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Michael Wesh, el profesor de la Universidad de Kansas que elaboró el video que ilustra el post "Como aprenden los jóvenes" ha escrito el artículo que ahora reproduzco. En él se refiere a la crisis de sentido de la educación, un tema que también se ha abordado en otras publicaciones de este blog. Me gusta lo que hace Wesh porque es un experimentador, un innovador que busca nuevos derroteros en el camino del aprendizaje.

La publicación de este reciente artículo (2008) es posible gracias a la traducción que ha hecho Diego Leal, un ingeniero de sistemas de Colombia, quien tiene un excelente blog en su sitio www.diegoleal.org<

El problema más significativo con la educación actual es, en sí mismo, el problema de su sentido. Los estudiantes –nuestros críticos más importantes’ están luchando para encontrar sentido y significado en su educación. Yo enseño en una universidad pública grande en Estados Unidos (KansasState University), y veo el problema del sentido a mi alrededor. El semestre anterior invité a mis estudiantes a decirle al mundo qué pensaban de su educación, ayudándome a escribir un guión para un video que sería publicado en YouTube. Como parte del ejercicio, creamos una encuesta que medía la participación y compromiso de los estudiantes en varias actividades de aprendizaje. En promedio, nuestra muestra de 131 estudiantes reportó leer menos de la mitad de las lecturas que les eran asignadas, y además percibían que sólo el 26 por ciento de ellas eran relevantes para sus vidas. Otros señalaban que a menudo compraban libros de texto de cien dólares que nunca eran abiertos y que pagaban por clases a las que nunca asistían. El video, “Una visión de los estudiantes de hoy”, fue visto más de un millón de veces en su primer mes y fue el video más reseñado en blogs durante varias semanas, generando miles de comentarios. Con raras excepciones, educadores de todo el mundo expresaron la triste sensación de profunda identificación con esa escena.

Los signos del problema del sentido se extienden más allá de las escenas del salón de clase que fueron capturadas en el video, y permean nuestras conversaciones diarias en formas que muchos de nosotros no reconocemos. Considere el lamento frecuentemente escuchado, “algunos estudiantes no están hechos para la escuela”, frase que pasa sin cuestionamiento o siquiera un asomo de protesta. No obstante, piense en lo que esta frase dice cuando reemplazamos “escuela” con aquello de lo que la escuela debería tratarse: “aprendizaje”. ¿Algunos estudiantes no están hechos para el aprendizaje? Nadie se atrevería a realizar tal afirmación. El aprendizaje es el sello de la humanidad. Todos estamos hechos para el aprendizaje. Es lo que nos hace humanos. Si nuestros estudiantes “no están hechos para la escuela”, tal vez hemos hecho el molde demasiado estrecho o inflexible, o más probablemente, no lo bastante significativo para inspirar a un estudiante a que encaje en él. Ese es el problema del sentido.

Si usted quiere ver el problema del sentido de primera mano, visite un salón de clase y preste atención al tipo de preguntas que realizan los estudiantes. Las buenas preguntas son la fuerza motriz del pensamiento crítico y creativo y, en consecuencia, uno de los mejores indicadores del aprendizaje significativo. Las buenas preguntas son aquellas que obligan a los estudiantes a desafiar las presunciones que dan por sentado, y a ver sus propios sesgos subyacentes. A menudo la respuesta a una buena pregunta es irrelevante – la pregunta es iluminadora en sí misma. La única respuesta a las mejores preguntas es otra buena pregunta. Y así, las mejores preguntas llevan a los estudiantes a búsquedas ricas y significativas a lo largo de la vida, pregunta tras pregunta tras pregunta.

HE JUGADO CON LA IDEA DE LLAMAR A LO QUE HAGO “ANTIENSEÑANZA”, PUES HE LLEGADO A LA CONCLUSION QUE LA “ENSEÑANZA” PUEDE EN REALIDAD SER UN OBSTACULO PARA EL APRENDIZAJE.

Desafortunadamente, tales grandes preguntas son raramente hechas por los estudiantes en un sistema educativo que enfrenta una crisis de sentido. Son mucho más comunes las preguntas administrativas: “Qué tan largo debe ser este ensayo?” “Es la asistencia obligatoria?”. O la peor (y más común) de todas: “Qué necesitamos saber para este examen?” Tales preguntas reflejan el hecho que para muchos (estudiantes y profesores a la vez), la educación se ha convertido en un juego de calificaciones relativamente sin sentido, en lugar de una exploración importante y significativa del mundo en el cual vivimos y co-creamos.

Al contrario de muchos de mis pares docentes, no culpo a los estudiantes por hacer este tipo de preguntas. Como profesores hemos creado y seguimos manteniendo un sistema educativo que inevitablemente las produce. Si aceptamos la noción de John Dewey que las personas aprenden lo que hacen, la clase magistral, la cual es el pilar de la enseñanza (en especial en cursos introductorios grandes) le enseña a los estudiantes a sentarse en filas ordenadas y a respetar, creer, y obedecer a la autoridad (el profesor). Los exámenes a menudo miden poco más que cuán bien los estudiantes pueden recitar lo que se les ha dicho. Con la esperanza de memorizar apenas lo necesario para aprobar el examen, hacen la pregunta que nunca quiero escuchar – la excepción final a la regla de “no existe tal cosa como una mala pregunta”. Frustrado con esta pregunta, y con la esperanza de conseguir que mis estudiantes hicieran unas mejores, decidí trabajar en la creación de un ambiente de aprendizaje que llevara a producir el tipo de preguntas que crean aprendices a lo largo de la vida, en lugar de expertos en resolver exámenes.

