de dónde vienen ni a cuento de qué, pero que, en cualquier caso, no tienen ningún fundamento. En la cárcel de Córdoba, en lo que a nosotros respecta, no tenemos ninguna constancia de no sabemos qué escrito firmado por no sabemos qué presos.
Para evitar malas interpretaciones y manipulaciones, y aun pensando que este tipo de decisiones tendrían que quedar en el ámbito personal, tenemos que comunicar públicamente que decidimos, en su momento, desvincularnos del Colectivo de Presos Políticos Vascos. Lo hacemos público para dejar clara nuestra posición y evitar que se utilicen nuestros nombres para salsear con supuestos montajes que no existen. Las razones que nos llevaron a tomar esa decisión son las siguientes:
En el mes de febrero y mediante un comunicado público, los responsables del CPPV informaron, en términos que nos parecen inadmisibles, de la «expulsión» de Kepa y Txelis. En el comunicado, y en nombre del CPPV, se ponía en cuestión a estos dos compañeros, es decir, 30 años de militancia cuestionados públicamente sin ningún fundamento. La celda se nos hizo pequeña al ver cómo estaban utilizando sus nombres y a eso se unían las ganas de querer transmitirles, en ese mismo momento, nuestro aprecio personal y nuestra solidaridad, aunque estábamos convencidos de que muchos de los que les han conocido durante sus 30 años de militancia, de exilio y de cárcel no darían ningún crédito a esas acusaciones.
Pasados unos días, Kepa y Txelis publicaron una carta de respuesta, «Euskal Herriari», donde informaron de las razones que les llevaron a desvincularse del CPPV y desmintieron una por una, y con datos contrastados, las acusaciones que contra ellos se hicieron en nombre del CPPV. Han pasado unos meses y, pese a las llamadas en privado a la rectificación, los actuales responsables de CPPV no han demostrado ni desmentido las acusaciones que realizaron y guardan silencio. Pero el silencio y el olvido no son las bases sobre las que queremos construir el futuro. En este caso se han realizado afirmaciones y sembrado dudas sobre dos compañeros y nos debemos el exigir que las cosas se aclaren; ya que lo único que hicieron fue desmarcarse de una estructura organizativa, como es el CPPV, por no estar de acuerdo. Por tanto, ¿a qué viene plantearlo como una expulsión cuando fue una decisión personal y libre, sin más historias? Decisión que tampoco nos sorprendió, porque llevan años planteando que hay que pasar a una etapa exclusivamente política.
No sabemos los motivos que llevaron a los responsables del CPPV a publicar aquel comunicado, pero ¿quién, que conozca a Kepa y Txelis, puede creer que se hayan sumado a estrategias de división entre los presos? Si en el propio comunicado se admite que ni sabían para qué se había reunido Kepa con Txema Urquijo, ni de lo que habían hablado, ¿a qué viene el acusarles de colaborar en no sabemos qué políticas penitenciarias? Y después de saber que el motivo de aquella reunión era solicitar las ayudas que le corresponden como víctima del GAL para que pueda tener un tratamiento médico de los problemas derivados de las heridas sufridas, ¿cómo es posible que nadie se haya planteado que fueron demasiado lejos en su comunicado y que lo menos que podían hacer era rectificar y pedirles disculpas?
Es grave acusar públicamente a unos compañeros de planes de colaboración o intentos de división que no existen; sólo por el mero hecho de haberse desvinculado de una estructura organizativa. Kepa y Txelis tienen el mismo derecho que cualquier otro militante de la izquierda abertzale, estén presos o en la calle, a desligarse de las organizaciones a las que voluntariamente pertenecen, y esta decisión merece el máximo respeto.
Por otra parte, nosotros llevamos más de 15 años siendo conscientes, y planteando, que dados los parámetros en los que se va a dar un posible acuerdo, hay que tomar ya la decisión de materializarlo. Mucho tiempo en el que lo políticamente correcto, dentro de la izquierda abertzale, ha sido hablar de procesos constituyentes para todo Euskal Herria y otros planteamientos de ese tipo que nos han llevado cantidad de horas de discusiones absurdas.
Pensamos que había que haber seguido con los acuerdos de Loiola, porque la garantía de que esos acuerdos se cumplan están en las dinámicas políticas que se generen al ir dando pasos y avanzar en un proceso de paz, en las dinámicas e ilusión que se creen en la sociedad y no en el supuesto papel de garante que la organización armada pueda aportar en este sentido.
Llevamos ya mucho tiempo planteando que, tan importante como el acuerdo que se podrá lograr, nos parece el futuro de la izquierda abertzale. Pues estamos convencidos de que una vez que se llegue a un acuerdo político, ya no serán ni el mito de la organización armada ni el mundo de los presos los que la cohesionen. Serán las ideas y la forma de funcionar. Y como no se acierte en eso, como no se consiga funcionar de una manera abierta, participativa, aglutinando a la amplia y plural base social que puede representar la izquierda abertzale en otro contexto político, entonces sí que se perderá el potencial que tiene como motor para el futuro de nuestro pueblo.
