PARA VOSOTR@S (actualizado)
No sabía si colgar este post hoy, ya que el índice de comentarios en mi blog ha descendido considerablemente esta semana.
He escrito un cuento, un cuento que tiene de protagonIstas a algunos de mis amigos y amigas de la coctelera (incluyendome a mí , jejejeje). Cómo deseo que este cuento lo lea todo el mundo dudaba de si colgarlo esta semana por la razón que os he dicho, pero al final me he decantado por hacerlo... quizá no lo lea tanta gente como quisiera, ni siquiera los que salen en el cuento, pero de todas formas, este post quedará guardado mucho tiempo, y al final, todo el que esté interesado podrá leerlo y opinar sobre él.
Me hubiera gustado incluir a todos mis amigos de la Coctelera... pero sería algo casi imposible, además de que a algunos los conozco mejor y por eso he podido escribir un poco sobre ellos, espero haber acertado, jejejeje.
¿Adivináis quién es quién en este cuento?
Pinchad el enlace si queréis descubrirlo. También lo he colgado más abajo para las personas que no podían verlo.
EL CUENTO DE MOON NIGHT RIVERS
La noche devoró al día sin contemplaciones. La oscuridad lo cubrió todo con su espeso y negro manto. Las estrellas se apartaron para dejar a la Luna un espacio donde asomarse al mundo. Asombrada, miró hacia abajo sin ver nada. Decidió entonces compartir un poco de su resplandeciente luz con la tierra que asomaba bajo su sonrisa.
Miles de rayos de luna se desplegaron por tierra, mar y aire, alumbrando con su luz la asfixiante noche. Uno de estos rayos quedó atrapado en un tarro de cristal. Por mucho que gritara, nadie la podía escuchar. Lloró y lloró hasta que casi se ahogó con sus brillantes lágrimas de luz. Una mujer pasó junto al tarro. Observó detenidamente la vida que albergaba en su interior. La mujer de tez olivácea abrió la tapa sin esfuerzo y liberó al pequeño rayo de luz lunar.
Una vez libre, el rayito quiso explorar el mundo a su alrededor. Pero era demasiado tarde, o demasiado pronto, pues el alba llegó y con él, el rayo se apagó.
La Luna volvió a despertar perezosa. Con su suave mano acarició a cada una de sus hijas, los pequeños haces de luz que desbordó la noche anterior, y las despertó de nuevo para que cumplieran su misión.
El rayo de luna que quedó atrapado y después liberado, intentó moverse sin conseguirlo ni un ápice. Su destino era compartir su luz con los demás, no viajar ni descubrir que se escondía en la oscuridad.
Una brisa helada y azul se apiadó del pobre rayito, y envolviéndolo en sus brazos, la acomodó en sus sueños, y la llevo consigo en sus inquietos viajes. Cada noche, con cada viaje, el rayito se volvía más y más brillante. Juntas conocieron a muchas de las criaturas que albergaban aquel mundo misterioso.
La brisa y el rayo toparon con un joven árbol parlante. La hiedra cubría su tronco y su copa, asfixiándole sin pretenderlo, y sus raíces lo mantenían preso en el suelo. Sin embargo, en lugar de llorar o compadecerse, el árbol escuchaba las voces de la Naturaleza que traía consigo el viento, y difundía su mensaje a todo aquel que quisiera escucharle. Un mensaje de amor y paz por la Vida, y por todos los seres que la comparten. Junto al árbol, muchas veces podían encontrar a una loba dorada que también quedaba embelesada con las historias del árbol. Ella misma trataba de difundir el mensaje de Vida por cada rincón del mundo que recorría, pero si en su camino se topaba con alguien que sintiera un desprecio total por aquel mensaje, no dudaba en aleccionarlo con un buen par de dentelladas en el trasero.
En otra ocasión, una agridulce melodía envolvió a las dos amigas. Atraídas por la música, encontraron enseguida el lugar de dónde procedía tan tierna y desgarradora voz. Una caracola durmiente soñaba en voz alta, sin caer en la cuenta de la cantidad de seres que la escuchaban. La caracola soñolienta ignoraba el valor y la ternura que infundían sus canciones a todo aquel que la encontraba.
El Maestro se cruzó en sus vidas, cogido de la mano de una preciosa niña azulada. El Maestro y su pupila con palabras de amor las alentó a seguir su destino, pues pronto hallarían a más criaturas a las que ayudar.