Desde que me dediqué a esta tarea, me he encontrado haciendo algunas cosas extrañas en el salón de clase. De hecho, mi salón de clase ha empezado a verse menos y menos como un salón de clase; mi enseñanza, menos y menos como enseñanza. He jugado con la idea de llamar a lo que hago “anti-enseñanza”, pues he llegado a la conclusión que la “enseñanza” puede ser en realidad un obstáculo para el aprendizaje, en especial cuando se asume que el aprendizaje la requiere. Como muchos de nosotros sabemos a partir de nuestra propia experiencia, el mejor aprendizaje siempre ocurre con la ausencia de un profesor, pues entonces los aprendices son libres de seguir con gran pasión las preguntas que son significativas y relevantes para sus propias vidas. Enfocarse en la calidad del aprendizaje, en lugar de la calidad de la enseñanza, transforma en su totalidad la agenda educativa. En cuanto a mí, progresivamente me he enfocado menos en simplemente tratar de transmitir buena información y más en inspirar buenas preguntas. Me sorprende que todo el aprendizaje empieza con una buena pregunta, y que si finalmente estamos tratando de crear “aprendices activos a lo largo de la vida” con “habilidades de pensamiento crítico” y una habilidad para “pensar fuera de la caja”1, puede ser mejor empezar por lograr que los estudiantes hagan mejores preguntas.

Desafortunadamente, no sabía por dónde empezar. He leído y escuchado bastantes consejos respecto a cómo hacer buenas preguntas a los estudiantes –no retóricas, abiertas, etc.-pero nadie me ha dicho nunca nada sobre cómo lograr que los estudiantes planteen buenas preguntas. Por fortuna, poco después de tomar este rumbo encontré un libro que parecía resonar con mi filosofía, Enseñanza como una actividad subversiva de Neil Postman y Charles Weingartner. A partir del famoso aforismo de Marshall McLuhan “el medio es el mensaje”, Postman y Weingartner argumentan que el ambiente (o medio) de aprendizaje es más importante que el contenido (el mensaje), y que en consecuencia los profesores deberían empezar a prestar más atención al ambiente de aprendizaje que ayudan a crear. El énfasis está en “administrar” este ambiente, en lugar de simplemente transmitir información.

Esta no es, en modo alguno, una forma de librarse de la enseñanza “real”. De hecho, acercarse a una clase de casi 500 personas como un “administrador” es una tarea tremenda. Sería mucho más fácil seguir simplemente la tradición y realizar una clase magistral estándar. Pero mientras el número de estudiantes es en sí mismo una carga, tiene también un gran potencial. Piense en el conocimiento y experiencia de vida en ese único salón, ¡si tan sólo pudiera encontrarse una manera de aprovecharla! Quería que los estudiantes estuvieran completamente involucrados, hablando entre sí, lidiando con preguntas interesantes, y explorando cualquiera y todos los recursos para encontrar respuestas y, aún más importante, más preguntas.

Los materiales que tengo a mano para crear este ambiente son un factor complicado. La estructura física de los salones en los que trabajo simplemente no inspira el diálogo y el pensamiento crítico. Son manifestaciones físicas de la estrecha e ingenua suposición que el aprendizaje es simplemente recolección de información, hechos para que los profesores puedan llevar a cabo de manera efectiva la relativamente simple tarea de transmitir información. Cerca de quinientas sillas en filas ordenadas, orientadas hacia un escenario masivo. Un pequeño podio con un micrófono, un computador y un GyroMouse inalámbrico que controla los 786,432 puntos de luz en la inmensa pantalla que está al frente del salón. Como la mayor parte de las clases enseñadas en esta sala, mi curso de Introducción a la Antropología Cultural llena varios requerimientos, así que muchos estudiantes llegan con la esperanza de realizar el mínimo esfuerzo requerido para aprobar el curso e irse. La estructura del salón parece sugerir que los administradores de la universidad pueden tener un objetivo similar, pues el tamaño de la sala, su disposición y la tecnología son muestras de la eficiencia y oportunidad con la que podemos ahora proveer a los estudiantes con sus horas de clase requeridas.

Nadie que valore en serio el aprendizaje podría ser menos que subversivo en tal ambiente, y yo he chocado constantemente contra esta estructura en mi búsqueda para crear un mejor ambiente de aprendizaje. Los estudiantes terminan sentados de espaldas sobre los espaldares de las sillas fijas, o trepando alrededor de ellas mientras intentamos crear un espacio más interactivo. En más de una ocasión he recibido llamadas de los encargados del mantenimiento, preguntando qué estaba ocurriendo en mi salón. Incluso he intentado darle el control de esos 786,432 puntos de luz en la pantalla a los mismos estudiantes, usando una mezcla de herramientas de software social como wikis, Twitter, Jott y Facebook para convertir sus celulares y laptops en una red local de aprendizaje.

A un nivel más profundo, esto son poco más que simples trucos que, si bien permiten lograr una forma un tanto creativa e interesante de aprender, no son una razón para aprender. No abordan el problema más significativo, el del sentido. Neil Postman señaló este problema hace más de diez años en su provocativo libro, El final de la educación.

El sentido y el significado son logrados sólo cuando nuestro aprendizaje se ubica dentro de una narrativa más grande, que nos motiva y nos guía. En el pasado, las narrativas religiosas podían servir a este propósito, así como las narrativas de progreso nacional. En ocasiones, las narrativas religiones y nacionales co-existían y se reforzaban mutuamente. En los Estados Unidos, estamos observando los últimos vestigios de estas grandes narrativas en las batallas legales sobre el rezo en las escuelas y los temores de que el país se “quede atrás”, pero la realidad es que, para una porción sustancial de la población, estas narrativas han estado muertas por un largo tiempo y ya no son útiles. Simplemente, no son lo bastante grandes para lidiar con un mundo crecientemente global, post-industrial y saturado por los medios, y no son lo bastante aterrizadas para superar el necesario y saludable escepticismo hacia las grandes narrativas, que encontramos en un público crecientemente diverso e informado. A medida que nuestro foco se mueve de lo nacional a lo global, nuestras grandes narrativas deben también hacerlo.