Y eso es lo que nos preocupa. Ya quedó claro en Iparralde que una buena parte de la base de la izquierda abertzale no se siente representada por la actual Batasuna. Hay síntomas evidentes, también en Hegoalde, para el que lo quiera ver. A estas alturas no se puede pensar que la estrategia adecuada sea un viraje hacia discursos y prácticas de cerrazón grupal, una vuelta a una política que dinamita puentes y que busca al enemigo más odioso entre los aliados posibles. En Irlanda el Sinn Fein ha salido fortalecido de la decisión que tomaron y los IRA Verity y Continuity son los que han quedado al margen. Por tanto, se puede estar de acuerdo o no, pero estos planteamientos no son nada del otro mundo. En Irlanda no habrían sido un problema porque eran las tesis de la «posición oficial». Martin McGuinness lo expresaba en una entrevista a «Berria»: «Dijimos claramente a nuestra gente que no podíamos seguir con la lucha armada estancada otros 20 años».
Han pasado 10 años desde que hicimos público el artículo «Nos ilusiona lo de Irlanda». Fue una forma suave de decir lo que pensábamos. En adelante sólo pretendemos seguir aportando lo que podamos como presos políticos vascos; ya que nuestra condición de presos políticos vascos y el compromiso que adquirimos con nuestro pueblo, hace ya más de 30 años, están por encima de la pertenencia a cualquier forma organizativa. Aportación que sólo la entendemos dentro de la reflexión que haga posible, también en nuestro pueblo, un acuerdo político que hace ya años se tenía que haber producido.
Por último, decir que estamos convencidos de que si los presos hubiéramos estado, como en Irlanda, agrupados en las cárceles de Euskal Herria, también aquí se habría producido y materializado esa reflexión que allí les llevó a priorizar el camino de la negociación y el acuerdo.
15 Septiembre 2008
14 Septiembre 2008
9 Agosto 2008
El 4 de agosto es una fecha muy señalada para los gasteiztarras, pero para Ailande Hernáez el 4 de agosto de 2008 es un día que a buen seguro no va a olvidar. Apenas siete horas después de la bajada de Celedón este joven vió, cuando se hallaba a la altura de la céntrica plaza de Fariñas, cómo un número indeterminado de individuos se abalanzaba sobre él, le tiraba al suelo y le empezaba a golpear y a insultar. A partir de ahí, se acabaron las fiestas y comenzaba día y medio de pesadilla, de la que ahora está tratando de recobrarse acompañado por sus seres queridos.
Sus captores, en cualquier caso, probablemente confiaban en que el tormento del joven gasteiztarra fuera aún más largo y crudo, pero el juez de la Audiencia Nacional Santiago Pedraz levantó la incomunicación, en una decisión desgraciadamente insólita cuando de un detenido vasco se trata, y los planes de los guardia civiles que tenían en sus manos a Hernáez se vieron parcialmente frustrados.
La actuación de este magistrado, que ya ha sido objeto de otras campañas en su contra, fue contestada con duras críticas por parte de la caverna mediática y de responsables policiales, como el secretario general del Sindicato Unificado de Policía (SUP), José Manuel Sánchez Fornet, quien el jueves valoró que «deberían tirar cócteles molotov todos los días contra la casa del juez Pedraz a ver cómo lo interpretaba». Huelga decir que si alguien que no sea Sánchez Fornet u otro personaje de su estilo se atreva a decir que hay que tirarle cócteles a un juez (o a quien sea) ya sabe a dónde va a ir directamente. El propio magistrado ha tomado cartas en el asunto y ayer mismo interpuso un queja ante el Consejo General del Poder Judicial, e incluso los sectores más conservadores de la judicatura calificaron de «inapropiadas» las declaraciones del policía.
«Uno subió encima y empezó a saltar»
En cualquier caso, un día en manos de la Guardia Civil pueden ser toda una vida, como el propio Hernáez relata en conversación con GARA al día siguiente de llegar de vuelta a Gasteiz, a su casa.
Explica que tras la violenta detención, «me levantaron, me llevaron en volandas hacia abajo y me metieron para adentro». Debido a que le taparon el rostro, no puede concretar a qué edificio de la capital alavesa lo condujeron en ese momento, aunque sí recuerda que había mucha gente alrededor suyo, y describe, aún afectado, lo que sucedió allí. «Según entramos, otra vez me tiraron al suelo y empezaron a atizarme. Alguno se me subió encima y empezó a saltarme sobre la espalda mientras estaba boca abajo, y no pararon de amenazarme, diciéndome que la había liado, que se me iba a caer el pelo». Este joven gasteiztarra también detalla que le pusieron una bolsa y se la bajaron hasta la nariz, amenazándole con bajarla del todo si no hablaba, que le pusieron una manta alrededor del cuello y se la apretaron hasta asfixiarle...