Una noche en la que el rayo de luna se sentía especialmente triste, ya que siempre se encontraba rodeada de oscuridad, la brisa la recogió como de costumbre, y aquella vez, la acunó suavemente hasta que su resplandor volvió a ser pálido y ardiente. Mientras visitaban a las innumerables amistades creadas durante su continuo devenir por las noches, encontraron de pronto un pequeño palacio de cristal, habitado por una princesa con la piel de porcelana. La princesa lloraba, se sentía triste y perdida… pero sobretodo, creía que era fea, terriblemente fea y que por eso, nadie la querría. La culpa la ostentaba un pequeño y voraz demonio que se había apropiado de todos los espejos del castillo, mostrando un reflejo equivocado de la princesa.
El rayo de luna se apiadó de la princesa, y le prometió que la ayudaría.
La brisa y ella continuaron viajando durante todas las noches, en busca de algo que pudiera sacar a la princesa de su propia tristeza. En la zona más abrupta y escalofriante del mundo, criaturas extrañas albergaban curiosos parajes. Una oruga sentada sobre una seta gigante, fumaba de su pipa verde. En lugar de humo, lo que salía de su boca eran palabras que formaban poemas en el aire. Con confusas frases, la oruga les indicó el lugar dónde podrían hallar lo que tanto ansiaban encontrar.
El camino que les señaló la oruga conducía directamente a la entrada de una tétrica caverna. Ni un asomo de luz llegaba hasta aquel lugar. El rayo de luna, asustada de tanta oscuridad se sintió tentada de abandonar su misión… pero recordó las lágrimas de la princesa, las cuales la armaron de valor.
En el interior de la caverna, infinidad de murciélagos dormían de día, pero sólo uno de noche allí permanecía. Al acercarse a él, se percataron de que se trataba de un hombre murciélago de ojos color azul océano diurno. Al mirarlas su semblante se iluminó, para volver a ensombrecerse instantes después. “Pensaba que alguna sería mi princesa” dijo con la voz rota. En algún momento del pasado más remoto, pensó ser el compañero de una princesa que olvidó su amistad. “Conocemos a una, y necesita ayuda”.
El hombre murciélago les descubrió en la profundidad de la caverna infinidad de cristales reflectantes, espejos de cualquier tamaño, forma y color. El rayito escogió uno, guiada más por instinto que por convicción. El hombre murciélago extrajo el espejo de la roca y las ayudó a transportarlo hasta el palacio de cristal.
Allí, la princesa seguía llorando, y sus lágrimas formaron un río plateado que partía en dos el reino de las sombras. Todos sus amigos se encontraban allí reunidos para intentar consolar a la desolada princesa, casi cuarteada por el dolor y la amargura. La brisa, con el rayo de luz lunar entre sus brazos, se aproximó majestuosamente hacia su alteza. El hombre murciélago le entregó casi avergonzado el espejo.
La princesa se contempló en él. Las lágrimas cesaron y una sonrisa débil pero bella se dibujo en su rostro de porcelana. Al fin era capaz de ver con sus propios ojos lo hermosa que era.
La felicidad de la princesa se propagó como la pólvora a todos los allí presentes. Sin embargo, no logró llenar de dicha el corazón del pequeño rayo de luna.
La brisa, perspicaz como ninguna, se dio cuenta de ello. “¿Qué te ocurre pequeña?” “Sigo sin poder ver la luz” contestó con su aflautada voz. La brisa emitió una sonora risa sin pretensión de ofender. Acarició el radiante cabello del rayito de luz y le susurró al oído. “¿No te das cuenta pequeña? La luz eres tú.”
El rayo de luz lunar continuó viajando junto a la brisa helada y azul entre cócteles cada una de las noches, conoció a montones y montones de amigos que lograron estremecerla y hacerla reír a partes iguales. Y su luz, nunca jamás se apagó.
- FIN -
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MINICUENTO DEL DÍA:
Mi amor por tí se encuentra preso de la desidia, igual que un rosal enjaulado.
Quizá esté protegido del viento y del frío,pero las rejas lo asfixian,
y jamás podrá crecer más allá de los barrotes de la rutina.

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esquizo dijo
Yo sé quienes son los personajes de tu cuento y el mío me encanta. Pero no voy a decir nada para que así los demás investiguen.
Me gusta mucho la imagen del corazón enjaulado.
1 Mayo 2008 | 01:14 AM