Categoría: Historias y Cuentos
4 Enero 2006
Ya hice cosquillas a mi hermana sólo para que dejara de llorar, ya me quemé jugando con una vela, ya hice un globo con el chicle y se me pegó en toda la cara, ya hablé con el espejo, ya jugué a ser brujo. Ya quise ser astronauta, violinista, mago, cazador y trapecista, ya me escondí atrás de la cortina y dejé olvidados los pies afuera, ya corrí por el timbre del teléfono, ya estuve bajo la ducha hasta hacerme pis. Ya robé un beso, confundí los sentimientos, tomé un camino errado y sigo andando en lo desconocido.
Ya raspé el fondo de la olla donde se cocinó la rema, ya me corté al afeitarme muy apurado y lloré al escuchar determinada música en el ómnibus. Ya traté de olvidar a algunas personas y descubrí que son las más difíciles de olvidar. Ya subí a escondidas a la azotea para agarrar estrellas, ya subí a un árbol para robar fruta, ya me caí por una escalera. Ya hice juramentos eternos, escribí el muro de la escuela y lloré sentado solo en el piso del baño por algo que me pasaba, ya huí de mi casa para siempre y volví al instante siguiente. Ya corrí para no dejar a alguien llorando, ya quedé solo en medio de mil personas sintiendo la falta de una sola.
Ya vi ponerse el sol y cambiar al rosado y al anaranjado, ya me tiré a la piscina y no quise salir más, ya tomé whisky hasta sentir mis labios dormidos, ya miré la ciudad desde arriba y ni aún así encontré mi lugar. Ya sentí miedo de la oscuridad, ya temblé por los nervios, ya casi morí de amor y renací nuevamente para ver la sonrisa de alguien especial, ya desperté en medio de la noche y sentí miedo de levantarme. Ya aposté a correr descalzo por la calle, grité de felicidad, robé rosas en un enorme jardín, ya me enamoré y creí que era para siempre, pero era un "para siempre" por la mitad.
Ya me acosté en el pasto hasta la madrugada y vi cambiar la luna por el sol, ya lloré por ver amigos partir y luego descubrí que llegaron otros nuevos y que la vida es un ir y venir permanente. Fueron tantas cosas que hice, tantos momentos fotografiados por la lente de la emoción y guardados en ese baúl llamado corazón.
Ahora un formulario me pregunta, me grita desde el papel: - ¿ Cuál es su experiencia ? Esa pregunta hizo eco en mi cerebro. Experiencia.... experiencia... ¿ Será que cultivar sonrisas es experiencia ? No, tal vez ellos no saben todavía ver los sueños. Ahora me gustaría preguntarle al que redactó el formulario: ¿ Experiencia ? ¿ Quién la tiene; si a cada momento todo se renueva ???
Anonimo(me parecio lindo!)
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9 Noviembre 2005

Como cada verano, a la Señora Pata le dio por empollar y todas sus amigas del corral estaban deseosas de ver a sus patitos, que siempre eran los más guapos de todos.
Llegó el día en que los patitos comenzaron a abrir los huevos poco a poco y todos se congregaron ante el nido para verles por primera vez.
Uno a uno fueron saliendo hasta seis preciosos patitos, cada uno acompañado por los gritos de alborozo de la Señora Pata y de sus amigas. Tan contentas estaban que tardaron un poco en darse cuenta de que un huevo, el más grande de los siete, aún no se había abierto.
Todos concentraron su atención en el huevo que permanecía intacto, incluso los patitos recién nacidos, esperando ver algún signo de movimiento.
Al poco, el huevo comenzó a romperse y de él salió un sonriente pato, más grande que sus hermanos, pero ¡oh, sorpresa!, muchísimo más feo y desgarbado que los otros seis.
La Señora Pata se moría de vergüenza por haber tenido un patito tan feísimo y le apartó con el ala mientras prestaba atención a los otros seis.
El patito se quedó tristísimo porque se empezó a dar cuenta de que allí no le querían...
Pasaron los días y su aspecto no mejoraba, al contrario, empeoraba, pues crecía muy rápido y era flacucho y desgarbado, además de bastante torpe el pobrecito.
Sus hermanos le jugaban pesadas bromas y se reían constantemente de él llamándole feo y torpe.
El patito decidió que debía buscar un lugar donde pudiese encontrar amigos que de verdad le quisieran a pesar de su desastroso aspecto y una mañana muy temprano, antes de que se levantase el granjero, huyó por un agujero del cercado.