Afortunadamente, hay una narrativa significativa que ha estado emergiendo a nuestro alrededor durante las pasadas décadas. Es raramente nombrada y por lo tanto, poco tenida en cuenta. No obstante, está allí, esperando a cualquier persona interesada en crear un ambiente de aprendizaje significativo para aprovechar y traer de regreso el sentido al salón de clase. Es una narrativa lo suficientemente grande para hacer que las otras parezcan pequeñas, y lo bastante aterrizada para pasar por debajo del radar de nuestro escepticismo frente a las grandes narrativas. Es la simple narrativa que nos dice que, más allá de nuestras narrativas provinciales, estamos todos interconectados, compartiendo un planeta, y que nuestro futuro depende de nosotros y de las próximas generaciones. En los años sesenta, Buckminster Fuller dio visibilidad a esta narrativa al popularizar el concepto de Nave Espacial Tierra (Spaceship Earth).

Una revisión simple del estatus de la Nave Espacial Tierra puede dar sentido y significado a la educación, al permitirnos ver la imagen completa del mundo en el cual vivimos y co-creamos. Usando una ahora clásica metáfora, si imaginamos que toda la evolución humana ocurrió en la última hora, los últimos 500 años no son más que unas pocas décimas de segundo. Aunque estas últimas décimas nos han traído enormes avances tecnológicos, también nos han traído una inequidad global sin paralelo, las más mortales guerras de todos los tiempos, y una precaria situación ambiental. Nuestra población es 10 veces más de la que fue hace unas pocas décimas de segundo. Los 225 humanos más ricos del planeta tienen más capital que los 2.5 billones de personas más pobres en conjunto, y el 20 por ciento de los humanos más ricos representan el 86 por ciento del consumo y en promedio ganan más de 25.000 dólares al año. Mientras tanto, 1.2 billones de personas ganan menos de 1 dólar al día, y más de la mitad del mundo gana menos de 2 dólares al día.

CUANDO LOS ESTUDIANTES RECONOCEN SU IMPORTANCIA

EN AYUDAR A DAR FORMA AL FUTURO DE ESTA SOCIEDAD

CRECIENTEMENTE GLOBAL, INTERCONECTADA, EL

PROBLEMA DEL SENTIDO SE DESVANECE.

Los humanos producimos comida suficiente para alimentar a todas las personas del planeta, pero al menos 800 millones de personas están con hambre. En el 2004, el gasto militar mundial fue de 950 billones de dólares. En ese mismo año, Worldwatch estimó que la atención a la salud reproductiva para todas las mujeres costaría apenas 12 billones de dólares; 19 billones, la eliminación del hambre y la mala nutrición; 10 billones, la provisión de agua potable para todos; y 13 billones, la inmunización frente a las enfermedades más comunes para cada niño del planeta.

En estas últimas décimas de segundo, hemos creado una economía global basada en combustibles fósiles no renovables, los cuales desaparecerán en el siguiente segundo de nuestro reloj imaginario. El uso de estos combustibles ha aumentado los niveles de dióxido de carbono en casi 30 por ciento, el óxido nitroso ha crecido en alrededor de 15 por ciento, y las concentraciones de metano se han multiplicado por más del doble –todo lo cual contribuye a un incremento en la temperatura global que lleva al aumento de los niveles del mar, desiertos en expansión y tormentas más intensas.

Tal vez lo más dramático, es que en estas últimas décimas de segundo de nuestro reloj metafórico los humanos hemos logrado la capacidad de, literalmente, detener el reloj y aniquilarnos. Que el reloj siga o no funcionando durante la próxima hora, dependerá en buena medida de los estudiantes que están en nuestros salones de clase hoy. No es una tarea pequeña la que enfrentan, pues puede requerir una reinvención casi completa de la manera en la que vivimos, y una revisión de cómo vemos el mundo y a nuestros semejantes. Cuando los estudiantes reconocen su propia importancia en ayudar a dar forma al futuro de esta sociedad crecientemente global e interconectada, el problemadel sentido se desvanece. Pero simplemente decirles esta narrativa no es suficiente. La narrativa debe volverse generalizada en el ambiente de aprendizaje. Hay muchas formas de lograr esto. Terminaré presentando brevemente mi propio método: la Simulación Mundial.

Cuando los estudiantes entran a mi salón, están entrando literalmente a un mundo diferente, que incluye toda la diversidad natural y cultural de nuestro propio mundo real. Un mapa del mundo es ubicado sobre un mapa del salón de clase, y se solicita a los estudiantes que se imaginen viviendo en el ambiente físico y cultural de la zona del mapa que les corresponde. Cada estudiante se vuelve nuestro experto residente en un aspecto específico de un lugar de nuestro mundo. El objetivo final del curso es relativamente simple: comprender cómo funciona el mundo. Pero en lugar de que yo les diga cómo funciona, los estudiantes trabajan juntos para diseñar una simulación de dos horas de los últimos 500 años de historia mundial, usando objetos como moneda, recursos naturales, y otros elementos que recrean el sistema mundial.

Surgen preguntas sobre cada aspecto específico de esta simulación, y como no lo sé todo y la simulación pretende simular todo, estoy en la maravillosa pero incómoda posición de no saber exactamente qué estoy haciendo pero aprendiendo felizmente por el camino. Mi trabajo se vuelve menos acerca de enseñar, y más acerca de alentar a los estudiantes a acompañarme en esta búsqueda.

