Se escribirá mucha tinta nuevamente en los medios escritos y posiblemente la novedad es que también circulen muchos bytes de información en el mundo digital.... hasta el próximo cambio horario.

Veremos a los mismos entrevistados en la televisión opinando sobre las ventajas y desventajas de la medida y seguramente, harán una encuesta callejera en las que muchos transeúntes señalen que el cambio es para ahorrar electricidad, mientras otros dirán que ni se han enterado de los motivos.
En algunos medios tendrán tribuna los médicos que nos hablarán de los desajustes que provoca esta medida en el ciclo circadiano, pero que después de una semana nuestro organismo se recuperará. Más de algún entrevistado citará el "Jet Lag", osea el desajuste horario provocado por un viaje en avión, que experimentan las personas que se desplazan a países muy alejados, y que produce “inquietud, cambio de atención, sensación de sueño continua, etc.”.
Por estos días, Luis Eduardo Bastías ha escrito en AtinaChile un post titulado"La necesidad o la necedad del cambio de hora", que les recomiendo leer y en la cual se recogen argumentos más vehementes en contra de este ritual practicado por los chilenos desde hace cuarenta años.
Mal de muchos...
Sin embargo, no somos los únicos, alrededor de 80 países en el planeta se someten al mismo criterio. De partida, toda la Unión Europea ha suscrito un acuerdo que obliga a los países miembros a incorporarla. En España se realizó el cambio de hora por primera vez en 1918, como medida para ahorrar carbón, y se mantuvo una frecuencia irregular hasta que se abandonó esta práctica entre los años 1950 y 1973. Se recuperó la costumbre al año siguiente junto al resto de países europeos, y desde 1981 se reguló mediante ocho directivas distintas que se dictaban para uno o varios años determinados.
En Europa, la consultora "Research Voor Beleid" analizó todos los documentos previos, preguntó a los expertos en los diferentes sectores afectados e investigó el tema. En este informe se constata que fijar la hora de verano incide de forma distinta en función de la situación geográfica de los países y del tiempo de luz solar diario que tengan, es decir, no afecta de igual manera en el sur de España que en el norte de Suecia, por ejemplo.
Así, se llega a una conclusión sorprendente tras revisar los estudios en los que se basó la UE para aprobar de forma indefinida el horario de verano: los informes determinan que el ahorro de energía utilizada en la iluminación con esta medida, que es la principal razón que se aduce, se encuentra sólo en torno al 0 % y el 0,5 %, de acuerdo con antecedentes publicados en Universia.
En otros lares más cercanos (Nicaragua) a la impopular medida la llaman la "hora Bolaños", en alusión al presidente Enrique Bolaños que la impuso. En Argentina, hace algunos años trataron de aplicarla, pero los legisladores se opusieron. Luego, debido a su organización federalista, pasó a ser una decisión de cada región. En Mendoza, por ejemplo, se intentó consagrarla, pero la suspendieron a poco andar por el rechazo que despertó entre la ciudadanía.
Como lo ha planteado Alvin Toffler, nuestra sociedad ha cambiado drásticamente en los últimos decenios y resulta anacrónico seguir tratando de uniformar y sincronizar los hábitos de la población, tal cual era factible hacer hace 50 años. Recordemos que la tendencia es a desuniformizar y segmentar. De hecho, Internet nos permite comunicarnos y trabajar en forma asincrónica. Por ejemplo, en la "vida real" las malls ya han encontrado una fórmula para saltarse este cambio de ritmo: comienzan a aplicar su "horario de verano", es decir abrirán y cerrarán una hora más tarde.
¿No será la hora de escuchar a los ciudadanos? Si los relojes mecánicos fueron necesarios para sincronizar nuestras actividades productivas y sociales, cambiarnos la hora masivamente lo considero un exceso.
Nuestro reloj biológico
Según Steven L.Burns, dentro de cada uno de nuestros cerebros existe un reloj interno. Este aparato funciona como un conductor de orquesta. El conductor mantiene el ritmo de todos los instrumentos, por lo tanto, éste reloj mantiene coordinadas todas nuestras funciones a un determinado ritmo.
Este reloj interno se encuentra localizado en el centro de nuestro cerebro en un conjunto de células llamadas "glándula pineal". Dentro de la glándula pineal se encuentra el almacen de serotonina que a su vez sirve de "activador" de ésta glándula. Todos los días la serotonina es convertida en un compuesto llamado "melatonina" y a su vez la melatonina se vuelve a convertir en serotonina. Este ciclo de seratonina a melatonina a seratonina de nuevo tarda exactamente 25 horas y constituye nuestro reloj interno.
¿25 horas? Si, bajo condiciones experimentales en situaciones donde el ambiente no cambia, como por ejemplo en una cueva donde no entra la luz del dia, el reloj interno tiene ciclos de 25 horas. En cambio, cuando la persona es expuesta a la luz del sol, la glándula pineal inmediatamente se adapta y se forman ciclos de 24 horas. La glándula pineal inmediatamente adapta su ciclo al de la tierra, de tal manera que las 12 del dia en la tierra son las 12 del dia para la glándula pineal. Expuesta a la luz solar, la glándula pineal ni ganará ni perderá tiempo sino que estará en constante armonía con el ciclo terrestre. Este proceso de ajuste entre la glándula pineal y la tierra tarda aproximadamente tres semanas.
Este ciclo de 24 horas de nuestro reloj interno es muy importante. Es precisamente lo que determina nuestros ciclos de sueño y vigilia. Todas las noches nuestro reloj interno ajusta nuestra fisiología para el sueño, por éste motivo nos sentimos con sueño y dormimos profundamente. Después de un tiempo, nuestro reloj interno ajusta de nuevo nuestra fisiología para despertar. Por éste motivo despertamos en las mañanas sintiendonos descansados.
Mencionamos que nuestro reloj interno es el coordinador de nuestra orquesta fisiológica. Existen tres músicos en ésta orquesta que son: la temperatura corporal, la hormona combatiente del estrés y los ciclos de sueño. Estos tres deben ser adecuadamente coordinados por el reloj inerno para poder dormir profundamente y despertar descansados.



















Juan Manuel
31 Oct 2006 | 02:34 PM
Ya hemos vuelto a adelantar los relojes a cuenta del famoso ahorro de energía. Podría ser bueno pensar un poco en lo que representa esto de cambiar de hora cada primavera en términos de salud y bienestar. Aceptamos mansamente la incomodidad de mudar nuestros horarios de sueño porque nos dicen que es por el bien común. Pues no. Cada vez más oficinas, fábricas y comercios usan luz artificial durante toda la jornada.
Los cambios de hora generan una pérdida de productividad laboral que al parecer no preocupa a nadie, complican el funcionamiento de los transportes dos veces al año y tienen otras desventajas. En mi opinión, el argumento definitivo es que a los niños no se les puede cambiar el horario porque sí: la macroeconomía les importa un bledo. No hay forma de mandarlos a dormir una hora antes. Y levantarlos una hora antes... bueno, mientras discuto con ellos sobre si tienen sueño o no, mis pensamientos se vuelven más y más impublicables. Vamos, que la idea sólo se le pudo ocurrir a alguien que no tenía críos.
Salud, desde España.
mary
10 Jul 2008 | 03:09 AM
lo peor