claqueta
Ojos achinados por una sonrisa de oreja a oreja que irradian abrazos de buena gente. Manos que cimbrean sus dedos para expresar con sus movimientos silenciosos las palabras que más profundo llegan. Quizá sonidos de su boca que no oigo, y sin embargo sí escucho, de una escena en blanco y negro de cine mudo y con la cinta pasada fotograma a fotograma, lenta, pausada. Contrastes barrocos que dan rotundidad a una escena del todo cálida; fronteras entre luz y sombra nítidas y conjeturas que van años más allá del primer beso todavía sin robar. Un foco blanco en forma de c invertida, allí en el cielo, actúa de cómplice y testigo y causa la unión de sus dos sombras en una sola, del uno más uno igual a uno. Y en la claqueta, bien escrito, figura su nombre, mi nombre.