Los estudiantes graban la simulación en veinte cámaras de video digital, y colectivamente editamos el material para obtener un video de “historia mundial” usando clips de historia real para ilustrar las correspondencias. Vemos el video juntos durante la última semana de clase mientras contemplamos nuestro mundo. Para entonces, parece como si tuviéramos el mundo entero en frente a nosotros en un único salón de clase – profundas diferencias culturales, profundas diferencias económicas, profundos retos para el futuro... y una humanidad. Nos descubrimos como co-creadores de nuestro mundo, y el futuro depende de nosotros. Es en este ambiente que incluso las peores preguntas adquieren todas las características de las mejores: ¿Qué necesitamos saber para este examen?

Llamado “the explainer” por la revista Wired, Michael Wesch es un antropólogo cultural de la Universidad del Estado de Kansas, quien explora los impactos de los nuevos medios en la interacción humana. Sus videos sobre tecnología y educación han sido vistos más de seis millones de veces. También es un profesor ganador de múltiples premios, cuyos proyectos de enseñanza han sido presentados en Chronicle of Higher Education y otros grandes medios a nivel mundial.

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Copyright© Canadian Education Association (2008). ISSN 00131253 Education Canada, Vol. 48 (2) Reimpreso con permiso. Si desea realizar copias adicionales de este artículo, por favor contacte a los editores o a ACCESS. Copyright en Canadá (18008935777).

Versión original en inglés disponible en:
http://www.ceaace.ca/media/en/AntiTeaching_Spring08.pdf Esta traducción al español fue realizada de manera voluntaria por Diego Leal (http://diegoleal.org ), quien tiene responsabilidad única sobre la misma. La versión más reciente de esta traducción puede ser encontrada en el sitio web del traductor.

1) “Think out side the box”, es una expresión inglesa que se refiere al pensamiento creativo, a pensar problemas y soluciones desde perspectivas no convencionales. N.del.T

El siguiente video muestra la tensión existente hoy entre la educación escolarizada y el entorno sociocultural que nos toca vivir. Aunque originalmente corresponde a la realidad estadounidense, es aplicable globalmente. Fue hecho por Michael Wesch , con la colaboración de 200 estudiantes de la Universidad de Kansas. El guión lo escribieron en Google Docs.

Con subtítulos en español, fue subido a Mojiti , donde se describe como "un corto vídeo que resume algunas de las características más importantes de los estudiantes de hoy, la forma en que aprenden, lo que necesitan para aprender, sus objetivos, las esperanzas, los sueños, lo que serán sus vidas, cómo y qué tipo de cambios que van a experimentar ". El dato me llega vía Alejandra, desde el doctorado, donde fue tema de conversación. Gracias Alejandra.

Actualización: Mojiti ha cerrado. Ahora está disponible esta nueva versión en Dot Sub:

Algunos físicos han propuesto una nueva explicación de la realidad otorgando a la intuición y a la creatividad la posibilidad de llevarnos aún más lejos en el conocimiento de lo real. En esa línea, nuestra propuesta consiste en que se reconozca a las coincidencias (sincronicidades) que tienen significados íntimos para el sujeto, el mismo valor que se da a los órdenes cuantitativos. No parece que se pierda nada por dejar la seguridad aparente que dan los dogmas y adentrarnos en la incertidumbre provocadora que nos ofrecen los filósofos cuánticos.

El físico David Bohm, antiguo colaborador de Einstein, utiliza la metáfora del holograma como punto de partida de una nueva explicación de realidad: el orden plegado. La realidad clásica se ha centrado en manifestaciones secundarias, el aspecto desplegado de las cosas, y no en su fuente. Estas apariencias se abstraen de un flujo intangible, invisible, que no se compone de partes. Se trata de una interconexión inseparable... “Bajo la esfera explicada de cosas y acontecimientos separados se halla una esfera implicada de totalidad indivisa, y este todo implicado está simultáneamente disponible para cada parte implicada”.

Según esta visión, que se recoge en su obra “La totalidad y el orden implicado”, fruto de cuarenta años de investigación física y filosófica, en cualquier elemento del universo se contiene la totalidad del mismo: la parte está en el todo, y el todo está en la parte. Detrás de la apariencia del orden desplegado existe un orden implicado, afirma.

Además, para él, “la conciencia (pensamientos, emociones, deseos, voluntad, toda la vida mental o psíquica) está básicamente en el orden implicado como lo está la materia, y, por consiguiente, no es que la conciencia sea una cosa y la materia otra, sino más bien que la conciencia es un proceso material y está ella misma en el orden implicado, como lo está toda la materia, y que la conciencia se manifiesta en algún orden explicado, como hace la materia en general”. Según su hipótesis, la diferencia entre la materia y la conciencia se encuentra en el estado de sutilidad, “la conciencia es posiblemente una forma más sutil de materia y de movimiento, un aspecto más sutil del holomovimiento”.

Para David Bohm, el pensamiento crea un orden de lo “real” que no considera el orden interno de la realidad, el orden no desplegado, no manifestado (...) “El propio pensamiento ha establecido una distinción entre materia y espíritu. Y resulta evidente en qué consiste esta diferencia: lo que no tiene una forma sólida evidente y lo que mueve a algo distinto se llama espíritu” (...) “Así que, finalmente, diríamos que una visión consecuente sería afirmar que algo como la materia no manifiesta desempeña un papel semejante a lo que pensamos como espíritu. Es materia manifiesta en movimiento, pero ambas son materia, una sutil y otra materia bruta. Ahora bien, sea lo que sea lo que queremos decir con lo que está más allá de la materia, es algo que no podemos aprehender con el pensamiento. Quiero decir, el pensamiento puede plantear la cuestión, pero no puede ir más allá”.

El pensamiento no puede percibir lo que está más allá de sí mismo, su mecanismo está atrapado por su propio intento de aprehender en un concepto lo no manifiesto, filtrando, conforme a su pequeña medida, la inmensa totalidad que no se puede ajustar a ningún espacio ni a ningún tiempo (...) “El pensamiento tiene su lugar; pero el pensamiento que intenta trascender su lugar bloquea lo que está más allá”, concluye.