Asimismo, explica que sus captores trataron de confundirle sobre a qué cuerpo policial pertenecían, ya que si en el momento de la detención gritaron «Fuerzas de Seguridad del Estado» y luego explicaron que eran guardias civiles, a lo largo de su cautiverio también le dijeron que eran ertzainas.
A Hernáez, que en las horas que estuvo a manos de la Guardia Civil pasó por dos centros hospitalarios en Gasteiz y en Madrid, tampoco le indicaron dónde estaba hasta que le condujeron a la capital española y le dijeron que le habían levantado la incomunicación. Preguntado por cuánto tiempo transcurrió entre la detención y el momento en que le dijeron que no estaba incomunicado, la respuesta es contundente: «Unas cuantas ostias». Porque es en ese espacio temporal cuando el maltrato fue más acusado y las amenazas más duras. «Me tuvieron metido en una especie de calabozo, donde me estuvieron interrogando, amenazando, buscando que implicara a otras personas. Ellos mismos me daban nombres diciendo que ya sabían todo, que todo lo que dijese iba a ser mejor para mí. Supongo que lo típico que suelen decir», apunta.
Todo esto sucedió en Gasteiz, seguramente coincidiendo en el tiempo con el momento en que los habituales portavoces políticos e institucionales se acercaban a los micrófonos para condenar el ataque a la Subdelegación del Gobierno español con el que fuentes policiales ligaron la detención de este joven, algo que él negó ante el juez. Sobre el maltrato -luego confirmado- que Ailande podía estar sufriendo no dijeron nada.
«Queremos conocerte»
Cuando le anunciaron que iban a Madrid «me dijeron que iba a flipar, que no era nada lo que me habían hecho comparando con lo que me iban a hacer». Fueron en un turismo, cuatro agentes y él, y le condujeron a una comisaría, aunque allí «ya bajaron el pistón». Explica que a partir de entonces insistieron en la petición de colaboración.
Este es uno de los aspectos más escabrosos del relato, ya que a Hernáez le llegaron a poner fechas y lugares de encuentro para ponerse en contacto con ellos en caso de que accediera a colaborar. «Me decían que `ya está bien de hablar tú contra la pared y nosotros contra tu nuca', `queremos hablar cara a cara', `queremos conocerte un poco mejor'. Yo les respondí que ya sabían quién era -prosigue el joven-, a lo que me dijeron que `sí, sabemos quién eres, pero no te conocemos'». Explica también que los guardias civiles aseguraron que «esto lo hacemos con un montón. Lo que pasa es que nadie se entera, porque nosotros somos profesionales, nos dedicamos a esto. Esto es lo más normal, todo el mundo pasa por esto y un porcentaje sí que accede». A estas palabras, claro, les acompañaban duras amenazas sobre lo que iban a hacer si no colaboraba.
También opina que, a la vista de los comentarios que le hicieron, había sido objeto de seguimientos.
La abogada de Hernáez llegó a comisaría en torno a las 22.00 horas del día 5, martes, pero no fué hasta dos horas después cuando pudo hablar por vez primera con su defendido. Dos horas que estuvo esperando en el mismo edificio en el que a Ailande le seguían interrogando. A las 00.00 horas del día 6 pudo hablar con el joven, es decir, 23 horas después de que se produjera la detención.
En este momento del relato sale a relucir una muestra de lo traumático de su experiencia. Explica que preguntó a su abogada qué hora era, para orientarse, y cuando ella le respondió que eran las doce, él replicó: «pero de qué día». Y es que pensaba que era jueves, cuando en realidad aún era martes.
La declaración policial se produjo en presencia de la letrada, con una persona tomando notas y otras dos personas encapuchadas detrás. «Eso me lo dijo mi abogada, porque no podía mirar atrás en ningún momento. A todos los traslados, para todo, me ordenaban que mirara para el suelo, con una sudadera o una manta en la cabeza, o con un verdugo que me tapaba la cara», recuerda.
Concluida la declaración policial, y ya a la espera de comparecer ante el juez, el trato fue diferente, y hasta le trajeron un bocadillo, «que me costó comer una eternidad».
Ante Pedraz denunció los malos tratos sufridos, y señala que se mostró sorprendido al ver que el magistrado, al menos, prestaba atención a sus palabras y hacía gestos a la secretaria judicial para que no le interrumpiera. Valora que estuvo «correcto».
Tras la declaración, otra vez a los calabozos, a la espera de la decisión del juez. Este le impuso una fianza de 6.000 euros. Cuando sus allegados abonaron esta cantidad pudo regresar a Gasteiz, a las calles de las que un numero indeterminado de individuos se lo llevaron día y medio antes.
Una concentración denunció en la tarde de ayer, ante la Subdelegación del Gobierno español, las torturas sufridas por Ailande
8 Agosto 2008
6 Agosto 2008
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