Así llegó a otra granja, donde una vieja le recogió y el patito feo creyó que había encontrado un sitio donde por fin le querrían y cuidarían, pero se equivocó también, porque la vieja era mala y sólo quería que el pobre patito le sirviera de primer plato. También se fue de aquí corriendo.
Llegó el invierno y el patito feo casi se muere de hambre pues tuvo que buscar comida entre el hielo y la nieve y tuvo que huir de cazadores que pretendían dispararle.
Al fin llegó la primavera y el patito pasó por un estanque donde encontró las aves más bellas que jamás había visto hasta entonces. Eran elegantes, gráciles y se movían con tanta distinción que se sintió totalmente acomplejado porque él era muy torpe. De todas formas, como no tenía nada que perder se acercó a ellas y les preguntó si podía bañarse también.
Los cisnes, pues eran cisnes las aves que el patito vio en el estanque, le respondieron:
- ¡Claro que sí, eres uno de los nuestros!
A lo que el patito respondió:
-¡No os burléis de mí!. Ya sé que soy feo y desgarbado, pero no deberíais reír por eso...
- Mira tu reflejo en el estanque -le dijeron ellos- y verás cómo no te mentimos.
El patito se introdujo incrédulo en el agua transparente y lo que vio le dejó maravillado. ¡Durante el largo invierno se había transformado en un precioso cisne!. Aquel patito feo y desgarbado era ahora el cisne más blanco y elegante de todos cuantos había en el estanque.
Así fue como el patito feo se unió a los suyos y vivió feliz para siempre.
AUTOR HANS CHRISTIAN ANDERSEN
Para cuento mas detallado recomiendo visitar www.rinconcastellano.com/cuentos
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9 Noviembre 2005

En el corazón del bosque vivían tres cerditos que eran hermanos. El lobo siempre andaba persiguiéndoles para comérselos. Para escapar del lobo, los cerditos decidieron hacerse una casa. El pequeño la hizo de paja, para acabar antes y poder irse a jugar.
El mediano construyó una casita de madera. Al ver que su hermano pequeño había terminado ya, se dio prisa para irse a jugar con él.
El mayor trabajaba en su casa de ladrillo.
- Ya veréis lo que hace el lobo con vuestras casas- riñó a sus hermanos mientras éstos se lo pasaban en grande.
El lobo salió detrás del cerdito pequeño y él corrió hasta su casita de paja, pero el lobo sopló y sopló y la casita de paja derrumbó.
El lobo persiguió también al cerdito por el bosque, que corrió a refugiarse en casa de su hermano mediano. Pero el lobo sopló y sopló y la casita de madera derribó. Los dos cerditos salieron pitando de allí.
Casi sin aliento, con el lobo pegado a sus talones, llegaron a la casa del hermano mayor.
Los tres se metieron dentro y cerraron bien todas las puertas y ventanas. El lobo se puso a dar vueltas a la casa, buscando algún sitio por el que entrar. Con una escalera larguísima trepó hasta el tejado, para colarse por la chimenea. Pero el cerdito mayor puso al fuego una olla con agua. El lobo comilón descendió por el interior de la chimenea, pero cayó sobre el agua hirviendo y se escaldó.
Escapó de allí dando unos terribles aullidos que se oyeron en todo el bosque. Se cuenta que nunca jamás quiso comer cerdito.
Autor Anonimo
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9 Noviembre 2005

Había una vez una niña muy bonita. Su madre le había hecho una capa roja y la muchachita la llevaba tan a menudo que todo el mundo la llamaba Caperucita Roja.
Un día, su madre le pidió que llevase unos pasteles a su abuela que vivía al otro lado del bosque, recomendándole que no se entretuviese por el camino, pues cruzar el bosque era muy peligroso, ya que siempre andaba acechando por allí el lobo.
Caperucita Roja recogió la cesta con los pasteles y se puso en camino. La niña tenía que atravesar el bosque para llegar a casa de la Abuelita, pero no le daba miedo porque allí siempre se encontraba con muchos amigos: los pájaros, las ardillas...
De repente vio al lobo, que era enorme, delante de ella.
- ¿A dónde vas, niña?- le preguntó el lobo con su voz ronca.
- A casa de mi Abuelita- le dijo Caperucita.
- No está lejos- pensó el lobo para sí, dándose media vuelta.