La percepción del orden implicado

David Bohm considera que la intuición es la facultad humana capacitada para penetrar en ese estado de cosas, y cambiar la materia misma, concluyendo que aquella, la intuición, tiene capacidad para cambiar y ordenar la propia materia cerebral. (...) “La idea es que la intuición es una inteligencia que trasciende cualquiera de las energías que podrían definirse en el pensamiento (...) Una inteligencia activa. Es activa en el sentido de que no presta atención al pensamiento. Transforma directamente la materia; puentea, por así decirlo, al pensamiento”.

Según la valoración que hace Bohm, el mecanismo de la intuición no sólo acalla el pensamiento, sino que actúa sobre los bloqueos originados por éste, sobre las confusiones, etc. “Es como si tomase un imán y se redispusieran las partículas de una cinta, eso. Sólo que se haría de un modo inteligente, como para eliminar el ruido y conservar limpio el mensaje” (...) “Al ser la inteligencia suprema, la intuición es capaz de reorganizar la materia estructural del cerebro que subyace por debajo del pensamiento, de suerte que quita el mensaje que origina la confusión, deja la información necesaria y el cerebro abierto para percibir la realidad de una manera diferente”. Pero, de momento está bloqueada, los condicionamientos nos bloquean, porque presionan para mantener lo que es familiar y viejo y le meten a la gente el miedo a todo lo nuevo.

Así que la realidad viene limitada por el mensaje que ya se ha grabado profundamente en las células cerebrales desde la primera infancia. La intuición elimina ese mensaje, la parte del mensaje que origina el bloqueo” (...) “Abre el pensamiento para que se refresque y renueve de manera que pueda operar racionalmente. Podría decirse que permanecer en este bloqueo es totalmente irracional. Es el resultado de la presión. Se adopta la idea de que este bloqueo es cierto porque elimina la presión de la incertidumbre”.

La sincronicidad revela los significados universales

Pero, las posibilidades de adquirir nuevas herramientas, que nos permitan acercarnos más a los contenidos de la realidad, no se han agotado; la impresión que seguimos teniendo es que estamos al comienzo del camino, aún creyendo que estamos bien “encaminados”.

Estas certezas se fundamentan en las implicaciones que, en otras disciplinas como la medicina, psiquiatría, psicología, pedagogía, etc., están teniendo las nuevas corrientes científico-filosóficas, generando, asimismo, una sorprendente experiencia práctica y nuevos debates teóricos, que van parejo con una visión más compleja del ser humano y del universo. La primera conclusión, a la que llegamos, es que lo que miramos y lo que somos se definen como algo único, confundido y diluido en una misma y única materia.

F. David Peat nos propone una reflexión que nos coloca en una perspectiva aún más honda de la propuesta por Bohm. Este autor le reconoce a la percepción, a la intuición y a la creatividad la posibilidad de llevarnos aún más lejos, en el conocimiento de la realidad, pero afirma que, “el concepto de un orden plegado sólo nos lleva hasta la mitad del camino. La naturaleza entera de la conciencia y de la mente debe contener niveles más profundos que lleguen hasta una fuente de creatividad incondicional” (...) está claro que determinados aspectos de la mente y de la conciencia parecen ser apropiados para una descripción en términos de órdenes implicados y campos de información activa” (...)

“En otras palabras, aunque el pensamiento y las formas materiales explicadas del mundo deben su existencia a un orden plegado oculto, son capaces de realimentar al movimiento fundamental y darle una nueva forma. Esto sugiere que la realidad se alcanza a través de un movimiento doble. En cierto sentido el universo entero está plegado en cada individuo y en cada región del espacio. La naturaleza de esta realidad, por lo tanto, se puede tocar extendiéndose hacia fuera, hacia las formas explicadas (que realimentan al segundo orden implicado) o hacia dentro, hacia el orden implicado mismo”.

Y aún va más lejos, cuando fija que el movimiento de los órdenes implicados y explicados no tiene por qué terminar en el nivel del segundo orden implicado, sino que puede extenderse indefinidamente hasta órdenes más profundos e incluso más sutiles. Para llegar a esos órdenes se cuenta, dice Peat, con las llamadas sincronicidades. Según este autor la sincronicidad tiene su origen en los patrones fundamentales del universo y no a través de una causalidad de impulsos y tirones que normalmente relacionamos con sucesos de la naturaleza.

Física y Filosofía

Por esta razón, Carl Jung ha llamado a la sincronicidad un “principio conector acausal". La naturaleza de la sincronicidad se caracteriza como suceso único significativo y acausal que implicaría alguna forma de patrón. Carl Jung demuestra que el significado inherente es lo que realmente diferencia una sincronicidad de una coincidencia. La historia de la sincronicidad comienza con Carl Jung y con el físico Wolfgang Pauli, en ellos se unen los planeamientos de la física y de la filosofía.

La causalidad, dice Peat, no es la apropiada para explicar la complejidad de la realidad, las nuevas leyes de la emergencia y la dinámica orgánica: estructuras disipativas (Prigogine), orden implicado (Bohm), campos formativos (Sheldrake), pueden ayudar a explorar los funcionamientos internos de la sincronicidad, por lo que parece interesante seguir explorando por esas vías ya adelantadas.

“Las sincronicidades nos retan a construir un puente con un fundamento apoyado sobre la objetividad de la dura ciencia y el otro, sobre la subjetividad de los valores personales”. Puesto que, “la causalidad y la sincronicidad no son contradictorias sino percepciones dobles de la misma realidad fundamental”. (...)“De este modo se hace posible conservar una experiencia objetiva de la naturaleza y un sentido del significado e interconexión de las cosas sin necesidad de rechazar el planteamiento científico, dice Peat.

