Teresa es heredera del espíritu de las plantas y sabe hacer de una infusión un ritual poético.
La hierba flota verde y carnosa en el agua ámbar agigantada en la transparencia del tazón.
El brebaje de Teresa quema en los labios, quema en la garganta y quema un poco también en el alma.
Ella sabe reconocer el primer guiño de ese dolor dulce.
"Deje que prenda" -dice entonces– "porque a medida que va haciendo brasa de todo lo que inunda, así también lo va sanando".
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Sentada frente a la página blanca, espero...
Llevo esperando muchos años, tantos que ya ni recuerdo el sentido en el que se dibujan las constelaciones verbales sobre la fibra clara.
Espero... y seguiré esperando.
Ella, blanca permanente.
Yo, obstinada en estado de reflexión.
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Cinco campanadas indican su llegada.
En la primera la gran rueda gira quitando los postigos.
En la segunda, las gruesas cuerdas dejan caer con pausa pe-sa-da los maderos.
En la tercera, la tierra recibe, en temblor sagrado, al horizonte.
En la cuarta campanada, se inicia la procesión y la caravana ingresa hasta el corazón del universo.
En la quinta y final, su plegaria se extiende en bendición y sólo entonces, el puente permanece abierto.
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Control-Alt-Suprimir
y lo único que quedó de ti fue el rastro inócuo que me permitió decirte que habías sido borrado de mi memoria.
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