Caperucita puso su cesta en la hierba y se entretuvo cogiendo flores: - El lobo se ha ido -pensó-, no tengo nada que temer. La abuela se pondrá muy contenta cuando le lleve un hermoso ramo de flores además de los pasteles.
Mientras tanto, el lobo se fue a casa de la Abuelita, llamó suavemente a la puerta y la anciana le abrió pensando que era Caperucita. Un cazador que pasaba por allí había observado la llegada del lobo.
El lobo devoró a la Abuelita y se puso el gorro rosa de la desdichada, se metió en la cama y cerró los ojos. No tuvo que esperar mucho, pues Caperucita Roja llegó enseguida, toda contenta.
La niña se acercó a la cama y vio que su abuela estaba muy cambiada.
- Abuelita, abuelita, ¡qué ojos más grandes tienes!
- Son para verte mejor- dijo el lobo tratando de imitar la voz de la abuela.
- Abuelita, abuelita, ¡qué orejas más grandes tienes!
- Son para oírte mejor- siguió diciendo el lobo.
- Abuelita, abuelita, ¡qué dientes más grandes tienes!
- Son para...¡comerte mejoooor!- y diciendo esto, el lobo malvado se abalanzó sobre la niñita y la devoró, lo mismo que había hecho con la abuelita.
Mientras tanto, el cazador se había quedado preocupado y creyendo adivinar las malas intenciones del lobo, decidió echar un vistazo a ver si todo iba bien en la casa de la Abuelita. Pidió ayuda a un segador y los dos juntos llegaron al lugar. Vieron la puerta de la casa abierta y al lobo tumbado en la cama, dormido de tan harto que estaba.
El cazador sacó su cuchillo y rajó el vientre del lobo. La Abuelita y Caperucita estaban allí, ¡vivas!.
Para castigar al lobo malo, el cazador le llenó el vientre de piedras y luego lo volvió a cerrar. Cuando el lobo despertó de su pesado sueño, sintió muchísima sed y se dirigió a un estanque próximo para beber. Como las piedras pesaban mucho, cayó en el estanque de cabeza y se ahogó.
En cuanto a Caperucita y su abuela, no sufrieron más que un gran susto, pero Caperucita Roja había aprendido la lección. Prometió a su Abuelita no hablar con ningún desconocido que se encontrara en el camino. De ahora en adelante, seguiría las juiciosas recomendaciones de su Abuelita y de su Mamá.
NOTA:
Charles Perrault, a finales del siglo XVII, fue uno de los primeros autores en escribir cuentos de hadas en Francia. A él le debemos "La Caperucita roja". Merece nuestra especial condena por su maravillosamente creativo nuevo final.
En la versión oral tradicional, la niña urde un inteligente plan para escapar del lobo. En la versión de Perrault, se añade la generosa intervención de un leñador heroico para salvar a la niña de su propia estupidez. De forma brutal, una antigua historia sobre una niña lista se convirtió en una lección sobre la vulnerabilidad, estupidez y desamparo femeninos.
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9 Noviembre 2005

Hubo una vez una joven muy bella que no tenía padres, sino madrastra, una viuda impertinente con dos hijas a cual más fea. Era ella quien hacía los trabajos más duros de la casa y como sus vestidos estaban siempre tan manchados de ceniza, todos la llamaban Cenicienta.
Un día el Rey de aquel país anunció que iba a dar una gran fiesta a la que invitaba a todas las jóvenes casaderas del reino.
- Tú Cenicienta, no irás -dijo la madrastra-. Te quedarás en casa fregando el suelo y preparando la cena para cuando volvamos.
Llegó el día del baile y Cenicienta apesadumbrada vio partir a sus hermanastras hacia el Palacio Real. Cuando se encontró sola en la cocina no pudo reprimir sus sollozos.
- ¿Por qué seré tan desgraciada? -exclamó-. De pronto se le apareció su Hada Madrina.
- No te preocupes -exclamó el Hada-. Tu también podrás ir al baile, pero con una condición, que cuando el reloj de Palacio dé las doce campanadas tendrás que regresar sin falta. Y tocándola con su varita mágica la transformó en una maravillosa joven.
La llegada de Cenicienta al Palacio causó honda admiración. Al entrar en la sala de baile, el Rey quedó tan prendado de su belleza que bailó con ella toda la noche. Sus hermanastras no la reconocieron y se preguntaban quién sería aquella joven.