“Es sólo cuando la causalidad, añade el autor, se lleva hasta sus límites que se descubre que el contexto real en que ocurren los sucesos debe extenderse indefinidamente. En otras palabras, todo lo que sucede en nuestro universo es causado, de hecho, por todo lo demás. Se podría considerar que la totalidad del universo se revela o se expresa en sus acontecimientos individuales. Es dentro de esta visión global que es posible considerar a las sincronicidades como sucesos significativos que se originan en el corazón de la naturaleza”.

Peat, siguiéndole los pasos al funcionamiento que siguen las células para construir un organismo complejo, confirma que lo que se da en la naturaleza es una cooperación para la vida, cada unidad orienta su actividad hacia un objetivo, el suyo, su propio desarrollo, y asimismo coopera con las otras unidades en un objetivo más complejo, la construcción de un órgano, de un aparato, de un sistema y de un ser vivo, que se manifiesta como unidad en sí mismo, pero que está creado y desarrollado por la labor de cada unidad.

Según se desprende de la aportación de Peat, la visión que hay que alimentar es aquella que trata de descubrir lo que está escondido, y se niega a construir empalizadas que lo oculten aún más; para ello hay que ir detrás de lo que se ha dado en llamar coincidencias, casualidades, azar, suerte, etc., casi siempre con connotaciones despectivas, y que sin embargo han sido fenómenos que han acompañado el devenir humano.

Nuevo juego

Por eso proponemos un nuevo juego, que a las coincidencias con significados íntimos para el sujeto se les reconozca el valor, por lo menos, que hasta ahora se le ha dado a cualquier factor con capacidad para entrar en los órdenes cuantitativos, para ser empíricamente reconocido, para no ser negada su existencia. El valor de ellas está, cuando menos, en que pone en marcha las preguntas y detrás de ellas la imaginación, y con ella la posibilidad de una permanente tensión con la búsqueda de la verdad que nos seduce.

Las coincidencias significativas (las sincronicidades) permiten que se abran grietas en nuestra visión homogénea del universo, con ellas se rompe la rígida comprensión que tenemos y se flexibiliza esa comprensión. Al flexibilizarse, la realidad manifestada puede tornarse transparente y a partir de ahí surgir el movimiento, la luz, el color, el sonido, la no forma y, con todos ellos, la potencia creadora.

También, la naturaleza de la sincronicidad o de los fenómenos que se manifiestan así, nos ayuda a abundar en la íntima relación entre las manifestaciones externas y los procesos internos, en la unidad del sujeto con el objeto que está en el campo de su atención o de su investigación. A través del lenguaje del arte, la literatura, la música o la ciencia, se despliegan o cabe pensar que se despliegan, aspectos del inconsciente que con fórmulas simbólicas nos comunican la esencia de que estamos hechos y que compartimos con toda la naturaleza. “Los muchos ejemplos de movimientos coincidentes del pensamiento, sentimiento e ideas entre grupos y disciplinas inconexos, sugieren que hay un significado más profundo más allá de estas coincidencias y sincronicidades”.

No hemos de extrañarnos de la existencia de un orden, de unas leyes permanentes, cuando cualquier creación, aclara este autor, (en el lenguaje, en la música, etc) está enmarcada o sometida a esas leyes que la estructura, y que no por ello, ese llamado orden, impide crear a ningún individuo: lo que se manifiesta como instrumento para ir al encuentro del inconsciente colectivo que diría Jung, u objetivo que concluiría Pauli.

Los mundos simultáneos que vivimos pueden ser el efecto del movimiento de las mareas de la conciencia humana. Estas mareas, producidas por las corrientes internas, ponen de manifiesto aquellos aspectos de lo que somos, en los distintos grados o niveles del inconsciente.

En el lenguaje marinero diríamos que hay mar de fondo cuando lo que emerge es aquello que durante mucho tiempo ha estado oculto, mientras la superficie de la conciencia ha parecido estar en “calma chicha”, para continuar con la terminología costera. Las sincronicidades parecen ser una oportunidad para acercarnos mejor hoy al significado de los fenómenos, aunque siempre han estado ahí provocando nuestra atención.

Si basta con que haya un observador escudriñando el interior de la realidad manifestada, para que se produzca ese aparente resurgir de lo que está plegado, también sucede en la acción contraria. La negación militante de una realidad evocadora de algo más allá de lo que consideramos lo real, hace emerger, sincrónicamente, otros sucesos, acausales, con significado por sí mismos, que nos animan a no dormirnos en lo obvio y a buscar lo que la paradoja trata de indicar.

El viejo paradigma es el que nos permite mirar y medir pero es, asimismo, el que nos dificulta levantar la mirada de lo que enfocamos. También, la mirada que fragmenta es la misma que impide ver los grandes patrones que estructuran la naturaleza y los contextos globales en que se producen los fenómenos. No parece que se pierda nada por dejar la seguridad aparente que dan los dogmas y adentrarnos en la incertidumbre provocadora que nos ofrecen los filósofos cuánticos.

Fuente: Alicia Montesdeoca www.tendencias21.net

La siguiente es la reseña de su vida en wikipedia:

Claudio Naranjo (Valparaíso, 1932) es un psiquiatra chileno, considerado uno de los tres discípulos más cercanos de Fritz Perls, importante figura en la divulgación del eneagrama en occidente, y fundador del programa S.A.T. de Educación integral. Investido en 2007 Doctor Honoris Causa por la Universidad italiana de Udine.

Estudió Psiquiatría en la Universidad de Chile, donde tuvo como profesor a Ignacio Matte Blanco. Fue docente de áreas como la Psicología del arte y Psiquiatría social y fue director del Centro de estudios de antropología médica en Chile.

