Verdad y realidad
Cuando uno se mueve en ambientes periodísticos y escucha
determinadas declaraciones, cuando uno se mueve en el ambiente de las
asociaciones, de los partidos políticos y comprueba cómo se llenan las bocas de
determinadas promesas y compromisos, las personas de bien nos alegramos, nos
dejamos llevar, nos confiamos.
Pero, ¿hasta dónde llegan las declaraciones de intenciones?
Todos conocemos la respuesta, hay demasiados escalones, demasiados muros contra
los cuales chocar, y eso es más sencillo de ver cuando lees un estupendo libro
como Gomorra.
Cualquiera sabe lo que es un padrino, lo que es la mafia y lo malos que son los
chicos de las pistolas. Cualquiera entiende el significado de Vendetta,
etcétera.
El libro es un manifiesto comprometido, directo y descarado que ha supuesto una
alteración enorme en la vida de este tío (por cierto, para los más ortodoxos
del periodismo, no es periodista sino licenciado en filosofía), Roberto
Saviano. Se cansó de ver lo que veía en su tierra, pero lo analizó, se empapó,
se metió de albañil, descargó cajas de contrabando. Pero eso no lo hace mejor,
sino que escribe desde el alma, la que sangra, la que odia comprobar cómo día a
día, determinadas situaciones y personas se cargan el entorno en el que vives.
Y no me refiero sólo a la naturaleza, sino a amigos a compañeros de trabajo,
familiares, casas, almas, personalidades, cultura.
Porque se te mete en el alma, prefieres callar y vivir como un pelele a qu
e te
machaquen la cabeza con un martillo.
Eso es lo que analiza, el día a día, el que tu misma familia te dé de lado
porque todos se encuentran en un estado de total sumisión.
Sumisión.
¿A alguien la suena la palabra?
A todos nos suena.
Pero apenas nadie se atreve a gritar con furia (y me incluyo), lo cual es un
mal síntoma (tener envidia de la valentía para protestar).
Este es uno de esos libros de que se devora a pesar de las faltas de ortografía
(maldigo a los editores responsables) porque a pesar de la indudable distancia
sientes la cercanía. Y no me refiero únicamente a que controlen el tráfico de
drogas de Andalucía, de Levante, que trafiquen con armas y drogas con ETA o que
a uno de los mafiosos más peligrosos lo detuvieran en la estación de Albacete.
No, me refiero a que nos deja a todos en paños menores, nos grita desde su encierro:
yo he sido capaz, ¿eres tú capaz?
Yo conozco mi respuesta, me congela la garganta.

Marce dijo
Ya sabía que que no podía ser bueno comer churros tan temprano. la próxima vez hablaré del escarabajo de la alubia.
16 Mayo 2007 | 03:42 PM