En medio de tanta felicidad Cenicienta oyó sonar en el reloj de Palacio las doce.
- ¡Oh, Dios mío! ¡Tengo que irme! -exclamó-.
Como una exhalación atravesó el salón y bajó la escalinata perdiendo en su huída un zapato, que el Rey recogió asombrado.
Para encontrar a la bella joven, el Rey ideó un plan. Se casaría con aquella que pudiera calzarse el zapato. Envió a sus heraldos a recorrer todo el Reino. Las doncellas se lo probaban en vano, pues no había ni una a quien le fuera bien el zapatito.
Al fin llegaron a casa de Cenicienta, y claro está que sus hermanastras no pudieron calzar el zapato, pero cuando se lo puso Cenicienta vieron con estupor que le estaba perfecto.
Y así sucedió que el Príncipe se casó con la joven y vivieron muy felices.
NOTA:
Se dice que la historia original de Cenicienta está documentada por primera vez en China hacia el año 200 D.C. Un noble chino descubrió la zapatilla perdida de una campesina y supo que estaba destinada a casarse con un noble debido a lo pequeños que eran sus pies. Esta nota es tomada del link http://www.zmag.org/Spanish/0004disn.htm
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9 Noviembre 2005

HISTORIA I
Había una vez 25 soldados de plomo, todos ellos hermanos, pues habían salido todos de la misma vieja cuchara. Cada uno de ellos cargaba con su fusil, mirando al frente y vistiendo su uniforme azul y rojo. Las primeras palabras que oyeron en su nuevo mundo fueron las de un niño: "¡Soldados, soldados!".El pequeño estaba festejando su regalo de cumpleaños. Todos los soldados eran exactamente iguales, a excepción de uno que tenía solo una pierna, ya que el plomo se había acabado antes de que hubieran terminado de darle forma. Pese a todo, el soldadito se mantenía de pie tan bien que el niño decidió conservarlo.
Sobre la mesa había muchos otros juguetes, pero lo que más llamaba la atención era un encantador castillo de papel. Era todo muy lindo, y, sin duda, lo más hermoso era la niña que estaba a las puertas del castillo. Era también de papel, pero tenía un vestido de gasa muy fino, y lentejuelas muy brillantes.La joven tenía ambos brazos extendidos, era una bailarina. Y su paso se alzaba tan alto en el aire, que el soldadito pensó que a ella también le faltaba una pierna. "Sería la esposa más indicada para mí," pensó, "pero vive en un palacio".
Y decidió ocultar su amor y pasar el resto de su vida mirando a la bailarina. Todas las noches, cuando la gente de la casa se retiraba a dormir, llegaba la hora en que los juguetes se ponían a jugar y divertirse visitándose unos a otros, librando batallas o dando bailes.Los soldados de plomo se aburrían en su caja, pero habían sido entrenados para tener disciplina y educación.
IMPRUDENCIA I
Cierto día, la empleada vio que uno de los soldados estaba lisiado, y lo tiró por la ventana. Unos niños que pasaban vieron el juguete, y lo pusieron en un barco de papel, que se fue deslizando a lo largo de la cuneta hasta caer a la cloaca, que iba a desembocar en un río. Allí, un pez se comió al soldadito, pero él seguía impávido, fusil al hombro. El pez fue pescado y luego lo vendieron a la misma casa donde, un día, el niño había recibido veinticinco soldaditos como regalo.La misma empleada que lo había tirado, lo encontró en el estómago del pescado, y esta vez lo lanzó al fuego.
Pero, antes de caer entre las llamas, el soldadito pudo ver, por última vez, a los mismos niños y, sobre la mesa, los mismos juguetes, y también el hermoso castillo con la linda bailarina a las puertas. Vio, en la bailarina, una lágrima de papel. Poco a poco, rodeado de llamas, el soldadito empezó a derretirse. Mientras sus ropas iban perdiendo los colores, él intentaba mantener su porte marcial, con los ojos fijos en aquella a quien había jurado amor eterno. Los dos se contemplaban, tristes por la separación, contentos por la oportunidad de verse una vez más.
No se sabe cómo, pero una corriente de viento atravesó la sala y se llevó a la pequeña bailarina, que voló como un hada y acabó cayendo también en la hoguera.Al día siguiente, cuando la empleada barría las cenizas, encontró un corazoncito de plomo, que tenía en el centro una lentejuela que, como ella sabía, pertenecía a otro juguete que estaba sobre la mesa de los niños.