En los años 60's se radicó en Estados Unidos, estudiando Terapia gestáltica con Perls, llegando a formar parte del equipo del Instituto Esalen en esos años. Su aporte a la Terapia gestáltica está en ser uno de los que cristalizó el último periodo de Perls (que pone el acento en la actitud del terapeuta), a través de su desarrollo en la vía de la Psicología transpersonal, constituyendo en su quehacer una interfaz entre la psicoterapia y diversas disciplinas espirituales (la llamada Cuarta vía)

En este sentido, es conocido su sendero espiritual, en que fueron relevantes diferentes maestros, como Swami Muktananda, Idries Shah, Oscar Ichazo y especialmente Tarthang Tulku Rimpoché.

Fue investigador asociado en el Instituto de evaluación e investigación de la personalidad en la Universidad de Berkeley. Ha enseñado Religiones comparadas, Psicología humanista y meditación

Ha sido también difusor del Eneagrama, un sistema de estudio de la personalidad de supuesto origen oriental, que él ha ido integrando como práctica terapéutica y de Desarrollo personal.

En cuanto al programa S.A.T. de educación, este se inscribe en una línea de educación integradora, en relación con el pensamiento de Jean-Jacques Rousseau, John Dewey, María Montessori o Rudolf Steiner. Pone el acento en los aspectos emocionales y espirituales del proceso de aprendizaje, y en la relación personal y transformadora que ocurre en dicho proceso.

Videos

Los siguientes videos son una buena muestra del pensamiento de Claudio Naranjo. Se trata de conversaciones con Eduard Punset en el programa Redes de la Televisión Española. Que los disfruten:

Primera parte

Segunda parte

Bonus-Track

En este enlace, una excelente síntesis de Claudio Naranjo sobre su postura frente a la educación:

Ir al video

Antonio Damasio es profesor de la cátedra David Dornsife de neurociencia, neurología y psicología en la Universidad de Southern California donde también dirige el Instituto de Cerebro y Creatividad. En 2005, ganó el Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica. Es autor de libros muy aclamados como La sensación de lo que ocurre, El error de Descartes o En busca de Spinoza: neurología de la emoción y los sentimientos.

En los siguientes videos, dialoga con Eduard Punset.

El cerebro, teatro de las emociones

Compilado del programa Redes con Eduard Punset, de la TVE, que ofrece una visión didáctica sobre las emociones y nuestra corporalidad.

Primer video

Segundo video

En este video, Eduard Punset, escritor y divulgador científico, entrevista a Paul Elkman.

Paul Ekman es catedrático de psicología de la Universidad de San Francisco y uno de los mayores expertos en cómo expresamos nuestras emociones. Lleva más de 40 años estudiando las expresiones faciales de culturas de todo el mundo, intentando demostrar la universalidad de las emociones básicas. En la actualidad, los resultados de sus trabajos se usan en multitud de campos, desde la investigación de la esquizofrenia a la creación de películas de animación y a la detección de mentiras.

El texto del video es el siguiente:

- Bueno, yo no las diseñé... el científico tiene que hacer las preguntas de qué sucede, cuándo y cómo, y no hay mucha gente que haga la pregunta de por qué sucede, porque es muy difícil obtener una respuesta científica. Te puedo ofrecer mi teoría, pero sólo es la mía, y las pruebas funcionan con la teoría en este momento, pero no es más que una teoría, no es un hecho. La universalidad es un hecho, ¿Pero por qué es el sistema de señales universal más importante que tenemos, para informar a otros miembros de otras especies de lo que nos sucede? Me imagino que durante el curso de la evolución era útil para las personas porque podía informar a los que me rodeaban de cuando estaba enfadado para que se alejaran, y también por mi cara de miedo cuando había algún peligro: un predador. Cuando me lo paso bien quería decir que quiero más, y cuando lo estoy pasando mal quiero que me ayuden. Incluso ahora que en el siglo XXI tenemos unas vidas más individuales y pensamos que quizá es mejor no saber cómo se siente todo el mundo, durante toda la historia de la evolución ha sido justo lo contrario: ha sido muy útil, ya que de otra manera no existiría... pero es porque soy un darwinista y tengo que escribir la información que se espera de mí.

Siguiendo a Ekman, me pregunto: ¿serán las emociones un lenguaje previo al verbal y al aparecer el alfabeto, las palabras se superpusieron a esa forma de comunicación? ¿no será ésta la raíz de las confusiones que hemos tenido con las emociones?

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El físico norteamericano de la universidad estadounidense de Colgate, Victor Mansfield, publicó recientemente un libro titulado: Tibetan Buddhism and Modern Physics: Toward a Union of Love and Knowledge, en el que se aborda el tema de la relación existente entre la religión budista y la física cuántica. Principios como el vacío y la indivisibilidad o interconexión de todas las realidades aparecen en ambas líneas de conocimiento, señala el autor. Enmarcada en la ya tradicional síntesis entre cuántica y espiritualidad oriental, esta obra concluye que, dado que la religión budista apela a la compasión y que la ciencia moderna también ha descubierto valores similares, esta última debería servir para mejorar el mundo y garantizar la felicidad de todos. El prólogo ha sido escrito por el Dalai Lama.

Víctor Mansfield, profesor de física y de astronomía de la Universidad de Colgate del estado de Nueva York, en Estados Unidos, acaba de publicar un libro titulado Tibetan Buddhism and Modern Physics: Toward a Union of Love and Knowledge (Budismo tibetano y física moderna: hacia la unión entre amor y conocimiento), en el que se vuelve a abordar la relación que, para diversos autores y pensadores, existe entre la religión budista y la física moderna.