AUTOR HANS CHRISTIAN ANDERSEN (1805-1875)
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9 Noviembre 2005

Cuentan que una vez se reunieron en algún lugar de la tierra todos los sentimientos y cualidades de los seres humanos. Cuando el Aburrimiento había bostezado por tercera vez, la Locura como siempre tan loca les propuso: vamos a jugar a las escondidas? La Intriga levantó la ceja intrigada y la Curiosidad sin poder contenerse le preguntó: A las escondidas..??? y... Cómo es eso?
Es un juego, explicó la Locura, en el que yo me tapo la cara y comienzo a contar desde uno hasta un millón y cuando yo haya terminado de contar, el primero de ustedes que yo encuentre ocupara mi lugar para continuar el juego. El Entusiasmo bailó entusiasmado secundado por la Euforia. La Alegría dio tantos saltos que terminó convenciendo a la Duda, e incluso a la Apatía, a la que nunca le interesaba hacer nada. Pero no todos querían participar. La Verdad prefirió no esconderse...para qué...?? ...si al final siempre la hallaban. Y la Soberbia opinó que era un juego muy tonto (en realidad lo que le molestaba era que la idea no hubiese sido de ella) y la Cobardía prefirió no arriesgarse.
Uno, dos tres... comenzó a contar la Locura. La primera en esconderse fue la Pereza, como siempre tan Perezosa se dejó caer tras la primera piedra del camino. La Fe subió al cielo y la Envidia se escondió tras la sombra del Triunfo, que con su propio esfuerzo había logrado subir a la copa del árbol más alto. La Generosidad casi no alcanzó a esconderse, cada sitio que hallaba le parecía maravilloso para alguno de sus amigos...que si un lago cristalino, para la Belleza ...que si una hendida en un árbol, perfecto para la Timidez ...que si el vuelo de una mariposa... lo mejor para la Voluptuosidad ...que si una ráfaga de viento... magnífico para la Libertad. Así terminó por acurrucarse en un rayito de sol.
El Egoísmo, en cambio encontró un sitio muy bueno desde el principio: >aireado, cómodo... pero sólo para él. La Mentira se escondió en el fondo de los océanos...(mentira, se escondió detrás del arco iris). La Pasión y el Deseo en el centro de los >volcanes. El Olvido... se me olvidó dónde se escondió el Olvido, pero eso no es lo más importante.
La Locura contaba ya novecientos noventa y nueve mil novecientos noventa y nueve... y el Amor no había aún encontrado sitio para esconderse entre sus flores. Un millón contó la Locura y comenzó a buscar. La primera en encontrar fue la Pereza... a sólo tres pasos detrás de unas piedras. Después se escuchó la Fé discutiendo con Dios sobre Teología, y a la Pasión y el Deseo los sintió vibrar en los volcanes. En un descuido encontró a la Envidia y claro, pudo deducir dónde estaba el Triunfo. Al Egoísmo no tuvo ni que buscarlo, él solo salió disparado de su escondite, que había resultado ser un nido de avispas.
De tanto caminar sintió sed y al acercarse al lago descubrió a la Belleza, y con la Duda resultó más fácil todavía, pues la encontró sentada en una cerca sin decidir aún dónde esconderse. Así fue encontrando a todos. Al Talento entre la hierba fresca... A la Angustia en una oscura cueva... A la Mentira, detrás del arco iris, (mentira... en el fondo del >mar). Hasta el Olvido... ya se había olvidado que estaba jugando a las escondidas. pero... sólo el Amor... no aparecía por ningún sitio.
La Locura buscó detrás de cada árbol, bajo cada arroyo del planeta, en la cima de las montañas, y cuando estaba por darse por vencida, divisó un rosal y pensó: El Amor siempre tan cursi, seguro se escondió entre las rosas... tomó una horquilla y comenzó a mover las ramas...cuando de pronto un doloroso grito se escuchó... Las espinas habían herido los ojos del Amor, la Locura no sabía qué hacer para disculparse: ...lloró... rogó... pidió perdón y hasta prometió ser su lazarillo. Desde entonces, desde que por primera vez se jugó en la Tierra a las escondidas, el Amor es ciego y la Locura siempre lo acompaña.
Tengo entendido que el auto es MARIO BENEDETTI
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