Publicada por la editorial Templeton Foundation Press de la Fundación John Templeton, la obra se centra en las complejas cuestiones del diálogo y la colaboración entre budismo y ciencia, revelando las conexiones y diferencias existentes entre ambas cosmovisiones, que a priori podría parecer que no tienen nada en común.

Asimismo, el libro responde a la sincera petición del Dalai Lama de que se desarrolle una colaboración entre ciencia y Budismo, tal y como se muestra en la introducción a la obra, escrita por el propio Tenzin Gyatso. Por otro lado la llamada Oficina de Su Santidad se encargará de la traducción de la obra al chino y al tibetano.

El principio del vacío

Con un lenguaje claro y atractivo, Tibetan Buddhism and Modern Physics describe cómo el principio del vacío o sunyata (lo carente de realidad, sin identidad, lo deshabitado), núcleo filosófico del budismo tibetano, está íntimamente relacionado con la no-localidad cuántica y otras características fundacionales de la mecánica de la física subatómica.

Detalladas conexiones entre el vacío, el principio de la relatividad, y la naturaleza del tiempo también han sido exploradas por el autor. Para los budistas tibetanos, la interconexión profunda que implica el vacío demanda la práctica de la compasión universal.

Dada la relación que Mansfield y otros pensadores han visto entre dicho sunyata y el vacío descrito por la física cuántica, esta rama de la ciencia debería animar también a una actitud compasiva hacia todo lo que nos rodea.

Pero el libro no se centra sólo en las similitudes entre física cuántica y budismo, sino que también explora un conflicto significativo que surge entre ambas líneas de conocimiento: las consideraciones acerca de la causalidad. En física, la causalidad se limita a describir la relación entre causas y efectos.

En el budismo, por el contrario, la causalidad ha tenido siempre un significado espiritual, esto es, jamás es ciega sino que está llena de sentido (los actos de cada sujeto tienen efectos y estos efectos volverán siempre al sujeto por la interdependencia entre éste y la totalidad del cosmos). En resumen, nadie puede librarse de su karma.

Ciencia y compasión

Según publica Templeton Press, el libro concluye con una respuesta a la pregunta: ¿cómo podría el viaje a través de la física moderna y el budismo tibetano aplicarse a un mundo en la actualidad dolorosamente polarizado? Es decir, que el mensaje central de la obra es que la compasión universal puede acompañar la expansión de la visión científica, uniendo de esta manera el amor al conocimiento más profundo de la realidad.

En esta línea, en la introducción que antes hemos mencionado a la obra, el Dalai Lama declara “no tengo ninguna duda de que la ciencia y la tecnología pueden contribuir a la felicidad de todos nosotros, y de que la ciencia es una vasta y hermosa fuente de conocimiento. Sin embargo, a pesar de sus logros en numerosos campos, aún no hemos dado con la forma de aplicar la ciencia y la tecnología a la erradicación de la infelicidad que atenaza a tanta gente en el mundo”.

El Dalai Lama añade, “ciertamente, creo que el remedio básico para el sufrimiento anímico, por naturaleza, radica en la mente misma y que el potencial para la resolución real de los problemas de la mente existe sólo en el nivel mental. Por consiguiente, aunque necesitamos evidentemente de la ciencia y de la tecnología, también necesitamos de nuestra espiritualidad, del trabajo en el corazón y en la compasión que apuntalan nuestra felicidad esencial”.

Tanto la tradición budista como la ciencia moderna están ocupadas en conocer la realidad a diversos niveles, a través de la investigación, y no sólo teóricamente sino también en la práctica. Tanto si nos acercamos al mundo a través de la ciencia como si lo hacemos a través de la espiritualidad, debemos aceptarlo tal y como es, señala el Dalai Lama.

Verdad en ambas direcciones

Antes de Mansfield, otros físicos han explorado la conexión entre la física moderna y las filosofías orientales. El primero en hacerlo fue el norteamericano de origen austriaco Fritjof Capra, que en 1975 publicó “El Tao de la Física”, en el que se exploraban las correspondencias entre las teorías de la física cuántica y tradiciones místicas como el Hinduismo, el Budismo o el Taoísmo. En esta obra, Capra demostró que la visión que poseen físicos y místicos presenta ciertos paralelismos y que la religión o el misticismo pueden acercarse a la ciencia, aunque sean aparentemente irreconciliables.

Otros textos que han analizado el estrecho vínculo entre física moderna y filosofías orientales han sido “La Danza de los Maestros de Wu Li”, de Gary Kuzav o “El infinito en la palma de la mano”, de Matthieu Ricard y Xuan Thuan Trinh.

Todos estos autores coinciden en señalar los puntos de concordancia entre filosofías orientales y ciencia moderna. Entre ellos, además de la concepción del vacío, se encuentra la idea del universo como una totalidad indivisible, es decir, la interconexión entre todas las cosas, particularmente entre el observador y lo observado, eje central de la teoría de la relatividad y de la mecánica cuántica.

Las causas de estas similitudes podrían encontrarse, según algunos, en que en ambas líneas de investigación se hace un esfuerzo igualmente riguroso por avanzar y profundizar en el conocimiento de la realidad y, por lo tanto, se alcanzarían conclusiones igualmente verdaderas en ambas direcciones.

Fuente: Yaiza Martínez. www.tendencias21.net

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Sobre C o n e x i o n e s

Buscador de conexiones. En la vida real, Master en Comunicación Digital por la UIB, España; Profesor de Estado en Historia y Geografía por la ULS, Chile; Doctorando en Educación mención Mediación Pedagógica. Actualmente, Director Escuela de Historia y Geografía en la Universidad Pedro de Valdivia, UPV, La Serena, Chile. Las opiniones aquí vertidas son personales y no representan necesariamente a las instituciones en las que participo.

El blog Conexiones fue creado el 12 de agosto del año 2005. Lee aquí Mi Primer Post

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